“Antes del juicio final y del final de los tiempos, Jesucristo será revelado en todo su poder, y desnudará su santo brazo en la confusión del Anticristo” (George Gillespie).
Para comprender y poner al descubierto a los Illuminati, es muy importante saber el significado de sus linajes. La comprensión de éstos abre toda una nueva comprensión de la historia. Es la clave para comprender la historia. De acuerdo con los Illuminati, el mágico poder oculto de un ser humano se almacena en la sangre. Si alguien no tiene en su sangre el poder oculto adecuado, nunca se abrirá camino dentro de las familias líderes de los Illuminati.
Los Illuminati exploran y reúnen a sus líneas sanguíneas. Buscan capturar el poder oculto de los linajes más poderosos alrededor del mundo. En el rastreo de esas líneas sanguíneas, se hizo evidente que los linajes europeos de los Illuminati estaban tratando de integrar algunas líneas sanguíneas de los aborígenes de Australia y los bosquimanos del Kalahari. También estaban interesados en las líneas sanguíneas de algunas tribus indígenas de América del Norte. Los cheroquis tienen poderosas habilidades paranormales, en adición a sus habilidades espirituales demoniacas. Se sabe que los Illuminati se entrecruzaron en matrimonio con tribus nativas para obtener el poder ocultista que algunos de estos linajes aportaban. Varias reservaciones indias se utilizaron para rituales de los llluminati.
Si contemplamos los linajes de los líderes illuminati, tendremos una impresión de su poder sin precedentes. Cada miembro por separado tiene su propio lugar en la jerarquía. El destino de cada líder está determinado por su origen y su linaje específico. Cada uno de ellos tiene su propio papel dentro del liderazgo satánico, como Rey, Reina, Príncipe y Princesa de la Oscuridad. Ellos gobiernan en forma secreta una de las diez áreas del mundo en favor de su propio linaje.
Los mismos líderes illuminati afirman que su tradición ha existido durante más de cuatro mil años. Los círculos más altos de los Illuminati que rigen nuestro mundo contemporáneo son los descendientes directos de los líderes que, a lo largo de la historia, han determinado la ruta de nuestro mundo. Hace mucho tiempo, en las páginas oscuras no escritas de la historia humana, poderosas dinastías familiares descubrieron cómo podían controlar a otros hombres por medio de la tortura, de prácticas mágicas, de guerras y de asumir cargos en la política, la religión y las empresas. Estas familias de élite diseñan estrategias y tácticas para perpetuar sus prácticas ocultistas. Bajo capas y capas
de secretos, se han mantenido escondidas de las masas profanas.
Como hemos visto en el primer tomo, un linaje satánico se remonta a Babilonia, a un descendiente de Nemrod. Esaú es el nombre de otro linaje. Un tercer linaje se origina en el Oriente y desarrolló la magia oriental. Un cuarto linaje es de origen egipcio-céltico- druida, del cual se desarrolló el druidismo. Este linaje originó la élite experta en asesinatos y prácticas ocultistas. Otro linaje satánico es el de los fariseos, quienes secretamente practicaban el satanismo babilónico en tiempos de Cristo. Ellos y sus descendientes pertenecen a la sinagoga de Satanás.
El término “sinagoga de Satanás” proviene de la Biblia. Al principio del Apocalipsis (el libro de las Revelaciones), Cristo le dice al apóstol Juan que entregue cartas a través de los mensajeros (ángeles) de las siete comunidades cristianas en Asia menor. También le ordena a Juan escribir una carta al ángel de la comunidad de Esmirna: “Esto dice el Primero y el Último, el que estuvo muerto, y volvió a la vida: Conozco tu angustia y tu pobreza (aunque eres rico), y los insultos que te dirigen esos que pretenden ser judíos, y no lo son, sino una sinagoga de Satanás” (Ap 2, 8-9). En Apocalipsis 3, 7 y 9 leemos: “Escribe al ángel de la Iglesia de Filadelfia: Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, el que cierra y nadie abre: […] Te voy a dar a algunos de la sinagoga de Satanás, de esos que se llaman judíos y no lo son, sino que mienten”.[1]
Pero, ¿cómo es que no son judíos? ¿Es porque ellos no descienden de los hebreos? Su ascendencia física de Abraham no fue puesta en tela de juicio por Jesús cuando se refirieron a ella con orgullo. De hecho, Jesús incluso confirma su ascendencia: “Ya sé que son raza de Abraham”. Pero sólo física y no espiritualmente, porque “si son hijos de Abraham, hagan las obras de Abraham” (Jn 8, 37 y 39).
A continuación, Jesús explica: “Ahora quieren matarme, a mí que soy un hombre que les ha declarado la verdad que Yo le oí a Dios. Abraham no hizo eso. Ustedes hacen las obras de su padre” (Jn 8, 40-41). Cuando los judíos incrédulos comenzaron a comprender lo que Jesús quiso decir, contestaron: “Nosotros no somos bastardos; tenemos un solo padre, Dios”.[2]
Jesús los amonestó y les dijo: “Si Dios fuera su padre, me amarían a mí, porque Yo partí del lado de Dios, y de allá vengo. […] Ustedes vienen de su padre, el Diablo, y quieren hacer la voluntad de su padre. Él fue homicida desde el principio y no perseveró en la verdad, porque en él no hay verdad. Cuando dice mentira, la dice de lo suyo propio; porque es mentiroso y el padre de la mentira” (Jn 8, 42 y 44).
Las Escrituras no dejan duda, debido a su discusión, de que los fariseos incrédulos eran en esencia descendientes de Satanás, incluso en tiempos de Jesús en la tierra. Ni Abraham ni Dios eran su padre, ¡sino el diablo!
Algunos de los Illuminati que afirman ser judíos son descendientes de los fariseos y, como ellos, no son en absoluto judíos. No obstante, cuando les conviene se hacen llamar judíos, y eso es exactamente lo que los hace impostores. Como veremos, les gusta esconderse detrás del pueblo judío y del Holocausto y, por lo tanto, siguen siendo intocables.
Podría pensar usted que es tontería o fantasía; sin embargo, tenga en cuenta que estas cuestiones nos conciernen a todos, en tanto de ellas estén convencidos los Illuminati. La siguiente información proviene de fuentes de exsatanistas y exIlluminati. El poder de Dios ha alcanzado el corazón mismo del imperio de Satanás y ha extraído a algunos de los más poderosos satanistas. Algunos de los escalones de la jerarquía fueron atraídos a Cristo.
A través de libros de gran éxito y mucha venta en todo el mundo, se hacen intentos para que perdamos el rastro del Anticristo. Para presentar al Anticristo ante el mundo como el gran redentor, se hacen intentos para engañar a todos aquellos que creen en la segunda venida de Cristo.[3] A través de novelas e historias de suspenso, se le hace creer al mundo el engaño de que Jesucristo no murió en la cruz. Poco antes de la crucifixión, por lo que se dice, le dieron un medicamento que lo hacía parecer muerto. Sus amigos lo rescataron de la cruz y lo llevaron a un lugar seguro, donde se recuperó completamente. Más y más personas creen que Jesús se casó y engendró hijos, y que su linaje ¡todavía existe hoy en día! Sus descendientes supuestamente vivieron en Francia y se casaron con miembros de la dinastía merovingia. Se ha dicho que su legado tiene raíz en esa dinastía. Los Illuminati intentan, de la forma que puedan, difundir esta idea por todo el planeta, por ejemplo, con la publicación del superventas Holy Blood, Holy Grail (El enigma
sagrado).[4] Otro superventas, El código Da Vinci, también intenta hacernos creer que Jesús se casó y tuvo hijos. ¿Por qué los Illuminati intentan hacernos creer que realmente existe un descendiente directo de Jesús y de María Magdalena en la tierra? Como hemos visto, cuando Jacob Lang, un miembro de los Illuminati, fue alcanzado por un rayo durante un viaje el 10 de julio de 1785, la policía encontró algunos planes secretos de los Illuminati, destinados al Gran maestro del Gran Oriente en París. Entre los planes secretos y los documentos encontrados, había algunos protocolos que mencionan varias veces que un descendiente de David deberá gobernar el mundo. La investigación en los círculos más altos de los Illuminati ha demostrado que el descendiente o linaje al que se refieren como supuesto “descendiente de la casa de David” es, en realidad, un linaje de magia oculta muy específico y decisivo. Este linaje fue copiado a partir del linaje real de Jesús y fue infundido con la semilla directa de Satanás. Este linaje es conocido como “el linaje decimotercero” y, de acuerdo con los ritos de los Illuminati, representa la “semilla” del diablo. Este linaje 13 producirá al líder supremo mundial: el Anticristo.[5]
El linaje decimotercero se remonta a la antigüedad y nos remite a la tribu de Dan en el Antiguo Testamento. De acuerdo con las predicciones, la tribu de Dan fue la oveja negra de la tierra de Israel. Esta tribu devoraría la tierra. En el libro del Génesis (capítulo 49), el patriarca Jacob bendice a sus hijos poco antes de morir. A continuación, pronuncia las siguientes palabras proféticas en los versículos 16, 17 y 18: “Dan será juez de su pueblo, como cualquier otra tribu de Israel. Sea Dan culebra a la orilla del camino, víbora cornuda a la orilla de la vereda, que muerde al caballo en la pezuña para que el jinete caiga hacia atrás. ¡Señor, esperaré tu salvación!”
la misma forma en la que Satanás se mostró ante Adán y Eva. En el versículo 18, Jacob dice que espera la salvación, que es la venida de Cristo (o el Salvador) al final de los días, cuando él derrotará a Satanás para siempre.
La tribu de Dan debe ser comparada con la semilla de Judas Iscariote. Esta es una de las razones por las que la tribu de Dan ya no es una parte de los hijos de Israel (Cfr. Ap 7). No sólo una gran cantidad de textos del Antiguo Testamento sugieren que el Anticristo saldrá de esta tribu; estas sospechas también se reflejan en el Testamento de
los Doce Patriarcas, libro judío. Dan fue el quinto de los doce hijos de Jacob, nacido en
Mesopotamia de Siria (Cfr. Gén 35, 25-26); de la casa de Dan, Husim también fue llamado Suham y sus descendientes fueron conocidos como los suhamitas; de entre las familias de Dan, fueron los únicos registrados bajo el nombre de suhamitas (Cfr. Núm 26, 42). Tras la liberación de la esclavitud, la tribu contaba con sesenta y dos mil setecientos hombres de veinte años de edad y mayores (Cfr. Gén 46, 23; Núm 1, 38-39). En términos del número de miembros masculinos, la tribu de Dan fue la segunda más grande de las tribus de Israel en ese momento.
Dan fue una de las diez tribus de la casa de Israel.[6] Los miembros de la tribu de Dan y de las otras tribus de Israel fueron castigados por Dios y mandados al exilio a Asiria en el año 722 a.C. El exilio de Israel, las diez tribus del reino, significó el final de la historia de Israel, por lo que respecta a la Biblia. Después de ser llevadas al exilio, los profetas llamaron a las diez tribus de Israel como “las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Muchos afirman que Israel fue absorbida en la población de Asiria sin dejar rastro y que abandonó el escenario mundial para siempre. Sin embargo, podemos leer en las Sagradas Escrituras que las diez tribus de Israel todavía existen en la actualidad.[7]
Nunca debemos dudar de que todas las declaraciones divinas en la Biblia son absolutamente seguras y confiables, porque están edificadas sobre el carácter de Dios mismo. De acuerdo con la Biblia, el pueblo de Israel nunca se perderá y en su momento ––al final de los días–– se reunirá. La Biblia indica claramente que esto es algo que todavía necesita suceder, y que el pueblo de Israel sigue existiendo hasta el día de hoy. Seguirá existiendo como un pueblo ante el semblante de Dios, mientras el sol, la luna y las estrellas den su luz (Cfr. Jr 31, 35-37). Los hijos de Israel serán como la arena del mar, que nadie puede contar (Cfr. Os 2, 1). Historiadores y arqueólogos han demostrado, sin duda, que hubo israelitas en Asiria ¡siglos después de que habían sido llevados al exilio! El judío Yosef Ben Mattityahu (Flavio Josefo), en su libro Antigüedades judías (parte XI, capítulo 5) nos asegura que en el tiempo de Cristo todavía había miembros de las diez tribus al otro lado del río Éufrates. Siete siglos después de la caída y el exilio de la casa de Israel, Jesucristo y sus discípulos también sabían que los descendientes de Israel vivían en Asia y alrededor del mar Negro (Mt 10, 5-6; 15, 24). Pedro, uno de los apóstoles de Jesús, escribió una carta a estos “extranjeros” en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, de quienes afirmamos eran seguidores de Cristo: “Pero ustedes son una raza escogida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo propio de Dios, para que proclamen las grandezas de ese que les ha llamado a salir del seno de las tinieblas para penetrar en su maravillosa luz” (1Pe 2, 9). Está claro que la palabra
“extranjero” aquí se refiere a la gente de Israel. En este versículo, Pedro utiliza los mismos términos que se utilizaron cuando Israel se formó como nación en el Monte Sinaí: “Ustedes mismos han visto los castigos que di a los egipcios y de qué manera los he traído sobre alas de águilas y los he recogido. Si oyen mi voz y guardan mi Pacto, serán mi pueblo entre todos los demás pueblos, porque toda la tierra es mía. Ustedes serán para mí un reino sacerdotal y una nación santa: estas son las palabras que repetiré a los hijos de Israel” (Éx 19, 4-6).
Quizá sea cierto que los israelitas están perdidos para el mundo, pero no están perdidos para Dios. Él tiene su propio plan para reunirlos de nuevo. Fuentes judías indican que los judíos mismos también han estado buscando las tribus perdidas.[8]
De acuerdo con las profecías, los descendientes de la casa de Israel no sólo perderían su nombre, sino también sus tierras, su idioma e incluso su identidad (Rm 11, 25). Inscripciones asirias muestran que después de su exilio, los israelitas eran llamados “Lo- Ammi”. Los asirios mismos los llamaban “Beth-Khumari”, después Omri, el sexto monarca del reino de las diez tribus. La palabra babilonia para Israel es “Kummiri” (o “Khumari”).
También el profeta Isaías predijo que el nombre de Israel podría cambiar: “Las naciones verán tu justicia, todos los reyes tu gloria; y se te dará un nombre nuevo que escogerá el Señor, y pronunciará su boca” (Is 62, 2; véase Is 65, 15). Israel sería nombrada a partir de Isaac (Gén 21, 12). Desde el exilio en Asiria, las tribus de Israel fueron conocidas con muchos nombres: Isacae, Sacae, Saca-sunna, Scotti, Getea y Kymbri. Un rey asirio conservaba los nombres de los pueblos que conquistaba tallados en la roca de Behistún en Persia, escritos en persa, elamita y acadio babilonio. Entre esos pueblos estaban los israelitas del reino de las diez tribus. En persa se denominaban saca; en babilonio, cimerios y en elamita, escitas.
En su libro Saxons East and West (Las tribus perdidas), el doctor George Moore argumenta que los Sacae, Getea y otras tribus que invadieron la India pueden vincularse directamente con los israelitas.[9] Hay una inscripción en hebreo con signos de antiguo pali en las paredes de la roca del templo en Kanari, a 20 millas de Mumbai. Esta inscripción menciona, entre otros nombres, a la tribu de Dan. Las inscripciones de Girnar y Delhi también mencionan a la tribu de Dan.
Sicambrios y merovingios
Las diez tribus de Israel fueron divididas entre Asiria y Persia. Cada una de estas tribus trató de escapar. Bajo varios nombres, lucharon en su camino de país a país. Tenemos que darnos cuenta que estas tribus no dejaron juntas la tierra de exilio, operando bajo un único líder. Cada tribu siguió su propio camino independiente en distintos momentos de la historia. Cada tribu llevó un nombre diferente con muchas variantes, a las que hacen mención varios autores.
de escitas. Y llamaban así no sólo a las tribus de la Escitia europea, sino también a las tribus al este del mar Caspio. En el antiguo mapa de Ptolomeo y en otros mapas, Escitia está ubicada desde la parte central de Asia hasta el corazón de China.[10]
En su libro A summary of the migrations of Israel, W. E. Fisher destaca que los israelitas, en su mayor parte, terminaron en el noroeste de Europa. En Europa se encontraron descendientes de las tribus, predominantemente en Crimea, donde se establecieron bajo el nombre de cimbrios. Muy por encima del Danubio, Baviera en la actualidad, hay también muchos vestigios de estas tribus. Alrededor del comienzo del calendario cristiano, algunas de estas tribus se trasladaron al Danubio y al Rin, donde se mezclaron con las tribus teutonas, dando lugar finalmente a los sicambrios, una de las tribus germánicas conocida por nosotros como los francos.
En el siglo v d.C., la invasión de los hunos, liderados por su rey Atila —el azote de Dios—, puso en marcha una enorme migración.[11] Los sicambrios también fueron forzados a huir. Cruzaron el Rin y se asentaron en el sur de la actual Ardenas. La dinastía de los sicambrios comenzó en el año 448 d.C., cuando los merovingios gobernaron el reino de los francos. En la línea femenina, los merovingios son descendientes de los sicambrios. Esta dinastía fue llamada la “dinastía merovingia”. De acuerdo con los relatos del historiador Prisco, los merovingios poseían poderes sobrenaturales. Afirmó que su madre fue seducida por una criatura bestial (¿Satanás?) Esta “bestia” viviría eternamente en las generaciones futuras.[12] Quiero subrayar una vez más que el linaje decimotercero representa la semilla de Satanás. Los merovingios y sus descendientes son conocidos por su conocimiento esotérico y sus habilidades ocultistas. A través de sus prácticas rituales, brujas, magos y sacerdotes ocultistas tenían acceso a poderes extraordinarios. Por ejemplo, igual que los miembros de la Gran Hermandad Blanca, ellos se comunicaban por telepatía. En la tumba de Childerico I, hijo de los merovingios, fueron encontradas varias reliquias satánicas.
El linaje de los merovingios descendía directamente de Dagoberto II y de su hijo Sigisberto IV. A través de la conexión con la dinastía de los sicambrios y la dinastía de los merovingios, el linaje decimotercero se extiende hasta Godofredo de Bouillon, que conquistó Jerusalén en 1090. Muchas familias de la realeza y la nobleza se remontan a la dinastía de los sicambrios y los merovingios. Algunos ejemplos de estas casas son los Blanquefort, Giro, Saint-Clair (Sinclair en Inglaterra), Montesquieu, Monzepat, Lusignan, Plantard, Habsburgo-Lorena, Stuart, De Medici y otros.
Como se mencionó anteriormente, en la India hay inscripciones que mencionan a la tribu de Dan. Las investigaciones muestran que los miembros de la tribu de Dan también se trasladaron a Europa. El signo del águila es el símbolo de la tribu de Dan, signo que