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El papel de la rememoración para la constitución de la identidad de objetos

CAPÍTULO II. La estructura esencial de las vivencias intencionales y las sensaciones como sus factores

3.2 Modos de aparecer temporales de los objetos La constitución temporal de objetos

3.2.4 El papel de la rememoración para la constitución de la identidad de objetos

Es tiempo de volver al problema que inauguró esta serie de apartados: cómo se constituyen objetos trascendentes temporales. Hasta ahora se han destacado dos elementos necesarios para la constitución temporal: los modos decursivos de la conciencia y la unidad indivisa conformada por impresión originaria y retención. Estas son dos condiciones sin las cuales no puede haber conciencia de unidades trascendentes duraderas ni, tampoco, unidades inmanentes.

Cualquier vivencia, sea del grado de complejidad que se quiera, es duradera, y al igual que un objeto trascendente mundano, se constituye en “fases”, de las cuales una es actual, en tanto que las ya transcurridas son conscientes en retención. Ahora bien, si las fases objetivas se dan en modos de orientación temporal (modos decursivos), surge la dificultad de que si afirmamos con Husserl que “el «objeto en el modo decursivo» es siempre, en esta mudanza, uno distinto”158, no se ve cómo es que se tiene conciencia unitaria de un objeto en su transcurrir

temporal, esto es, cómo podemos identificar y reidentificar objetos en el fluir de la conciencia

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si están en una continua mudanza temporal. Puesto que aquí se pregunta por identidad a través del tiempo, es conveniente primero hablar de la identidad en general.

El problema de la identidad encuentra un primer esclarecimiento fenomenológico provisional en las Investigaciones lógicas. Como tuvimos oportunidad de señalar en su momento159, Husserl llama identidad objetiva al correlato del acto denominado unidad de

cumplimiento significativo. Este acto tiene lugar cuando la intuición da directamente el objeto que la intención significativa mienta simbólicamente, cuando, por decirlo de algún modo, reconocemos con evidencia que el objeto al cual nos dirigimos intencionalmente es algo más que mera mención vacía (simbólica-significativa), reconocimiento que está motivado por tener el objeto como tal frente a nosotros, “en carne y hueso”. Ahí tenemos un proceso de identificación entre el objeto meramente significado y el objeto que intuimos, y decimos: “coinciden la significación y el objeto”, “hay cubrimiento entre ellos”, o simple y llanamente “son reconocidos como lo mismo”.

En esta unidad de cumplimiento el objeto se presenta tal cual lo mienta la significación, pero el cumplimiento de una significación no es desde luego el único caso de cumplimiento. En su momento expusimos160 que la relación esencial entre intención y cumplimiento, entre

intención vacía e intuición, no se restringe a la esfera de la significación sino que se ensancha hasta donde quepa hablar de actos o vivencias intencionales. De este modo, podía considerarse el deseo incumplido como mención vacía de lo deseado, mientras que la satisfacción del deseo (esto es, la presencia directa o “en persona” de lo deseado) sería el cumplimiento del deseo o su plenificación intuitiva.

No obstante sus diferencias específicas subyace un núcleo común en el caso del cumplimiento de una significación y el de un deseo: en ambos se da una sola cosa, pero su modo

de darse es distinto. Tanto en el mero significar como en el deseo incumplido el objeto está ausente, se “da” simbólicamente, en cambio en la intuición del objeto significado y deseado está el objeto idéntico “en persona”.

159 Cf. el apartado 1.6. 160 Cf. el apartado 1.6.

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Como se puede ver por los dos ejemplos analizados, la identidad se da como resultado de un tránsito de una mención inintuitiva a una mención intuitiva, a una intuición propiamente dicha, sin embargo esto no siempre ocurre así. Piénsese por ejemplo en cualquier caso de percepción de un objeto mundano. Cuando lo hacemos girar o damos vuelta alrededor de él alcanzan plenitud lados que antes no eran vistos, sin embargo en esta mudanza de datos de sensación no vemos cosas distintas sino nuevos aspectos del mismo objeto. Aquí no tiene lugar un tránsito de una mención inintuitiva a una intuitiva pero sí puede hablarse de “ganancia intuitiva”, la experiencia que tenemos del objeto es más rica que antes. Podemos sostener entonces que la identidad de un objeto se obtiene como resultado de un proceso sintético de la conciencia donde hay ganancia de plenitud.

Esto es válido para cualquier caso de identidad, incluida desde luego la identidad temporal. Esta última la expone Husserl en el «Apéndice IV» de las Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo:

“la percepción de un objeto temporal puedo yo «repetirla», pero en la sucesión de estas percepciones se constituye la conciencia de la sucesión de dos objetos temporales iguales. Sólo en la rememoración puedo tener repetidamente un objeto idéntico, y es también en el recuerdo donde puedo constatar que lo antes percibido es lo mismo que lo después rememorado”161

El filósofo moravo comienza así haciendo un distingo importante. No es lo mismo llevar a cabo dos o más percepciones de un mismo objeto que tener conciencia de un objeto idéntico. En el primer caso tenemos una sucesión de percepciones que tienen en común el dirigirse a un mismo objeto, pero esto por sí solo no basta para dar la conciencia de un objeto idéntico, la cual en sentido estricto sólo se puede dar en la rememoración.

Por qué la rememoración y no la percepción es la que suministra la conciencia de un objeto idéntico encuentra su fundamento en el carácter re-productivo de la rememoración. Frente al flujo incesante del tiempo, donde rigurosamente hablando los objetos sólo pueden darse una vez, dado que el objeto en su modo de darse temporal se presenta a cada momento de manera distinta, la rememoración vuelve a “presentar” (re-presenta) el suceso pasado. Esto

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implica no solamente tener conciencia del mismo objeto o suceso temporal, lo cual como ya vimos tiene cabida igualmente en la sucesión de percepciones de un objeto unitario, sino también del modo de conciencia en que el objeto se nos dio originariamente. Cuando se rememora un objeto temporal, sea trascendente o inmanente, el objeto se vuelve a “presentar” con todas sus propiedades, incluidos sus caracteres temporales: su duración será la misma y el orden que ocupará en el continuo del tiempo será siempre el mismo, es decir, conservará en todo momento su lugar en el tiempo.

Husserl concluye así que “la identidad de objetos temporales es […] un producto constitutivo unitario de ciertas coincidencias identificadoras posibles entre rememoraciones”162. La identidad de un objeto temporal radicaría entonces en la posibilidad

de repetir libremente, por medio de la rememoración, la experiencia que tuvimos de él. Es sobre esta base que podemos tener ulteriormente una serie de percepciones separadas en el tiempo de un objeto y reconocerlo como el mismo163.

3.3 Constitución temporal de objetos inmanentes y la constitución del tiempo inmanente

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