Nos hemos planteado revisar el proceso que va de 1958 al 1976 como proceso y no como sucesión de gobiernos constitucionales y golpistas. En ese marco un eje fundamental sobre el que gira el periodo es el referente a lo económico. Es decir quiénes y porque fueron los grupos de economistas e intelectuales que impulsaron las asonadas militares y dotaron de cuadros técnicos a cada gobierno, sea electo o no en ese período. Es fundamental establecer ese vector para enlazar momentos y episodios que analizados
de manera aislada pueden resultar incomprensibles y/ o llevarnos a lecturas y recorridos erróneos o sin salida. Esto no significa elaborar una teoría conspirativa sobre el acontecer histórico, sino pensar la emergencia de determinados fenómenos o acontecimientos a lo largo de nuestra historia, en el marco de la puja de por un lado un modelo de país que se remonta a la Generación del 80 y otro que quedó inconcluso y sigue emergiendo en las gestas donde el protagonismo popular está presente. Es decir el proyecto emancipatorio que recorrió a las naciones latinoamericanas desde su gestación.
En este análisis no puede quedar por fuera el contexto latinoamericano y fundamentalmente la estrategia de Seguridad de Los EE.UU hacia la región en el marco de la Guerra Fría. Esto no significa pensar un país dicotómico donde cada proyecto se manifiesta con claridad, sino analizar las fronteras, las contradicciones y como estás jugaron en el desbalance en cada momento histórico político.
Si bien fue una definición histórica desde la Doctrina Monroe el intervencionismo norteamericano en las políticas internas de los países de la región, es a partir de la década del 60 que se presenta con su mayor crudeza ante el avance de los movimientos nacionales revolucionarios y las distintas experiencias insurgentes.
Esto no debe llevarnos al equívoco de pensar que anteriormente hubo algún tipo de mirada que contradiga la perspectiva de intervención en los asuntos internos de los países de América del Sur. En 1955 luego del golpe militar que derrocó al gobierno electo de Juan D. Perón, las FF.AA firmaron una serie de acuerdos de cooperación con EE.UU que permitieron la penetración del Pentágono en la vida castrense de nuestro país. “Desde aquel momento una misión militar estadounidense se instaló en forma permanente en el ámbito del Ministerio de Defensa y las escuadras de ambos países comenzaron a realizar maniobras conjuntas en el Atlántico Sur” (Luzzani, T: 2012) El intervencionismo es una característica intrínseca de la política exterior norteamericana más allá de la mayor o
para el Progreso había modificado esa línea, sin embargo en plena época de la Alianza para el progreso se produce la Invasión de Bahia de los Cochinos en Cuba. Es el gobierno de Richard Nixon (1969-1974) el que retomará la línea más dura de intervencionismo, más allá que ya con anterioridad estaba en plena vigencia la Escuela de las Américas y se venía desarrollando la Doctrina de la Seguridad Nacional que fijaba al enemigo fronteras adentro. Impulsará la denominada “Misión Rockefeller”, para realizar un análisis y diagnóstico de los diferentes países de América Latina.
El Informe hace referencia a diferentes aspectos de la realidad Latinoamericana pero se focaliza en el crecimiento y avance de los movimientos emancipatorios. Este informe pre anuncia lo que sería la política del Departamento de Estado Norteamericano hacia la región interviniendo en el derrocamiento de Salvador Allende en Chile y en el Golpe de Estado de Uruguay continuando luego con Argentina. A partir de las vinculaciones entre los aparatos represivos de los países de la región (Operación Cóndor), se estableció que las dictaduras cívico militares fueron impulsadas y en algunas situaciones orquestadas entre la CIA y las Fuerzas Armadas locales, junto a los representantes locales de los intereses económicos transnacionales.
Sintéticamente podemos decir que la estrategia de Estados Unidos respecto a América Latina desde la Doctrina Monroe se basó en instancias legales o ilegales- legitimadas. Los acuerdos y tratados con los países latinoamericanos eran un recurso legal tanto para los Estados Unidos como para los demás países del continente, pero si los lineamientos de estos acuerdos contradecían los intereses del gobierno norteamericano, eran dejados del lado y reemplazados por prácticas ilegales e ilegítimas (intervención económica, política y militar). James Petras en Neoliberalismo en América
Latina (1997) sintetiza que la estrategia militar en Suramérica opera en distintos niveles,
según el país y la coyuntura histórica: a) narco intervención, que les permite acceso directo encubierto en las políticas locales y la posibilidad de intervención represiva. b) CBI
(conflictos de baja intensidad) se desarrollaron fundamentalmente en Centroamérica y consiste en fomentar pequeños conflictos, ampliarlos y generar inestabilidad política en los países con políticas que no se alinean con la estrategia norteamericana. c) Intervención directa en gran escala, que es la clásica invasión para instalar coyunturalmente gobiernos que permitan modificaciones estructurales a fin a sus intereses. d) Convergencia ideológica y burocrática rutinizada, que tiende a naturalizar perspectivas políticas, sociales y culturales en convergencia con los intereses estratégicos de los EEUU (Petras, J: 1997)
A partir de la difusión de la Doctrina de seguridad Nacional los Estados Unidos consiguen unificar el accionar de las distintas dictaduras latinoamericanas.
La idea de seguridad nacional se consolidó como categoría política durante la Guerra Fría; en Latinoamérica, EE.UU, en el marco de sus intereses estratégico en la región, propagó la perspectiva política que a partir de la seguridad del Estado se garantizaba la de la sociedad. Para esto era necesario el control militar del Estado. Ligado a esto estaba el concepto de “enemigo interno”. Si bien la Doctrina de Seguridad Nacional ubicó como principal enemigo al comunismo internacional, con epicentro en la Unión Soviética y representación regional en Cuba, entendía que los Estados Latinoamericanos debían enfrentar al enemigo interno, materializado en supuestos agentes locales del comunismo. Además de las guerrillas, el enemigo interno podía ser cualquier persona, grupo o institución nacional que tuviera ideas opuestas a las de los gobiernos militares. Esta doctrina fue la base de acción a la persecución política en los países de la región a las expresiones emancipatorias locales.
Las técnicas de contrainsurgencia aplicadas con la Doctrina de Seguridad Nacional tienen dos vertientes. La primera de origen estadounidense llamada Doctrina de Seguridad Hemisférica impartida en la Escuela de las Américas y la segunda de origen francés, llamada Doctrina de Contra insurgencia creada tras las derrotas en las guerras
de independencia de Indochina y Argelia. “EE.UU. siempre apostó a que el vínculo entre el Comando Sur y las FF.AA. regionales fueran el eslabón que le permitiera obtener sus objetivos políticos, económicos y militares en Suramérica” (Luzzani, T: 2012) Luzzani en
Territorios Vigilados (2012) detallas los modos de operar del Pentágono en la región
Suramericana y el fuerte despliegue que se realiza en el marco de la Guerra Fría. El Departamento de Defensa norteamericano desarrolla una estrategia radial con los FF.AA. de los países del sur, con una excepción que fue el denominado Plan Cóndor, de colaboración inter fronteras entre los países con dictaduras militares en la década del 70/80. EL objetivo era una identificación ideológica de las FF.AA con la estrategia global de seguridad de los EEUU “La cadena de mandos no terminaba en el Comando en Jefe de las FF.AA local sino en la Jefatura del Comando Sur del Pentágono. Uno de los instrumentos más exitosos para alcanzar esto fines fue la Escuela de las Américas, una academia ubicada hasta 1999 en Panamá, donde nuestros militares eran formados ideológica y militarmente por sus pares norteamericanos” (Luzzani, T: 2012)
A partir de la década del 60 la Escuela de las Américas trabajó con varios gobiernos latinoamericanos, en su tarea de adiestramiento militar e intervención política, sin diferenciar si eran democráticos o dictatoriales. Varios de sus cursos o entrenamientos incluían técnicas de contrainsurgencia, operaciones de comando, técnicas de tortura en interrogatorio. Los manuales militares de instrucción desclasificados en 1996 explicitan la vulneración de los derechos humanos, el uso de la tortura o la ejecución sumaria, definiendo como objetivos de control o seguimiento a quienes participaran de cualquier instancia de organización, social, política, cultural, sindical o religiosa, prestando especial atención a la teología de la liberación.
Podemos sintetizar que el accionar de los EE.UU. en la región a lo largo de todo el siglo XX, tuvo como objetivo conservar los aspectos centrales de un orden social que garantizara, reprodujera y ampliara sus beneficios económicos, y estratégicos en términos
geopolíticos. Algunas de las características de la participación en gobiernos dictatoriales son:
• El haber sucedido a un período de una amplia o intensa movilización popular y altos niveles de organizaciones de los sectores sociales, culturales y sindicales que cuestionaban el statu quo
• El rol central desempeñado por las Fuerzas Armadas como institución, tanto en los golpes de Estado que instalaron las dictaduras, como en el ejercicio del gobierno.
• La articulación, en torno de los gobiernos dictatoriales, de una coalición que expresó los intereses de las clases económicamente dominantes, ligadas a los intereses económicos de las transnacionales de origen norteamericano
• El ejercicio del gobierno mediante equipos técnicos y dirigidos por representantes de los sectores tradicionales de cada país
• La concepción de un proyecto de reestructuración de la sociedad, sobre nuevas bases económicas y políticas, a través de las cuales buscaron mantener los niveles de beneficio obtenidos por las principales empresas y revertir los avances que se habían hecho en materia de participación en la toma de decisiones de la mayoría de la población.
Esta breve descripción es importante para comprender en que coyuntura se producen las dictaduras y la implementación de las políticas económicas. Los 70 dejan las bases para la posterior implementación de lo que se denominó el Consenso de Washington promediando los años 80, un acuerdo entre los organismos internacionales de crédito, economistas norteamericanos y el establishment económico mundial que implicaron o impulsaron un cambio estructural en Latinoamérica a partir de una política de endeudamiento en la región con préstamos de ayuda estructural. “Los prestamos de ajuste estructural van ligados a cambios en la ordenación política e institucional del país que solicita la ayuda” ( Petras, J: 1997) Otra novedad a partir de los años 80, en esta
dirección, era que para obtener un préstamo de ajuste estructural del Banco Mundial, era necesario haber recibido un préstamo del Fondo Monetario Internacional de condicionalidad elevada. Esta nueva articulación de los organismos crediticios la fundamentaban en que era una acomodación a las alteraciones de la situación económica mundial. “los regímenes políticos debían adaptarse a esa transformación” (Petras, J: 1997)
Para concluir, retomamos las apreciaciones del economista Ricardo Aronskind quien en referencia a las políticas económicas aplicadas durante la dictadura cívico militar sentencia “dejaron sentadas las bases de una forma de funcionamiento económico muy complicado(…) diría que la marca más profunda que deja el Proceso en la economía Argentina es la deuda externa” (Aronskind, R:2013) ya que cuando la dictadura se retira en 1993 queda una “deuda impagable” que sienta las bases de la aplicación de las políticas económicas de los 90.