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Así como comenzó la teología de esta sección, comenzó también el mundo: por la palabra divina de un Dios personal y comunicativo. Diez veces el texto reitera esta declaración inicial: «Y dijo Dios» (Gn 1:3, 6, 9, 11, 14, 20, 24, 26, 29; 2:18). Luego, se representa la creación como el resultado de la palabra dinámica de Dios. Hacer aparecer al mundo en respuesta directa a su palabra fue lo que hizo

1 Claus Westermann, Creation [Creación], traducido al inglés por J.J. Scullion, Fortress Press, Filadelfia, PA,

1974, pp. 7–31. Su análisis de Génesis 1–11 concuerda en varios puntos con las conclusiones a las que ya yo había llegado independientemente.

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Jesús de Nazaret cuando sanó a los hombres en respuesta a su palabra. El centurión dijo: «Basta con que digas una sola palabra y mi siervo quedará sano» (Mt 8:8). Así se dijo la palabra aquí y el mundo se formó. Esta afirmación teológica aparece más tarde en los Salmos:

Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas …

porque él habló, y todo fue creado; dio una orden, y todo quedó firme.

Salmo 33:6, 9

No se puede determinar por el texto si se pusieron también en movimiento causas secundarias que afectaran los resultados. Siempre el texto parece implicar una creación mediata (a saber, donde se autoriza o se dota a las fuerzas de la naturaleza o a los materiales existentes para hacer la obra de establecer el orden de la creación; las tres ocasiones son: «Produzca la tierra» [Gn 1:11, RVR]; «Produzcan las aguas» [v. 20]; «Produzca la tierra» [v. 24], en dos o tres ocasiones el versículo siguiente (vv. 21, 25) atribuye las mismas cosas, las cuales parecen estar autorizadas de inmediato para efectuar el nuevo trabajo, directamente para Dios. Solo en Génesis 1:11 puede haber una excepción al representar la obra de Dios como una creación inmediata, ya que el versículo 12 continúa el mismo estilo de discurso. No obstante, eso puede ser todo lo que era: una forma de destacar el recipiente (la tierra o las aguas) de los beneficios de Dios que iban a venir.

Aun así, en general, el método de creación fue tan claro como su origen: fue Dios el que lo creó y lo hizo por su palabra. Sin embargo, la creación verbal hace más énfasis que el método. También destaca que la creación estaba de acuerdo con el conocimiento previo del mundo que Dios tenía porque él habló lo que habia pensado y planeado con anterioridad. Asimismo, su designio y función predeterminados de todas las cosas estaban subrayados ya que a menudo puso nombre a lo que creó. De este modo la esencia y propósito de su creación se bosquejaron desde su comienzo. Y si nombró estas cosas, las poseía porque uno pone nombre solo a lo que le pertenece o sobre lo que recibimos jurisdicción.

A menudo la discusión del período de la creación consume más tiempo y energía de lo que debiera. Por lo general, a la teología no le interesa esta discusión. Sin embargo, la decisión sobre si Génesis 1–2 nos habla de un comienzo absoluto o relativo es central a su interés. Recientemente muchas traducciones modernas prefieren para Génesis 1:1–3 una construcción así: «Cuando … entonces»: «Cuando Dios creo … la tierra estaba sin forma … entonces Dios dijo.»

Aunque sobre algunas bases gramaticales tal traducción es posible, hay argumentos fuertes contra este análisis. Tanto la puntuación masorética hebrea como las transliteraciones griegas del texto hebreo a las letras griegas, muestran convincentemente que había una historia de interpretación respetable que tomó primero la palabra berēš ṯ, como un nombre absoluto, «en el principio», más bien que como un nombre hebreo lógico, en el principio de la creación.2 Por ello Génesis 1:1 se declara a favor del comienzo absoluto de todo («cielos y tierra») aparte de Dios.

El uso del verbo bārā’, «crear» (Gn 1:1, 21, 27; 2:3–4; 5:1–2; 6:7), no parece ser tan determinante como un comienzo absoluto según algunos esperan que sea. Mientras que el verbo en realidad se reduce a Dios como su único objeto, nunca se usa con relación a crear usando materiales y se traduce en la versión de los LXX con el verbo griego más acentuado para crear (ktizō). También aparece en la narrativa de la creación un uso paralelo para otras dos palabras: ‘āśâh, «crear, hacer»

2

Para apoyo y argumentos adicionales, véase E.J. Young, Studies in Genesis [Estudios en Génesis], Presbyterian and Reformed Publishing House, Nutley, NJ, 1964, pp. 1–14. Véase también el magnifico artículo de Gerhard F. Hasel, «Recent Translations of Genesis 1:1: A Critical Look», [Traducciones recientes de Génesis 1:1: una examinación crítica] The Bible Translator [El traductor bíblico], 22, 1971, pp. 154–67.

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(Gn 1:26–27; cf. también sus paralelos posteriores en Is 41:20; 45:18), y yāṣar, «forma, moldear» (Gn 2:7; cf. su uso posterior en Is 43:1; 45:18; Am 4:13). En Isaías 45:18 los tres verbos aparecen en paralelismo, anulando cualquier distinción mayor entre ellos:

Porque así dice el SEÑOR, el que creó (bārā’) los cielos; el Dios que formó (yāṣar) la tierra, que la hizo (‘āśâh)

y la estableció (kûn);

que no la creó (bārā’) para dejarla vacía [un caos], sino que la formó (yāṣar) para ser habitada: Yo soy el SEÑOR,

y no hay ningún otro.

Sin duda, «crear» no aparece en el principio del orden creativo (Gn 1:1), en la primera aparición de la vida (v. 21) ni con la designación de que el hombre fue hecho a la imagen de Dios (v. 27). Sin embargo, esto no se puede usar para apoyar el punto de vista insostenible de la evolución mecánica con tres interrupciones divinas, como fueron, en la creación de la materia, la creación de la vida y la creación de la imago Dei. La evidencia anterior del uso paralelo de los verbos de creación mira a eso. Concluimos, pues, que Dios inició el proceso de la creación de la nada, excepto su palabra. Habrá que esperar por declaraciones más detalladas hasta Hebreos 11:3 que establece la doctrina de una creación ex nihilo, «de la nada», en términos definitivos.

Los «días» de la creación tuvieron su climax en la creación del hombre y la mujer. Estos fueron el principal interés de nuestro escritor. Con el estilo típico observado a través de todo el Génesis, el escritor pronto traza el cuadro completo cuidando los detalles que solo tenían un interés pasajero antes de tratar en detalle el asunto o personas que le interesaban más. Tanto Adán como Eva fueron creados en el sexto día, pero la duración de ese «día» (yôm) y los detalles de cómo fueron creados se encuentran pormenorizados en Génesis 2:4ss. Ahora el lector está enterado de la flexibilidad del autor en el uso de la palabra «día»: ella comparte la misma extensión de significado que tiene en el español moderno. Es igual a la luz del día (1:5); a los días de nuestro calendario que componen el año; (v. 14) y al lapso completo de la creación, o como diríamos, días de antaño.

El período de los seis días creadores debe haber durado más de veinticuatro horas porque Adán anheló compañía (Gn 2:20). ¡De seguro que esto necesitó más que el pensamiento ocioso de una tarde! Además, estaba ocupado en la tarea de poner nombre a los animales a medida que crecía su soledad. Finalmente Dios creó a una mujer y todavía era el «día» sexto.

Sobre todo por la influencia de Agustín, la iglesia primitiva (hasta mediados del siglo diecinueve) mantuvo el punto de vista de la mayoría en cuanto a que hubo tres días de creación antes que los días tipo calendario se crearan en el día cuarto (Gn 1:14). Así que el uso que se recomienda aquí no es una proyección moderna hacia el pasado de un texto anticuado que hay que rescatar de una situación embarazosa. Es la enseñanza clara del texto mismo.

Algunos de los detalles de lo que siguió a la palabra divina de Génesis 1:26 se suplen ahora en 2:4 y siguientes. Adán no estaba «vivo» (nep eš ḥayyâh, literalmente, sino con inexactitud, «alma viviente») hasta que Dios tomó algún polvo de la tierra, le dio forma y sopló en su interior el soplo de vida. Ahora para estar seguros, hay expresiones antropomórficas aquí, pero son figuras de la actividad directa de Dios. La vitalidad del hombre era una dádiva directa de Dios porque antes de eso no estaba «vivo», ¡eso es muy cierto!

También Dios «construyó» (bānâh) a Eva, pero en forma tal que se asegurara su consanguinidad con Adán. Ella será «hueso de [sus] huesos y carne de [su] carne» (Gn 2:23). Juntos surgieron de la

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mano de Dios. El hombre estaba tan ligado a la tierra que así como fuera su suerte, sería la de la naturaleza; y la mujer, de igual modo, estaba ligada al hombre porque fue «sacada del hombre».

Sin embargo, ambos poseían el don más alto que se dio a cualquier orden de la creación: la imagen de Dios. Tanto el hombre como la mujer tuvieron igualmente esta distinción, la más alta asignada hasta ahora a la creación. Solo más tarde en términos precisos en el NT se aclara el contenido de esta imagen (p.ej., conocimiento: Col 3:10; justicia y santidad: Ef 4:24). En la narración de Génesis el contenido preciso de la imagen es menos específico. Lo vemos expresado en conceptos tales como la posibilidad de tener compañerismo y comunicación con Dios, el ejercicio del dominio confiable y el liderazgo sobre la creación propiedad de Dios y, de que en cierta manera aún no especificada, Dios es el prototipo del cual el hombre y la mujer son simples copias, réplicas (ṣelem, «tallada o estatua labrada o copia») y facsímiles (demûṯ, «semejanza»).3