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Palabras de un ausente en que explica a sus amigos del Plata los motivos de su alejamiento (1874)

1.1.5. Otros ecos de la polémica: las autobiografías de Alberd

1.1.5.1. Palabras de un ausente en que explica a sus amigos del Plata los motivos de su alejamiento (1874)

Las únicas páginas autobiográficas que Alberdi publicó en vida (Palabras de un ausente), como las que sólo se conocieron póstumamente y las que aún permanecen inéditas, pueden leerse como una sola obra: las escrituras del yo del último Alberdi (el que se autoexilia después de la batalla de Pavón y regresa fugazmente a Buenos Aires en 1879 para alejarse definitivamente dos años después).

Si se toma en cuenta que la “gran polémica nacional” estalla a partir de la elección política divergente que hace cada uno de los polemistas a partir del 11 de septiembre de 1852 (una opción entre la consolidación del predominio político- económico de Buenos Aires y la defensa del federalismo que emprenden las provincias), siempre podrá percibirse en todo planteo que se asocie a esa “contradicción fundamental” un eco de la célebre confrontación textual. Así, las numerosas polémicas que se entablan entre las obras que Alberdi va publicando a partir de 1853 y otros textos de Sarmiento y de Mitre,135 más los debates en los que intervienen quienes acusan a Alberdi y quienes lo defienden (enfrentamientos que arreciaron durante la Guerra del Paraguay pero que ya se habían venido produciendo sobre temas puntuales y

133Terán (1996) lo llama “el redactor de la Ley”.

134 Mijaíl Bajtín analiza en esos términos la autobiografía clásica y deduce, a partir de esa condición, que las manifestaciones autobiográficas primigenias ostentan un carácter normativo- pedagógico (Bajtín, 1986, pp. 329-330).

135Estas críticas y ataques se canalizaron, particularmente, por medio del periodismo (y más aún en el de Mitre).

continuaron una vez concluida la contienda)136pueden considerarse como parte de una red de debates interconectados. En medio de esa interconexión –a veces arborescente, a veces rizomática– la polémica entre Sarmiento y Alberdi sobresale como la pieza más brillante; por consiguiente, siempre se podrá distinguir entre entroncamientos más estrechos (como el que establece Palabras de un ausente) o indirectamente ligados, como el de las otras manifestaciones de los discursos del yode Alberdi.

En enero de 1874 concluyó el folleto titulado Palabras de un ausente en que explica a sus amigos del Plata los motivos de su alejamiento, que pocos meses después circula ampliamente entre sus compatriotas.137 Adriana Rodríguez Pérsico señala el propósito del texto:

[…] apunta a tres objetivos simultáneos: justificar la ausencia del país, consensuar el sistema de ideas y defenestrar al enemigo. El texto habla de ausencias y de presencias de cuerpos e ideas. En esta alternancia debate el concepto de patriota o su sinónimo argentino y busca delimitar los espacios que le pertenecen puesto que sólo el patriota puede realizar la civilización. Alberdi se coloca en el campo del adversario cuando redefine la civilización borrando el significado de educación que le había otorgado Sarmiento y sustituyéndolo por el de libertad o seguridad personal.138

Hace muchos años que no está en el país, y Alberdi debe reavivar la memoria de los porteños recordándoles que él perteneció a su sociedad y que se formó en ella (el texto subraya que a Buenos Aires le debe su formación intelectual, que allí vivió su juventud y comenzó a difundir su obra). Rememora que partió al exilio en busca de la libertad de opinión durante la dictadura de Rosas, pero destaca que su larga ausencia ha cambiado de motivos: además de haber estado representando al país ante las cortes europeas en misiones que destaca, una vez más considera que no están dadas las condiciones para el regreso: sabiéndose objeto de odios enconados, teme por su integridad personal e insiste en el concepto de que no hay libertad si no existen las condiciones de seguridad necesarias para la vida y para la expresión del pensamiento,

136Mayer, 1963, pp. 597-807.

137 Ibidem, 1963, pp. 804-807. No obstante, Mayer no deja de destacar que –aunque se han mitigado las acusaciones de antiporteñismo que la sociedad de Buenos Aires enrostraba a Alberdi– el libro todavía despierta algunas polémicas allí.

que condensa en una cita de Montesquieu que incluye en una nota al pie en el primer apartado del folleto y luego reitera en el texto: “La liberté politique est cette tranquillité de l’esprit qui provient de l’opinion que chacun a de sa sûreté”.

Así, además de resumir su programática para la situación actual (que se expresa en su propuesta de una real integración de las provincias bajo un auténtico “gobierno nacional” que no identifique los intereses del país con los de una sola provincia),139por medio de la enumeración de su labor de constructor del Estado desarrollada a lo largo de una obra copiosa y significativa, aspira a demostrar que, verdaderamente, su vida privada “se pasa toda en la República Argentina”.140 Pero esa temática no soslaya la mención de los ataques que ha recibido por sostener posiciones divergentes de las del gobierno de turno y le permite relacionar el poder de Rosas con el de quienes volvieron a ejercer dominio sobre el país entero defendiendo los intereses de la ciudad-puerto y postergando una definitiva organización de la nación.

Pero cuando se detiene en las causas que lo mantuvieron alejado de la patria, se remonta a su enfrentamiento con Sarmiento y retoma casi paso a paso la antigua polémica de las Quillotanas(casi la mitad del texto se conecta con este enfrentamiento). Alberdi intenta reponer un orden de cosas que remita al lector al periodo inmediatamente posterior a Caseros. En apartados como “Civilización y barbarie”, “Barbarie letrada”, “Lo que era Facundo Quiroga” o “Influjo de la biografía en el biógrafo”, Alberdi vuelve a sostener la posición que esgrimió veinte años atrás para relacionarla con la situación del presente de la enunciación (el final de la presidencia de Sarmiento) y poder acusarlo ahora por haber llevado la barbarie al gobierno así como antes lo vituperaba por ejercerla en el periodismo.

Con esta vuelta atrás, Alberdi intenta explicar, justificar y acortar su larga ausencia, acusando nuevamente a Sarmiento de ser el “bárbaro” que lo hostiga por su independencia de juicio. Alberdi quiere establecer con sus lectores una comunicación más íntima que la que instalaba su obra de jurista y de pensador político, intenta captar las simpatías de un público receptor entre quienes se encuentran –como bien le señala Gregorio Benites en su correspondencia– muchos jóvenes que sólo han podido

139Esa programática política había sido anticipada por numerosos ensayos.

140Como se ha dicho, el título de uno de sus textos autobiográficos es Mi vida privada, que se

pasa toda en la República Argentina, una caracterización en la que el adjetivo “toda” destaca

conocerlo leyendo sus escritos. No obstante, aunque la actitud defensiva que prevalece en Palabras de un ausenteno puede soslayar la identificación de los impugnadores más poderosos y la búsqueda de complicidad con el lector, Alberdi retoma a veces esa apariencia de ecuanimidad (sin duda, esforzada) de las Cartas Quillotanas, que tanto contribuyó a convertirlo en el “vencedor intelectual” durante la famosa polémica con Sarmiento. Vuelve a comentar que no ataca la persona de Sarmiento sino sus escritos, o ubica a Mitre en la línea genealógica de Rosas sin nombrarlo.141

La observación de Patricio Fontana y Claudia Román acerca de cómo el confinamiento del exilio impulsa a los intelectuales a volcarse a la escritura como modo de acercarse al escenario nacional se aplica plenamente al caso de Alberdi, cuyo itinerario –que comienza en Montevideo, prosigue con su primer viaje a Europa, su instalación en Chile, su segundo viaje y su posterior establecimiento en Francia (quebrado por un fugaz regreso a la patria)– va siendo jalonado por una copiosa e ininterrumpida producción de textos que versan sobre una realidad nacional de la que no participa personalmente.142

1.1.5.2. Palabras de un ausente en la correspondencia entre Alberdi y Gregorio