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Que otorgada la palabra al acusado JUAN FERNANDO ROBLEDO

ROBLEDO, de conformidad a lo dispuesto en el artículo 326 del Código Procesal

Penal, optó por prestar declaración señalando en síntesis que ese día quince, se encontraba con arresto nocturno por un delito que había cometido; estaba en su pieza y su primo hermano estaba compartiendo con sus amigos una fiesta, quienes salieron, escuchó un tiro, después llegaron metiendo bulla a la casa y fue despertado por la mamá de su primo, Juana Robledo, no obstante se fue a acostar “porque yo no tengo

arte ni parte po”, hasta que llegada la mañana despierta y le empiezan a contar todo

lo que había pasado, por lo que ve la escopeta que estaba abajo del piso de la pieza, la

desarma, hace un hoyo y la esconde en la casa de al lado, pero como pensó

que “está mal donde la estoy escondiendo”, la sacó de ahí y la fue a botar al canal, para posteriormente, en la noche, bajar su mamá con la “PDI” a ver a su hermano que lo habían llevado en la tarde, mencionándole que iba la “PDI” a hablar con él, porque sabe que había escondido la escopeta.

Por lo anterior, se queda en la casa esperando que llegara la policía, quienes llegan con el fiscal y le preguntan por la escopeta, diciéndoles “yo no quiero que a mi

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me… que me metan en esto”, respondiéndole que estaba cooperando con ellos por el

arma “pa’ hacer el trámite más corto”, por lo que lo acompañaron, se fueron caminando al canal a unos quinientos o setecientos metros “un cálculo así, más o

menos, calculando un poco”, bajó con el fiscal a la misma orilla del canal, “con la PDI alrededor mío”, y les indica que ahí, en el canal está, dentro del agua, ante lo

cual le dijeron, si se metía a sacarla, razón por la que se metió, la buscó, avanzó “del

túnel pa’ dentro” como diez metros y encontró “el puro fierro nomás”, no así la

parte de la madera; la sacó, se vistió, preguntó si le iba a traer problemas y le mencionaron que no, para seguidamente acompañarlos a la “PDI”, en donde declaró y después lo trajeron a la casa por el arresto nocturno que estaba cumpliendo.

A las preguntas del fiscal, clarifica que esto fue en diciembre de dos mil dieciocho, cuando estaba en la casa de su primo, ubicada en Pascual Baburiza “treinta y tres cero siete”, Torreblanca, Vallenar, en donde vive su tía a la que le dice mamá, su prima hermana que es Constanza, “el Sergio y yo… vivíamos

los cuatro”, refiriéndose a Sergio Godoy Robledo, su primo hermano, al que

apodan “bigote” y se encuentra presente en este juicio, agregando que no sabía de la existencia de esa arma antes de este hecho, la que había visto “de vista nomás, no

fijamente, así al paso nomás se dice la palabra”, la cual estaba abajo del piso de la

pieza en que duerme Sergio, “justo como a la mitad”, como a treinta o cuarenta centímetros a la altura de la tierra al piso que va a la casa, al turno que especifica que ese lugar queda debajo de la pieza de Sergio, “en el piso, entre la tierra y el piso de

la pieza”, y explica que estaba viviendo “pa’l sur” y llegó a esa casa como dos

meses más o menos de lo que pasó, y como una o dos semanas antes había visto esa arma “así al paso… no verla realmente con detalle, no”, asegurando que Sergio es

dueño de esta escopeta porque era el único que tenía arma en ese momento, y al

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preguntarle le dijo que era de él, aunque no sabe si tenía además municiones o

cartuchos.

Ese día escuchó un tiro cerca de la casa, “como de las tres cinco calculo” de la madrugada, porque estaba esperando que le fueran a sacar la firma por la reclusión nocturna, recordando que momentos antes, cuando estaba al interior de la casa de Pascual Baburiza, en la pieza donde dormía, estaban compartiendo sus hermanos con su gente “yo no me incluyo con ellos, porque ellos son más jóvenes que yo”, en tanto él estaba en su pieza y ellos estaban tomando, precisando que antes del disparo estaba en la pieza de al fondo, por lo que no se fijó quién entró o salió.

Responde a continuación, que conoce a Donkan Gallardo -que es amigo de su primo hermano e igual se quedaba de repente a dormir en la casa-, quien se encontraba en el lugar esa noche, mientras que a Carlos Tapia, apodado “Carlitos”, lo ubica porque es de la misma población donde vive él, añadiendo que cuando escucha el disparo pensó que como vive “en la Villa Cordillera, Los Pitufos”, se trataba de algo normal, y luego escucha bulla y discusiones, por lo que se levanta y como a las tres cinco de la madrugada ve que su primo hermano estaba discutiendo con Donkan en el patio de la casa de Pascual Baburiza, aunque no recuerda qué estaban discutiendo; salió para afuera a verlos, pero no quiso meterse y volvió a la pieza, y como entre las cuatro y seis le iban a sacar la firma, firmó y se durmió, despertándose al día siguiente, como a las nueve o diez de la mañana, ocasión en que le preguntó a su “tía mamá”, la mamá de Sergio, quien le explicó lo que había pasado, señalándole algo sobre el disparo, específicamente que le habían disparado a “un cabro” en calle Copiapó, que supuestamente el que había disparado era Donkan, el que había agarrado la escopeta de la casa, y después como a las doce del día supo que esta persona había fallecido, por lo que como ve la escopeta que estaba

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abajo del piso, la pescó, la desarmó, hizo un hoyo en la casa del lado y la enterró, y como al mediodía o dos de la tarde, tomó la escopeta en un trapo, la enrolló en un bolso y la fue a botar al canal.

Cuando tomó el arma la mañana de ese mismo día, se encontraba en el piso de la tierra “donde le he dicho en todo momento”, lo que hizo porque después que habló con su tía mamá, estaba el arma ahí “y yo dije: más que seguro que van a buscar, van

a venir p’acá porque estaba con arresto y más encima yo tengo a mi hermana ahí pu’ -¿me entiende?- y yo no quiero tener más problemas, que tuviéramos problemas en la casa, porque yo igual estaba viviendo ahí y yo igual tenía derecho a opinión en la casa, por eso yo preferí pescarla, hacer un hoyo en la casa de al lado y enterrarla… después la pensé bien: ‘puta’, pueden venir a hacer tira… no hacer tira, a buscarla entre las dos casas y van a pagar los daños otras personas que no tienen arte ni parte en esto… pesqué, la desarmé y la llevé al canal con una ropa, con un poco de ropa enrollado en un bolso” o una mochila, y la llevó al canal.

Explicita que pensó que irían los de la “PDI” y para evitar que entraran y la buscaran, tomó el arma para sacarla de la casa porque no quería que tuvieran problemas por su prima hermana, que es menor de edad, quien “no tiene arte ni parte

acá… yo la cuido a ella”, por lo que la enterró al lado, en un patio, como a las once o

doce de la mañana, después de la conversación que tuvo con su tía -cuando ya sabía todo lo que había pasado-, y como una o dos horas después la sacó de ese lugar porque podían “ir a reventar la PDI esa casa”, y para no meter en problemas a la vecina, prefirió sacarla e irla a botar al canal, lo que hizo solo, concurriendo al primer canal que está en la Población Torreblanca, que está “yendo pa’ la Torino, las

canchas Torino”, en donde la botó y después se devolvió a la casa, hasta que como a

las cuatro, seis o siete de la tarde llegó la “PDI”, salió a mirar y se estaban llevando a

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su primo detenido, por lo que le dijo a su tía que fuera a ver que iba a pasar con Sergio, ella baja y se va, y como a las ocho o nueve lo llama por teléfono y le dice “¿sabís qué hijo? va la ‘PDI’, va p’allá porque saben que tú escondiste la

escopeta, todo eso”, señalándole que los iba a esperar.

Luego -prosigue-, llega la “PDI” con el fiscal, a quien le dijo que no podía salir porque estaba con arresto nocturno, manifestándole el fiscal que no se preocupara porque iría bajo su responsabilidad, pues estaba cooperando con ellos, recalcándole que no se metería en este problema, por lo que les dice que sabía dónde estaba el arma y los acompañó al mismo canal a buscarla, metiéndose al agua “porque nadie quería meterse”, encontrando el puro fierro “no encontré na’ el

cacho de madera”, porque “me habré metido del túnel pa’ dentro, como sus diez, quince metros, encontré el puro fierro nomás”, lo tiró “pa’ arriba” y lo hicieron

salir.

Contesta asimismo, que no recuerda si declaró en la “PDI” o en la fiscalía de Vallenar, porque “a mi pescaron como al año y medio después po, de todo esto”, exhibiéndosele en esta parte su declaración prestada en la fiscalía local de Vallenar el veintitrés de enero del año dos mil diecinueve, ante la fiscal subrogante, en la que reconoce su firma, para seguidamente describir las fotografías 58, 74 y 75 del set número 1) de los “otros medios de prueba” de la fiscalía, según se aprecia en el auto de apertura, en las que observa la “PDI” y la casa ubicada en calle Copiapó, “Vallenar, Torreblanca”, que de acuerdo a lo que le comentaron, en esa casa había sido “todo lo que sucedió”; la parte de la escopeta que encontró en el canal, que es la misma que escondió en la casa vecina y luego en ese lugar; y la misma escopeta, respectivamente.

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Expone finalmente que solo ubica a Carlos Tapia, “Carlitos”, porque es de la misma población, pero no tiene conocimiento si se juntaba o compartía con Donkan y Sergio.

Situado en el cuestionario del defensor Ardiles Bugueño, afirma que cuando estaba en su pieza, escuchó un disparo, llegando momentos después Donkan y Sergio a su casa “no máximo de cinco minutos”, a quienes escuchó discutir, se asomó a verlos y se entró “altiro” a su pieza, porque no se mete en las cosas de ellos, precisando que ya se habían ido todos los que estaba compartiendo con Sergio, y al otro día en la mañana, cuando despierta y su tía le cuenta lo que había pasado, Sergio estaba durmiendo y Donkan se había ido donde la mamá, “no me acuerdo

realmente”, lo que supo porque no estaba en la casa cuando despertó y “en la mañana yo me levanté y hablé con mi mamá, y me dijo: no, si el Donkan se fue parece pa’ donde la mamá y el Sergio está durmiendo, nada más que eso”.

A la ronda de preguntas del abogado Menas Sandoval, puntualiza que después del disparo, cuando volvieron, Donkan y Sergio estaban discutiendo en la entrada, en la parte de adelante; y que dos semanas antes había visto la escopeta “así al paso”, la que estaba con un trapo “así, hundida un poco”, y como no era suya no se metió “no

quiero meterme en más cosas”, la cual quebró y desarmó por la parte de la madera

para echarla en un bolso o una mochila, porque no cabía entera, por lo que la parte que le falta tiene que haberse ido con el agua, “la corriente”, y como el otro es fierro se hundió, no obstante, cuando la llevó, iban las dos partes.

Asegura también, que a Carlos Tapia lo ubica hace como diez años, porque son de la misma población y “nos habíamos terciado así, en la calle nomás”, quien vive un poco más arriba de donde vivía su abuela, en tanto las personas que estaban en la casa eran gente cercana a su primo hermano Sergio, y a Carlos Tapia no lo veía en el

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grupo de aquél “porque yo estaba ahí, no salía, y de repente salía y yo salía solo, no

salía con ellos”, agregando que quería proteger a su mamá, a la casa y a su hermana,

ya que no quería “que hicieran tira la casa buscando las cosas”, pero “pensándola

bien, más tranquilo, estuvo mal lo que hice, para proteger a mi contorno… más yo lo vi por mi mamá y mi hermana”.

Ese día en la mañana, su tía mamá le dijo que Donkan había disparado con la escopeta de Sergio a un “cabro” en calle Copiapó, y por eso la sacó de ahí para no tener problemas por lo de la casa, en donde estuvo hasta como mediodía, después “me perdí de ahí como a las dos hasta las cinco salí”, aclarando que cuando fue a botar la escopeta como a las nueve y media o diez, Sergio estaba durmiendo, por lo que no conversó con él, “no le pedí permiso, la saqué por las mías”, viéndolo despierto en la tarde, como a las cuatro, cinco o seis, cuando volvió donde su mamá.

Culmina su declaración, expresando que no recuerda cómo estaba vestido Sergio en la madrugada, ni tampoco en la tarde, porque estuvo un rato y después llegó la “PDI” y se lo llevó; que dentro de la casa había como cuatro o cinco personas compartiendo “si es que no es más, si es que no es menos… yo no fui a ver p’allá”, de los cuales uno era Sergio y el otro Donkan; y que pasó un lapso corto entre que escuchó el disparo y se asomó a ver quien llegó, no fueron más de cinco minutos, al turno que asevera que, antes que escuchara este disparo, no recuerda que alguien haya ido a la casa a golpear la puerta o pedir ayuda “que haya escuchado yo”.