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La participación de los jóvenes en tanto generación como factor de ruptura: la JP

1. Algunas Claves Del período – 1973 El Retorno Del Peronismo Que Nunca Se Había Ido

1.4 La participación de los jóvenes en tanto generación como factor de ruptura: la JP

La imagen sobre la Juventud Peronista que ha trascendido en el tiempo, en parte por su característica de acontecimiento y en parte por su carácter trágico, es la de la “gloriosa Jotape” que gestó el regreso de Perón en la década del 70.

Resulta pertinente lo que plantea Omar Acha en su libro Los Muchachos

Peronistas (2011) en torno a la memoria fundacional de la juventud peronista: no se trata

de establecer como las cosas efectivamente fueron, sino porque se instituyó como memoria retrospectiva en el recuerdo colectivo. Si bien los orígenes fundacionales

formales remiten a la década del 50, difícilmente ese origen de la JP podría ser tomado como referencia por los jóvenes setentistas. Es más podría decirse que los jóvenes setentistas poco o nada conocían de esos jóvenes peronistas, y tal vez si sabían más de los resistentes y las luchas obreras en las fábricas.

¿Cómo situar la noción de joven en la década del 40 y del 50? La categoría joven, es una construcción político social atravesada por condiciones materiales concretas. Los sectores populares o trabajadores en esa época pasaban prácticamente de la niñez al mundo adulto del trabajo. Es decir el estatus de joven poco tenía que ver con sus condiciones materiales de existencia. Solo los sectores altos accedían a los estudios superiores, periodo en el cual podían disfrutar de su lugar de “jóvenes”.

Lo juvenil -dice Acha- comenzó a impregnarse de una ponderación de la primera edad que seguía a la niñez y precedía a la madurez típica de las responsabilidades burguesas. Por entonces las grandes mayorías populares pasaban prácticamente sin estaciones de la infancia al trabajo. La clase obrera del mismo modo que sucedía con la población campesina, carecía del tiempo de la juventud. El trabajo comenzaba en la niñez, produciendo un sujeto joven que no podía reconocerse en formas de sociabilidad colectiva juvenilista (Acha O: 2011)

Si bien la Reforma Universitaria de 1918 en Argentina fue un momento disrruptor en cuanto al protagonismo joven, fue sumamente acotado a la estrechez del espacio universitario de la época, constituido básicamente por varones de los sectores altos. Su protagonismo no fue más allá de los pasillos universitarios y no poseían la fuerza necesaria para constituir una juventud como identidad grupal. Quienes sí, de alguna manera habían constituido una identidad acotada pero al menos grupal, fueron los jóvenes católicos, fundamentalmente ante la emergencia del Peronismo, a modo defensivo se constituyeron en muchos casos en fuerza de choque del nacionalismo y el conservadurismo local para enfrentar los avances del Peronismo. Incluso muchos de ellos

fueron activos participes de los denominados Comandos Libertadores que actuaron acciones de desestabilización y posterior derrocamiento del gobierno electo del general Perón.

Juan Carlos Torre, define que para rastrear el concepto y la definición de juventud hay que retrotraerse a los años 50 que es cuando surge como fenómeno sociológico por ya que hasta entonces era sobre todo una categoría biológica. “La emergencia de la juventud como sujeto colectivo fue quizás el síntoma más significativo del proceso de modernización social y cultural que experimentaba la Argentina, afectando la educación y la familia, renovando los contenidos y la forma de la sensibilidad colectiva”(Torre, JC: 2012)

De este modo, la juventud, en tanto identidad de grupo con proyección política podríamos ubicarla recién en las postrimerías de los años 40. Y en el caso de los sectores populares con la emergencia del Peronismo. Del mismo modo que, como plantea James, los sectores trabajadores emergen en lo público ocupando espacios antes restringidos a la burguesía, como eran las plaza o lugares de recreo. Los jóvenes trabajadores emergen masivamente ligados a la política a través del Peronismo. Resulta interesante observar la foto icónica del 17 de octubre de 1945, que pasó a la historia como las foto de “las patas en la fuente”. Son rostros muy jóvenes de hombres y mujeres.

La primera emergencia juvenil del peronismo en la política entonces fue dada el 17 y 18 de octubre “Tuvo razón Arturo Jauretche, quizás con un alcance mayor al que pensaba, cuando dijo que la del 45 fue una revolución de jóvenes. El numeroso contingente juvenil de las jornadas de octubre estuvo compuesto por individuos dispersos o a lo sumo por grupos de amigos, eventualmente compañeros de trabajo o estudio” (Acha O: 2011) Sin embargo esto no se tradujo en una organización y participación política como sector hasta varios años después, ya con los últimos años del segundo gobierno de Perón, con la constitución de la UES y la juventud Peronista.

La juventud para el Peronismo no era algo presente, sino algo a construir. Es decir, la juventud no venía a inaugurar nada, sino a preanunciar una juventud por venir.

Acha habla de tres juventudes Peronistas, la primera que intenta emerger como tal durante la constitución del Peronismo en las primeras presidencias de Perón y la describe como ligada al aparato burocrático y sin posibilidad de emergencia como generacional, entendiendo esto como corte o ruptura. En esto plantea que la juventud Peronista de la resistencia se erige como la autentica y fundacional, renegando de la anterior por considerarla como un armado vertical y sin participación real. “Hacia 1955 mientras el partido Peronista se burocratizaba, grandes contingentes juveniles aparecían en escena pública y cultural, planteando la necesidad –sin embargo impronunciable- de una recomposición en la distribución del poder” (Acha O: 2011)

En el proceso que se abre con el Peronismo y fundamentalmente a partir de la legislación laboral, Perón se encuentra con algunos escollos para pensar el rol y espacio específico de poder de esta “nueva juventud” Por un lado la juventud ya no era vista como la etapa posterior a la niñez sino como una ruptura. Por otro lado la conformación de la Comunidad Organizada, armónica donde cada espacio tenía su estructura no daba cuenta de la emergencia de esta nueva juventud. Algo que se plasma claramente en los discursos de Perón, es que la juventud era vislumbrada como algo a futuro, que tenía que conformarse en adulta para el trasbasamiento generacional, pero no como actores políticos con poder.

En su trabajo Acha brinda algunos elementos para comprender el posterior vinculo conflictivo que desembocaría con el enfrentamiento entre Perón y la juventud Peronista “La esperanza de Perón para construir una argentina sin política porque toda ella estaría encuadrada bajo una doctrina nacional y una estructura corporativa, colisionaba con la sociedad argentina real: La juventud y en sus seno la propia juventud peronista en construcción era eso real que escapaba a las mallas imaginarias de la paz definitiva

soñada por Perón” (Acha O:2011) En este marco plantea, ¿Por qué no hubo una juventud Peronista que perteneciera en pleno derecho político al primer peronismo? La hipótesis es que la primacía de la lealtad oprimió una camada juvenil que se sostuvo más en la atribución de una tarea por el partido y por Perón que en la asunción de un proyecto propio. No era imprescindible que ese proyecto fuera antagónico con las fuerzas peronistas existente. Pero si era necesario que pudiera fundar identidad generacional. “Pero una nueva generación para ser tal, debe cuestionar a sus predecesoras. Y como había nacido, siempre bajo la noción de Nueva Argentina, en el país Peronista, tenía que emerger como negación de sus fundadores, es decir de Perón y de la dirigencia Peronista. La conclusión inexorable es que, puesto que la primera juventud Peronista careció de autonomía, estuvo impedida de devenir en una nueva generación política. Quizás la Argentina Peronista fuera demasiado reciente para engendrar un corte generacional (Acha O: 2011) Este vendría en la década del 70, la JP de los 60 emergería como generación en tanto produce una ruptura más allá de su identidad Peronista.

Sobre cómo se llega a este período, Juan Carlos Torre define que luego de los años 50 crecer significó tener más opciones pero también un futuro más incierto que el de sus antecesores , para quienes llegar a la juventud era apenas el prologo a un futuro dentro de un orden relativamente estructurado. “La entrada a la vida política de los nuevos estratos juveniles forjados en el proceso de modernización cultural y social se dio bajo la forma de un malestar frente a esa división del cuerpo político en dos campos enfrentados” (Torre, JC: 2012) Es decir en el marco de una sociedad partida entre Peronismo y anti Peronismo. Torre agrega que la década que siguió a la caída de Perón el escenario político que se fue construyendo conspiró contra las demandas de autorrealización de los jóvenes y erosionó la credibilidad de las instituciones. Y se pregunta en este marco ¿Qué estrategia estaba disponible para las nuevas generaciones de las clases medias? Se da un doble proceso de radicalización de los jóvenes

universitarios por un lado y de un estallido en el plano de lo cultural “Esta doble movilización que se desprendió de la disgregación de las antiguas tutelas políticas e ideológicas, fue por algunos años un fenómeno disociado del movimiento que era la expresión de la disidencia política, el Peronismo” (Torre, JC: 2012) Torre concluye en la misma sintonía que algunos autores trabajados en otros párrafos que el movimiento que realizan los jóvenes de los sectores medios mayoritariamente hacia el Peronismo, fue en el marco de un profundo desprecio a todo lo que la sociedad en la que habían crecido tenía para ofrecerles.

Concluimos con Omar Acha en su análisis sobre la emergencia de la Juventud Peronista post 1955 que quiso protagonizar una lucha en la que debía forjar sus propias armas. “Pero en lo profundo de su proyecto latía irresuelto el dilema decisivo que había colonizado el ambiguo desarrollo del Movimiento de la Juventud Peronista originaria, a saber, la posición y autonomía políticas permitidas en la lógica de poder formalmente vertical y unitaria. La nueva juventud, cimentada, como negarlo, bajo la hostil vigilancia de dictaduras militares, y también la juventud setentista, vacilaron en el desciframiento de la reserva de Perón hacia las nuevas generaciones. Estas fueron exaltadas y también llamadas maravillosas mientras parecieron útiles a los fines del conductor. Cuando exigieron cuotas mayores de poder colisionaron violentamente con el anciano líder y sus huestes menos aptas para tolerar cambios radicales.”(Acha O: 2011)

SI bien el análisis de Acha aporta otros aspectos sobre la historia de la Juventud Peronista, también agrega nuevos interrogantes (o quizás no tanto) al discurso que naturalizo la imagen de una juventud, y en particular de Montoneros, que llevada por su ímpetu juvenil no atendió las advertencias del líder y lo enfrento disputándole poder. En este marco Acha abre una grieta en este discurso, sin caer en el otro discurso simple, según el cual Perón uso a la juventud y después la marginó. “Sin embargo podemos destacar que en la lógica del pensamiento de Perón, veinte años después del periodo

investigado, en este libro, la definición de la transmisión de la capacidad decisoria a la juventud permanecía fijada en un futuro indefinido y supeditado a una pedagogía cuyos sentidos le estaban reservados al conductor”(Acha O:2011) Cuando el 14 de febrero de 1974 Perón le habla a la juventud, reiteró esta idea de postergar el trasbasamiento generacional con dos argumentos, uno centrado en que primero había que consolidar el presente para que en el futuro la juventud sostenga lo logrado y el otro, quizás más en tono de advertencia era que si se había hecho un esfuerzo de 30 años no había que dejar que viniera una juventud aun incapacitada y destruyera lo logrado.

En los 70 la juventud emerge como generación con la fuerza del acontecimiento. Este emerger como generación produce una ruptura con lo viejo y todo lo que representaba, se cuestionaba un modo de la política que se había sostenido por casi 20 años donde todos convivieron y connivieron. Connivencia a la que no escapaba buena parte de cierta dirigencia del peronismo y el gremialismo como ya vimos. La figura de Perón, mítica, se sostenía fuera de discusión, el no había sido parte de ese juego ¿no lo había sido? Finalmente concluimos con Acha “Que la inclinación a favor de la juventud fuera inviable o implicara una guerra civil a la que nunca quiso contribuir ni en 1945, ni en 1955, ni en 1974, es un debate que merecería otra investigación. Lo cierto es que así selló la suerte de una Juventud Peronista de corte Montonero que era subsidiaria del amor popular por el viejo líder” (Acha O: 2011)