3. CONDICIONES PRECEDENTES DE LA CREACIÓN DE LA ESTRUCTURA DE
3.3 LA FORMACIÓN DE ESTRUCTURAS DE PARTICIPACIÓN DELIBERATIVA
3.3.2 Participación Deliberativa en las políticas de Salud
Hasta la década de los 80, el Estado no ofrecía asistencia médica pública, a no ser en casos especiales como tuberculosis, lepra y enfermedad mental. La salud era una responsabilidad privada del individuo y el Estado no intervenía con políticas que subsidiasen la oferta de servicios de salud.
De esa forma, las acciones del Ministerio de la Salud y de las Secretarías municipales y estaduales de salud se centraban en la ejecución de campañas sanitarias y en los programas específicos ya mencionados (tuberculosis, lepra y enfermedades mentales).
Para los trabajadores urbanos con relación de empleo formalizada existía la asistencia de la Seguridad Social (previdencia), por medio de los Institutos de Jubilaciones y Pensiones (IAPs), que les garantizaban asistencia médico-hospitalaria.
Entre 1967 y 1972, la previdencia pasó a tener función asistencial y redistributiva, aunque limitada a los trabajadores contribuyentes. Poco a poco, se tornaba evidente la tendencia a la ampliación de su alcance.
Los demás ciudadanos recibían asistencia sanitaria en los centros de salud pública, siempre que formasen parte del perfil de los programas: materno-infantil, tuberculosis, hanseniasis, etc. Los ciudadanos que no tenían una relación de empleo formalizada y que no podían costearse el servicio de atendimiento médico privado, no tenían ninguna seguridad de asistencia médica en caso de que precisasen. Para atender a esta gran parte de la población, se estructuró una red benéfica, sustentada principalmente por las iglesias, que prestaban servicio gratuito a la clase marginada por el Poder Público.
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A partir de 1966, los IAPs fueron centralizados en el Instituto Nacional de Previdencia Social (INPS). La prestación de servicios de asistencia médica por parte del Estado, pasó a ser, prioritariamente, contratada directamente con el sector privado.
Con eso, el gobierno pasó a ser el gran comprador de los servicios de salud de la red privada, remunerada por Unidad de Servicio (US). “En la medida en que los precios tabulados en la US eran bajos y en el ansia de hacer de la medicina una actividad lucrativa, los servicios inventaban pacientes o acciones” (ídem, ibídem).
Institucionalmente, el Ministerio de la Salud desempeñaba un papel secundario, con funciones dirigidas a los programas colectivos, y con presupuesto escaso, mientras que todas las actividades de prestación de asistencia médica estaban a cargo del Ministerio de la Seguridad Social.
En 1967, y como resultado de la IV Conferencia Nacional de Salud, surgió la propuesta del Plan Nacional de Salud (PNS) – conocido como Plan Leonel Miranda, que representaría la propuesta más privatizadora del Sistema de Salud brasileño.
El Plan pretendía la privatización de todos los hospitales públicos, en los cuales los servicios de salud serían subvencionados en parte por el gobierno, para volverlos más accesibles. El PNS llegó a ser implantado experimentalmente en algunas localidades, pero encontró resistencias en el propio gobierno, especialmente en el cuerpo técnico de la previdencia social.
Fue también en este período cuando se inició la transformación del enfoque de los problemas de salud, en lo que vendría a ser años más tarde la base teórica e ideológica del movimiento sanitario. El inicio del proceso tiene sus raíces a principios de los 60, en los Estados Unidos, a partir de la difusión del modelo de atención preventiva de la salud.
En Brasil, el discurso preventivo ganó fuerza en los departamentos de Medicina Preventiva (DMP), creados por ley en 1968, en todas las facultades de Medicina del país. La construcción de ese nuevo modelo de atención a la salud recibió estímulos también de la Organización Panamericana de Salud (Opas), que diseminó en los países de América Latina los programas de medicina comunitaria dirigidos a grupos más pobres, que contaban con la participación de la comunidad en su ejecución.
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Los programas de atención sanitaria experimentales desarrollados en los DMP’s eran utilizados como campo de práctica en la formación de los estudiantes de medicina, buscando crear una visión más “integral”, además de constituir alternativas viables a la creciente demanda de asistencia a la salud69.
Esos proyectos, inicialmente vinculados a la formación de profesionales de la salud, ultrapasaron ese ámbito constituyendo, en mayor o menor escala, propuestas de nuevos modelos de organización de la atención a la salud. ‘Cuestiones como regionalización, jerarquización, racionalización del uso de recursos (utilización de tecnología simplificada, delegación de funciones para auxiliares de salud), organización de los servicios de salud en el sentido de dirigirlos a la necesidad de salud de la población, democratización de los servicios por la participación popular, fueron incorporadas’ (Teixeira et al., 1988:59). (ESCOREL, 2008, p. 395).
El I Plan Nacional de Desarrollo (I PND), lanzado en 1974 mantuvo y resaltó las distinciones de competencias entre los Ministerios de la Salud y de la Seguridad Social, consolidadas en la Ley nº 6.229. El I PND, sin embargo, priorizó las acciones de salud colectiva del Ministerio de Salud, invirtiendo recursos en los programas.
Tales inversiones posibilitaron el surgimiento de espacios institucionales que viabilizaron la estructuración y articulación del movimiento sanitario, como el Centro Nacional de Recursos Humanos del Instituto de Investigación Económica Aplicada (CNRH/Ipea), la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep) y el Programa de Preparación Estratégica de Personal de Salud de la Opas (PPREPS/Opas). Este período vino marcado por la segmentación de corrientes ideológicas dentro del Ministerio de la Seguridad Social, y que sintéticamente podrían ser divididas en privatistas y publicistas.
En 1975, ante la V Conferencia Nacional de Salud, y estando con sus atribuciones restringidas a los programas colectivos de salud, el Ministerio de Salud procuró implementar programas de extensión de cobertura, teniendo como marco el Programa de Interiorización de las Acciones de Salud y Sanidad (Piass).
69 Conforme apunta Escorel (2008), los principales proyectos desarrollados en la época fueron: Proyecto Murialdo, desarrollado por la Facultad de Medicina de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRS), la creación de unidades de salud para integración docente-asistencial, de la Facultad de Medicina de la Universidad Estadual de Londrina, el programa de integración docente-asistencial, de la Facultad de Medicina de la UnB, en Sobradinho y Planaltina; los proyectos desarrollados en São Paulo por la Facultad de Ciencias Médicas de la Santa Casa de Salud de São Paulo, en conjunto con la Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo y por la Facultad de Medicina de la USP.
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Ante esa situación se inicia un movimiento a favor de la reforma del sistema de salud, que parte de la profundización de las discusiones propuestas por la Medicina Social, la cual defendía la idea de que “la salud del pueblo representa un objeto de inequívoca responsabilidad social y que las medidas para promover la salud y combatir la enfermedad deberían ser tanto sociales como médicas” (ROSEN, 1980, apud PAIM, 2003, p. 587).
La salud entra entonces en la agenda política en los años 80 como demanda por el rescate de la “deuda social” del período militar, siendo difundida la propuesta de la Reforma Sanitaria.
La propagación de esa discusión venía de las propuestas que ya estaban siendo debatidas por los organismos internacionales y por algunos países europeos, en el sentido de reestructurar las políticas de Estado para crear la organización de sistemas, la planificación y la formulación de políticas de salud (PAIM, 2003).
En Brasil, a partir de las reflexiones pioneras sobre Política de Salud (Mello, 1977) fueron realizadas las primeras investigaciones académicas en ese campo disciplinar. [...] Simultáneamente, ante la crisis del autoritarismo y de la deuda sanitaria heredada por el “milagro brasileño” (1968-1973), el Estado implementó, en el Gobierno Geisel (1974-1979), un conjunto de programas especiales y campañas, propuso la creación del Sistema Nacional de Salud (CNS, 1975) y, durante la VI Conferencia Nacional de Salud, propició una discusión sobre Política Nacional de Salud (CNS, 1977) (PAIM, 2003, p. 587).
La primera propuesta de creación de un sistema único de salud, en los moldes del que Brasil practica actualmente, fue realizada por el Centro Brasileño de Estudios de Salud (Cebes) y por la Asociación Brasileña de Post-graduación en Salud (Abrasco) en el Primer Simposio de Política Nacional de Salud, promovido por la Cámara de los Diputados en 1979.
Esa propuesta, teniendo en cuenta experiencias de éxito en otros países, proponía, al lado de la democratización general de la sociedad, la universalización del derecho a la salud, de naturaleza pública, descentralizada, integrando las acciones curativas y preventivas, y democrática, con participación de la población (RODRIGUEZ NETO, 1998, p. 7).
Ante un contexto de disputa entre concepciones antagónicas del modelo de política de salud a ser implantado en el país, gana importancia el Movimiento de la Reforma Sanitaria (MRS)70.
70 “Los orígenes del Movimiento Sanitario (...) se remontan a los primeros años de la dictadura militar, cuando, con el cierre de casi todos los canales de expresión política, la Universidad pasó a ser el principal reducto de
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Formado esencialmente por médicos y profesores (y posteriormente por comunitarios), el MRS buscaba la reforma del modelo de asistencia a la salud, a favor de un sistema que se basase en la integralidad, en la universalidad y en la descentralización de los servicios y la gestión. Basada en el modelo de Medicina Comunitaria, la participación en el área de salud se convirtió en un principio director para el modelo de gestión que se pretendía implantar.
La 8ª Conferencia Nacional de Salud, que tuvo lugar en marzo de 1986, consolida y concretiza las propuestas que venían siendo gestionadas, algunas inclusive aplicadas, pero de manera dispersa y aislada, buscando la construcción de una propuesta estructurada de normalización constitucional para el sector salud (el proceso constituyente sería iniciado al año siguiente). Esta conferencia constituyó un marco en la historia del SUS. Fue abierta el 17 de marzo de 1986 por José Sarney, el primer presidente civil tras la dictadura y fue la primera conferencia abierta a la sociedad.
El Informe Final de la 8ª Conferencia Nacional de Salud sistematizó las recomendaciones que constituían el proyecto del texto constitucional. Específicamente en cuanto a la participación, resultaron las siguientes directrices:
• La afirmación del principio de las entidades representativas en la formulación de la política y en la planificación, gestión, ejecución y evaluación de las acciones de salud;
contestación del gobierno autoritario y en las facultades de medicina, bajo recomendación de la Organización Panamericana de Salud, fueron creados los Departamentos de Medicina Preventiva, para que dentro de los mismos se aglutinase y difundiese el pensamiento crítico en la salud. A través de la incorporación de las disciplinas sociales, el método histórico-estructural pasó a ser utilizado en el campo de la salud buscando comprender procesos como la ‘determinación social de la enfermedad’ y la ‘organización social de la práctica médica’. A pesar de tener origen académico, el Movimiento Sanitario no se limitó a la vertiente de producción de un nuevo saber; al contrario, en todos los momentos se caracterizó por aliar la producción científica a la búsqueda de nuevas prácticas políticas y a la difusión ideológica de una nueva consciencia sanitaria. Incluso dentro del ámbito universitario fueron creadas alternativas a la práctica dominante en los servicios de salud, a través del desarrollo de proyectos de ‘Medicina Comunitaria’. en la misma línea, se desarrollaron proyectos experimentales en regiones más pobres, por medio de convenios de las Secretarías de Salud con organismos internacionales. Todos esos proyectos se caracterizaron por su carácter experimental y localizado, siempre permaneciendo al margen del sistema de salud donde predominaba la política de privatización (...). Sin embargo, fue a través de ellos que el Movimiento Sanitario pudo experimentar en la práctica una política alternativa para el sector salud, en la cual se buscaba desarrollar un sistema más racional y adecuado tanto para el cuadro nosológico existente como para los recursos disponibles en el país. A partir de 1975, con las primeras señales de agotamiento del modelo económico de los gobiernos militares reflejándose en el proceso político – victoria del partido oposicionista en las elecciones del 74 -, la sociedad pasó a vivir un clima de creciente movilización y organización en la lucha por la redemocratización. (...) en su vertiente político-ideológica, el Movimiento Sanitario buscó, inspirado en la experiencia italiana, mecanismos capaces de difundir una nueva consciencia sanitaria, al tiempo que construir una red organizadora y canalizadora de las diferentes manifestaciones de oposición a la política de salud” (TEIXEIRA & MENDONZA, p. 989, apud MENESES, 2010, p. 64).
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• La reformulación de las Acciones Integradas de Salud (AIS), de modo que se permita un
amplio y eficaz control de la sociedad organizada en las instancias de coordinación (CIS, CRIS y CIMS)
• La constitución de un nuevo Consejo Nacional de Salud compuesto por representantes
de: ministerios del área social, gobiernos estaduales y municipales; entidades civiles de carácter nacional, centrales sindicales y movimientos populares. Al consejo le serían otorgadas atribuciones de orientación del desarrollo y de evaluación del Sistema Único de Salud, incluyendo la definición de políticas, presupuestos y acciones;
• La formación de consejos de salud a nivel municipal, regional y estadual, cuya composición debería incluir representantes elegidos por la comunidad (usuarios y prestadores de servicios) y cuya actuación debería alcanzar la planificación, la ejecución y la fiscalización de los programas de salud, así como la elección de las direcciones de las unidades de salud por parte de los trabajadores y comunidad usuaria (BRASIL, 2006).
• La gestión colegiada de los Fondos de Salud en los distintos niveles, con participación de los órganos públicos y de la sociedad civil.
Se dio además la orientación de intensificación de la movilización popular para que se garantizase la inserción de la salud como derecho en la nueva Constitución y la implantación de un Sistema Nacional de Informaciones, que garantizase el acceso de la población a la información necesaria para el control social de los servicios.
En 1988 es promulgada la CF/88 instituyendo así un modelo de asistencia pública de salud, como derecho universal y responsabilidad del Estado. La concepción de salud también es ampliada, en la dirección de lo que ya venía siendo propagado mundialmente.
Son objetivos del Sistema Único de Salud:
a) Identificación y divulgación de los factores condicionantes y determinantes de la salud;
b) Formulación de política de salud destinada a promover, en los campos económico y social, el acceso universal e igualitario;
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c) Asistencia a las personas por medio de acciones de promoción, protección y recuperación de la salud, con la realización integrada de las acciones asistenciales y preventivas;
Son principios del SUS:
a) La universalidad: la salud es derecho de ciudadanía y deber del Estado;
todas las personas tiene derecho al atendimiento independientemente de color, raza, religión, lugar de vivienda, situación de empleo o renta, etc.;
b) La equidad: el SUS debe tratar desigualmente a los desiguales. Los servicios de salud deben identificar las diferencias de la población y trabajar para cada necesidad, ofreciendo más a quien más precisa, tratando de reducir disparidades regionales y sociales;
c) La integralidad: entendida como conjunto articulado y continuo de las acciones y servicios preventivos y curativos, individuales y colectivos, exigidos para cada caso en todos los niveles de complejidad del sistema;
d) Regionalización y jerarquización: la jerarquización en niveles crecientes de complejidad y la regulación adecuada entre los niveles del sistema (flujo de referencias y contra-referencias); adecuación de las soluciones de salud a las especificidades regionales;
e) Capacidad de Resolución: la exigencia de que cuando un individuo busque el atendimiento o cuando surja un problema de impacto colectivo sobre la salud, el servicio correspondiente esté capacitado para enfrentarlo y resolverlo adecuadamente al nivel de su complejidad;
f) Descentralización: Redistribución de las responsabilidades en cuanto a las acciones y los servicios de salud entre los varios niveles de gobierno, con foco en la municipalización;
g) Participación y control social: en la definición de las prioridades de inversión y en el acompañamiento de las Ejecuciones; foco en el bien común;
h) Participación complementaria del sector privado: el sistema no limitó la
actuación del sector privado, sino que lo vinculó a una obligatoriedad de complementación. Eso significa que en los casos en que el sistema público no
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consiguiese suplir la demanda, el sector privado podía ser accionado y remunerado por el Estado, para complementar la estructura de atendimiento. Los hospitales filantrópicos debían ser priorizados en esa complementación. Debían además ser observadas tres condiciones: la celebración del contrato conforme con las normas de derecho público; la institución privada debía estar de acuerdo con los principios básicos y normas técnicas del SUS; la integración de los servicios privados debía darse en la misma lógica del SUS en términos de posición definida en la red regionalizada y jerarquizada de los servicios.
Los cuatro años siguientes fueron de organización estructural y jurídica, y de turbulento momento económico y político, conforme se ha apuntado anteriormente. La implantación del SUS fue realizada de forma gradual: primero vino el Sistema Unificado y Descentralizado de Salud (SUDS); después, la incorporación del Instituto Nacional de Previdencia Social - INAMPS al Ministerio de la Salud (Decreto nº 99.060, de 7 de marzo de 1990); y por fin la Ley Orgánica de la Salud (Ley nº 8.080, de 19 de septiembre de 1990) fundó el SUS.
El modelo del sistema de salud aprobado determinó la jerarquización de las acciones y servicios de salud por niveles de complejidad: atención básica o baja complejidad, media complejidad y alta complejidad.
Los gestores son los encargados de hacer que el SUS sea implantado y funcione adecuadamente dentro de las directrices doctrinarias, de la lógica organizacional y funcione dentro de los principios establecidos. Hay gestores en las tres esferas federales, esto es, las secretarías municipales de salud, las secretarías estaduales de salud y en el nivel federal el Ministerio de la Salud. La responsabilidad sobre las acciones y servicios de salud en cada esfera es del titular de la secretaría respectiva, y del ministro a nivel federal.
A nivel municipal, cabe a los gestores programar, ejecutar y evaluar las acciones de promoción, protección y recuperación de la salud. Esto significa que el municipio debe ser el primer y el mayor responsable de las acciones de salud para su población. Los servicios deben ser ofrecidos en cantidad y calidad adecuadas a las necesidades de salud de la población.
Su plan director será la consolidación de las necesidades propuestas de cada municipio, a través de planes municipales, ajustados entre sí. El Estado deberá corregir distorsiones existentes e inducir a los municipios al desarrollo de las acciones. Así, cabe también a los
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Estados, planear y controlar el SUS en su nivel de responsabilidad y ejecutar únicamente las acciones de salud que los municipios no sean capaces y/o que no les quepa, propias o de instituciones contratadas. Siempre que la complejidad del problema extrapole la capacidad que el municipio tiene de resolverlo, el propio servicio municipal de salud debe enviar el paciente a otro municipio más próximo, capaz de proporcionar la asistencia adecuada, o encaminar el problema a soportes regionales y estaduales. Los secretarios estaduales, siempre que sea posible, fomentarán la integración entre los municipios de una determinada región para desarrollar y compartir las estructuras comunes a las necesidades de la región71.
En lo que respecta específicamente a la participación social, vale la pena recordar que, aunque la Constitución Federal (CF/88) la haya previsto expresamente como directriz, el modelo de ejercicio de esa participación quedó en abierto. La forma de los consejos no estaba, por tanto, consolidada.
La inserción de la estructura que fundamentaría el nuevo modelo de atención a la salud en la Carta constitucional no garantizó su implementación, tampoco cerró el proceso de confronto entre los actores que representaban intereses antagónicos (de un lado los empresarios del sector salud, de otro la movilización popular representada por el MRS).