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VI.5. INTERPRETACIÓN DEL SITIO

VI.5.1. Paleoambiente, procesos tafonómicos y de formación del sitio

El ensamble taxonómico de pequeños y microvertebrados del sitio (Tabla VI.2) sugiere un ambiente predominante arenoso (e.g., Ctenomys sp. y Zaedyus pichiy) para toda la secuencia, con vegetación marcadamente homogénea compuesta por pastizales (e.g., Akodon azarae) y arbustos xerófilos (e.g., Reithrodon auritus, Graomys griseoflavus, Microcavia australis y Galea leucoblephara). Asimismo, los tinámidos suelen habitar ambientes que incluyen pastizales y vegetación arbustiva xerófila. La fauna grande determinada en el sitio (guanaco y venado de las pampas) es hallada actualmente en ambientes con las características arriba descriptas, por lo que las inferencias realizadas pueden extenderse a escalas espaciales más amplias si consideramos que sus rangos de acción son mayores a los de las especies pequeñas. Otros elementos que enriquecen este cuadro son los anuros, cuyos requerimientos ecológicos anfibios o acuáticos demuestran la presencia de cuerpos de agua en el paisaje. Las características ambientales descriptas no habrían sido constantes a través del tiempo, lo que se evidencia en el empobrecimiento de la estructura taxonómica en las U-II y U-I (Tabla VI.2), que permitirían plantear una mayor homogenización del ambiente. En este sentido, la disminución de los anuros en la U-II y la aparición de un elemento típico de climas áridos y cálidos (Tolypeutes matacus) estarían sugiriendo una mayor aridización del ambiente.

La asociación de malacofauna continental registrada (Tabla VI.2) se encuentra dominada por la especie acuática Heleobia parchappii y con proporciones escasas por el

NISP NISP% NISP NISP% NISP NISP%

Epífisis 2 50 26 74,3 17 94,4

Diáfisis 1 25 5 14,3 - -

Epífisis + diáfisis 1 25 4 11,4 1 5,5

Total 4 - 35 - 18 -

Dasypodidae Rodentia Tinamidae

159 taxón terrestre de hábitos hidrófilos Succinea meridionalis y la especie exclusivamente terrestre Miradiscops brasiliensis. Su concentración en la base de la U-III sugiere que en los inicios de la formación del depósito sedimentario predomino un ambiente acuático con una gran concentración de sales (Steffan comunicación personal 2017). Su inmediata disminución y ausencia posterior señalaría que las propiedades químicas de la fuente de agua adyacente al sitio variaron hacia una disminución de la concentración salina de la misma o que el cuerpo de agua adyacente al sitio se secó. Para resolver esta cuestión es necesario realizar muestreos actuales sobre los diferentes ambientes acuáticos del área y las microrregiones de estudio a los fines de evaluar en qué medida las características físico-químicas de los mismos y sus variaciones determinan la distribución de la especies de gasterópodos.

En lo que respecta al origen de los diferentes grupos taxonómicos y/o especies identificadas, se propone que la mayoría de los taxas de tamaño grande (e.i., guanaco, venado de las pampas y ñandú) y pequeño (e.i., zorro pampeano y armadillos) habrían sido depositados principalmente como resultado de la explotación antrópica, lo que se sustenta en la presencia de evidencias de procesamiento sobre sus especímenes (huellas de corte, fracturas antrópicas y alteración térmica) y la ausencia de variables tafonómicas que sugieran la acción de otro tipo de agentes en la depositación de los materiales (e.g., carnívoros). En lo que respecta a los microvertabrados del sitio, el origen de los roedores y aves fue mixto, a través de la depredación natural (aves rapaces) y el aprovechamiento humano. Asimismo, la observación durante la excavación del sitio de elementos esqueletarios del roedor de hábitos fosoriales tuco- tuco, concentrados y articulados en sedimentos incoherentes con el depósito sedimentario predominante, sugiere que parte de los huesos de esta especie se incorporaron por procesos eto-ecológicos (muerte natural en sus madrigueras). Con respecto a las trazas de corrosión digestiva, las mismas se hallan principalmente sobre los especímenes de roedor y, en menor medida, sobre las aves, lo que sugiere que la acción de los depredadores naturales fue más importante sobre el primer grupo taxonómico. El predominio de categorías bajas de digestión en roedores y aves sugiere la acción de aves rapaces con capacidad leve a moderada de modificación de los huesos de sus presas que incluyen principalmente a estrigiformes (Andrews 1990).

160 El registro de alteración térmica sobre los especímenes esqueletarios de fauna mayor y menor sugiere actividades de consumo humano. La mayoría de los especímenes con termoalteración pertenecen a fauna menor (U-III= 94,65; U-II/I= 96,29%) e incluyen a zorro pampeano, armadillos, roedores y aves. El patrón de la alteración térmica registrado se corresponde con los modelos de modificación antrópica por la cocción a fuego directo o sobre las brasas para ser aprovechados con fines alimenticios (Henshilwood 1997; Pardiñas 1999a, 1999b;Laroulandie 2001; Lloveras et al. 2009; Frontini 2012; Medina et al. 2012; Frontini y Vecchi 2014). Para los armadillos, el registro de placas con alteración térmica y el predominio de las categorías carbonizados en la cara dorsal y ventral y, en menor medida, sobre la cara dorsal señalarían que se habría empleado una técnica de cocción en donde se asa el animal sobre su caparazón (Frontini 2012; Frontini y Vecchi 2014). Asimismo, la determinación de diferentes huesos del esqueleto axial y apendicular con alteración térmica señala prácticas de cocción que incluyeron la introducción de ítems (posiblemente carbones encendidos) en el interior del cuerpo o la exposición directa sobre el fuego de la parte ventral del cuerpo de estos animales. Para el caso del zorro, roedores y aves, los patrones registrados se relacionan con un modelo de cocción donde la temperatura ocasiona la retracción del tejido muscular en huesos o porciones de los mismos que poseen menor cobertura (e.g., epífisis de los huesos apendiculares, falanges, huesos articulares, mandíbulas y maxilas), los cuales al ser los primeros en quedar expuestos de forma directa a la combustión se produce la alteración térmica (Henshilwood 1997; Pardiñas 1999a, 1999b; Laroulandie 2001; Lloveras et al. 2009; Medina et al. 2012). No obstante, los patrones mencionados pueden variar de acuerdo a una gran variedadde factores como la intensidad de la combustión, la proximidad de la presa a la fogata, el tiempo de exposición, las diferentes fases de incremento, mantenimiento y decrecimiento de la temperatura y la parte del cuerpo expuesta a las llamas y/o las brasas (Lloveras et al. 2009).

Sin embargo, existen otros tipos de procesos en la región pampeana, como los incendios de pastizales, que pueden causar alteración térmica sobre los huesos con un patrón que podría imitar de alguna manera al generado por cocción humana (Álvarez et al. 2017). En un trabajo tafonómico actualístico realizado sobre un campo de pastizales incendiado se registró una elevada frecuencia de especímenes óseos con alteración

161 térmica (70%), principalmente en el estadio calcinado (40-53%) y el predominio (80%) de fauna con un peso menor a los 20 kg (Álvarez et al. 2017). Sin embargo, se aprecian marcadas diferencias entre los patrones registrados en el conjunto procedente del campo incendiado y aquel recuperado del sitio La Susana 1. En los huesos de pequeños vertebrados recuperados del incendio la extensión de la alteración térmica sobre los especímenes fue elevada, mientras que en los conjuntos de La Susana 1 las modificaciones se restringen mayormente a los sectores que presenten menor cantidad de tejido muscular. En el caso de las placas de armadillos, aquellas procedentes del trabajo actualístico presentaban alteración térmica sobre la cara dorsal, la cara ventral y ambas caras, lo que sugiere situaciones heterogéneas de exposición, mientras que en el sitio solo se registró quemado sobre la cara dorsal y ambas caras. Asimismo, si paleoincendios producidos en el paisaje hubieran afectado los huesos de La Susana 1, la combustión debería haber alterado por igual a huesos depositados por diferentes agentes y todos los tipos de materiales. Por el contrario, no se observa superposición entre la alteración térmica y otros tipos de modificaciones, como las trazas de digestión de depredadores naturales, ni se registró termoalteración sobre otros tipos de materiales como los líticos. Cabe señalar que, en el campo quemado se reconoció una cantera-taller de ftanita y se recuperaron artefactos líticos elaborados sobre esta materia prima alterados térmicamente.

Los datos obtenidos de diferentes variables tafonómicas analizadas permiten sostener una rápida depositación de los materiales, una fuerte estabilidad del depósito arenoso con escasos episodios de reexposición de los materiales y una incidencia moderada de los procesos diagenéticos. En cuanto a los perfiles de meteorización se observa que existe un bajo porcentaje de especímenes afectados y que la gran mayoría no presenta esta modificación. Asimismo, en ambas unidades la meteorización es más baja en la fauna menor. La presencia de trazas de abrasión sedimentaria en los restos óseos de fauna mayor fue relevada en baja frecuencia, aunque es notorio que la misma es más elevada en las U-II/I. Probablemente se relacionen con un ambiente de origen eólico de baja energía en donde sobre las superficies de los huesos depositados en el substrato se deslizan las partículas arenosas. Sin embargo, la abrasión también pudo haber sido causada por el golpeteo de partículas de arena trasladadas por el viento

162 aunque en este caso se esperaría una incidencia más notoria como ha sido observado en ambientes áridos de Australia (Littleton 2000).

El conjunto en general muestra una fragmentación moderada. Ambas especies de artiodáctilos identificadas en el sitio presentan escasos especímenes completos, correspondientes a epífisis proximales de huesos largos y a elementos pequeños como los huesos del autopodio (Tabla VI.11). Asimismo, la evaluación de la relación NISP/NME arroja valores que sugieren una intensidad de fragmentación baja (Tabla VI.11). El análisis de los tipos de fractura evidencia para la fauna mayor de la U-III una incidencia moderada de las fracturas postdepositacionales y en una leve menor medida de la acción antrópica (Figura VI.16), mientras que en las U-II/I no se registran fracturas postdepositacionales. Sin embargo, el escaso tamaño de la muestra no permite estar seguros de la significación de este patrón. En la fauna menor las fracturas postdepositacionales presentan una menor incidencia que en la fauna mayor y, de modo similar a esta última, la frecuencia es más elevada en la U-III que en las U-II/I (Figuras VI.16 y VI.17).

La circulación de agua en el sedimento debido a la filtración pluvial entre los depósitos, los cambios en el caudal del ambiente léntico adyacente al sitio y en los niveles de la capa freática probablemente causaron variaciones en las condiciones de oxidación y reducción, lo que produjo las depositaciones de carbonato de calcio y de óxido de manganeso (Courty et al. 1989; Gutiérrez 2004; López-González et al. 2006). Cabe señalar que en el sitio, los huesos que se encontraban cubiertos por carbonato de calcio muestran una buena preservación del tejido cortical. La información tafonómica descripta en los párrafos anteriores sugiere que los agentes y procesos naturales no serían los responsables principales de las representaciones taxonómicas y anatómicas del conjunto arqueofaunístico de La Susana 1.

Los procesos vinculados con la bioturbación quedan evidenciados por la baja frecuencia de las marcas de roedores, las cuales fueron registradas, principalmente, en los huesos de fauna mayor. Estas modificaciones no fueron extensivas y se restringen a sectores sobresalientes de los huesos. La observación asistemática de la dimensión de las cuevas permite sostener que se tratarían de madrigueras de tuco-tuco, los cuales al construir sus túneles pueden remover y trasladar materiales pequeños (<5 cm) (Duran 1991). Sin embargo, se considera que la relevancia del desplazamiento de materiales por

163 roedores fue baja, ya que no se observó la presencia de materiales arqueológicos en los sedimentos que integraban estas cuevas y el tipo de distribución vertical de los materiales no se corresponde con las observadas para animal y fosoriales que causan una distribución bimodal (Bocek 1986) o la concentración de materiales muy pequeños en la superficie (Duran 1991). Por último, se registran en proporciones bajas marcas de raíces que sugiere cierta estabilidad del depósito, relativamente vegetado.