• No se han encontrado resultados

Palabras de un ausente en la correspondencia entre Alberdi y Gregorio Benites (1872-1877)

1.1.5. Otros ecos de la polémica: las autobiografías de Alberd

1.1.5.2. Palabras de un ausente en la correspondencia entre Alberdi y Gregorio Benites (1872-1877)

Hace años que los estudiosos se preguntan cómo pudo este estadista-escritor analizar con notable agudeza una problemática nacional observándola a la distancia durante más de 40 años (de los cuales, más de 25 transcurrieron en Francia). Nos acerca respuestas el archivo documental conservado en la Biblioteca Furt;144 este material ofrece pistas valiosísimas para penetrar en el acopio de documentación de una obra monumental. En el epistolario, Alberdi dialoga con voces diferentes y comenta o debate con ellas las informaciones periodísticas y documentales que recibe, ya que a menudo las cartas iban acompañadas de recortes periodísticos o escritos de terceros. Paralelamente, es miembro activo de la Sociedad de los Economistas de París, de la Academia de Historia de Madrid y de la Sociedad Geográfica de Berlín, y desde el

141Alberdi, 1874, pp. 22-23. 142Fontana y Román, pp. 53-96.

143Alberdi y Benites, 2007. Hasta ese año, ese valioso repositorio documental (que se extiende desde 1863 hasta 1883) había permanecido inédito.

144 Se encuentra en la estancia histórica “Los Talas” (Luján, Provincia de Buenos Aires) y es patrocinado por la Universidad Nacional de San Martín.

centro del poder político y cultural, mira incesantemente hacia la periferia y está pendiente de ella. Así, en el Archivo, se va delineando un laberinto de vasos comunicantes entre informaciones y perspectivas múltiples, y también una red de tensiones.145

Cuando se encara la reconstrucción y análisis de procesos de textualización en el interior de un nutrido archivo documental, es posible enriquecer el conocimiento de la producción intelectual del autor aportando datos desconocidos, no sólo con respecto a cada una de las obras estudiadas sino con respecto a la red intertextual de la que esas obras forman parte y con respecto al contexto de situación con el que interactúan, tanto en el momento de su producción como durante su posterior circulación pública. En el Archivo Alberdi de la Biblioteca Furt, en el Archivo General de la Nación y en la Biblioteca Nacional de Asunción del Paraguay se conservan 830 piezas epistolares intercambiadas por Alberdi y el diplomático paraguayo Gregorio Benites a lo largo de dos décadas; aquí nos limitaremos al análisis del sector de ese corpus que se interconecta con el tema analizado: cartas enviadas a Alberdi por Benites entre 1872 y 1877.

El vínculo epistolar se había sido iniciado en vísperas del estallido de la Guerra del Paraguay por el entonces muy joven diplomático –admirador confeso del estadista argentino, que como él se encuentra en París–, se incrementa a lo largo de la contienda (durante la cual Alberdi se hace cargo de una auténtica paideia diplomática que Benites siempre agradecerá), recorre los avatares de la vida política posterior de ambos durante algo más de una década y concluye con una misiva de 1883 enviada a un Alberdi muy enfermo que ya no está en condiciones de responder.

A lo largo de 1872, Gregorio Benites –que había vuelto a su país al cabo de la contienda, pero ahora acaba de ser designado encargado de negocios del Paraguay ante las cortes europeas– se encuentra en Buenos Aires efectuando negociaciones previas a su retorno a Europa. Desde allí se sumará al conjunto de informantes epistolares acerca de la vida política y social del Plata con que cuenta Alberdi;146 pero son sus cartas las que más se conectan con el universo del discurso de las autobiografías del último Alberdi. Como los restantes corresponsales rioplatenses, le irá comunicando las

145Lois, 2011b.

opiniones que despierta la mención de su nombre en el círculo porteño y las expectativas que genera su retorno.

Durante esa estadía en Buenos Aires, el paraguayo oficia de portavoz de las diferentes razones que se esgrimen para reclamar el inmediato retorno de Alberdi al país. Va tomando nota de todos los hombres que preguntan por él, de los diarios que sacan noticias suyas, de las ofertas políticas que se barajan, de la actitud de su provincia natal (los tucumanos desean que él los represente en el Congreso Nacional), y también de los comentarios críticos y de los rumores acerca de amenazas proferidas por el propio presidente Sarmiento. También se esmera en incluir a paraguayos y orientales en los reclamos del regreso de un autor que siempre habló de “la sociedad, los hombres y las cosas de Sudamérica”.147 De este modo Benites le hace llegar voces (tanto de sus partidarios como de sus detractores) que Alberdi proyectará en la redacción de su folleto a medida que va autofigurándose como el “ausente” al que hay que hacer volver porque su presencia es necesaria para el bien de la patria. Alberdi puede rastrear en las noticias que le hace llegar Benites su propia imagen a través de la mirada de otros y volcarlas en su discurso autobiográfico del período 1872-1874, en donde intenta responder tanto a los requerimientos de quienes reclaman su presencia como a las críticas de sus adversarios.148

Con su prolongada ausencia, Alberdi corría el riesgo de caer en el olvido o de ser visto como desafecto a su tierra o de conocerla mal, enturbiada su visión por la distancia (además no faltan comentarios en esa línea, que incluso volverán a repetirse después de la publicación de Palabras de un ausente). Pero las cartas de Benites parecen querer despejar esas tres amenazas que se ciernen sobre su figura política y literaria asegurándole la popularidad de su persona y la apreciación del patriotismo indiscutible de su proceder y de la idoneidad de sus escritos.

147Ese sintagma se lee en los títulos de varios ensayos incluidos en los Escritos póstumos. 148Analizando conceptos de Foucault acerca de las tecnologías del yo, dice Ángel G. Loureiro: “El sujeto <cuida de sí> al escribirse; se inscribe bajo la mirada del otro/destinatario de su escritura y como producto de relaciones de poder con <otros> a los que también inscribe en su texto. Si consideramos que el sujeto se constituye por medio de una doble sujección (de instituciones y disciplinas, a su autoconsciencia), podemos considerar a la autobiografía no como el acto de reproducción o de autoconstitución de un sujeto sino como el lugar privilegiado en que esa doble sujeción se manifiesta y por la cual, al mismo tiempo, al sujeto lo hacen y se hace” (Loureiro, 1993, p. 44).

Respecto del reverdecimiento de su popularidad, Benites le hablará en dos de sus cartas sobre la recepción que la juventud porteña planea ofrecerle en el puerto de Buenos Aires. A su vez, el remitente subraya que sus galardones de patriota se sustentarán en el reconocimiento público a su obra escrita (en la que Benites señalará lo que considera una cualidad excepcional: su capacidad predictiva) y en el conocimiento íntimo de su gestión desinteresada por las cuestiones americanas; en este sentido, Benites proyecta una vez más el reconocimiento de sus compatriotas por la generosidad de Alberdi al defender la causa paraguaya.

Se puede conjeturar, entonces, que sobre la base de estas informaciones, las escrituras del yo de Alberdi –que habían arrancado de una indignada autodefensa ante la acusación de “traición a la patria” y se habían encauzado en la construcción de una figura de estadista ejemplar que siempre ha dado pruebas de capacidad y de patriotismo– hayan tomado a partir de 1872 un giro más intimista, que lo induce a contar su infancia en Tucumán –donde veía casi a diario al General Belgrano, amigo personal de su padre–, a recordar sus amistades del Colegio de Ciencias Morales y su intervención en el Salón Literario de Marcos Sastre. De su etapa formativa en Buenos Aires, detalla el itinerario de cómo pudo llegar a convertirse allí en un pensador de la construcción del Estado. Tampoco omite sus inicios como publicista ni la actuación política que lo legitima como patriota, acontecimientos que contribuyen a crear vínculos afectivos con sus destinatarios al inscribirlo en la historia porteña. Pero las páginas que contienen el giro más intimista, a pesar de presentar una textualización bastante elaborada,149sólo fueron conocidas póstumamente.

Se puede observar cómo la correspondencia del año 72 anticipa algunos aspectos de sus textos autobiográficos150y debe de haber influido en la elaboración del único que decidió publicar en vida. Por otra parte, en el caso de Palabras de un ausente, el epistolario ofrecerá datos acerca de las estrategias usadas por Alberdi para crear expectativas sobre su circulación: envía a Benites lo que llama “el folletito”151 por

149 Debe tenerse siempre presente que los textos editados en los Escritos póstumos (aunque asombren por su magnitud, ya que doblan en cantidad la extensión de sus Obras completas) son sólo borradores (Lois, 2007b, pp. 14-16).

150Algunos indicios textuales permiten conjeturar que los dos textos autobiográficos publicados en los Escritos póstumosfueron escritos entre 1872 y 1873.

151 Aunque la inclusión de los destinatarios en el título ([...] en que explica a sus amigos del

correo y es Benites quien se encarga de repartir los primeros tres ejemplares entre conocidos de Alberdi.

Benites comienza a tocar el tema del ansiado regreso de Alberdi a su país en cartas de 1872: seis piezas de este año se refieren a esa posibilidad. Dice ya en la del 16 de marzo, escrita todavía desde Asunción antes de iniciar un viaje al Plata:

Me congratulo, mi querido amigo, de la grata noticia que U. me da de su resolución de regresar a su país, donde, le reitero la seguridad, Ud. será acogido por la mayoría de sus compatriotas y extraños del modo más digno y justo a que Ud. es acreedor por cien mil motivos poderosos. Quiera Ud. aceptar, de antemano, mis felicitaciones calurosas por su feliz arribo al Plata, y las simpatías y respeto de que será Ud. objeto.152

El convencimiento que tenía Alberdi sobre su capacidad de predecir los caminos de la Argentina también es confirmado por Benites, quien –ya desde Buenos Aires– le escribe:

Más de una vez me he permitido, decir a Ud., desde mi arribo al Plata, que Ud. tenía le bienvenu en estos países, donde todos lo desean y reclaman. Con varias personas respetables de aquí, he tenido ocasión de hablar de Ud. y todo el mundo lo tiene en la alta consideración y respeto de que es digno acreedor. Entiendo que Ud. será acogido calurosamente por la juventud argentina, que se propone recibirlo a Ud. en el muelle. Me permito pues reiterar a Ud. que no vacile en venirse a su país, o a lo menos al Plata. Ahora que las circunstancias son tan excepcionales, su presencia es de absoluta necesidad.

Y más adelante agrega:

No he cesado de oír a mi derredor, con el mayor placer, la cita de su nombre, como autoridad que ha previsto y vaticinado todo lo que ahora se pasa entre los dos obra identidad de libro al imprimirlo en folleto, un formato comúnmente utilizado para asegurar una circulación más ágil de los impresos.

152Gregorio Benites a J. B. Alberdi, Asunción, 16 de marzo de 1872, BF 2390. Ver Alberdi y Benites, 2007, II, pp. 28-31 (las transcripciones publicadas en esa edición crítica que se citan fueron realizadas por María Celina Ortale).

poderes aliados, o más bien ex aliados. Recién se aperciben de la rectitud y precisión de sus escritos. Mieux vaut tard que jamais.

Más abajo comenta: “ella153 como todos sus amigos y compatriotas anhela su regreso al Plata. Véngase pues, mi querido Amigo”. Y agrega ya cerca del cierre de la carta: “Todos lo recuerdan a Ud. con perfecta amistad y respeto. Desean, como todo el mundo, su venida al Plata”.154 Tampoco deja de referirse puntualmente a la imagen que se tiene de él entre los paraguayos donde se reconoce el apoyo que Alberdi ha hecho por su causa y la generosa actitud que tuvo para con el Paraguay y se le guarda mucha simpatía.155

En su visita a la capital porteña, Benites se relaciona con políticos y periodistas que conocen a Alberdi desde su juventud, y minuciosamente le transcribe sus impresiones acerca de la hipotética recepción del exiliado:

En la carta que le he escrito en mi arribo a esta ciudad, le he manifestado, como en todas las demás que le he dirigido de esta parte de América, el deseo y la conveniencia de que Ud. no retardase su venida a estos países. Hoy mejor informado de las cosas y hombres de su país de Ud. le vuelvo a decir que su presencia en el Río de la Plata es necesaria y de absoluta conveniencia en estos momentos excepcionales, que Ud. sabrá apreciar con mayor precisión que su humilde Amigo. Su nombre de Ud. es hoy una bandera y un modelo en el Río de la Plata. No hay hombres ni damas que no le hagan a Ud. la más completa y merecida justicia. No hay salón ni reuniones en que no se hable de Ud.156

Entre los periodistas porteños destaca a Manuel Bilbao: “El señor Bilbao es de opinión, como todo el mundo, que Ud. debe venir al Plata lo más pronto posible. Que no recele de nadie”.157Y respecto de un banquete al que asistió, invitado por amigos de

153Se refiere a Josefa Gómez de Cáneva.

154Gregorio Benites a J. B. Alberdi, Buenos Aires, 8 de mayo de 1872, BF 2393. Ver Alberdi y Benites, 2007, II, pp. 31-34.

155Gregorio Benites a J. B. Alberdi, Buenos Aires, 15 de mayo de 1872, BF 2391. Ver Alberdi y Benites, 2007, II, pp. 35-36.

156Gregorio Benites a J. B .Alberdi, Buenos Aires, 28 de mayo de 1872, BF 2394. Ver Alberdi y Benites, 2007, II, pp. 37-42.

157Sabiéndose objeto de odios enconados, Alberdi temía por su seguridad personal. Además de referirse repetidamente al tema en su epistolario, es muy reveladora una cita de Montesquieu

la Banda Oriental, le observa que todos le profesan “afección y respeto”: “Su nombre fue el tema de la conversación entre personajes de bastante importancia, como los Dres. Palacios, Sagastume, Navarro Viola, etc.” Y vuelve a mencionar a los jóvenes: “Le confirmo que los estudiantes de esta Ciudad se preparan para recibirlo a Ud. en el muelle”.158

Finalmente, en carta del 11 de junio, penetra en un terreno más íntimo en relación con el tema del regreso:

Ayer tuve el gusto de estar con los Dres. Bilbao y Vicente López.159 Conversamos extensísimamente con ambos, que son personajes eminentes y de valor real. Ellos como todo el mundo, desean que Ud. se viniese. Que no hiciera caso de la locura de ciertas palabras del Sr. Sarmiento. Aseguré al Dr. Bilbao que Ud. no daba la menor importancia a las palabras a que aludía, que le había oído decir a Ud, que Ud. mismo, en persona, querría hacer su defensa contra sus calumniadores.160

Esta referencia extensa confirma la solidaridad ideológica de alguien que, como Bilbao, afrontó en momentos críticos –como durante la Guerra del Paraguay– la defensa de las posturas de Alberdi.

Así, las cartas de Benites no sólo exaltan la valoración intelectual que gran parte de la sociedad (incluidos los jóvenes que sólo conocieron sus escritos) hace de Alberdi, sino que además recuperan el antiguo conflicto, que esta vez encuentra a su oponente en la más alta magistratura del país. Alberdi nunca dejó de revivirlo y elegirá, entre muchos otros, a su viejo adversario como único responsable de su permanencia en el destierro: sostiene que Sarmiento es, fundamentalmente, quien le impide volver a su patria. Ése es el subtexto que se lee en Palabras de un ausente, una obra que empieza a circular en el último año del mandato de Sarmiento.

Benites parte para Europa en su calidad encargado de negocios el 23 de agosto de 1872. El 7 de octubre ya le escribe a Alberdi desde Londres, asegurándole que “no que hace en el primer apartado de Palabras de un ausente: “La liberté politique est cette tranquillité de l’esprit qui provient de l’opinion que chacun a de sa sûreté”.

158Gregorio Benites a J. B. Alberdi, Buenos Aires, 28 de mayo de 1872, BF 2394. Ver Alberdi y Benites, 2007, II, p. 38.

159Se refiere a Vicente Fidel López.

160Gregorio Benites a J. B. Alberdi, Buenos Aires, 11 de junio de 1872, BF 2396. Ver Alberdi y Benites, 2007, II, pp. 43-45.

tenga el menor cuidado [...] no ha faltado quienes preguntan por Ud.[...] en nada he ilustrado a los curiosos y curiosas. Lo que saben por mí es que nada sé de Ud.”161

A partir de su llegada a Europa, coordinarán varios encuentros y se seguirán carteando, pero la correspondencia ya no menciona el tema del regreso, aunque sí continúa registrando el afán de Alberdi por seguir las cuestiones sudamericanas. Durante el año 73 –en que Benites se ocupa primero de obligaciones diplomáticas en Roma y luego se dirige a Boulogne-sur-Mer, donde nacerá su hija Susana, ahijada de Alberdi–, se escribirán casi a diario.

Benites termina su gestión a fines del 73 y debe volver a Paraguay. El 12 de enero de 1874 se embarca en el Douro con destino a América y el 24 de marzo, ya desde Montevideo, le escribe dando cuenta de la recepción del folleto de Palabras de un ausente:

Estoy en posesión de su apreciable del 20 de febrero ppdo. con los 3 ejemplares

del Palabras de un ausente, que lo devoré el en acto. ¿Qué le puedo decir, mi querido

amigo, respecto a este chef d`oeuvre, si no que es toda una novedad, un acontecimiento? Es el estudio más acabado, más brillante, que se puede hacer de las cosas y de los hombres. En una palabra, y a mi humilde juicio, es un trabajo que va a producir un efecto considerable en América, bien entendido, favorable a su ilustre autor. Es imposible que sea de otro modo. Mañana sabré el efecto o impresión que haya hecho a dos lectores de importancia, a quienes presté este día mis dos ejemplares. El troisième salió hoy para Río de Janeiro. [...] Este día hablé extensamente con el Ministro de aquí sobre el autor de las Palabras, que con interés empezó su lectura esta tarde. Mañana me dirá su impresión. Al dejarle el ejemplar le hice yo mismo la lectura de la 2ª página de la Conclusiónle agradó. Le hice una larga explicación de la actitud política y miras patrióticas de mi amigo desde su tierna edad, y en particular en la Alianza del 52. Le puedo asegurar que todo marcha viento en popa.162

161Gregorio Benites a J. B. Alberdi, Buenos Aires, 7 de octubre de 1872, BF 2404. Ver Alberdi y Benites, 2007, II, pp. 58-60.

162Gregorio Benites a J. B. Alberdi, Buenos Aires, 24 de marzo de 1874, BF 2525. Ver Alberdi y Benites, 2007, II, pp.324-327.

Se observa así cómo Benites pone su grano de arena para asegurar la recepción y circulación del texto entre los partidarios de Alberdi, y entre quienes puedan interesarse por su regreso definitivo.

Benites debe volver al Paraguay, pero al llegar a Asunción es apresado por intrigas políticas internas. Logra huir y puede refugiarse en Montevideo, y es desde aquí, en el año 1877, que seguirá escribiendo a Alberdi, nuevamente, sobre la necesidad de su retorno a la Argentina. Benites volverá a la carga durante todo el año 77 para alentar la vuelta del expatriado sumándose a un coro de voces. De 27 cartas que le manda a Alberdi, 17 tocan este tema, donde pasa desde la euforia de creer en su inminente llegada163 y la alucinación de confundirlo con un paseante anónimo de Montevideo,164al desengaño amargo de la última en la que expresa su opinión, siempre acompañada de la opinión de otros muchos: “Se me ha contagiado el escepticismo de los que no creen ni esperan en su regreso a América [...]”.165

Pero anteriormente, en la pieza del 8 de abril de 1877 había vuelto a mencionar su autobiografía:

No dudo que le irán buenas palabras de su país en la actualidad, presidido por un hombre decente, ilustrado y bien intencionado, como lo es, en realidad, el Dr.