LA SITUACIÓN DE RECEPCIÓN TELEVISIVA GRUPAL
3.2 Situación de recepción televisiva en el hogar
3.2.1 La palabra: elemento lúdico y popular de la situación
En la situación de recepción, hay una enunciación de parte del sujeto del acto del habla, que es la producción de sentido por parte del emisor-enunciador, única e irrepetible. Más adelante, el texto se centra en la producción, mientras tanto, es necesario mencionar las características situacionales y existenciales de la expresión oral y su relación con los lenguajes que intervienen.
Desde sus orígenes “...las culturas orales tienden a utilizar los conceptos en marcos de referencia situacionales (…) en el sentido de que se mantienen cerca del mundo humano vital”.126
La valorización de la palabra y el lenguaje como acto de comunicación en vivo, se realiza a partir de un recorte diacrónico de la historia acerca de los distintos lenguajes que la humanidad ha experimentado desde sus orígenes. Walter Ong en su libro
125 Este apartado se complementa con las definiciones de risa que colocamos en el Anexo 1, por tratarse de
un tema que escapa del objeto de estudio en el presente trabajo, pero lo empleamos como referencia.
126 ONG, Walter J. 2000. Oralidad y Escritura, Tecnologías de la palabra
Oralidad y Escritura, resalta la potencialidad que posee el uso de la palabra, especialmente en aquellas culturas orales primarias, que desconocían la escritura.
El autor narra que con la llegada de la lecto-escritura, el lenguaje se objetiviza y cada vez se acrecienta la distancia entre emisor y receptor, especialmente cuando llega la imprenta durante la Revolución Industrial.
Posteriormente, hay una vuelta hacia la oralidad, que Ong denomina “secundaria” con la incorporación de la radio y la TV, en esta etapa hay una revalorización de la palabra oral, que luego se distancia con la llegada de las nuevas tecnologías e Internet.
Se rescata la palabra como lenguaje situacional y existencial (en vivo), motor principal de la comunicación humana. No es un contraste con el aspecto visual, simplemente hay una jerarquía del potencial verbal:
“...las culturas vorbomotoras, por contraste con las de alta tecnología, las vías de acción y las actitudes hacia distintos asuntos dependen mucho más del uso efectivo de las palabras y por lo tanto de la interacción humana; y mucho menos del estímulo no verbal (por lo regular de tipo predominantemente visual) del mundo ‘objetivo’ de las cosas”.127
El rescate de la palabra, implica la capacidad de memoria verbal que significa: “una valiosa cualidad en las culturas orales. Empero, el modo como funciona la memoria verbal en las formas artísticas orales es bastante diferente de lo que comúnmente se pensaba en el pasado”.128
127 Idem, pp.75-76. Ong sostiene que: “Jousse (1925) empleaba su término verbomoteur para referirse
principalmente a las antiguas culturas hebrea y aramea así como las cercanas a ellas, que tenían cierto conocimiento de la escritura pero que en su estilo de vida seguían manteniendo la tradición fundamentalmente oral y que, en vez de regirse por los objetos, se inclinaban por la palabra”.
“No quedaba claro cómo era posible comprobar tal repetición antes de la invención de las grabaciones de sonido, puesto que, al no haber escritura, la única manera de probar la repetición fiel de pasajes largos sería la recitación simultánea de los mismos por dos o más personas en conjunto. Sin embargo, rara vez se intentó investigar la recitación simultánea en culturas orales”.129
Los investigadores más expertos de las culturas orales primarias, no han podido descifrar aún cuál es el verdadero mecanismo que utilizaron para memorizar la recitación simultánea, se presumía que la única forma era su propio modelo de repetición palabra por palabra, en situaciones de comunicación en vivo130.
Ante una situación de comunicación en vivo, la palabra es productora de significados:
“El lenguaje se deduce de la necesidad del hombre de expresarse y objetivarse a sí mismo. La esencia del lenguaje, en una u otra forma, por una u otra vía, se restringe a la creatividad espiritual del individuo. Se propusieron y continúan proponiéndose otros enfoques de las funciones del lenguaje, pero lo más característico de todos sigue siendo el hecho de que se subestima, si no se desvaloriza por completo, la función comunicativa de la lengua que se analiza desde el punto de vista del hablante, como si hablase solo sin una forzosa relación con otros participantes de la comunicación discursiva.” 131
La producción de sentidos ante la situación de recepción televisiva grupal- popular apela a la acción lúdica y espontánea de los televidentes:
“Lo lúdico genera un espacio-tiempo especial, con un orden inmanentemente diferente a lo cotidiano y que se agota en sí mismo, con reglas propias para cada juego, libres pero obligatorias. Quienes participan tienen un sentimiento de alegría y de tensión hacia una resolución incierta”.132
129 Ong, Op.Cit., 65-66.
130 Idem.
131 BAJTÍN, Mijaíl M. 2005. Estética de la creación verbal. Ed. Siglo XXI E.A., Buenos Aires [1ª.ed.1979],
p. 256.
132
Fuenzalida apela a la etapa oral primara de las culturas occidentales donde las actividades como el teatro, estaban integradas al culto y las fiestas religiosas de las leyendas épicas y en las actividades físico-deportivas (danza y música):
“…la fiesta pública era popular y transclasista; dionisíaca, es decir simultáneamente sagrada y erótica. Esta representación festivo-lúdica origina una de las concpetualizaciones occidentales acerca de la entretención: la apreciación positiva no sólo como descanso y recuperación energética, sino también como universo simultáneamente de representación-regeneración e imaginario, autónomo de las constricciones de la vida cotidiana…”133
El carnaval134 con sus aciertos, contradicciones, críticas y desvelos, sigue siendo una creación y expresión colectiva de la cultura popular, que rescata elementos tradicionales del folclor e incorpora vivencias cotidianas, así como nuevas características de la modernidad.
En Uruguay, el carnaval se remonta a los inicios del siglo XIX como juego de la cultura “bárbara” que integraba tanto a las clases altas como a las medias, extranjeros e inmigrantes. Desde sus orígenes el carnaval se destacó como una de las privilegiadas opciones de manifestaciones populares, donde la “locura” adquiría un lugar destacado:135
La ‘locura’ es el término que con más frecuencia usan los contemporáneos para definir el estado de la gente en Carnaval y la ‘locura’ se entiende aquí como libertad del cuerpo y del alma, movimientos absurdos en el primero, afloración de todos los deseos y
133 Idem, p.93.
134 El carnaval, es citado como medio de comunicación y expresión. En Uruguay, el carnaval dura 40 días,
y posee una amplia tradición desde el siglo XIX. Las diversas formas expresivas de la cultura popular, se manifiestan a través de la comunicación en vivo y el uso de la palabra. Otros ejemplos –vastos- quedarían pendientes, que no citamos a efectos de una mayor consistencia en la presente Memoria.
135 BARRÁN, José Pedro (1994): Historia de la sensibilidad en el Uruguay, Tomo 1, Ed.de la Banda
personalidades escondidas en la segunda; ‘el desorden en el porte’ y el aniñamiento ‘pueril’ en la conducta”.136
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, el disciplinamiento también se apoderó del carnaval y dejó atrás elementos de la barbarie como la locura, la utopía, la grosería brutal, el humor absurdo. Poco a poco incorporó la crítica al orden establecido, la chabacanería, el cambio burlón de la personalidad, la sátira, la broma y la ironía en sus letras y canciones.137
Luego que el Estado y el Municipio se apoderan de la regulación del carnaval en 1870, el desfile y el concurso de bandas militares, resultó más organizado. La crítica y la sátira de personajes políticos y dirigentes era una constante. En 1888, se caricaturizó al dictador Máximo Santos, “y hasta se propuso enterrar su efigie en lugar del muñeco que representaba al carnaval”.138
La sátira política era una tradición. En 1896, fue ‘fastidiado’ el rico y obeso Ministro de Hacienda, Federico Vidiella a través de una enorme máscara, que ocupaba todo el carruaje debido a su enorme volumen. La primeras décadas del siglo XX, comenzaron a cobrar entrada para asistir a los espectáculos y desfiles. Poco a poco el público dejó de ser protagonista, y desde sus butacas como espectadores, disfrutaba de otro tipo de carnaval.139
136 Ibid., p.111.
137 BARRÁN, José Pedro (1994): La sensibilidad en el Uruguay, Tomo 2, Ed.de la Banda Oriental,
Montevideo, p.229.
138 Idem, p.233. 139 Idem.
Actualmente, el carnaval más largo del mundo se desarrolla en Montevideo a fines de enero. Dura un 40 días y conserva la tradición de iniciar con el desfile de apertura por la Avenida 18 de Julio. Se ha convertido en un carnaval profesional con sponsors y grandes inversiones de dinero en recursos humanos (directores, escritores, actores y técnicos), trajes, carruajes, escenografía, luces, equipos, maquillaje, vestuario y música. El público participa ampliamente y cada año, se renuevan los tablados a lo largo y ancho de la ciudad. Es un claro ejemplo de producción cultural:
“En el caso de Uruguay, lo popular se manifiesta claramente en formaciones culturales caracterizadas por la mezcla (...),a su vez comparte rasgos, extrae sugerencias, y a las que trasmite temas, formas e incluso modalidades de consumo y prácticas productivas. Un ejemplo visible de esto es (...) el Carnaval, tradicional mezcla desde donde emergieron fenómenos y figuras que, asimismo, están en su gran mayoría íntimamente relacionadas con los medios de comunicación...”.140
Mucho hay por decir del carnaval uruguayo, que ha acumulado una tradición de años. Sin embargo basta mencionarlo como ejemplo que recicla lo viejo y lo nuevo, tomando elementos que aluden al sujeto popular partícipe de los procesos de culturales de producción social y sus manifestaciones orales de la comunicación en vivo.
Bajtín sostiene que la función del otro en el discurso, se ha tenido en cuenta exclusivamente como oyente pasivo, es decir depositario de contenidos para la comprensión del hablante. Sólo así el enunciado cumple su objetivo: “La lengua, en realidad, tan sólo requiere al hablante –un hablante- y al objeto de su discurso, [el enunciado] y si la lengua simultáneamente puede utilizarse como medio de comunicación, ésta es su función accesoria que no toca su esencia. (…) La colectividad lingüística, la pluralidad de los hablantes no puede, por supuesto, ser ignorada…”.141
140 RUGLIO, Op.Cit., p.18.