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La repetición material o desnuda: Primera síntesis del tiempo.

La representación no dispone de ningún criterio positivo para distinguir la repetición del orden de la generalidad, la semejanza o la equivalencia. Sin embargo la repetición no es la generalidad. Entre la repetición y la generalidad existe diferencia de naturaleza.

Generalidad y repetición se oponen desde dos puntos de vista:

1) Desde el punto de vista de la conducta: la genralidad como conducta concierne al cambio y sustitución de particulares por una equivalencia o semejanza perfectas. La repetición, por el contrario, concierne a una singularidad insustituible e incambiable. “Repetir es funcionar, pero por relación a algo único o singular, que no tiene semejanza o equivalente ”.69

La distinción entre dos tipos de lenguaje, el de la ciencia donde cada término puede ser reemplazado por otros y el de la lírica en la que cada término, irreemplazable, solamente puede ser repetido, esclarece la oposición entre repetición y generalidad. 2) Desde el punto de vista de la ley: la generalidad constituye el ámbito propio de las leyes. La ley determina la semejanza de los sujetos y la equivalencia de los términos de la ley, por tanto, la ley hace imposible la repetición. Es más si la repetición se produce es contra la ley, contra la forma semejante y el contenido equivalente de la ley. Si la repetición existe expresa un extraordinario, contra lo ordinario, una singularidad contra lo general, una instantaneidad contra la variación…”Por todos los conceptos, la

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repetición es la transgresión. Ella pone en cuestión la ley, denuncia su carácter nominal o general, en provecho de una realidad más profunda y más artista”. Ni la ley de la naturaleza ni la ley moral pueden hacer la repetición posible, pues también la ley moral nos deja en la generalidad, generalidad del hábito como segunda naturaleza.

Existen, dice Deleuze, no obstante dos maneras de invertir la ley moral que hacen posible la repetición, una irónica y otra humorística. La irónica consiste en el movimiento que lleva a sobrepasar la ley hacia un principio más alto, para no reconocer a la ley más que un poder de segunda mano, vicario o derivado. La humorística, por su parte, hace descender la ley a sus consecuencias. Sade y Masoch representan los dos grandes intentos de una impugnación, de una inversión total de la ley. Sade por la vía de la ironía, Masoch por la del humor. En Sade la ley es superada hacia un principio, que no es la idea de un Bien que la funda, sino la idea de un Mal que la invierte. Inversión del platonismo e inversión de la ley misma.70 La repetición, por tanto, en ambos casos es excepción, transgresión que manifiesta siempre una singularidad original que no es reductible a los casos particulares, sometidos a la ley, singularidad que en su repetición deviene lo más universal, contra las generalidades que hace la ley.

Las filosofías de Kierkegaard y Nietzshe también han profundizado en la idea de repetición frente a la de generalidad. Deleuze encuentra varios puntos de coincidencia entre ambos filósofos: 1º Ambos hacen de la repetición algo que entraña en sí mismo novedad, ligándola a una prueba selectiva, que implica a la libertad. 2º Ambos oponen la repetición a las leyes de la naturaleza. Kierkegardd, bajo el nombre de repetición estética condena cualquier esfuerzo por obtener la repetición de las leyes de la

naturaleza. Nietzshe aunque descubre la repetición en la Physis misma no la equipara en ningún momento al orden de la ley, ella tiene que ver con una potencia más profunda y superior a la naturaleza. El eterno retorno se opone a toda hipótesis clásica. 3º Uno y otro oponen la repetición a la ley moral. En kierkegaar encontramos que tanto Job como Abraham suponen la inversión de la ley, el primero de manera irónica y el segundo humorística. La repetición es el logos del solitario, del singular y cínico. En Nietzsche la ética es también suspendida en beneficio de un pensamiento extramoral. 4º Finalmente, ambos oponen la repetición no solo a las generalidades del hábito sino también a las particularidades de la memoria. Kierkegaard opone la concepción pagana del recuerdo la concpción cristiana de la repetición. En Nietzsche la repetición hace del

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Olvido una potencia positiva, el olvido forma parte integrante del eterno retorno. La repetición expresa una instantaneidad y una eternidad contra la variación y la permanencia.

Estos dos autores coinciden en la aportación de nuevos medios de expresión para el tratamiento de una cuestión fundamental: el movimiento. Los dos se oponen a la concepción hegeliana del movimiento, como movimiento lógico y abstracto, es decir, como mediación. 71 Ambos intentan expresar el movimiento a través de signos directos que sustituyan a las representaciones mediatas, a través de saltos, danzas, imágenes o narraciones pasionales que alcancen directamente al espíritu.

Este modo de proceder los pone, según Deleuze, en relación con los hombres de teatro, con la puesta en escena. Ellos no hacen un teatro filosófico, sino que inventan en la filosofía un increíble equivalente del teatro. Tanto el caballero de la fe de

Kierkegaard, como el Zaratustra de Nietzsche son concebidos en el ámbito filosófico pero también para la escena. Ambos pretenden llenar el vacío interior de la máscara con la puesta en escena: teatro de la fé y teatro de la crueldad.

El teatro constituye entonces el lugar del movimiento real, donde la esencia del movimiento se expresa como repetición, no como oposición ni mediación. Concluye Deleuze: “ El teatro de la repetición se opone al teatro de la representación, como el movimiento se opone al concepto y a la representación que lo realaciona con el concepto. En el teatro de la repetición se experimenta con fuerzas puras, traazados dinámicos en el espacio que actua sobre el espiritu en la naturaleza y en la historia, una lengua que habla antes de las palabras, de los gestos que se elaboran antes de los cuespos organizados, de las máscaras antes que de las caras, de espectros y de fantasmas antes que de personajes. Todo el aparato de la repetición como potencia terrible”72

3) Desde el punto de vista del concepto o de la representación.

Llamamos representación a la relación del concepto y de su objeto. La cuestión que Delueze se plantea aquí es la siguiente: ¿puede el concepto ser “de iure” el de una cosa particular existente, teniendo en tal caso una comprensión infinita?

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Kierkegaard, S. La repetición.,p.160. Ed Guadarrama. Madrid 1976. “ La repetición es la nueva categoría que hay que descubrir. Es invreible que en el sistema hegeliano se haya hecho tanto ruido en torno a la mediación y que , bajo esa misma enseñanza, gozen de honor y gloria las chácharas

descabelladas del inmenso coro de sus prosélitos”.

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El concepto puede sufrir dos tipos de bloqueo, uno artificial o lógico y otro natural, con el fin de mantener la forma de lo Mismo o la identidad en el concepto.

El bloqueo lógico se produce al nivel de las determinaciones o de los predicados que comprende. Lo propio del predicado como determinación es permanecer fijo en el concepto, convirtiéndose en otro en la cosa (“animal” se convierte en otro en

“hombre” y en “caballo”, “humanidad” se convierte en otra en Carlos o Juan.) Pero la limitación lógica del concepto consiste en dotarlo de comprensión infinita “de iure” al tiempo que de una generalidad tal que ningún individuo existente le puede corresponder aquí y ahora. Así al permanecer general cada determinación se deja el mayor juego posible a la comprensión de las semejanzas.

El concepto es, pues, constituido de tal forma que su comprensión es infinita en su uso real, pero está siempre sujeta a un bloqueo artificial en su uso lógico. Existe otro tipo de bloqueo del concepto que no remite a la simple lógica, sino a la lógica

trascendental o dialéctica de la existencia. Se trata del boqueo que Deleuze denomina natural.

El bloqueo natural del concepto nos permitirá distinguir la repetición de la simple semejanza, ya que consiste en que a un concepto absolutamente el mismo le correspondan en la existencia objetos diferentes, puesto que se dice que las cosas se repiten cuando difieren bajo un concepto absolutamente el mismo y no relativamente el mismo.

El bloqueo natural se produce en tres casos: 1º) En los conceptos de comprensión finita:

Cuando un concepto de comprensión se ve forzado a pasar como tal a la existencia, entonces se produce una verdadera repetición en la existencia. Pero aquí la repetición no constituye ya un orden de semejanzas en el pensamiento, una generalidad, como

potencia lógica del concepto sino que testimonia más bien la impotencia o el límite real del concepto.

Estos conceptos finitos son conceptos nominales. Las palabras poseen una comprensión necesariamente finita, puesto que son por naturaleza objetos de una definición solamente nominal, con un número finito de palabras.

2º) En el caso de los conceptos de comprensión indefinida:

Es el caso en el que un concepto persigue indefinidamente su compresión, al tiempo que comprende una pluralidad indefinida de objetos. Sin embargo el concepto es el Mismo, indefinidamente el mismo, para objetos distintos. Se debe entonces reconocer la

existencia de diferencias no conceptuales entre estos objetos (paradoja de los objetos simétricos). La repetición aparece aquí como la diferencia sin concepto, que se sustrae a la diferencia conceptiual indefinidamente continuada. Esta repetición expresa una potencia propia de lo existente, una terquedad de lo existente en la intuición que se resiste a toda especificación por el concepto, por muy lejos que este llegue.

Estos conceptos de comprensión indefinida son los conceptos de la Naturaleza. No están en la Naturaleza sino en el espíritu que la contempla, observa o representa. Por ello, se dice que la Naturaleza repite, porque está desprovista de memoria, es decir, que no posee ni reconoce sus propios momentos.

3º) Finalmente se produce un bloqueo natural en el caso de los conceptos de la libertad: Desde el punto de vista de un cierto freudismo, Deleuze retoma la idea de la represión, de la resistencia como el tipo de bloque propio de la razón natural misma. De este modo existiría una releción inversa entre repetición y conciencia, repetición y rememoración, repetición y reconocimiento. Lo que le falta a una razón natural determinada es el para- sí de la conciencia, el reconocimiento. Lo que le falta a la memoria es la elaboración o rememoración (paradoja freudiana de los “sepulcros” o de los objetos enterrados). Freud nos dirá: “…lo que ha permanecido incomprendido retorna; como alma en pena, no descansa hasta encontrar solución y liberación”.73

Estos tres casos de bloqueo natural nos remiten siempre a la forma de la

identidad en el concepto, a la forma de lo Mismo en la representación para dar cuenta de la repetición. Esta determinación de la repetición por la identidad tiene una importante consecuencia, a saber: que la repetición sólo puede ser pensada en forma negativa o por defecto.

En el primer caso, el lenguaje repite porque las palabras no son reales, tienen una definición meramente nominal. En el segundo caso, la naturaleza repite porque la materia no tiene interioridad, porque no es más que “partes extra partes”. En el tercer caso, el inconsciente repite porque se ha reprimido, porque el ello no tiene

rememoración, reconocimiento ni conciencia de sí. En definitiva, se repite siempre en función de lo que no es y de lo que no se tiene. Se repite porque no se comprende. Por ello, observa Deleuze que en la representación las fuerzas que aseguran la repetición sólo pueden ser determinadas negativamente.

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Así pues, la representación también deforma la repetición al representarla como una diferencia sin concepto y siempre bajo el presupuesto de un concepto idéntico, ya que hay repetición siempre que las cosas se distinguen en número, en espacio y en tiempo, siendo su concepto el mismo para todas ellas.

La repetición, como diferencia sin concepto, no sólo se define por relación a la identidad absoluta de un concepto, sino que ella misma ha de representar, de alguna manera, ese concepto idéntico. Es decir, la repetición como expresión de la

multiplicación de la división del concepto en cosas absolutamente idénticas, se

convierte ella misma en modelo para toda otra repetición. Este modelo de repetición se confunde con la pura materia en tanto que la materia realiza ese estado del concepto fuera de sí. De tal modo que la repetición material y desnuda, la repetición de lo mismo, se constituye en modelo extrínseco respecto del cual todas las otras repeticiones serán derivadas o segundas. La materia física da así a la repetición su sentido primero y los otros sentidos (psíquico, biológico, metafísico etc) se dicen por analogía.

Deleuze descubre que este modelo de repetición material y desnuda, esencial a la representación constituye el límite mismo de la representación, una antinomia de la representación. Ello es así porque este modelo, propiamente hablando, es impensable ya que la repetición que pretende ser conceptual sin embargo cae fuera del concepto, fuera de la representación misma. Por esto para poder representar la repetición se hizo

necesario pensar en la existencia de un espíritu repetidor, de un sujeto secreto donde realizarse la repetición.

La repetición va a poder ser representada pero bajo la condición de un alma contemplativa y contractiva no representativa.

B) Repetición espiritual o vestida: segunda síntesis del tiempo.

La repetición material o desnuda tiene, pues, su correlato en una repetición interior, espiritual o vestida, que va a ser determinada como Hábito.

La célebre tesis de Hume según la cual la repetición no cambia nada en el objeto que se repite, sino que algo cambia en el espíritu que lo contempla, nos conduce, para Deleuze, al corazón mismo del problema.

Hume planteó el problema de la repetición en relación al tema de la temporalidad y de la constitución del sujeto. Él supo ver que es el espíritu que contempla el que extrae (soutire) la diferencia de la repetición. Ese movimiento del espíritu se produce en la imaginación, capaz de extraer los casos, de retener uno cuando

el otro aparece, de contraer los instantes homogéneos en una impresión cualitativa interna. Esta operación de contracción no es una reflexión, “propiamente hablando forma una síntesis del tiempo”74 . La síntesis primera y originaria, que contrae los instantes sucesivos independientes unos de otros, constituye el tiempo como presente vivo y el pasado y el futuro como dimensiones de este presente. Sin embargo, esta síntesis constituyente no está hecha por el espíritu, se produce en el espíritu en el espíritu que contempla, es una síntesis pasiva, sobre la cual actuarán las síntesis activas de la memoria y del entendimiento. Para Deleuze esta síntesis pasiva no es otra cosa que el hábito al que se refería Hume, pues el hábito es en su esencia contracción.75

El hábito, según nuestro autor, ha de ser comprendido como contracción del pasado y del futuro en el presente, que se realiza en un espíritu que contempla. De tal forma que frente a la ilusión psicológica de que los hábitos se forman actuando, Deleuze opone la idea de que el hábito se forma en la contemplación. Bajo el yo que actúa hay pequeños yos que contemplan y que hacen posible la acción y el sujeto activo.

La síntesis pasiva se actualiza al nivel de las síntesis sensibles y perceptivas y constituye nuestra sensibilidad vital primera. Estas síntesis pasivas forman parte del organismo no solamente al nivel sensorio-motriz, sino también al nivel de las vísceras, pues todo organismo es una suma de contracciones, retenciones y esperas.

Desde otro punto de vista las síntesis pasivas explican nuestra relación con la necesidad y el placer. El placer es definido como el principio que rige nuestra vida psíquica en cuanto que existe una beatitud de las síntesis pasivas que consiste en la emoción que experimentamos contemplando (autosatisfacción). En cuanto al fenómeno de la necesidad, Deleuze considera que ha sido mal comprendido tradicionalmente al ser asociado con la falta o la o la carencia, desde el punto de vista de la acción y de las síntesis activas. Por el contrario, desde el punto de vista de las síntesis pasivas la

necesidad, hay que entenderla como extrema “saciedad” o como fatiga producida por el carácter intratemporal de estas síntesis. La fatiga constituye el momento en el que ya no se puede contraer lo que se contempla y es entonces cuando el presente que es el

resultado de la síntesis o contracción del pasado y el futuro ha de pasar. Precisamente la necesidad marcaría así los límites del presente variable. Por ello la repetición se halla esencialmente inscrita en la necesidad.

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Deleuze, G. op. cit. p. 97.

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Deleuze encuentra en esta teoría de las síntesis pasivas, como teoría de la multiplicidad de hábitos, contracciones, contemplaciones, satisfacciones y fatigas que nos componen, el primer elemento para un nuevo pensamiento de la subjetividad, del Yo, desde la perspectiva de su disolución frente a la identidad. Para él habría miles de yos, como sujetos larvarios, que formarían el sistema del yo disuelto.

El yo, por tanto, ya no será definido, al nivel de la sensibilidad, simplemente por la receptividad, salvaguardando así su identidad, sino que atravesando por la

temporalidad, será definido como un yo disuelto.

Deleuze reconocerá en el arte esta nueva imagen de la subjetividad, por ejemplo en los personajes de S. Beckett.

A través de la respuesta del empirismo al problema de la representación de la repetición, se llega al punto en el que es necesario ir más allá, pues es propio de la representación dar un fundamento de sí misma. En este punto Bergson tomará el relevo de Hume al penetrar en las profundidades y paradojas de una segunda síntesis del tiempo, la síntesis pasiva de la memoria o del pasado.

En efecto, el presente constituye el suelo de la representación, pero el pasado es el supuesto de toda representación, ya que sólo suponiendo un pasado en general se puede considerar que un antiguo presente, allí conservado, se encuentra representado en un presente actual.

Bergson ha dado así un paso más en la comprensión de la repetición al

profundizar en la idea de que la contracción no es sólo condición espiritual externa para la repetición material o desnuda, sino parte integrante, parte constituyente de lo que se contrae, sin la cual nada se repetiría en superficie. De esta forma todo cambia. La diferencia forma parte necesariamente, en profundidad, de la repetición superficial a la que se sustrae, y ello es posible porque según la hipótesis bergsoniana la contracción producida en la síntesis pasiva del hábito, o presente, no es sino el grado más contraído, el nivel más tenso de un pasado que coexiste consigo a todos los niveles de extensión y bajo todos los grados. Es decir, la repetición no es ya remitida a una repetición

elemental, sino que se halla entre grados o niveles de una repetición siempre total y