3 DEVENIR DE LAS PRÁCTICAS MUSICALES DE LA TAMBORA Y LA GAITA
3.1 EN TORNO A LOS RITMOS
3.2.2 Ovejas: velaciones y ruedas de gaita
“Aquí les traigo un bonito mensaje Que hace parte de nuestra cultura El recuerdo de nuestros ancestrales
Que tocaban gaita con mucha hermosura”35
En el caso de Ovejas, los antecedentes de las prácticas musicales de la gaita se asociaban con las velaciones, actividad en la cual se desarrollaban los cumbiones o ruedas de gaita. Como en el caso de la tambora, lo musical, se asociaba con un complejo cultural que incluía lo religioso, festivo y danzario. Las velaciones eran una actividad social, un pago o manda que se ofrecía a un santo o virgen, por un milagro recibido.
―Las velaciones son una tradición, una fiesta muy tradicional aquí en el Caribe, principalmente el municipio de Ovejas. Uno ofrecía manda a los santos, a San Pacho, a un santico que se llama el Niño Dios, a una santica que se llama la Virgen del Amparo, que es del municipio de Chalán, el Niño Dios del Carmen de Bolívar, San Pacho, San Francisco de Asís, que es de aquí, ovejero. Entonces en ese tiempo había mucha creencia, que si tenían un niño enfermo les ofrecían una manda a esos santos. Le ofrecían una mano de oro, una pierna de oro. Si el problema era en la cabeza, una cabecita de oro. Y además de eso, le ofrecían tres o cuatro noches de gaitas. Había velaciones que duraban hasta
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nueves noches. Pero el santo era con gaita, allí no había más música, era pura gaita, no era otra cosa sino la gaita. No había luz en ese entonces, luz eléctrica, eso era mechón y vela‖ (entrevista, Ismael Ortiz 2009).
Como en el caso de la tambora, música y baile (y para ello ron y comida) eran aspectos centrales del culto, era un festejo para honrar a los santos. Cada uno de ellos se asociaba a una actividad específica y a un pueblo o corregimiento determinado. San Francisco de Asís, es el patrono de Ovejas y se asociaba con los asuntos de la agricultura. Cuando no llovía o se iniciaba o recogía una cosecha, se le ofrecía una velación al Santo, para que le fuera bien en el cultivo. Para otros casos como las sanaciones o situaciones de la salud en general se recurría al Niño Dios.
―La música de gaita todo el tiempo ha sido para bailar (…) eso hacen rueda de gaitas. ¿La rueda de gaita como la hacían? los gaiteros se ponían allí en el medio y alrededor de ese grupo de gaita, estaba la rueda de gaita que llevaba bailando con velas prendidas alrededor de los gaiteros. Resulta que eso no era una [sola] canción que se tocaba, ni un porro, eso era toda la noche, porque era que cuando se decía que era una velación en una parte, eso pasaba gaiteros de toda parte, colocaba la gaita y allí mismo la cogía otro, la aflojaba ese y ahí mismo la cogía otro y si la pareja se cansaba, allí estaba otra pareja esperando, allí estaban cinco bailando, allí estaban diez esperando que para entrar‖ (entrevista Ismael Ortiz 2009).
Aunque se realizaban de diversas maneras, la noche de gaita era la ofrenda principal. El primer día se hacían las oraciones, en cabeza de las mujeres, las tres o cuatro noches siguientes continuaban la ofrenda con toques de gaita. La persona o familia que ofrecía la velación corría con todos los gastos, principalmente comida y ron, así como toda la organización, la cual incluía, el préstamo del santo y la invitación a los músicos. Música y danza eran la mayor ofrenda a los santos. Los músicos asistían agradecidos, eran varios gaiteros y tamboleros de todas los alrededores de Ovejas, que llegaban guiados por los rumores y comunicaciones que indicaban el lugar en el que se iba a realizar la velación. Debido a la extensión de la velación, los músicos se turnaban, para tocar cualquier instrumento o para bailar.
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Los músicos, tanto tamboleros como gaiteros, construían una reputación de buenos músicos a los largo de los años, eso contribuía con el número de invitaciones realizadas a las velaciones, así como la asistencia de público a estas. La situación de esos años era diferente, no había luz eléctrica y el área central del municipio era pequeña. Ovejas se caracterizaba más por ser un conjunto de poblaciones dispersas en la montaña, que por tener un centro urbano unificado. Frente a estas circunstancias, se desarrollaba un sistema de creencia sincrético en el que se asumía símbolos y creencias de la iglesia católica o elementos indígenas y africanos. Las velaciones eran alumbradas con mechones y velas, las cuales eran llevadas durante la danza por las mujeres para observar con claridad el recorrido danzario.
Anteriormente no había una clasificación exacta de los ritmos musicales. Se distinguían la cumbia, el porro y la gaita, pero era frecuente usar los términos como son o merengue para referirse a variaciones de estos ritmos o a otros completamente distintos. El ritmo gaita, era completamente instrumental y en los casos de la cumbia y el porro las letras eran poco extensas. Posteriormente se introduciría y extendería el canto a todos los ritmos. Las canciones tradicionales se refieren en su mayoría a cantos de las aves, porque se dice que la gaita en sus orígenes era un intento de imitar esos sonidos. Entre esas canciones se encuentra La Guacharaca, La Pava Congona, El Corcovao, entre otras.
Para el caso de las gaitas en los Montes de María tuvo mucha influencia el proceso asociado a los Gaiteros de San Jacinto y su gira por Europa, Estados Unidos y todo el país, organizada por Delia y Manuel Zapata Olivella en los años cincuenta. A partir de ahí, el grupo de Los Gaiteros de San Jacinto, con músicos de gran reconocimiento como los Hermanos Lara, Toño Fernández y Catalino Parra, entre otros, se posicionaron como uno de los principales grupos de música tradicional del Caribe colombiano. Su discografía tuvo éxito regional y canciones como La Maestranza, Manuelito Barrios, Candelaria, entre otros se incluyeron en el repertorio musical de las fiestas de carnaval. A partir de este proceso, las representaciones de la gaita se anclaron en el municipio de San Jacinto, Bolívar, ubicado en la sub región de los Montes de María.
Durante el período comprendido entre los años 1940 a 1960, las velaciones constituyeron el principal espacio para el desarrollo de las prácticas musicales de la gaita. El auge del cultivo del tabaco, que facilitaba las situaciones económicas y el relativo aislamiento de los pobladores que habitaban las veredas del municipio contribuyó con la prolongación de las velaciones y así, con la continuidad de la gaita. De esta manera, los antecedentes de la gaita, al igual que en la tambora, se
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relacionan con espacios y complejos culturales en los que la música se articulaba con aspectos religiosos, festivos y danzarios, dando forma a espacios específicos en los que las prácticas musicales tenían un rol ritual de culto y socialización.
3.3 DISMINUCIÓN EN LA PRODUCCIÓN CULTURAL DE LA TAMBORA Y LA