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Otros factores desencadenantes de problemas

In document Manual para una vida de pareja feliz (página 81-96)

Además de los, cuatro más uno*, grandes motivos expuestos y presentados como principales causas y razones para el creciente número de divorcios, separaciones y fracasos amorosos en general, existen algunos problemas adicionales que podrían formar parte de uno u otro de los anteriores, pero que ameritan su estudio por aparte, debido a su gran influencia negativa y al desconocimiento generalizado que ha existido sobre ellos.

*Con esta definición de cuatro más uno, aunque ya habíamos hecho alguna mención acerca del punto, queremos destacar que realmente son cuatro los grandes grupos de los motivos aquellos, pero que el número cinco (E - El machismo) se halla presente en cada uno de los anteriores, incrementando y agravando sus circunstancias, tanto así que además ha merecido ser estudiado como un quinto motivo.

Estos problemas adicionales suelen derivarse de las siguientes actitudes tan comunes: a - ¿De quien es la culpa?

Hace algunos años, tuvimos la oportunidad de participar en un estudio sociológico que buscaba detectar e identificar las principales razones que generan la, tan lamentable, pero muy extendida mediocridad entre personas que ostensiblemente podrían aspirar a una mejor calidad de vida; después de tantas investigaciones y tantos estudios, luego de tanto conocimiento y análisis, tras de cientos de miles de fórmulas para mejorar nuestras opciones, y luego de millones de páginas llenas de explicaciones, justificaciones y algunas supuestamente garantizadas respuestas, se presentaba como un reto interesante analizar por qué entre todas esas posibilidades, ninguna parecía ser la receta anhelada.

Tras exhaustivos análisis, que serían material para un libro adicional, y luego de profundos e intensos debates, logramos determinar la que en ese momento fue considerada, y aún lo es, la causa número uno -entre más de treinta encontradas y analizadas- para miles de fracasos existenciales.

Era de esperarse que entre ellos tuvieran que aparecer los dolorosos fracasos en las Relaciones de Pareja. Obvio.

Aquel resultado fue llamado: El síndrome de “Yo no tengo la culpa”.

Aquí cabe la pregunta ¿Por qué esta característica humana ha sido considerada el error o la dificultad número uno? Muy sencillo, porque ella se autojustifica y se oculta detrás de sí misma.

En la investigación arriba citada ya habíamos detectado que los miedos (Temores) eran, hasta ese punto del estudio, la principal limitante humana; no obstante, algunos intuíamos que había algo más, que faltaba algo potencialmente mucho más peligroso. Pero cada vez que profundizábamos en algún problema nos encontrábamos con un desvío que nos conducía a que la dificultad que intentábamos delimitar estaba en otro sitio, una y otra vez. Hasta que por fin, en algún momento pudimos caer en cuenta que en ese desvío era exactamente donde estaba la raíz del asunto, cada dificultad estudiada se encontraba justificada porque supuestamente la culpa estaba en otro lado.

Develado este secreto, pudimos entender que, precisamente, su camuflaje y su capacidad para mimetizarse o pasar desapercibida es lo que hace más peligrosa y dañina a esta negativa característica humana.

¿Por qué? ¿Y cómo se relaciona con los fracasos en las Relaciones de Pareja?

Dos respuestas en una: porque si cada vez que se nos presenta un cuestionamiento o se nos plantea un interrogante que nos exige respuestas, lo que hacemos es llegar hasta el desvío que nos conduce hacia “a quien echarle la culpa”, entonces jamás vamos a asumir con responsabilidad nuestra participación en cualquiera que sea el error que reclama nuestra atención. Así, no podremos asumir con madurez y criterio lo que real y objetivamente debemos aportar de nuestra parte y lo que honesta y justicieramente se espera de nosotros para llegar al esclarecimiento y solución de la inquietud planteada.

Es tristemente irónico y hasta cruelmente chistoso escuchar las excusas del “síndrome de yo no tengo la culpa”: “Eso fue que... ese día llovió”. “Fue que... ese día yo estaba

muy ocupada(o)”. “Es que a mi no me explicaron bien”. “¿Quien, yo? Pe, pe, pe, pero si yo le dije a... y él no me entendió”. “Es que... el precio internacional del café, o el precio del dólar”, o “es que la inseguridad del país”, “es que este gobierno”, “es que con este calor”, “es que el invierno”, “es que, es que”, “fue que, fue que.... yo si le dije, yo estaba esperando que...”, “a mi me pareció... él no me explicó eso... a mi no me habían avisado... a mi nadie me dijo...”. Cualquier cosa, lo importante es que la culpa es de

alguien o de algo, nunca, por ningún motivo, jamás será nuestra esa responsabilidad. Y si siempre “yo no tengo la culpa”, entonces debe ser que “...soy casi perfecto y nunca

me equivoco, por lo tanto no tengo nada que hacer sobre esto o aquello; que hagan lo que deben hacer lo demás... ¿yo? ¡a mi que me esculquen! ¡Yo no vine ese día!

No es de extrañar, que cada persona que viene a consultar sobre sus problemas de pareja, comience quejándose de que su pareja haga o deje de hacer esto o aquello y que para colmo de males, tenga este y este otro y ¡además aquel otro problema que ya no soporto!!

Y esta es también la razón por la que normalmente asisten a consulta el 90% de mujeres y sólo un 10% de hombres; el comentario frecuente es que ante la presencia evidente de problemas en su relación, ellos suelen decirles a ellas: “Pues vaya a

consultar usted que es la del problema, yo no tengo nada que consultar, usted es la que parece que está loca y... etc.” (¡Ah, sí! el machismo también ha contaminado,

complicado y agravado este aspecto de la problemática de parejas, y todo lo que el machismo contamina se echa a perder!)

Cualquiera que sea el problema que haya surgido en su Relación de Pareja la responsabilidad siempre será de los dos. Podría llegar a ser de un 90% y de un 10%, pero de alguna manera... usted tiene una parte en la responsabilidad.

Un caso ejemplar: En el transcurso de un seminario sobre el tema de parejas, cuando llegamos a este punto de la responsabilidad compartida una señora se puso de pie y planteó el siguiente interrogante: “Con motivo de una convención de la empresa donde

trabaja, mi esposo estuvo de viaje durante toda una semana y en una ciudad apartada. Parece ser que el último día salieron a celebrar y terminaron en algún burdel. Como consecuencia de ese desliz, mi esposo me trajo a casa una enfermedad venérea. Obviamente ya hemos iniciado los trámites del divorcio. ¿Quiere explicarme, por favor, dónde está mi parte de la responsabilidad?

- ¿Quien propuso el divorcio? le preguntamos. - Yo, claro - Repuso.

- Ahí está su parte de la responsabilidad. Su matrimonio no se está disolviendo debido al desliz ni a la enfermedad aquella, sino debido a que usted no ha sido capaz de resolverlo, superarlo, ni de renegociar, ni de perdonar, ni ha intentado siquiera un proceso de restauración; usted vio la parte de él, su culpa es evidente, y procedió como juez y verdugo. Ahora, permítame preguntarle: ¿Su esposo realmente quiere el divorcio?

- Claro que no - expuso, ahora ya no tan segura - Me ha pedido perdón de mil maneras. Y luego más convencida agregó: Dice que sólo acepta el divorcio debido a su sentimiento de culpa.

La historia debería poder contar que la causa de ese divorcio fue real y objetivamente la intransigencia de ella sobre un grave y evidente error de él. Aunque los documentos digan otra cosa.

Responsabilidad compartida. Nunca “yo no tengo la culpa”.

¿Qué y cómo puedo aportar para mejorar esta Relación de Pareja a fin de que ambos seamos felices? Esa debe ser la pregunta.

No se concentre ni se esfuerce en buscar culpables, porque así no soluciona nada. Ponga toda su energía y su capacidad en la búsqueda de lo que usted puede aportar, con “Buena Voluntad” y con diálogo, con responsabilidad y compromiso para encontrar alternativas que les permitan restaurar, fortalecer y enriquecer una Relación que cumpla con el objetivo primario de ayudarles a crecer y a mejorar su calidad de vida.

b - Las Generalizaciones.

¡Todos los hombres (mujeres) son iguales! - ¡Parecen cortados(as) con la misma tijera! - ¡No conozco una mujer que no eche cantaleta (que no sea cantaletosa)! - ¡Si tu esposa no te fastidia, te aconsejo que la revises, a lo mejor es un hombre! - ¡Lo normal es que los hombres sean infieles, es mejor resignarse a ello! Y algunas otras tonterías

creen en estas necedades y, además, hay quien está convencido de que son auténticas leyes del comportamiento humano.

Hay que tener mucho cuidado con estas generalizaciones. Se corre el peligro de orientar la convivencia con su pareja sobre argumentos equivocados; no se puede valorar a una persona sobre la base de los errores que otras hayan cometido. Se podría preenjuiciar y pensar que una persona actúa o corresponde a la mezquindad de otra u otras.

Para tomar una referencia ilustrativa: Definitivamente NO todos los hombres son infieles, ¡claro que no! Absolutamente.

Ejemplos: Personalmente escuchamos a una suegra responderle a su nuera, quien vino a lamentarse y a quejarse de que su esposo, el hijo de la dama en cuestión, había tenido un hijo por ahí con alguna vecina, dijo la señora: “Pues eso viene a ser culpa

suya niña, ya que los hombres generalmente salen a buscar en la calle lo que no encuentran en la casa”. ¡Esto es absolutamente falso!

Muchos hombres no necesitan que algo les falte en la casa para salir a buscar lo que no se les ha perdido, y nos referimos aquí a hombres inmaduros, sinvergüenzas, irresponsables y machistas. Aquella matrona era el vivo ejemplo de una mujer machista, y obviamente no era de extrañar que su hijo fuese un desvergonzado.

2º ejemplo: Una joven esposa engañada buscaba consuelo donde su mejor amiga, una mujer con alguna experiencia y dos matrimonios fracasados a bordo. “Cómo te parece, -se lamentaba- que he descubierto que mi esposo me es infiel.” “¿Y eso te extraña? - Le contestó la amiga- Pues es mejor que te vayas acostumbrando, todos los hombres

son infieles, sin excepción, es parte de su naturaleza masculina -doctoraba la dama- te toca resignarte y aceptarlo, no hay nada que hacer, o los aceptas así o sencillamente te vas a quedar sola”. ¡Esto también es absolutamente falso!

Estas generalizaciones no son ciertas. Estos argumentos son falacias. Seguramente algunos hombres, no muy virtuosos, hicieron popularizar estos errores en el pasado, pero no son verdades.

Obsérvese que uno de los peores daños que se cometen con la divulgación de estas mentiras, es que algunos jóvenes que podrían y les gustaría ser fieles, pueden sentir que de alguna manera deben corresponder a esa imagen supuestamente varonil, y en medio de la inmadurez propia de los adolescentes, pueden llegar a creer que realmente deben aprender a ser infieles como prueba de su desarrollo masculino.

Y asimismo, las jovencitas pueden llegar a pensar que aquello es normal y en medio de un casi lógico desconocimiento sobre el tema, podrían conformarse y permitir infidelidades de sus parejas, que si ellas hubiesen controlado y exigido respeto desde el comienzo, seguramente sus relaciones tendrían luego mejores niveles de satisfacción. Su pareja es única y diferente; no existen dos personas iguales en ningún rincón del mundo; no es cierto que en alguna parte exista un doble idéntico de cada uno de nosotros; eso no es biológicamente posible. No generalice, tiene un 95% de

posibilidades de equivocarse. Su pareja es especial. Además, las circunstancias, la formación y la información que cada persona ha recibido, hacen que sus reacciones y su manera de entender e interpretar sus también distintas vivencias, siempre sean diferentes. Conozca a su pareja, o por lo menos intente conocerla antes de pretender juzgarla.

Entonces, no cometa el error de pensar que si su tía Ágata fue infiel hace como sesenta años, podría existir también, de pronto, una remotísima posibilidad de que su novia o esposa seguramente también…”quién sabe, es que en las mujeres no se puede

confiar...” ¡No!

Dialoguen, compartan, pónganle “Buena Voluntad”, esfuércense por comprender lo que no logren entender y concéntrense en amarse y ser felices cada uno. Punto.

c - Los Condicionamientos.

Este es un error, generalmente involuntario, que se suele cometer desde que estamos niños, y nuestros padres nos hacen entender que “si no nos manejamos bien, dejarán de querernos”, amor condicionado: “Yo no te quiero por quien eres, ni por lo que eres

para mi, sólo te quiero de acuerdo a la manera como te comportas conmigo”:

Vamos a repasarlo: “Yo no te amo por lo que eres (una buena y bella persona) ni por

quien eres (mi pareja, confías en mi, me das tu amor) sino sólo de acuerdo a la forma como te comportas conmigo (hoy, ahora.)” Amor condicionado.

“Yo solamente te voy a aceptar, te voy a cuidar, te voy a corresponder, sólo te trataré amorosamente, sólo te acariciaré, seré considerado contigo, solamente seré una pareja cariñosa, cálida y afectuosa.... si estoy de acuerdo o me gusta la manera como te estás comportando conmigo”. Amor sin generosidad, amor interesado, amor limitado, amor

restringido, amor egoísta. Amor mezquino.

Obviamente este tipo de amor con tantas limitaciones y condicionamientos siempre será un sentimiento demasiado frágil y endeble como para sustentar sobre él una feliz Vida de Pareja que ofrezca verdaderas posibilidades.

Este es un punto sobre el que es muy importante reflexionar seriamente. Nuestra cultura latinoamericana aún se encuentra muy influenciada por los errores cometidos por nuestros padres, seguramente de buena fe y sin mala intención, pero culturalmente deformantes: “Como hoy te has manejado bien (Obtuviste buenas calificaciones en el

colegio o le ayudaste a mamá a barrer el patio...) entonces hoy estaré orgulloso de ti y hoy te trataré con cariño, solamente hoy y los días que se parezcan a este serás mi hijo y te trataré con cariño, de resto no!

“Si tu quieres que yo te ame y te trate con el respeto, el cariño y la consideración que tu quisieras... deberás hacer esto, y aquello, y esto otro y lo de más allá... de lo contrario no cuentes con mi amor”. ¡Que horror, por Dios!

Lo ideal debe ser: “Yo te amo y te acepto con tus debilidades y con tus lógicos errores humanos, yo te amo como eres, yo te elegí por quien tu eres y por lo que tienes aquí, así y ahora. No pretendo que seas algo o alguien diferente a quien eres, pues entonces no te estaría amando y aceptando a ti sino a una idea acerca de alguna otra persona distinta a ti, tal vez al ideal de quien era mi madre, o mi padre, u otro pariente... o alguien acerca de quien leí en una revista o que vi en una película”.

d - “Yo la(o) quiero a mi manera”

Este argumento es una gran mentira que muchas personas se dicen a sí mismas. Y lo grave es que a veces logran convencer a sus parejas de que realmente las aman, sólo que ese supuesto amor, generalmente insatisfactorio, corresponde a una “manera personal, particular y exclusiva” de amar.

Es triste escuchar a muchas personas maltratadas y con pobrísimas Relaciones de Pareja que vienen a consultar y aún les alcanza el alma para defender a sus parejas diciendo: “Sin embargo yo sé que me quiere... a su manera”

Esto es una gran mentira. No existen diferentes, ni especiales, ni exclusivas maneras de amar.

La única forma válida de amar es la que procura, se orienta y se esfuerza por generar bienestar y dicha hacia la persona amada. Esto no es negociable, no tiene ninguna excepción, es inalienable e imprescindible. Intentar convencer a la pareja de que “te

golpeo, o te trato en forma despectiva u ofensiva y humillante, precisamente como prueba de que me preocupo por ti....” es no sólo un planteamiento absurdo, sino que

usualmente corresponde a algún tipo de desorientación sicológica que puede ir desde una neurosis simple a obsesiva, o hasta una psicosis y en casos extremos podría llegar incluso a alguna psicopatía12.

Las personas que interpretan el amor de esta equivocada manera tienden a padecer disfunciones afectivas, muchas veces derivadas del determinismo: “Así fue como a mi

me quisieron en mi hogar, entonces es la única manera en que yo sé amar”. “Como yo no tuve afecto ni buen trato en mi hogar, entonces yo no sé amar de una manera diferente”. Esta manera de pensar y de sentir requiere de orientación profesional, pero

de ninguna manera debe ser aceptada como una actitud normal ante la relación de hoy. Si realmente se ha sufrido de deficiencias afectivas que han producido limitaciones emocionales, esto ya es responsabilidad de cada persona y se recomienda ponerse en manos de especialistas que le ayuden a desaprender y a corregir esa equivocada manera de amar, que no puede ni debe ser aceptada como normal.

Las personas víctimas de esas supuestas formas de amar “a mi manera” que también podemos entender como “de cualquier manera”, y que se inclinan a aceptarlas, podrían

a su vez, tener algunas deficiencias psicológicas que sería aconsejable revisar. No suele ser muy natural aceptar o resignarse a un hipotético amor que degrada u ofende a la persona “amada”. Es un error y podría ser indicio de enfermedad mental.

e - Las Comparaciones.

Todavía recuerdo cuando, en mi adolescencia, andaba por ahí en la búsqueda de la pareja adecuada con quien sería seguramente feliz. Y entre otras muchas conocí a una agraciada niña a quien le pregunté algo así como “¿Que tipo de hombre (novio) te

gustaría tener?” y me respondió: “Alguien que sea como mi hermano”.

Por esas fechas yo aún no tenía la capacidad, la experiencia, ni el conocimiento para evaluar acertadamente esta contestación, pero ya el instinto me hizo sentir que ésa no era una respuesta lógica o adecuada para mí.

Hoy ya podemos analizar objetivamente el significado de aquel planteamiento. Y consultas similares nos han provisto de información suficiente y pertinente, para poder ilustrar a participantes en nuestros seminarios o conferencias y a personas que consultan sobre el tema.

Jamás, entiéndase bien: jamás se debe tomar el parámetro de una persona para calificar o para definir a otra. Esta actitud se presta para cometer delicados errores. Como ya hemos anotado en líneas anteriores, cada persona es diferente, única, especial, particular y singular en su manera de ser y comportarse. Nadie es igual a nadie; esto es biológicamente imposible. Hasta hermanos gemelos tienen diferencias fácilmente identificables. Por lo tanto, si alguien espera que dos personas piensen, sientan, se comporten, reaccionen, se expresen, evalúen y respondan de la misma manera... está esperando algo irrealizable.

De modo que, no cometa nunca el error de esperar que el comportamiento de su pareja coincida con el de aquella persona que tanto admira; nunca su novia o esposa podrá hacer las cosas con la ‘perfección’ con que las hacía su recordada madrecita y nunca jamás su novio o esposo podrá ser tan serio, tan equilibrado y tan virtuoso como, por ejemplo: su tío, el sacerdote.

Tenga en cuenta que comparar a una persona con otra es una falta de respeto con la actual, ya que se está dejando de lado su personalidad, su carácter y su formación, para pretender que se ajuste a un patrón de comportamiento de otra persona que tuvo padres diferentes, un ambiente de orientación y educación diverso y, obviamente, distinta información.

………

12psicopatía. (De psico- y -patía). f. Med. Enfermedad mental. || 2. Med. Anomalía psíquica por obra de la

cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece.

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