“El gran campo de batalla para la defensa y expansión de la libertad hoy día es la mitad sur del globo… las tierras de los pueblos en crecimiento. Su revolución es la más grandiosa en la historia humana. Buscan acabar con la injusticia, la tiranía y la explotación” (John F. Kennedy).
En 1954, los Illuminati organizaron una invasión contra el presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz, porque quería convertir a la compañía United Fruit Company (propiedad de la Rockefeller y de la familia Bush) en propiedad del Estado. La United Fruit Company tenía un monopolio sobre el tráfico de embarcaciones, la comunicación, los ferrocarriles y tenían la última palabra en acuerdos comerciales importantes, especialmente en el comercio del banano. Por setenta y cinco años, los intereses de la compañía fueron de la mano de muchas dictaduras en Guatemala. Esto continuó hasta 1944, cuando el pueblo eligió a un presidente que deseaba reformas sociales. Esto causó agitación e hizo pensar a la gente, pero fue peor. En 1950, los descendientes de los mayas eligieron un nuevo presidente: Jacobo Arbenz, quien planeaba continuar, aún más a fondo, con la implementación de los planes económicos de su predecesor, proponiendo la reforma de la tierra. En 1953, confiscó la United Fruit Company. El secretario de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, John Foster Dulles, demandó una compensación por daños y perjuicios, pero los guatemaltecos no tenían dinero. Los poderes detrás del Nuevo Orden Mundial inventaron un plan enredoso, que llevaba el nombre optimista de Operación Éxito. Durante la primera mitad de 1954, el servicio secreto estadounidense invirtió 20 millones de dólares, con los que el país vecino, Honduras, pudo configurar un ejército de guerrilla con su propia fuerza aérea. Mientras tanto, el gobierno asentado en la ciudad de Guatemala, al sentirse amenazado, encargó 2 mil toneladas de pistolas procedentes de Checoslovaquia; mercancía valiosa que llegó a Guatemala el 15 de mayo de 1954. En la Conferencia Interamericana de Caracas, Guatemala fue descrito como un Estado comunista, una grave amenaza para toda Latinoamérica. Entonces se dio luz verde a la oposición. Con el apoyo de aviones de caza norteamericanos, cuatrocientos rebeldes atacaron la ciudad de Guatemala; Jacobo Arbenz fue capturado y se restauró el poder original de la United Fruit Company. Las décadas siguientes, doscientos mil guatemaltecos morirían en una guerra de guerrillas horrible. Cuarenta y nueve años más tarde, en mayo de 2003, los estadounidenses admitieron haber financiado la guerra de guerrillas, tras la muerte de un número adicional
de ciento cuarenta mil víctimas.
En 1970, Salvador Allende fue elegido para ser presidente de Chile por una ligera mayoría. Ante Naciones Unidas, Allende dijo: “El poder de estas empresas supera todas las fronteras. Estamos frente a un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones trasnacionales y los estados. Éstos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales, políticas, económicas y militares, por organizaciones globales que no dependen de ningún Estado y que en la suma de sus actividades no responden ni están fiscalizadas por ningún parlamento, por ninguna institución representativa del interés colectivo. En una palabra, es toda la estructura política del mundo la que está siendo socavada”. Después de esta conferencia, nuestra élite global estaba esperando lo peor, incluyendo una rigurosa confiscación de sus empresas por el Estado de Chile. Tenían razón. Allende reclamó las minas de cobre estadounidenses y, durante su reforma agraria, dividió la tierra de los grandes terratenientes entre los pobres. Prometió leche para cada niño, educación para los jóvenes y salarios justos. Una vez más, la estrategia de rutina fue puesta en acción. El dinero de nuestros líderes circulaba con fluidez hacia la oposición, y los medios de comunicación y la cia se ocuparon de los preparativos militares. Chile sufrió una enorme crisis económica y, en 1972, una ola de terror bajo el mando de la cia resquebrajó la economía. El gobierno de Chile fue depuesto en un golpe de Estado que ¡supuestamente llevó a Allende a cometer suicidio![1]
Desde su fundación en 1903, Panamá ha sido una especie de colonia de los Estados Unidos. En 1914, se creó el Canal de Panamá, que hacía mucho más corta la ruta entre el océano Atlántico y la costa oeste de América del Norte. Los norteamericanos arrendaron el canal y acondicionaron bases militares a lo largo de sus orillas. Omar Torrijos, el nuevo presidente de Panamá, quería tener el canal de vuelta. Incluso negoció con los japoneses acerca de la financiación de un canal sobre el nivel del mar. Nuestros líderes estaban furiosos con Torrijos y trataron de convencerlo, con el dinero, para iniciar negociaciones sobre el Canal de Panamá y dejar de hablar con los japoneses. Pero Torrijos era un hombre de principios y rechazó sistemáticamente unirse a la élite. Sabía que el juego de préstamos extranjeros estaba destinado a enriquecerlo, mientras endilgaba enormes deudas al país. Torrijos fue incorruptible. Fue uno de los pocos líderes de Latinoamérica que no utilizó dinero extranjero para su propio enriquecimiento, sino para el bien de la gente. Se dedicó a los pobres y oprimidos de su país. El principio del Nuevo Orden Mundial, que está basado en el soborno, provoca una reacción vulnerable en esta clase de políticos honestos. Omar Torrijos a menudo tenía pesadillas en las que se veía cayendo a tierra en una enorme bola de fuego. Resultó ser una intuición profética. El 31 de julio de 1981, Torrijos murió en un accidente de avión. De acuerdo con su guardaespaldas, había sido utilizada una grabadora de cinta con explosivos.
En los últimos cincuenta años, una categoría selecta de esclavos del Proyecto Monarca ha ayudado a construir el más grande imperio que haya existido. A diferencia de cualquier otro, este imperio de los Illuminati ha sido edificado principalmente con engaño, fraude y manipulación económica. Estos esclavos del Proyecto Monarca son una especie de asesinos económicos que están ubicados estratégicamente en todo el mundo, tanto en
países ricos como pobres. Los países pobres con valiosos recursos están siendo despojados de miles de millones por medio de prácticas de préstamo de dinero, ejecutadas por estos esclavos del Proyecto Monarca, las cuales los dejan incapaces de liquidar la deuda y, en consecuencia, a merced del control de los Illuminati sobre su economía.[2] La mayor parte de estos préstamos están siendo proporcionados por los Illuminati. Una de las condiciones de estos préstamos es que el 90% de ellos debe ser pagado a empresas tales como Halliburton o Bechtel. Estas empresas están en manos de los Illuminati y, en consecuencia, ejecutan grandes proyectos de infraestructura, tales como aeropuertos, carreteras, puertos y plantas eléctricas en estos países. El país receptor se queda con una deuda más los intereses. Los habitantes pobres de dichos países son agobiados con estas deudas elevadísimas, que no les es posible pagar. Estas naciones se vuelven totalmente dependientes de los Illuminati. Las ganancias multimillonarias en dólares, derivadas de este tipo de acuerdos, van directamente a los Illuminati, dado que desde ese momento en adelante controlan todo el sistema político de tales naciones.
Si los esclavos del Proyecto Monarca fracasan, entonces se intenta un golpe de Estado o una revolución forzada, con la ayuda de los diferentes servicios secretos. Si esto no funciona, una unidad especial de élite se encarga de las liquidaciones. Y cuando haya llegado el momento, el líder o dictador sufrirá un “ataque cardiaco” o algún otro accidente. Si todo esto falla, entra en acción la división militar del Nuevo Orden Mundial.
[3]
Ecuador es un ejemplo típico de un país que ha estado bajo el control del Nuevo Orden Mundial, con la ayuda de los esclavos del Proyecto Monarca. Las riquezas de los pozos petroleros en Ecuador pueden compararse con las de la región del Medio Oriente. Es por eso que el país fue obligado a ceder las selvas tropicales de la Amazonia a grandes corporaciones que pertenecen a la élite global. A finales de los años sesenta, estas corporaciones comenzaron con la perforación de pozos petroleros en la cuenca amazónica. Al país se le había concedido, como promesa, un gran préstamo por la futura extracción de petróleo. Los empleados y los misioneros del Instituto Lingüístico de Verano (sil), comunidad evangélica financiada por los Rockefeller, alentó a la población local indígena a abandonar sus tierras, y así fue. Su retribución consistiría en comida, bebida, vestido, alojamiento, educación y tratamientos médicos gratuitos.[4]
Ecuador había sufrido enormemente bajo una serie de dictaduras. Jaime Roldós fue el primer presidente electo después de una larga historia de dictadores. Roldós fue la gran excepción. Reconoció algunas conexiones que políticos del otro lado del Canal de Panamá parecían no notar. También notó las corrientes subyacentes que amenazaban con cambiar al mundo en un imperio mundial haciendo de su pueblo meros esclavos. Roldós fue un hombre que creyó que los derechos de los pobres eran responsabilidad de los políticos.[5] Fue uno de los pocos políticos en su tiempo que no tenía miedo de luchar contra los Illuminati. No sólo peleó por resguardar sus tierras, también luchó contra las grandes compañías petroleras.
En 1981, el gobierno de Roldós presentó al Parlamento una nueva ley para la extracción de petróleo. La nueva ley preveía una nueva relación básica entre Ecuador y las compañías petroleras. Los líderes del Nuevo Orden Mundial esperaban transmitir este claro ejemplo más allá de las fronteras de América Latina y penetrar el mundo entero. Así pues, respondieron como era de esperarse: hicieron todo lo que estuvo a su alcance para desacreditar a Jaime Roldós. La prensa describió al primer presidente electo de Ecuador como un segundo Fidel Castro. Los grupos de presión abarrotaron Ecuador con maletines llenos de dinero ilícito para socavar su régimen. También se dio una batalla feroz con la Texaco de los Rockefeller.
Pero Roldós no se dejó intimidar fácilmente; por el contrario, señaló enfáticamente la conspiración entre la política y el petróleo. Acusó abiertamente al Instituto Lingüístico de Verano (sil) de cooperar con las compañías petroleras y no se acobardó para deportar a sus misioneros. Unas semanas después de haber presentado su nueva ley para la extracción de petróleo y después de la expulsión del sil, Roldós advirtió a cada compañía de su país que, si se aprovechaban del pueblo ecuatoriano, tenían que abandonar el país de inmediato. Entonces, ocurrió algo que no era del todo inesperado. Después de un largo discurso en la estación Atahualpa en Quito, la capital de Ecuador, Roldós murió en un accidente de helicóptero el 24 de mayo de 1981. Roldós había sido advertido de un ataque ese mismo día y había tomado precauciones. Partió con dos helicópteros. En el último momento antes de su regreso, un asesor de seguridad lo convenció de tomar el otro helicóptero, precisamente el que explotó.
Osvaldo Hurtado se convirtió en el nuevo presidente de Ecuador. No sólo permitió que el Instituto Lingüístico de Verano retomara su trabajo, sino también comenzó un ambicioso plan a finales de ese año, el cual consistió en el aumento de la extracción de petróleo por parte de Texaco en el golfo de Guayaquil y en la cuenca del Amazonas. Las compañías petroleras bombeaban aguas residuales directamente en los ríos de la Amazonia, matando en forma deliberada a personas, plantas y animales. Diariamente, 18 millones de litros de agua tóxica que contiene metales pesados, petróleo y otros agentes carcinógenos eran bombeados directamente en los ríos.[6]
La empresa Bechtel, ya antes mencionada como de los Illuminati —poco después de ser expulsada de Bolivia por elevar las tarifas de agua y hacer que los agricultores pagaran por el agua de lluvia—, obtuvo, con la ayuda de los Illuminati, un contrato de agua en Ecuador. Durante siete años, los residentes de Guayaquil sufrieron cortes periódicos de agua; claro, si es que tenían la suficiente suerte de vivir en barrios y casas que sí tenían conexiones de agua. A veces se les cortaba el suministro a las familias porque no podían permitirse pagar sus facturas. Otras veces, el agua simplemente no llegaba porque el sistema de distribución es muy viejo y poco confiable. Para empeorar las cosas, cuando el agua sí llegaba por el grifo, a menudo no era apta para el consumo humano. Debido a la contaminación del agua, un brote de hepatitis A golpeó a la ciudad en 2005.[7]
Los ecuatorianos también han sido golpeados con tarifas eléctricas de 30 a 60 dólares mensuales, basados en el precio por kilovatio-hora que es el doble del promedio pagado
por los consumidores en los Estados Unidos. Esa es una de las condiciones dictadas por el Banco Mundial en el documento confidencial acordado entre Ecuador y el banco. Ese es un precio alto por pagar considerando que se trata de una nación donde sólo una minoría de la población gana un sueldo mínimo de 153 dólares al mes. No podemos olvidar que la mayoría de los productos cuestan en Ecuador lo mismo que en los Estados Unidos.
Los Illuminati también recibieron casi todo el beneficio del petróleo crudo excavado. Hoy en día, el país pierde el 50% de su presupuesto nacional en la amortización de las deudas, una hazaña imposible de lograr. Para la educación, exactamente el 2% de los suministros para la vivienda y medicina van a la tesorería de Ecuador. El país en absoluto es capaz de saldar su deuda. Al igual que Ecuador, ¡muchos otros países sudamericanos están contra la pared!
Un texto escolar norteamericano bajo el título Introducción a la Geografía concede a los Estados Unidos la responsabilidad del Amazonas. El libro incluye un mapa de Sudamérica en el que aparece a modo de un nuevo país algo denominado prinfa (Primera Reserva Internacional de la Floresta Amazónica). Ese “nuevo Estado” se
incauta de partes de Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador y otros países.
prinfa es como un parque internacional, con severas reglas para su explotación. El texto escolar afirma que estos países, en su mayoría, son reino de la violencia, el tráfico de drogas, de la ignorancia y de un pueblo sin inteligencia y primitivo. Se trata de un claro ejemplo del modelo imperialista norteamericano llevado a las escuelas y a su proyecto educativo en Estados Unidos. El libro escolar dice textualmente: “El valor de esta área es incalculable, pero el planeta puede estar seguro de que los Estados Unidos no permitirá que los países latinoamericanos exploten y destruyan esta verdadera propiedad de toda la humanidad”. Este libro escolar intenta transmitir a las nuevas generaciones norteamericanas el desprecio por el resto de los pueblos, por la normativa internacional de respeto a las fronteras y que proclama y legitima la injerencia y el dominio del mundo por Estados Unidos.
La naciones de América Latina, con una riqueza de recursos desde oro hasta petróleo, desde áreas forestales hasta fuentes de hidroenergía, siempre han sido del interés de los Illuminati.
Jenny Estrada es una de las historiadoras más respetadas y eminentes de Ecuador. En su excelente libro La Segunda Guerra Mundial: Lista Negra en Ecuador cuenta la historia poco conocida de la deportación de miles de alemanes étnicos, japoneses, italianos y sus familias latinoamericanas, que fueron tomados de varios países de América Latina para su internamiento en campos de concentración en los Estados Unidos antes y durante la Segunda Guerra Mundial. “Seguridad nacional” fue la explicación oficial del gobierno de Estados Unidos por las incautaciones. Su libro revela que el verdadero propósito era reemplazar los intereses económicos japoneses, italianos y alemanes en América Latina por los de los Estados Unidos. Se desarrolló otro motivo extraordinario para las incautaciones: reunir cautivos para utilizarlos como trueque con los países del Eje que mantenían prisioneros estadounidenses.
Cinco meses antes del ataque de Pearl Harbor, un programa secreto e ilegal de internamiento latinoamericano para identificar y encarcelar civiles hizo su primer movimiento bajo la orientación de Nelson A. Rockefeller. Sometidos a una presión intensa, quince países latinoamericanos cooperaron con este programa de encarcelamiento y deportación. Iban a hacerlo en una forma sutil y secreta, que no pudiera ser rastreada como procedente de los Estados Unidos.
A partir de julio de 1941, los periódicos de casi todos los países latinoamericanos publicaron “listas negras”. Los inocentes civiles extranjeros y sus familias latinoamericanas, cuyos nombres aparecían en la lista, eran considerados “subversivos potenciales”, y el día del ataque de Pearl Harbor, la policía local en Latinoamérica comenzó a arrestarlos. Las “listas negras” también afectaron a empresas y particulares que no tenían conexión con las potencias del Eje. Profesores, sacerdotes, periodistas, propietarios de negocios o cualquier persona que tuviera un puesto en una organización cultural o club étnico alemán, italiano o japonés, también eran señalados.
y retenidos sin audiencias o recursos legales.
Todas sus propiedades y dinero fueron confiscados. Después de ser deportados a campos de concentración en los Estados Unidos, muchos de ellos fueron intercambiados en Portugal por ciudadanos estadounidenses civiles recluidos por Hitler. Muchas familias judías se encontraban entre estos recluidos. Recibieron un pasaje de ida a uno de los campos de concentración en Polonia.[8] Muchas familias fueron colocadas en la ciudad de Dresde, sin conocer el idioma. Muchos de ellos murieron durante el infierno de Dresde.
[1]
. Se estima que desde sus inicios, la cia ha conducido unas tres mil operaciones grandes y otras diez mil operaciones pequeñas. El exagente de la cia John Stockwell calcula que solamente en países del tercer mundo, seis millones de personas han muerto a causa de operaciones de la cia. Recientemente, organizaciones de nombres respetables, como Fundación para la Democracia, se han estado encargando de las actividades que se realizaban bajo la bandera de la cia. Estas organizaciones interfieren abiertamente en los asuntos de política interna de un país.
[2]
. El Banco Mundial, junto con el Fondo Monetario Internacional, alberga la mayor parte del financiamiento utilizado por los “asesinos de la economía”.
[3]
. Solamente en casos raros, como en Yugoslavia e Iraq, el ejército fue utilizado como último recurso.
[4]
. John Perkins, Confessions of an Economic Hitman, San Francisco, 2004, p. 210.
[5]
. Ibid., p. 211.
[6]
. Ibid., p. 134.
[7]
. Emily Joiner, Agüita Amarilla, 2008. El libro documentó con doloroso detalle el fracaso del experimento de privatización del agua de Bechtel en Guayaquil, Ecuador.
[8]
16
Capítulo
RÍOS DE SANGRE
“Hemos conseguido matar seis millones de personas. Tal vez podamos encontrar la manera de sumar un millón más antes de que la guerra termine” (Winston Churchill,
durante la Conferencia de Yalta el 7 de febrero de 1945).
Diez días después del discurso de Churchill en la Conferencia de Yalta, tres bombardeos angloamericanos mataron en Dresde a trescientos treinta mil personas en quince horas. La destrucción militar de la ciudad de Dresde por parte de los aliados en febrero de 1945 fue totalmente inútil. Dresde no estaba en la línea de fuego inmediata, ni