Las alteraciones de las plantas cultivadas en invernadero causadas por diferentes agen- tes parasitarios o no parasitarios disminuyen la calidad de los frutos y reducen las producciones, siendo el invernadero, por sus condiciones climáticas ambientales y por la intensidad de cultivos hortícolas a que es sometido, ambiente propicio para la apa- rición de estas anomalías Para luchar contra las plagas y enfermedades no es bueno ni suficiente la utilización exclusiva de los fitosanitarios; aunque estos empleados siguien- do las recomendaciones de aplicación no presentan problemas para los agricultores y consumidores.
No hay lugar a dudas del alto nivel tecnológico que caracteriza a la agricultura pro- tegida en la mayoría de las regiones españolas, principalmente en las provincias del área mediterránea que ha seguido al mismo tiempo una especialización de la actividad agraria y especialmente en el control de patógenos, pero también del dinamismo y vi- rulencia de los patógenos, de su aparición continuada en el invernadero y, por lo tanto, la necesidad de proseguir y avanzar en dicha lucha siempre compatible con las exigen- cias demandadas por los consumidores y el respecto al medio ambiente. No olvidemos que cada vez más se investiga en descubrir mecanismos de defensa naturales en las plantas, que junto al control integrado, la lucha biológica, la lucha química racional y la realización de las buenas práctica agrarias se está consiguiendo la disminución de los tratamientos fitosanitarios.
Para prevenir y reducir la presencia de dichas plagas y enfermedades hay una serie de medidas que es necesario recordar:
Prácticas preventivas y culturales. Lucha química racional
Utilización de variedades comerciales tolerantes o resistentes a plagas y enfermedades Mejora genética.
Control biológico
Control integrado y Producción Integrada. Rotación de cultivos. Alternativas
A continuación enumeramos y comentamos estas medidas para el control de las plagas y enfermedades, algunas de ellas se consideran normas de obligado cumpli- miento por los agricultores.
Practicas preventivas y culturales
La realización de determinadas prácticas culturales nos pueden ayudar al control de ciertas plagas y enfermedades eliminando directamente a los patógenos o también a prevenir su aparición y propagación.
a) Preventivas:
Se consideran medidas preventivas aquellas actividades encaminadas a evitar o retrasar el establecimiento de patógenos en las plantas cultivadas. Estas prácticas se deben comenzar, algunas de ellas, antes de que el cultivo esté implantado.
– Eliminación de malas hierbas dentro y alrededor del invernadero, los residuos
vegetales y las plantas afectadas por virus arrancándolas y apartándolas en lu- gares retirados para después proceder a su quema. La destrucción de las malas hierbas impiden ser reservorios de parásitos además de ser fuente de alimento. Cuando sea posible es conveniente realizar tratamientos de estas plagas en la vegetación espontánea o en los lugares donde pasen el estado de vida latente o de reposo.
– Colocación de mallas en bandas y cumbreras de los invernaderos.Las mallas actúan impidiendo la entrada de los insectos al invernadero. Cuanto más densa de hilos sea la malla mayor será su efectividad al conseguir reducir y frenar la entrada de numerosas plagas, pero también será menor la eficiencia en la renovación del aire y podrá presentarse problemas de ventilación. Las mallas recomendadas oscilan entre las densidades de 25 x 25 hilos/cm2 y las de 10 x
10 hilos/cm2
– No realizar asociaciones de cultivos y sí la rotación de cultivos. Con la rotación
de cultivos evitamos la repetición de la misma especie vegetal en el mismo te- rreno y la permanencia de ciertas plagas y enfermedades típicas de un cultivo determinado.
– Marcos de plantación más amplios que permitan una mejor ventilación. – Empleo de semillas y plantas sanas procedentes de semilleros autorizados eli-
minando antes de la plantación las que sean portadoras de plagas o enfermeda- des.
– Utilización de variedades tolerantes o resistentes. Actualmente es uno de los
métodos más económicos y fiables de que dispone el agricultor para luchar contra los patógenos.
– Desinfección o, mejor aún, solarización del suelo y la desinfección de la estruc-
tura del invernadero.
– Utilización de estiércoles bien fermentados y desinfectados.
– Colocación de doble puerta de entrada con malla de densidad mínima de 10 x
20 hilos/cm2 para reducir la entrada de insectos
– Incremento de la altura de los invernaderos para mejorar la ventilación – Empleo de equipos de protección adecuados cuando se emplean fitosanitarios
Fig. 1. Doble puerta en invernadero para evitar Fig. 2. Es imprescindible la eliminación de
la entrada de insectos malas hierbas fuera y dentro del invernadero
b) Culturales
– Evitar riegos copiosos. El exceso de agua de riego provoca asfixia de raíces y
ataque de hongos del suelo.
– Abonado racional y equilibrado. – Realizar adecuadamente la poda.
– Eliminar plantas atacadas de virus, y frutos y hojas enfermos. – Desinfectar las herramientas de trabajo.
– Utilización de trampas cromotrópicas adhesivas, y de feromonas y trampas de
luz.
– Tratar heridas de poda para evitar la entrada de virus y podredumbres. – Mantener las balsas limpias y tratadas para la eliminación de algas.
– No abusar del nitrógeno que hace a las plantas más sensibles a las enfermeda-
des aéreas.
– Utilizar plantas cebo
– No abandonar los restos de cosecha, de plástico y envases dentro y fuera del
invernadero
Las trampas cromotrópicas son placas adhesivas fabricadas con plástico rígido y resistente cubiertas por ambos lados de una goma repelente al agua. Es conveniente colocarla unos 8-10 días antes de la plantación para atrapar los restos de plagas que hayan quedado de la campaña anterior y se situarán a 1,5 m. de altura del suelo. Se comercializan en dos colores: azul empleadas contra trips y amarillas para atrapar mosca blanca, minadora, pulgones.
Las trampas de feromonas están construidas de plástico adhesivo en forma de te- jadillo o trampa delta, en cuyo interior hay varias cápsulas impregnadas con diferentes feromonas que al atraer a los insectos estos quedan atrapados, y también se fabrican en forma de mosqueros. Las hay de diversos tamaños, todas en forma rectangular, las más habituales en los invernaderos son de 10 cm x 25 cm. y de 40 cm x 25 cm. Las feromo- nas son sustancias que fabrican los insectos hembra que al dispersarse por el aire atraen a los machos para el apareamiento. Se colocan colgadas del emparrillado del invernade-
ro en número de 4-5 a 6-10 por hectárea, dependiendo del objetivo de su colocación, si es para control de la plaga o para su captura. El empleo de feromonas además de reducir el número de tratamientos son inocuas para el agricultor y para la fauna auxiliar
Fig. 3. Como medida preventiva para prevenir el ataque de Fig. 4. Polillero-mosquero con plagas y enfermedades es imprescindible la retirada feromonas en su interior para
inmediata de los restos de cosechas captura de insectos.
(Foto: J.C. Gázquez y A. Soler) Lucha química racional
Las prácticas preventivas y culturales no siempre dan el resultado esperado por lo que es imprescindible la utilización de productos químicos que han sido hasta hace unos años los únicos que han conseguido mantener un control más o menos eficaz de las plagas y enfermedades. La contaminación del medio ambiente, las resistencias generadas por los parásitos, el perjuicio sobre la salud humana y la contaminación de aguas subterráneas son temas muy importantes para no tenerlos en cuenta.
En la actualidad el control de plagas y enfermedades con productos fitosanitarios es cada vez peor visto por los consumidores, a pesar de los esfuerzos constantes de las empresas de obtener productos eficaces y con reducido poder residual.
Paulatinamente el control químico en las principales provincias productoras con cultivos protegidos está quedando más limitado a tratar focos iniciales y localizados de plagas y enfermedades con materias activas que no causan daño al medio ambiente.
Cualquier tratamiento debe de seguir estas normas: ● Identificar la plaga o enfermedad.
● Seleccionar el fitosanitario adecuado y autorizado específico de la plaga o en- fermedad a tratar, que sea poco tóxico y de la menor persistencia, calculando exactamente el volumen de caldo necesario con la finalidad de evitar sobrantes innecesarios.
● En caso de repetir el tratamiento por aumento de la población del parásito alter- nar los productos con distintas materias activas para evitar la posible aparición de resistencias.
● Seguir fielmente las instrucciones y recomendaciones de las etiquetas de los envases antes de utilizar el producto, especialmente la dosis, plazo de seguri- dad, toxicología y su compatibilidad. Las etiquetas de los envases proporcionan una información muy valiosa para el usuario entre las que se encuentra: Las características del producto, aplicaciones autorizadas, dosis y modo de empleo, incompatibilidades, precauciones de empleo, plazos de seguridad, etc. etc. ● Tener en cuenta que los productos en espolvoreo alcanzan a mayor población de
parásitos, pero hay que prever las condiciones ambientales del invernadero y la dificultad de aplicación para el usuario.
● Coordinar los tratamientos con el empleo de la fauna auxiliar y la utilización de trampas adhesivas y de feromonas, de acuerdo con el imprescindible asesora- miento técnico.
● Seguir estrictamente las normas de manipulación y empleo de plaguicidas: ropa adecuada, guantes, mascarilla o pantalla facial, gorra, gafas protectoras, botas, así como la limpieza y entrega de los envases vacíos y secos en los puntos de- signados para su recogida.
● Cuando se lleve a cabo el control químico combinado con el control biológico se ha de tener en cuenta la compatibilidad de las materias activas de los plagui- cidas con la suelta de los enemigos naturales, sabiendo que hay fitosanitarios que sólo pueden emplearse unas semanas antes de realizar las sueltas y otros que pueden aplicarse tras las sueltas. Otro de los problemas en la aplicación de plaguicidas es la posibilidad de lixiviación con la utilización de fumigantes o de insecticidas aplicados al suelo, por lo que hay que respetar las dosis recomen- dadas y utilizar la maquinaria adecuada para que el caldo plaguicida se reparta uniformemente y no regar en exceso para evitar la lixiviación.
● Acudir al asesoramiento técnico
Utilización de variedades comerciales tolerantes o resistentes a plagas y enfermedades.
La mejora genética de las plantas se ha venido realizando de forma natural desde los inicios de la agricultura, cuando se seleccionaban plantas más productivas que se adaptaban a otras condiciones climáticas o que representaban cierta resistencia a los ataques de plagas y enfermedades. En los últimos años están surgiendo nuevas posibi- lidades para luchar contra las plagas y enfermedades.
Con la mejora de plantas por medio de la ingeniería genética en pimiento se ha consiguiendo, entre otras, estas mejoras:
Resistentes a virus. Ya se han obtenido en varias especies vegetales.
Resistencia a condiciones adversas ambientales, muy útil en cultivos de invernadero. Resistencia a la salinidad.
Detección de fraudes en semillas hortícolas.
Plantas resistentes o tolerantes a plagas y enfermedades, y a virus. Resistencia a herbicidas
En pimiento se comercializan semillas tolerantes o con resistencia alta o intermedia a:
● Virus el mosaico del tabaco (TMV) ● Virus del Bronceado del Tomate (TSWV) ● Virus el Mosaico del Tomate (ToMV)
● Virus del Moteado Suave del Pimiento (PMMV) ● Virus Y de la Patata (PVY)
● Stip
● Cracking y microcraking Control biológico
Con el control biológico se pretende combatir las plagas de los cultivos con sus enemigos naturales, ya sean depredadores o parásitos.
A finales del siglo XX el Sector de frutas y hortalizas fue consciente de que la proli- feración de plagas y enfermedades de las plantas no se reducía pese a la disponibilidad de fitosanitarios cada vez más efectivos. Entonces se dirigió la mirada hacia la lucha biológica que lentamente, al principio, y muy rápido en la actualidad está alcanzando niveles de gran eficacia. Como ejemplo tenemos la provincia de Almería, cuya super- ficie, unas 22.000 has, durante la campaña 08/09, dedicada a control biológico en cultivos protegido es considerada la mayor del mundo. El cultivo del pimiento, con unas 7.125 has de control biológico, representa el 95 % de su superficie invernada de pimiento. El resto de cultivos protegidos donde se aplica el control biológico ocupa 14.755 has. y se reparte de esta forma:
Melón . . . 4.435 has Pepino . . . 1.890 has Sandía . . . 2.660 has Tomate . . . 2.450 has Pepino . . . 1.890 has Calabacín . . . 770 has Berenjena . . . 660 has.
Las Administraciones autónomas a partir del año 2004 están poniendo a disposi- ción de los agricultores ayudas para el fomento del uso de la fauna auxiliar y la aplica- ción de medidas obligatorias para prevenir el desarrollo de las poblaciones de insectos vectores de virus.
La lucha biológica utiliza diferentes especies, tanto animales como vegetales, pre- dadores o parásitos de plagas y enfermedades de las plantas. La liberación de hace mediante botes o sobres, cuando se trata de ácaros depredadores, por ejemplo con
Amblyseius swirskii y Amblyseius cucumeris depredadores de mosca blanca y trips se co-
locan sobres agujereados cerca de las flores y a diferentes distancias, según la dosis de individuos por metro cuadrado que asegure la presencia continua del enemigo natural. Otra forma es utilizar botes que se espolvorean sobre las hojas. También se pueden utilizar cajitas distribuidas por todo el invernadero como ocurre con Orius laevigatus depredador de trips. Otras veces se cuelgan botellas o se sitúan en el suelo para que salgan los insectos auxiliares como ocurre con Aphidius colemani parásito de pulgones. La dosis de suelta y el número de veces es muy variable, dependiendo del enemigo