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SECCIÓN III: El campo etno y arqueoastronómico

7. Palabras finales

Este capítulo busca aportar a la comprensión de las formas en que los procesos de interacción socio- cultural afectan a la producción de conocimiento astronómico, en el contexto de las actividades productivas desarrolladas en las colonias agrícolas del norte santafesino; y así también, a la interpretación de los modos en que los colonos europeos y sus descendientes interactuaron con el nuevo entorno celeste, terrestre y socio-cultural.

Vimos que la presencia de inmigrantes con distintos vínculos previos con el cielo, la agricultura y la ganadería, generó una variedad de nuevas relaciones con el espacio celeste. Estas nuevas relaciones también fueron resultado de intercambios en el contexto de las actividades productivas, entre los nombrados colonos de distinta procedencia y los grupos criollos, e indígenas, asentados antes y

después de la llegada de los primeros colonos a la zona. En este sentido, los conocimientos tradicionales aquí abordados han sido un objeto de intercambio entre los distintos grupos presentes en las colonias agrícolas de esta región del Chaco argentino. Prácticas y representaciones celestes fueron incorporadas por algunos grupos de acuerdo a las necesidades generadas en el nuevo entorno en el contexto de las actividades productivas. Muchos de los puntos indagados en este capítulo son interesantísimas vías de acceso no sólo a las conceptualizaciones astronómicas de los grupos en cuestión y a sus prácticas respecto al espacio celeste, sino que nos dan acceso a cuestiones ligadas a la definición identitaria, los conflictos de autoridad, la construcción de liderazgo, y los procesos de construcción e interpretación de tradiciones en un contexto multicultural.

En este sentido, pudimos ver cómo prácticas y representaciones astronómicas resultan elementos que hacen a la identidad étnica y frontera de los grupos en cuestión. Las ideas elaboradas respecto a la luna, el lucero, el sol y rasgos importantes del cielo, representan un sistema de valores o conjunto de representaciones con los cuales, en el sentido de Cardoso de Oliveira (1976), un grupo se clasifica (identifica) a si mismo y a los otros.

Respecto a las lógicas que moldean algunas de las concepciones y prácticas tradicionales exploradas aquí, se desprende que las mismas nos hablan de que los colonos y sus descendientes ven en el cielo un espacio de signos o señales que deben ser leídos para determinar ciertas fases de distintas actividades productivas o vinculadas a éstas.

La idea de la lectura de señales o signos celestes, entre los colonos y sus descendientes se realiza en conjunto con procedimientos análogos que se usan para otros ámbitos, y se da también entre otras sociedades como los mocovíes, quienes practican algo similar (López 2017a).

Al explorar cómo son pensadas las señales, y de qué manera es pensado ese vínculo o articulación entre señales terrestres, en el ambiente productivo, y señales celestes, surge, por un lado, que los colonos y sus descendientes leen las señales del espacio celeste en términos de fases de desarrollo de un ser vivo, que dan cuenta o dan pista de la fase de desarrollo de fenómenos biológicos o involucrados en las tareas productivas en las chacras. Por ejemplo, la observación de la “luna vieja” como momento adecuado para castrar animales, dado que en ese período “sangran poco”.

En este sentido, estas ideas dan además indicios de un aspecto transversal que rige las ideas y prácticas tradicionales aplicadas al plano productivo de la vida de los colonos, el de la consonancia entre el cielo y la tierra.

Al mismo tiempo, analizando estas ideas y prácticas que involucran la percepción de cambios o ci- clos celestes acompasados con otros cambios en el ambiente terrestre, surge la propuesta de que las mismas se encuentren también en el contexto de prácticas desarrolladas para construir una tempora- lidad en el contexto de las tareas agropecuarias, una especie de calendario agropecuario construido

a partir de selecciones de regularidades realizadas de acuerdo a los requerimientos del sistema productivo en el ámbito de la vida social de los colonos migrantes y sus descendientes, como sugie- ren los estudios llevados a cabo en el área de la antropología del tiempo (Carbonell Camós 2004). Además, en este capítulo ha quedado explícita la heterogeneidad de modelos y lógicas registradas entre los colonos y sus descendientes a la hora de pensar el cielo en el ámbito productivo. Las mismas son reflejo de la heterogeneidad observada en el grupo social estudiado, de las diferentes tradiciones que convergen y de las distintas trayectorias de los miembros de estas sociedades. Asimismo, las diferentes lógicas y modelos que coexisten en este conocimiento tradicional representan una heterogeneidad muy presente entre los colonos y sus descendientes, ya que ninguna de estas lógicas gobierna exclusivamente todos los aspectos de su vida social aquí abordados, sino que algunas operan en determinados contextos, y en otras situaciones activan otras lógicas o modelos diferentes.

Otro aspecto interesante del conocimiento tradicional aquí estudiado es que, desde el punto de vista de la forma de construir representaciones astronómicas, vimos que los colonos y sus descendientes han elaborado muchos de los asterismos con diversidad de rasgos del cielo como estrellas individuales, “manchas de la luna”, y con rasgos observados tradicionalmente sólo por grupos aborígenes como las manchas obscuras presentes en la Vía Láctea. En vínculo con esta última característica, en el caso abordado del “ñandú” en el cielo, se logra ver la relevancia de un enfoque regional, histórico, etnográfico, interétnico y dinámico al momento de encarar problemas o casos de estudio en astronomía cultural. El caso es sólo un ejemplo donde el abordaje del estudio de categorías etnoastronómicas puede converger a un panorama más completo sobre el estudio de los distintos saberes y formas de conocer el mundo que desarrollan los diversos grupos sociales. En particular las situaciones que han sido estudiadas al abordar la representación celeste del “ñandú” entre los interlocutores, reflejan un cruce taxonómico a la hora de caracterizar la forma en que los grupos étnicos aquí abordados interpretan el mundo. Es decir, se puede observar cómo los conocimientos ligados a distintos planos como los celestes, el ecológico y el cultural aparecen conectados por medio del saber sobre “el ñandú” o R. americana.

Además, con ánimo de esbozar futuras exploraciones etnográficas, cabe preguntarse: ¿Por qué sólo el ñandú ha sido escogido por los colonos entre los diversos asterismos con los que interactuaron mocovíes y tobas? ¿Cuán preponderante es esta ave que ha sido capaz de cruzar barreras étnicas e integrarse a una visión de mundo como la de los colonos, quienes no conocían a los Rheidos en sus paisajes de origen?

CAPÍTULO OCHO

“Si vuelca la luna, llueve”: Concepciones astronómicas y

vínculos meteorológicos

“Papá levantó los ojos al cielo, caviló un instante y dió su veredicto: Maind Kind

(mi chiquita) esta noche va a llover...” Golde Kuperstein de Gerson Papeles y papelitos: de Colonia Dora a Moisés Ville (2013)

En este capítulo abordamos el estudio de ideas y prácticas astronómicas tradicionales de los colonos y sus descendientes, vinculadas con fenómenos meteorológicos y climáticos de vital interés para las tareas agropecuarias como los períodos de lluvia y sequía, entre otros.

Veremos que este plano del conocimiento tradicional recogido en campo, involucra la observación de determinados objetos y fenómenos celestes importantes y significativos para los colonos como, la luna en diferentes momentos, ciertos rasgos en una de las representaciones celestes del “ñandú”, y la observación de la puesta del sol.

Analizaré algunas de estas prácticas e ideas para tratar de entender las lógicas y modelos que intervienen en ellas y los procesos de contacto entre las ideas astronómicas de los distintos grupos sociales presentes en nuestro campo. Por último, también exploraré una posible base empírica para una de las prácticas recogidas, realizando un análisis estadístico tomando como datos los registros de precipitaciones de uno de nuestros interlocutores.

1. Un mundo “al revés”

Como vimos en el capítulo anterior, el proceso migratorio de los colonos desde Europa a Santa Fe, que implicó el repentino traslado desde el hemisferio norte al hemisferio sur, generó un impacto en la temporalidad de sus ciclos productivos. Asimismo, como veremos a continuación, también este proceso trajo aparejado para los migrantes una serie de apreciaciones respecto al ciclo de estaciones, los nuevos ciclos climáticos y al espacio celeste, incluyendo los fenómenos

meteorológicos, que son interesantes de explorar desde la astronomía cultural.

Para caracterizar en términos climáticos la región en la que se asentaron los colonos y familias abordadas en este estudio, podemos decir que presenta un clima cálido-templado subtropical, de lluvias abundantes, con un período húmedo de marzo a abril y período seco de junio a septiembre. Además, en esta zona del Chaco santafesino, el período de heladas por lo general se extiende de mayo a septiembre. Por otro lado, los vientos estacionales provenientes del norte y noreste son cálidos-secos y cálidos-húmedos, respectivamente. Principalmente, el viento local es del sudoeste o pampero, siendo fresco y seco. Hidrográficamente la zona al momento de la llegada de los primeros colonos (1870-1900) era pobre, no existiendo canales o cursos de agua. En relación al relieve, este resulta una llanura con zona de cañadas o áreas inundables y suelos de pradera aptos para la agricultura (Alassia 1998).

Ahora bien, ¿cómo fue la relación entre estos migrantes y este nuevo espacio físico con el que se encontraron? Las apreciaciones más tempranas que pude encontrar están en cartas enviadas por los primeros colonos de Moisés Ville a Europa, redactadas entre 1898 y 1902 (Cociovitch 2005: 46; Bizberg 1941). Las mismas son de colonos judíos ortodoxos provenientes de diferentes regiones del por entonces Imperio Ruso, que entre otras cosas se refieren a sus experiencias con el clima de la zona de las colonias en Argentina. Entre ellas se pueden encontrar menciones como: “todo aquí es al revés de lo acostumbrado”, haciendo referencia, por ejemplo, al hecho de que: “¡El calor viene del norte y el frío del sud!” (Bizberg 1941: 34). Además, los colonos judíos de Ucrania comparaban el invierno vivido en Moisés Ville con el invierno de sus regiones de origen con apreciaciones como: “aquí [en Moisés Ville] el invierno no existe prácticamente”, “[en Moisés Ville] no hay nieve ni para remedio” y “[en Moisés Ville] ni se encienden los hogares” (Bizberg 1941).

También podemos encontrar similares ideas sobre el nuevo ciclo de estaciones y clima, entre los colonos inmigrantes con los que me vinculé en campo, principalmente, entre los judíos procedentes de Alemania que se asentaron en Moisés Ville en la década de 1930. Sobre todo, los comentarios son respecto a que en esta región “nunca hay nieve”.