Raymond Williams: «El análisis de la cultura»
C. P Thompson: La creación de la clase obrera en Inglaterra
En el «Prefacio» a TheMakingoftheEnglish Working Class (La crea ción de la clase obrera en Inglaterra), E. P. Thompson afirma:
"Este libro tiene un título poco elegante, pero que cumple con su obje tivo. Creación porque es un estudio de un proceso activo, que debe tanto a sus agentes como a sus condiciones. La clase trabajadora no apareció como el sol a una hora determinada. Estuvo presente en su propia creación.87
La clase trabajadora inglesa, como cualquier clase, es para Thompson, «un fenómeno histórico»-, no se trata de una «estructu ra» o de una «categoría», sino de la reunión de «un cierto número de acontecimientos dispares y aparentemente inconexos, tanto en la materia prima de la experiencia como en la conciencia»; es «algo que, de hecho, sucede (y puede demostrarse que sucede] en las rela ciones humanas».88 Es más, la clase no es una «cosa», es siempre una relación histórica de unidad y diferencia: la unión de una clase contra otra clase o clases. Como explica: «la clase sucede cuando al gunos hombres, como resultado de experiencias comunes (hereda das o compartidas), sienten y articulan la identidad de sus intereses entre ellos, y en contra de otros hombres cuyos intereses son dife rentes (y normalmente opuestos) a los suyos».89 La experiencia común de clase «está ampliamente determinada por las relaciones productivas en que nacen los hombres -o en las que entran de mane ra involuntaria».90 Sin embargo, la conciencia de clase, la traslación de la experiencia a la cultura, no se determina de este modo: «La clase viene definida por hombres que viven su propia historia y, al final, esta es su única definición.»91
Así, para Thompson, clase es «una formación cultural y social, que nace de procesos que pueden ser estudiados a medida que se van produciendo a lo largo de un período histórico considerable»92. El libro detalla la formación política y cultural de la clase trabaja dora inglesa mediante un tratamiento del tema desde tres perspecti vas distintas. En primer lugar, reconstruye las tradiciones políticas y culturales del radicalismo inglés a finales del siglo xvm: disidencia religiosa, descontento popular, la influencia de la Revolución Francesa. En segundo lugar, se centra en la experiencia social y cul tural de la Revolución Industrial tal como fue vivida por distintos
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grupos de trabajadores: tejedores, trabajadores del campo, algodone ros, artesanos, etc. Finalmente, analiza el crecimiento de la con ciencia de clase trabajadora que se hace evidente en el correspon diente crecimiento de una gama de «instituciones políticas, sociales y culturales de fuerte base y con autoconciencia de clase trabajado ra».93 E insiste: «La clase trabajadora se hizo a sí misma tanto como fue hecha.»94 Básicamente, obtiene dos conclusiones de su investi gación. En primer lugar, «después de toda precaución, el hecho des- tacable del período que va de 1790 a 1830 es ía formación de la “cia se trabajadora”»95. En segundo lugar, afirma que «quizás ésta fuera la cultura popular más destacada que Inglaterra haya conocido».96
The Making of the English Working Cíass es, en muchos aspectos, una contribución monumental a la historia social (ya sólo en tama ño: la edición de Penguin tiene más de 900 páginas). Lo que la hace significativa para el estudiante de cultura popular es la naturaleza de su descripción histórica. La historia de Thompson no está hecha a partir de procesos económicos y políticos abstractos. Tampoco es una descripción de los hechos de los grandes y poderosos. El libro habla de personas «comentes»; de sus experiencias, sus valores, sus ideas, sus acciones, sus deseos; en resumen, la cultura popular como lugar de resistencia-a-aquellos .para , cuyos intereses se. hizo la Revolución Industrial. Hall dice de ella que es «la más influyente obrifdé historia social del período de posguerra», y destaca el modo que tiene de enfrentarse a «la concepción estrecha y elitista de “cul tura” encerrada en la tradición leavisista, así como al enfoque más bien evolutivo que a veces marcó The Long Revolution de Williams».97 En una entrevista concedida unos diez años después de la publicación del libro, Thompson hizo el siguiente comentario sobre su método histórico: «Si quieres una generalización, yo diría que el historiador tiene que estar escuchando todo el tiempo.»98 Desde luego, no es el único historiador que escucha; el historiador conservador G. M. Young también escucha, si bien de una manera mucho más selectiva: «la historia es la conversación de las personas que importaban».99 Lo que hace la escucha de Thompson radical mente distinta es la gente a la que escucha. Como explica en el famo so pasaje del «Prefacio» a La creación...:
Mi intención es rescatar al pobre tejedor, al recolector ludita, al «obsoleto» tejedor manual, al artesano «utópico», e incluso al iluso seguidor de foanna Southcott, del terrible aire de superioridad de la
posteridad. Quizás sus artes y tradiciones estaban muriendo. Quizás su hostilidad hacia el nuevo industrialismo fuera mirar hacia atrás. Sus ideales comunitarios quizás fueran fantasías. Sus conspiraciones rebeldes quizás fueran alocadas. Pero ellos vivieron durante esos tiempos de aguda perturbación social, y nosotros no. Sus aspiracio- "nes eran válidas respecto a su propia experiencia; y, si fueron vícti
mas de la historia, siguen siendo víctimas, condenados en sus pro pias vidas.100
The making... es el ejemplo clásico de «historia desde abajo». El objetivo de Thompson es situar la «experiencia» de la clase trabaja dora inglesa como clave para la comprensión de la formación de una sociedad industrial capitalista en las décadas anteriores a los años 1830. Es una historia desde abajo en el doble sentido que sugiere Gregor McLellan:101 una historia desde abajo en cuanto pretende reintroducir la experiencia de la clase trabajadora en el proceso his tórico; y una historia desde abajo en cuanto insiste en que la clase trabajadora fue el agente consciente de su propia creación. Thomp son trabaja con la famosa afirmación de Marx sobre el modo como los hombres y las mujeres hacen la historia: «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen simplemente como les place; no la hacen en circunstancias elegidas por ellos, sino en circunstancias que se han encontrado, que les han sido dadas y transmitidas desde el pasado.»102 Lo que hace Thompson es enfatizar la primera parte de la afirmación de Marx (la acción humana) contra lo que conside ra que ha sido la concesión de excesiva importancia a la segunda parte de la afirmación por los historiadores marxistas. Paradójica mente, o quizás no, se le ha criticado por conceder excesiva impor tancia al papel de la acción humana -experiencias, valores huma nos- a costa de los factores estructurales.103
Antes de acabar este corto capítulo sobre la contribución de Thompson al estudio de la cultura popular, deberíamos señalar que él no acepta el término «culturalismo» para denominar su obra. Este y otros temas relacionados fueron objeto de un caluroso debate del «Taller de historia» entre Richard Johnson, Stüart Hall y el propio Thompson.104 Una de las dificultades que entraña la lectura de las aportaciones al debate es la atribución de dos significados bastante diferentes al culturalismo. Por un lado, se utiliza como una descrip- ^ ción de una metodología específica (asfescomoyo louscfaquí). Por otro lado, se usa como urf término de crítica (normalmente desde
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una posición marxista más «tradicional», o desde la perspectiva del estructuralismo marxista). Se trata de un tema complejo, pero como conclusión a esta discusión de Hoggart, Williams y Thompson, pro pongo una clarificación muy simplificada: positivamente, gl cultu- ralismo es una metodología que enfatiza la cultura (acción humana, valores hulffiSfíosf expénéricií fiumária) como elemento de crucial importancia para una completa comprensión sociológica e histórica de una formación social determinada; negativamente, el término culturalismo se usa para sugerir el empleo de tales presunciones sin el reconocimiento y sin la conciencia plena de que la cultura es el efecto de estructuras que están más allá de ella, y que tienen el efec to de determinar, restringir y, finalmente, producir la cultura (ac ción, valores y experiencia humanos) en ultima instancia. Thomp son está en total desacuerdo con la segunda proposición, y rechaza totalmente cualquier sugerencia de que el término culturalismo, sea cual sea la definición, pueda aplicarse a su trabajo.105