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SECCIÓN III: El campo etno y arqueoastronómico

6. Asterismos y cielo nocturno

6.5. Representaciones en la Vía Láctea

La Vía Láctea se presenta como una banda difusa brillante que atraviesa todo el cielo nocturno, cuya apariencia varía a lo largo de la noche y del año (Aveni 2005:136). La misma conforma un rasgo celeste muy significativo dentro de la tradición astronómica de los colonos y sus descendientes. En este sentido, juega un rol fundamental la oscuridad o poca contaminación lumínica artificial del cielo observada en la región de estudio, debido a que esta oscuridad resalta las zonas de brillo difuso que conforman la Vía Láctea y gracias a ellas, por contraste, se distinguen las manchas obscuras presentes dentro. Esto es especialmente importante por el hecho que algunas de las representaciones observadas por algunos interlocutores están integradas por una serie de manchas oscuras de la Vía Láctea. Las mismas son muy evidentes en los cielos de la región rural abordada debido a que se ubican en espacios geográficos alejados de grandes centros urbanos, con escasez de alumbrado de caminos y donde en algunos sectores, como en Santurce, la electrificación rural es aun inexistente.

6.5.

1. “ El ñandú”: representaciones celestes de Rhea americana entre gringos

Unos de los asterismos e ideas astronómicas que pude relevar, ya desde mi primer día en campo, fueron las sugerentes representaciones de “el ñandú” o “el avestruz”, localizadas en la Vía Láctea o próximas a ella. Estos asterismos representan a R. americana, única especie de Rheido presente en el área que, como veremos, ha resultado para los colonos y, aún resulta para algunos interlocutores, un animal relevante en el plano productivo y en el ambiente doméstico.

Tanto para hijos de colonos italianos localizados en Santurce, como para hijos de alemanes católicos radicados en Moisés Ville, “el ñandú” es un asterismo de forma elongada formado por la unión de zonas obscuras de la Vía Láctea, y cuya “cabeza” se encuentra próxima a la Cruz del Sur, contando esta con un “ojito” representado por una estrella de color aparente “rojo” (Fig. 5). Sumado a esto, he podido recoger entre hijos de colonos italianos con los que me vinculé en Santurce y Colonia Clara, que “el ñandú está en el cielo” representado “con estrellas en la Vía Láctea”, “un poco retirado de la Cruz del Sur”. Salta a la vista algo muy interesante, el hecho de que existe una dualidad en esta representación celeste de R. americana, presente en el conocimiento tradicional de colonos inmigrantes y descendientes.

Figura 5: Arriba: Dibujo de “el ñandú” formado por las zonas obscuras de la Vía Láctea, con su “cabeza” próxima a la “cruz del sur”; realizado por Hilda N. Matter de Cuaglini en Marzo de 2012 en Santurce, recogido por el autor. Abajo: Dibujo de el Mañik Lacteal, realizado por Marcos Gómez, mocoví de Colonia Cacique Catán, en el Suroeste del Chaco, en Julio de 2002, y recogido por Sixto Giménez Benítez y Alejandro López.

Figura 6: Asterismo del “Mañik lacteal” representado en las zonas obscuras de la Vía Láctea que van desde el Saco de Carbón hasta la región de la constelación de Escorpio que atraviesa la Vía Láctea (Lopez 2009a:361).

Según la gente, “el ñandú” en el cielo fue señalado en la infancia por sus “padres” o por “los antiguos”, haciendo referencia a los primeros familiares asentados en la zona, pero debido a que todas las prácticas y representaciones celestes relevadas están asociadas a aspectos culturalmente importantes de la vida social de los colonos y descendientes, decidí explorar el rol de R. americana

en otros planos de la vida social, indagando en los distintos conocimientos que nuestros interlocutores poseen en relación a esta ave y las formas en que se relacionan con ella.

En primer lugar, la población de R. americana en el área de estudio era muy superior a la actual durante el siglo XIX y principios del XX, de acuerdo a las memorias de exploradores (Hutchinson 1866: 112-132) y a los testimonios de mis interlocutores. De hecho, como he podido observar durante el trabajo de campo, solo encontré poblaciones de R. americana en la zona rural de Santurce, norte de la región comprendida en este estudio. Por lo tanto, actualmente solo algunos de mis interlocutores de esta área poseen contacto con el ave. Al respecto, pude observar cómo algunas familias descendientes de colonos italianos y españoles practican su cría en el ámbito doméstico, se alimentan de ella también a través de su caza y consumen sus huevos.

Asimismo, a pesar de haber desaparecido la población de R. americana en muchos otros sectores de la región abordada, algunos entrevistados localizados en Moisés Ville, Colonia Clara y San

Guillermo, recuerdan que “antes la gente [“colonos” y “criollos”] vendía las plumas”, “se cazaba ñandú” y hasta “se comían los huevos”.

Por otra parte, unos de los aspectos mencionados recurrentemente por la gente a la hora de hablar sobre R. americana, son las percepciones que poseen del ave. Se puede entrever que algunos interlocutores la perciben con cierto comportamiento, o le asignan significado a situaciones cotidianas observadas en las que aparece involucrada.

Para descendientes de italianos, con los que he podido dialogar en Santurce y Colonia La Clara, el ñandú es “un bicho inteligente” pero “peligroso”, ya que es un “animal agresivo”. En relación a esto en Santurce nos han comentado que “el ñandú mata perros”. En particular cuando estos últimos “corren” un ñandú, este en determinados casos “los abre [secciona o mutila] con la garrita”.

Si seguimos a Ingold (2002), estas percepciones son adquiridas por los individuos a partir de sus continuas experiencias en un determinado paisaje y el “estar en el mundo”; por lo que todas estas apreciaciones se han ido compendiando a partir de la llegada de éstos inmigrantes al sur del Gran Chaco y de su interacción con la fauna local, los grupos sociales que ya se encontraban en el lugar y narraciones que los últimos enunciaban sobre R. americana.

Ahora bien, por medio de estos testimonios se vislumbra cómo los colonos y descendientes comprendidos en el trabajo de campo, han establecido distintos vínculos con R. americana, ya sea en el plano de la alimentación, de la mascotización, de la comercialización y hasta en el de la comunicación; pero, si estos conocimientos se considerasen como producto de un grupo étnico aislado, elaborado por personas aparentemente aisladas del contacto con otros grupos étnicos o sociales chaqueños, los análisis que se podrían llegar a realizar serían limitados y un tanto sesgados. En ese sentido, por ejemplo, se podría llegar a hipotetizar que los conocimientos y representaciones celestes de R. americana relevados entre los colonos inmigrantes y descendientes aquí estudiados, han sido elaboraciones propias producto de sus relaciones con el ave. Pero, por el contrario, se mostrará a través de la situación concreta aquí estudiada, lo rica que resulta la perspectiva regional, histórica y dinámica, propuesta para el estudio de las astronomías de las comunidades que convergen en la región chaqueña. Como se ha mencionado, determinadas sociedades aborígenes chaqueñas han interactuado de forma particular con los colonos y sus descendientes, en las colonias agrícolas consideradas aquí.

Por lo tanto, resulta fructífero entablar el diálogo entre nuestros datos de campo y los conocimientos vinculados al ñandú entre determinados grupos guaycurúes (mocovíes, tobas y tobas del oeste formoseño), que han sido reportados por otros autores. Particularmente se han abordado los

conocimientos de estos grupos aborígenes chaqueños desde una perspectiva etnoastronómica (Lopez 2009, Giménez Benítez et al. 2002, Gómez 2010a), etno-ornitológica (Arenas y Porini 2009, Medrano y Rosso 2016), etno-ornitológica histórica (Rosso y Medrano 2016), y también etnohistórica (Citro et al. 2006). Además, tendré en cuenta aquí los artículos dedicados a la “astronomía” mocoví y toba, de Roberto Lehmann-Nitsche (1923, 1924/25a, 1924/25b, 1927), en los cuales se exploran representaciones celestes importantes para los respectivos grupos indígenas.

Para empezar, es interesante reconocer que entre grupos indígenas chaqueños como mocovíes, tobas y tobas del oeste formoseño también existe la idea de un “ñandú” o “suri” en el cielo denominado

Mañik. Además, este vocablo designa, tanto en mocoví como en toba, a R. americana (Giménez Benítez et al. 2002, López 2009a, Gómez 2010a). Segundo, como ya desde principios de siglo XX Lehmann-Nitsche ha señalado entre tobas y mocovíes (Lehmann-Nitsche 1923b, 1924/25a , 1924/25b, 1927), este Mañik celeste también es identificado por dos asterismos distintos: el Mañik

Estelar, simbolizado con la Cruz del Sur, y el Mañik Lacteal, correspondiente a una extensa región del cielo formada por zonas obscuras de la Vía Láctea (Fig. 4). En este caso la cabeza del Mañik se identifica con el Saco de Carbón, y su cuerpo se extiende hasta zonas obscuras en la constelación de Escorpio (Giménez Benítez et al. 2002, López 2009a). Es oportuno también aclarar que actualmente el “avestruz” sideral, tal como lo describió Lehmann-Nitsche, no es descripto actualmente entre los tobas del oeste formoseño (Gómez 2010a).

Pero tanto tobas y tobas del oeste formoseño como mocovíes, no representan en el cielo al Mañik de forma aislada, sino que en los dos casos arriba descriptos aparecen representados con las estrellas α y β Centauri, dos perros que circundan al Mañik. Este asterismo se trata de Piogo, los perros que “lo persiguen sin alcanzarlo” en el caso del Mañik Estelar (Giménez Benítez et al. 2002, López 2009a), y “los perros que lo toman del cuello” para la versión Lacteal del Mañik (Giménez Benítez et al. 2002, López 2009a, Gómez 2010a). Estos asterismos están vinculadas a narrativas o relatos míticos cosmológicos toba y mocoví, representando a los perros que siguen al Mañik para cazarlo, y como éste corre velozmente, aunque los perros lo siguen no logran alcanzarlo (Giménez Benítez et al. 2002, López 2009a, Gómez 2010a, Rosso y Medrano 2016, Cordeu 1969/70). Además de esta narrativa, en el ámbito mocoví, se conocen otras que relatan la cacería del ñandú con perros, en la cual se narra la historia de dos hermanos perdidos en el monte, quienes se suben a un árbol y luego se encuentran con una mujer poderosa del monte, a la que derrotan y de la que nacen los perros con los que será cazado el Mañik mítico (Giménez Benítez et al. 2002, López 2009a).

indígenas chaqueños, según una revisión de lo reportado por otros autores, el ñandú poseía y posee, un rol fundamental. Tanto en estudios contemporáneos e históricos (Arenas y Porini 2009, Medrano y Rosso 2016, Rosso y Medrano 2016), se puede ver que las distintas partes del cuerpo del ñandú siempre han recibido diferentes usos por sociedades mocovíes, tobas y tobas del oeste formoseño. Estos usos se incluyen dentro de categorías como alimentación (tanto de sus huevos como de su carne a través de la caza), medicina o chamanismo, comunicación, comercialización, mascotización y otros empleos en la cultura material. Sumado a esto mocovíes y tobas atesoran conocimientos sobre los ciclos biológicos del animal (Arenas y Porini 2009, Medrano y Rosso 2016, Rosso y Medrano 2016)

A la vez, los citados grupos indígenas guaycurúes superan las relaciones meramente utilitarias y se vinculan con el ave de otras maneras caracterizadas por su cosmovisión, en la cual existe una continuidad entre el plano humano y el animal, al punto de encontrarse con afirmaciones tales como “los toba sin el ñandú no son gente” (Medrano y Rosso 2016). En este sentido los tobas le asignan atributos a R. americana, tales como los de “entendido” y “letrado”, por lo que para este grupo étnico los ñandúes poseen al igual que los humanos inteligencia o saberes (Medrano y Rosso 2016). Así mismo, en relación a las percepciones sobre R. americana por parte de mocovíes santafesinos, Citro y colaboradores (2006) registran que estos indígenas aseguran que “el manik” (ñandú) “es malo” o “se pone malo” en momentos en que es perseguido por perros; percepción también compartida entre colonos y descendientes como vimos en nuestro trabajo de campo.

En otro orden de ideas, Citro y colaboradores (2006) también exploran otra trama del rol cultural de

R. americana, entre los mocovíes de Santa Fe. En este caso evidencian el papel simbólico del Ñandú en la fiesta del 30 de agosto o de Santa Rosa, asociada a “la renovación de los tiempos” entre los mocovíes. En esta celebración en la que también participaban y aun participan “gringos” (Citro et al. 2006: 57, 64), se practicaba “el baile del manik”, el cual involucraba una coreografía en la que se conjugaban la observación de los hábitos del ñandú, los relatos míticos y las expresiones creativas (Citro et al. 2006: 98-102). Por último, los autores también señalan la importancia de la observación del ciclo de puesta de huevos de R. americana, como un indicador de la renovación del ciclo anual mocoví y por lo tanto de la fecha de realización de la fiesta de Santa Rosa (Citro et al. 2006: 33).

Para finalizar, y ante todo lo expuesto, vemos que a través la puesta en diálogo de los saberes tradicionales de los colonos y sus descendientes, con los hallados en trabajos de otros autores entre grupos mocovíes, tobas y tobas del oeste formoseño, se logra evidenciar que los distintos conocimientos, percepciones, y en particular ideas y representaciones astronómicas vinculadas a R. americana que poseen estos diferentes grupos étnicos, no solo confluyen, sino que además

comparten e intercambian distintos elementos. Por lo tanto, considerando las historias de vida que han sido recuperadas en mi trabajo de campo, se propone como hipótesis que los distintos conocimientos ligados al ñandú fueron incorporados por colonos europeos y sus descendientes, a través de las distintas relaciones establecidas en el ámbito laboral y cotidiano, con grupos mocovíes o tobas y sus descendientes pobladores de la zona. De hecho, es posible que los asterismos asociados al ñandú hayan sido incorporados por los migrantes ante las nuevas relaciones con el paisaje celeste observado en el sur de la región chaqueña argentina.

6.5.

2. “el camino de Tucumán”

Durante los primeros días de campo en San Guillermo, pude recoger entre nietos e hijos de colonos suizo-alemanes radicados en esa colonia, la idea de Vía Láctea pensada tradicionalmente como “camino”. Más precisamente, este importante rasgo del cielo era denominado según los antepasados de los interlocutores, como “el camino de Tucumán”.

Aunque la idea de Vía Láctea pensada como camino que surca el cielo es compartida con sociedades guaycurúes (López 2009a, Giménez Benítez et al. 2002, Gómez 2010), y también está presente en diversas tradiciones Europeas (Belmonte Avilés y Sanz de Lara Barrios 2001; Barale 2015; Avilin 2017); puede que en este caso, como en casos europeos54, la denominación “camino de Tucumán”, esté vinculado con algunas características históricas de la región en donde fueron asentadas estas familias de colonos migrantes aquí comprendidas.

Así, al indagar en los antecedentes históricos de la región donde surge la colonia San Guillermo, asesorado por el antropólogo especialista Carlos Ceruti, pude dar con el antecedente de un camino colonial e incluso prehispánico que pasaba por el actual San Guillermo (Fig. 7), el cual conducía desde Santa Fe a Santiago del Estero y Tucumán, y de allí a Salta y al Alto Perú. Este camino fue muy utilizado en el siglo XVIII para el traslado de recuas de mulas desde Santa Fe y Entre Ríos hacia Potosí, y según Ceruti (2006), solamente podía usarse en épocas de sequía, períodos en los cuales, según registros arqueológicos, los transeúntes se detenían cerca de lo que posteriormente fue colonia San Guillermo para proveerse de agua.

Se propone entonces, por un lado, que la Vía Láctea quizás haya sido denominada “camino de Tucumán”, en asociación con el antiguo camino comercial que atravesaba la zona abordada, posiblemente adaptando a dicha circunstancia concepciones que los migrantes ya traían de Europa y vinculaban a la Vía Láctea con un camino. Estas pueden haber encontrado resonancia en las 54 Como el caso de “el camino de Santiago”, nombre con el cual, en España y parte de Europa Central, se la conoce tradicionalmente a la Vía Láctea. Esta denominación surge vinculada al importante antiguo camino de peregrinación hasta Santiago de Compostela (Belmonte Avilés y Sanz de Lara Barrios 2001; Barale 2015).

tradiciones astronómicas de criollos y aborígenes con los que se encontraron en la zona.

Figura 7: Mapa de 1865 de la región centro y norte de la Provincia de Santa Fe. La flecha señala la zona de interés y el camino que, en esta zona, está orientado de noroeste a sureste. Fuente: David Rumsey Map Collection,

www.davidrumsey.com.