DE ALGUNAS ARMAS EN MÉXICO
EL PALO CONEJERO O ARROJADIZO
A juzgar por los datos arqueológicos y etnográficos que tenemos esta arma en particular fue implementada por diversos grupos indígenas desde los Estados norteamericanos de Nuevo México, California, Texas y Arizona, extendiéndose hasta Coahuila, Baja California, Nuevo León y Chihuahua en el norte de México. Estudiada y analizada a profundidad por diversos investigadores, ha sido hallada en contexto arqueológico en cuevas y abrigos rocosos de Aridoamérica, así como en representaciones escultóricas, principalmente en Tula, Chichén- Itzá y otros sitios del Posclásico Temprano (900–1200 d.C), utilizada principalmente con fines bélicos. Pero es en el norte de Mesoamérica donde se han descubierto indicios materiales de esta formidable arma aplicada con fines de caza, que por su diseño y confección se podría decir que compartía ciertas afinidades con el llamado boomerang:
Palo curvo chato, parecido al boomeráng como arma de caza por los indios de la planicie de la cuenca de Nevada y el sur de California. Una de sus superficies era ranurada. Generalmente se hacía de roble y no volvía a manos del que la habia arrojado (Winick 1969: 470).
Esta arma arrojadiza tal parece sólo se utilizó en ciertas áreas culturales de Asia, África y Oceanía como fue el caso de Mesopotamia, Egipto y especialmente en algunas regiones de Australia sin que haya indicios de haber sido usada por los pueblos mesoamericanos en ninguna etapa cronológica según (Balfour Henry 1901: 35), (Rivers Pitt 1971: 454-463) y (Anderson Christopher y Jones Phillips 1996: 5-14). Debido a los
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diferentes hallazgos que tenemos en el norte de México provenientes de la Cueva de La Paila, La Candelaria y del Arroyo del Muerto en Chihuahua, sabemos que para su confección fue utilizada madera, sin embargo tal parece que a pesar de los estudios realizados, aún no contamos con un análisis químico confiable que nos permita saber con exactitud su procedencia. La descripción que se hizo de estos materiales sin lugar a duda es de suma importancia pues nos permite evaluar los avances técnicos que alcanzaron estos grupos de cazadores que en ocasiones son tachados de primitivos y poco avanzados en comparación con sus vecinos mesoamericanos.
EL ARMA. Las exploraciones arqueológicas e investigaciones etnográficas nos han permitido conocer más a profundidad esta arma de caza que al parecer en la primera mitad del siglo XX seguía siendo utilizada por los campesinos del norte de México para abatir presas de menor envergadura:
El palo arrojadizo arqueológico no lo conocíamos de ninguna parte de la República, pero sabemos que en la actualidad los campesinos del Estado de Chihuahua tienen un arma defensiva de forma similar a la que nos ocupa, a la que llaman bumerang (Ramón 1953: 323).
Por sus diversos hallazgos podemos considerar que constaba de una dimensión que variaba de 75.3 a 47.0 cm de largo y un ancho de los 3.0 a 1.5 cm, con una curvatura entre 60º y 45º, aunque por investigaciones en la cueva de La Candelaria se pudieron identificar cinco variantes del arma, incluso en algunos casos podía tener la forma en zig- zag y en otras casi recto (Aveleyra 1956: 140- 142) (Fig. 8). Tal parece que el palo conejero o arrojadizo no contaba con un patrón para su confección, lo que sugiere en otras
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aplicaciones además de la mencionada. Sin embargo hasta no contar con pruebas técnicas confiables que corroboren otros usos debemos seguir considerando que este instrumento fue hecho con el fin de ser lanzado. Algunos Investigadores señalan que aunque guarda gran similitud con el ya mencionado boomerang cuya característica principal es que después de ser lanzado regresa a manos del tirador, el palo conejero tal parece no cuenta con esta virtud, por lo que describe una trayectoria en línea recta sin posibilidad de recuperarlo (Koerper 1998: 264- 265). Pese a esta facultad se sabe que era utilizado para darles caza a animales terrestres de menor tamaño, para lo cual se cuenta con documentos fotográficos que datan de 1900 en la que podemos apreciar su uso a manos de indígenas Hopi (Fig. 9):
Diversos datos etnográficos nos hacen aseverar que diversos grupos utilizaron el rabbit-. stick para fines de cacería, entre los que encontramos: Hopi, Zuni, Navaho, Mohave, y Havasupai (Heizer 1942: 45).
He de mencionar que al igual que en las representaciones mesoamericanas que provienen del Posclásico temprano y tardío (900- 1500 d.C), entre los diversos grupos de cazadores de Aridoamérica el uso de este implemento se complementaba con otros utensilios de caza, tales como arcos y flechas o propulsores. Esto que hace suponer que la combinación de otras armas permitía el mejor desempeño en la partida de caza, aunque me inclino a considerar como hipótesis que el palo conejero jugaba un papel secundario. Con ello quiero decir que aunque seguramente la efectividad de esta arma consistía en la pericia del cazador, la presencia de armas más precisas y efectivas como el arco y la flecha y que además permitían realizar disparos a larga distancia y con la posibilidad de acertar a un blanco en movimiento, deja al palo conejero fuera de un alcance razonable de tiro efectivo,
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convirtiéndolo en un útil poco confiable a largas distancias. Otro dato a tomar en consideración al respecto es que en las muestras de palos conejeros conservados en museos y otras instituciones, se puede observar que su cuerpo plano está estriado deliberadamente de forma longitudinal, mientras que en otras ocasiones mantiene atada una correa que en sus extremos penden dos pequeños discos de cerámica. En otros casos presenta una cuerda hecha de tendones de animal que mantienen un apretado nudo en los extremos del arma (Fig. 10). Estos aspectos técnicos del arma ha sido motivo de discusión. Por mi parte estoy de acuerdo con la posición de que las correas atadas al implemento bien pueden haber fungido como medidas para ejercer un vuelo uniforme en el momento de ser lanzados, mientras que las estrías y las cuerdas confeccionadas de tendón tuvieron fines de refuerzo:
La función y probable uso de estos artefactos de madera ha sido muy discutida. Tomando en consideración todos los diversos sitios en que han sido hallados, muestran una extraordinaria homogeneidad y persistencia en cuanto a forma y características fundamentales. Casi todos son segmentados de madera, tallados hasta darles una sección aplanada, de ligera curvatura sencilla (o bien, doble, en forma de “S”) y con tres o cuatro ranuras longitudinales y paralelas, grabadas en ambas caras planas del implemento. Estas estrías constituyen una de sus peculiaridades más constantes, y a veces se encuentran interrumpidas a intervalos regulares. En muchas ocasiones se encuentran reforzados por ataduras de tendón en distintos puntos, aplicadas indudablemente para evitar cuarteadoras a lo largo. Los extremos son generalmente redondeados o cortados en ángulo recto, y en algunos casos excepcionales, terminados en punta. A veces tienen una escotadura o garganta cortada anularmente en uno de los extremos, y que puede haber servido para atar en ella una correa que, llevada alrededor de la muñeca, permitía transportar el instrumento con mayor facilidad (Aveleyra 1956: 139).
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A partir de las diferentes formas que conserva el palo conejero y la diversidad de características que presentan, debemos de agregar que muchos de ellos estaban adornados con pintura, simulando serpientes u otros elementos simbólicos que muy posiblemente estén conectados a cuestiones religiosas o mágicas, pues armas como el boomerang y el propulsor han llegado a tener un valor simbólico, siendo parte de la vida ritual y ceremonial de los pueblos que vieron en estos instrumentos más allá que meras herramientas de sustento.