• No se han encontrado resultados

Paradojas del sentido

UNA NUEVA TEORIA DEL SENTIDO: FANTASMOFÍSICA O PENSAMIENTO DEL ACONTECIMIENTO Y DEL FANTASMA.

2. LOGICA DEL ACONTECIMIENTO Y DEL FANTASMA: UNA TEORIA DEL LENGUAJE.

2.2 Paradojas del sentido

Si la obra fantástica de Carroll posee tanta importancia para nuestro autor es

precisamente porque mientras la obra lógica se refiere indirectamente al sentido, la obra fantástica, en cambio, concierne inmediatamente a él, lo hace aparecer por sí mismo, desplegando el círculo entero a lo largo de la frontera entre proposiciones y cosas. El estatuto complejo que posee el sentido como frontera, y articulación de las proposiciones y las cosas, se desarrolla en una nueva serie de paradojas interiores al propio sentido:

A) Paradoja de la regresión o de la proliferación indefinida.

El sentido está siempre presupuesto cuando se comienza a hablar, de tal forma que cuando se habla no se “dice” el sentido de lo que se dice 206. Pero, en cambio, siempre se puede tomar el sentido de lo que se dice como objeto de una proposición de la cual a su vez no se dice el sentido. Se entra entonces en una regresión infinita de lo

presupuesto. Esta regresión demuestra, según Deleuze, una gran impotencia del que habla y a la vez la máxima potencia del lenguaje: el poder para hablar sobre las palabras.

La paradoja de la proliferación indefinida o de la regresión consiste en lo siguiente: dada una proposición que designa un estado de cosas, se puede siempre tomar su sentido como lo designado de otra proposición. Si considerarnos la proposición como un nombre, entonces se puede decir que todo nombre que designe un objeto puede ser él mismo objeto de un nuevo nombre que designe su sentido: dado n1 , remite a n2, que designa su sentido y este a n3 . . . Esta proliferación infinita de las entidades verbales se reconoce como la paradoja de Frege. Para Deleuze es también la paradoja de Carroll. B) Paradoja del desdoblamiento estéril o de la reiteración seca.

Hay un medio de evitar la regresión al infinito: fijar la proposición, inmovilizarla, justo al tiempo de extraer su sentido, como una fina película en el limite de las cosas y las palabras. Extraído de la proposición, el sentido es independiente de ésta, puesto que suspende su afirmación y negación, y, por tanto no e más que un doble evanescente: exactamente, la sonrisa sin gato de Carroll.

C) Paradoja de la neutralidad o del tercer estado

206 Wittgenstein, L.: Tractatus-Lógico-Philosophicus. proposición.3.332: “Ninguna

proposición puede decir nada de si misma porque el signo proposicional no puede estar contenido en si mismo (ésta es toda la “Teoría de los tipos”) p.63 Ed. Alianza. Madrid. 1973.

Esta paradoja se desprende necesariamente de la anterior. Porque si el sentido en tanto que doble de la proposición es indiferente a la afirmación y negación, entonces de ningún modo la proposición puede afectarlo. El sentido sigue siendo el mismo para proposiciones que sé opongan según la cualidad, la cantidad, la relación o la modalidad. Pues todos estos aspectos conciernen exclusivamente a la designación, pero no al sentido y a la expresión.

Para explicar como hay que entender la neutralidad del sentido respecto de los modos de la proposición por los que no se ve afectado, Deleuze recurre a la distinción de los tres estados de la esencia de Avicena. Según el filósofo persa la esencia es universal respecto del intelecto que lo piensa en general; singular respecto de las cosas particulares en que se encarna. Pero ninguno de estos estados es la esencia misma, “animal non est nisi animal tantum” animal no es otra cosa que animal. Deleuze interpreta esta distinción de la siguiente manera: el primer estado de la esencia es la esencia en tanto que significada por la proposición en el orden del concepto. El segundo estado, es la esencia en tanto que designada por la proposición, y el tercer estado es la esencia en tanto que expresada, es decir, en tanto que sentido. El sentido es, pues, indiferente a lo universal y lo particular, a la afirmación y a la negación, a lo colectivo y lo privado: “En una palabra indiferente a todos los opuestos”. Indiferente a todos los opuestos, porque es todo a la vez, es el acontecimiento como devenir mismo en su afirmación, siempre más acá y más allá de toda reconciliación.

C) Paradoja de lo absurdo o de los objetos imposibles.

Ahora bien, si el sentido es independiente de las modalidades de la proposición, entonces las proposiciones que designan objetos contradictorios tienen también un sentido. No tienen significación, es decir, son absurdas. Pero no por ello deja de tener un sentido. Las proposiciones que designan objetos contradictorios, cuadrado-redondo, materia-inextensa, son absurdas porque no designa nada real ni posible, son imposibles. Sin embargo, lo que importa aquí a Deleuze es señalar que no debe ser identificado las nociones de absurdo y sin sentido. Los objetos imposibles no son sinsentidos, por el contrario son “objetos sin patria, en el exterior del ser, pero que tiene una posición precisa y distinta en el exterior: son del extra-ser, un estado de cosas”207 . Habría por tanto, que añadir a lo real, materia de las designaciones, a lo posible, forma de las significaciones, el extra-ser.

207

La organización serial y el elemento paradójico.

El sentido ha sido definido como un efecto de superficie producido por los cuerpos, inmanente, pero al mismo tiempo independiente de aquello que lo produce, se podría decir transcendente. El sentido en cuanto independiente de los cuerpos o incorporal él mismo es también paradójicamente condición de la producción de aquello en lo que se encarna o aparece, proposiciones y cosas, constituye la frontera entre las proposiciones y las cosas, es por tanto transcendental.

El sentido es transcendental, pero no constituye un “significado transcendental”, producido por un acto pues de una conciencia pura, sino un “significante primordial”, producido por un elemento paradójico, siempre desplazado. El sentido tal como lo entiende nuestro autor, es el resultado de las posiciones y relaciones diferenciales de los elementos de la estructura, su ser mismo es la diferencia, pues no existe fuera de las relaciones diferenciales.

Ahora bien, aquello que hace que una estructura funcione es su organización serial: “Se debe constatar solamente que toda estructura es serial, multiserial, y no funcionaría sin esta condición” 208. Por esta razón Deleuze para hablar acerca del sentido ha de utilizar la forma serial (la propia organización del libro), al tiempo, que ha de mostrar cómo se constituye y están formadas las series referentes al tema complejo del sentido.

En primer lugar, volviendo a las paradojas internas al sentido, la de la regresión infinita, que es la más importante, pone ya de manifiesto este carácter serial: cada nombre designado tiene un sentido que ha de ser designado por otro nombre, n1, n2, n3, n4... Esta forma seriada efectúa, según Deleuze, una síntesis de lo homogéneo, pues cada nombre sólo se distinguirá del precedente por su rango o grado. Conforme a la teoría de los “tipos”, cada nombre que designa el sentido de otro anterior, es superior a ese nombre. Sin embargo, si consideramos lo que alterna en esta sucesión, cada nombre una vez es tomado por lo que designa, y otra por lo que expresa. La ventaja de Carroll frente a Russell estribaría precisamente en hacer aparecer esta diferencia de naturaleza. La forma serial produciría entonces una síntesis de lo heterogéneo. Es más, según Deleuze, la forma seriada se realiza necesariamente en la simultaneidad de al menos dos series . Toda serie única de términos homogéneos subsume, necesariamente, dos series

heterogéneas. Por tanto la forma seriada es esencialmente multiserial.

Así hemos visto que el sentido era presentado siempre según dos series: una serie de

208

Deleuze, G. : “¿En qué se reconoce el structuralismo?” p.585 recogido en Historia de la Filosofía. Tomo IV de Chatelet. .

acontecimientos y una serie de cosas de la que estos acontecimientos se efectúan; o bien la serie de las proposiciones y la serie de las cosas; o bien una serie de expresiones y sentido y una serie de designaciones y de designados. Pero estas variaciones no son importantes, pues como nos recuerda nuestro autor, es una sola y misma dualidad la que pasa “por fuera entre los acontecimientos y los estados de cosas; por la superficie entre las proposiciones y los objetos designados, y por el interior de la proposición entre las expresiones y las designaciones”209.

Por tanto la organización de las series puede variar, pero han de someterse siempre a una condición o ley: la de que las dos series simultáneas no pueden ser nunca iguales. Una representa el significante, otra el significado. Estos dos términos poseen en Deleuze una acepción particular. Por significante Deleuze entiende todo signo en tanto que representa en sí mismo un aspecto cualquiera del sentido; y por significado lo que sirve de correlato a este aspecto del sentido. Así, el significante es, en primer lugar, el acontecimiento en tanto que atributo lógico ideal de un estado de cosas, y el significado es el estado de cosas con sus cualidades y relaciones reales. En segundo lugar, el

significante es el lenguaje mismo o la proposición en tanto comporta dimensiones de designación, manifestación y significación; y el significado es el correlato de estas dimensiones, es decir, el concepto, el sujeto manifestante y la cosa designada.

Finalmente el significante es la única dimensión de expresión que posee el privilegio, de no tener ningún correlato independiente como sucede con la significación, de

designación o manifestación, pues el significante como sentido no existe fuera de la expresión. Y entonces lo significado es ahora la proposición misma en tanto que el sentido o lo expresado se distingue de ella. Habría que decir, pues, que significante y significado son corno las dos caras de una misma moneda, el derecho y el revés de una página en blanco, que se distingue por lo que las llena, que en si mismas son iguales pero siempre diferentes.

La homogeneidad de las series es siempre una apariencia, entre ellas y al interior de ellas existe siempre esa diferencia irreductible sobre la cual se constituye.

Ahora bien, según Deleuze, en términos generales son tres los caracteres que permiten precisar la relación y distribución de las series. 1) Los términos de toda serie están en perpetuo desplazamiento en relación a los de la otra. 2) Se da por tanto entre las series un constante desequilibrio, porque una de las dos series, la determinada como

209

significante, presenta un exceso sobre la otra; siempre hay un exceso significante de por medio y 3) lo que asegura el desplazamiento relativo de las dos series y el exceso de una sobre otra es una instancia muy especial y paradójica, que no se deja reducir a ningún término de las series, a ninguna relación entre estos términos. Por ejemplo, la carta, según el comentario que hace Lacan del relato de Edgar Poe.

Deleuze pone como ejemplos de esta organización serial, la lectura de Lacan del relato de Poe y le parece que autores como Joyce, R. Roussel, Robbe-Gaillet, Klosowski o Gombrowicz son sin duda autores de técnicas seriales de un formalismo-ejemplar. Sin embargo es a Lewis Carroll a quien considera “el explorador, el instaurador del método serial en literatura”, tal vez debido a su condición de lógico y literato. Por ello, es a su obra a la que recurre para exponer su teoría acerca de los tres tipos de síntesis en las que la diferencia o el sentido se expresan.

Deleuze encuentra en la obra de Carroll cuatro procedimientos de desarrollos en series: 1º Dos series de acontecimientos con pequeñas diferencias internas, reguladas por un extraño objeto. Por ejemplo, el accidente del ciclista en Silvia y Bruno.

2º Dos series de acontecimientos con grandes diferencias internas aceleradas, reguladas por proposiciones o al menos por ruidos, onomatopeyas. Por ejemplo las series sueño- realidad de Silvia y Bruno. La comunicación entre las series suele estar asegurada por una proposición que comienza en una y acaba en otra o por una onomatopeya o ruido de la que participan las dos.

3ºDos series de proposiciones (o bien, proposiciones o expresiones puras y

significaciones) con gran disparidad reguladas por una palabra esotérica, Snark por ejemplo.

4ºSeries de gran ramificación, reguladas por palabras-valija y constituidas si es necesario por palabras exotéricas de otro tipo.

De entre estos cuatro procedimientos nuestro autor se detiene especialmente en los dos últimos, pues en ellos la divergencia y la disparidad está más presente. Lo destacable de ambos es que los elementos que ponen en comunicación las series las palabras

esotéricas elementos paradójicos que por distintos medios incluyen en sí la diferencia. Las palabras esotéricas utilizadas por Carroll son de diferentes tipos, y no sólo tienen pues función conectar y coordinar las series sino también introducir en ellos

disyunciones, tal es el caso de las palabras-valija (mots-valises). Se pueden distinguir tres tipos de palabras esotéricas que a su vez ponen tipos de síntesis de series:1)

proposición o de un conjunto de extraer su sentido compuesto (síntesis de contracción o conexión) por ejemplo, en Silvia y Bruno “y ‘reince” en lugar de Your royal Highnces. 2) Circulantes, que efectúan una síntesis de coordinación entre dos series heterogéneas (síntesis conjunción). Ejemplo básico es la palabra Snark, que circula a través de dos series, una alimentaria y otra semiológica. 3) Disyuntivas o palabras-valija, que efectúan una ramificación infinita de las series coexistentes y actúan sobre las palabras y los sentidos, y también sobre los elementos silábicos y semiológicos (síntesis de disyunción o de ramificación). Ejemplo de estas son: “fumioso’ (fumeante y furioso), o “Rilchiam” (William o Richard). Esta última síntesis es, sin duda, la más importante, pues, en ella se expresa la diferencia de forma totalmente afirmativa, se afirman los dos sentidos a la vez. Se trata de una disyunción inclusiva, de una síntesis de lo diferente en la que el sentido alcanza su expresión más perfecta.

El tema de las palabras esotéricas y sobre todo de las palabras-valija, nos conduce al centro mismo de la cuestión acerca de la producción del sentido, es decir, acerca de esa instancia paradójica, que recorre las series y las pone en comunicación.

Recordemos brevemente cuáles son los caracteres que definen este elemento paradójico. En primer lugar es un elemento que no cesa de circular, perpetum móbile, siempre desplazado, que falta a su propia identidad. En segundo lugar, tiene como función recorrer las series heterogéneas, por una parte haciéndolas resonar y converger y, por otra, ramificándolas e introduciendo en ellas disyunciones múltiples. En tercer lugar, es palabra=x y objeto=x. Es una instancia doble puesto que pertenece simultáneamente a las dos series, la significante y la significada. Como tal está siempre en relación de asimetría y desequilibrio respecto de las series, por ello para designarla Deleuze ha utilizado parejas variables como por ejemplo: exceso y defecto, casilla vacía y objeto supernumerario, sitio sin ocupante y ocupante sin sitio, significante flotante y

significado flotado…etc. Así por ejemplo Snark es una palabra inaudita en una serie pero también un monstruo invisible en otra; palabra en una serie y cosa en otra. Esta instancia paradójica en el orden de la Lógica del sentido adquiere la figura del sinsentido. Y ello por dos motivos:

1) Porque es palabra y cosa a un tiempo. Es decir, es una palabra que designa

exactamente lo que expresa y expresa lo que designa. En una sola vez, dice algo y dice el sentido de lo que dice: dice su propio sentido. Pero como la ley de todos los nombres

con sentido es que su sentido sólo puede ser designado por otro nombre (n1, n2, n3). “El nombre que dice su propio sentido tienen que ser por fuerza un sinsentido (Nn)”210. La misma palabra “sinsentido” es un ejemplo de lo dicho.

2) Porque se expresa en palabras que contienen en sí términos alternativos, cada uno de cuales designa el sentido del otro, o expresa la otra parte que la designa a su vez. Es el caso de las palabras-valijas (fumioso=fumeante y furioso &furioso y fumeante). También aquí la palabra dice su propio sentido, y es por ello un sinsentido. La segunda ley de los nombres dotados de sentido era que su sentido no puede determinar una alternativa en la que entran ellos mismos.

El sinsentido tiene, pues, dos figuras, una que corresponde a la síntesis regresiva y otra a la síntesis disyuntiva.

El sentido mantiene de este modo una relación interna con el sinsentido que no es simplemente de exclusión.

Deleuze, de una forma totalmente falta de claridad y explicación, mantiene que es el sinsentido quien somete a las palabras normales dotadas de sentido a esas leyes que no se aplican a él, operando así sobre ellas determinaciones de significación. La

determinación del significado se deriva del cumplimiento de la ley de la regresión y de la ley disyuntiva, que remiten las palabras y proposiciones a conceptos, propiedades o clases. Sobre este punto Deleuze no es en absoluto explicito, tal vez porque serlo la obligaría a otro tipo de reflexión, puramente lógica, que no le interesa.

Lo que a Deleuze le interesa es dejar claro que es el sinsentido el que produce la donación de sentido . Es decir, que el sentido es puro efecto, producido por la

circulación de esa palabra=x, objeto=x que hace resonar los series heterogéneas, puro efecto de posición, resultado de elementos que no son en sí mismos significantes. Así que existe en profundidad un sinsentido del sentido, del que resulta el propio sentido. El sentido es siempre un resultado, un efecto: no sólo un efecto como producto sino un efecto de óptica, un efecto de lenguaje, un efecto de posición. Puro simulacro en cuyo fondo se desvela el puro devenir, puro efecto de superficie, sin raices, puro reflejo de espejo, no ilusión, sino extra-ser. Semejantes efectos suelen ser designados con un nombre propio, sobre todo en física, efecto Kelvin, efecto Telemann. Deleuze llega al descubrimiento del sentido como efecto incorporal, “efecto Crisipo” o “efecto Carroll”. El sinsentido no es identificable con la ausencia de sentido. El sinsentido carece de

210

sentido particular, lo que no significa que se oponga al sentido sino que, por el

contrario, produce el sentido corno un exceso. Dice Deleuze: “El sinsentido es lo que no tiene sentido, y a la vez lo que, como tal, se opone a la ausencia de sentido al efectuar la donación de sentido. Esto es lo que hay que entender por sinsentido” 211.

Quizás sirva como aclaración en este punto establecer un breve paralelismo entre la filosofía de Wittgenstein y estas afirmaciones deleuzianas acerca del estatus del sinsentido. En el Tractatus se pueden distinguir tres tipos de proposiciones: las que tienen sentido, proposiciones de la ciencia, las que carecen de sentido, tautologías y contradicciones (5.142). Por último, las que hablan del sentido, las propias

proposiciones del Tractatus, que dan sentido a las proposiciones elementales, y que son por tanto, sinsentidos, en tanto que hablan de lo que no se puede hablar: “dicen su sentido”. Habría que decir igualmente que las propias proposiciones de la Lógica del sentido, son sinsentidos, en tanto que pretenden decir el sentido.

Sin embargo, no es en Wittgenstein sino en el estructuralismo donde Deleuze encuentra su modelo de producción de sentido. La estructura es la máquina de producir sentido incorporal, que él mismo utiliza. Y es en el estructuralismo donde mejor se muestra la