Monumento Nacional de las Grandes Dunas de Arena, en Colorado. La cabeza estaba totalmente descamada, lo mismo que el cuello y las paletillas; la piel había sido levantada para exponer el crá neo, y al equino le faltaban las entrañas, según manifestaron el dueño de Snippy, Mrs. Berle Lewis, y el hermano de ésta, Harry King. Cuando examinaron el lugar, observaron la presencia de lo que parecían ser quince huellas circulares de tubos de escape, que abarcaban una zona de ciento cincuenta metros. Un arbusto de chico había sido aplastado, y junto a él había seis orificios idénticos, de 5 cm de ancho por 10 cm de profundidad.
Como los restos de la cabalgadura se encontraban a unos cua trocientos metros de una cabaña propiedad de una señora de ochenta y siete años, Mrs. Lewis y King fueron a entrevistarla, y ella les dijo que había visto pasar un gran objeto sobre su casa, rozando casi el techo, el día en que Snippy fue visto por última vez. Agregó que, al no llevar sus gafas en aquel momento, no pudo determinar de qué clase de objeto se trataba.
Ben Phillips, sheriff del condado de Alamosa, se negó a visi tar el sitio, pues afirmó que el caballo debió de haber sido muerto por un rayo. Sin embargo, un patólogo que visitó el lugar del suceso manifestó que «desde luego, aquel caballo no había sido alcanzado por el rayo». Un funcionario del servicio forestal que examinó el terreno con un contador Geiger constató una canti dad insólita de radiaciones cerca de las zonas chamuscadas, pero el índice de radiactividad descendió cuando se alejó de ellas en dirección al caballo.
Las reacciones ante esta noticia y sus consecuencias fueron típicas. La Universidad de Colorado, donde en aquellos momentos el doctor Condon se hallaba al frente de un estudio sobre los OVNIS subvencionado con medio millón de dólares por el Minis terio del Aire de los Estados Unidos, envió a un investigador a examinar lo que quedaba de Snippy, muerto desde hacía ya un mes. Dicho investigador declaró: «No encuentro nada de extraño en la muerte de este caballo.»
En la publicación norteamericana Fíying Saucers, dirigida por Ray Palmer, un ufólogo preguntaba encolerizado:
¿Conque no encuentra nada extraño? ¿Acaso la limpísima in cisión en tomo al cuello del caballo, que diríase hecha con una navaja, fue obra de un puma? Y en cuanto a la enorme huella circular y las huellas menores..., ¿fueron causadas por un pájaro monstruosamente grueso, que se presentó allí con sus crías, todos ellos afectados por los rayos gamma? Y... ¿dotados de cuatro patas?15
Y la circular publicada por el Comité Investigador de OVNIS de Sydney, Australia, trazaba un interesantísimo paralelo entre el caso de Snippy y un informe más reciente procedente del Canadá.
Terry Goodmurphy, natural de North Livingstone (Ontario), de veinte años de edad, y su amigo Steven Griffon, de diecinueve, iban en automóvil hacia el Oeste siguiendo la Nacional 17 alrede dor de las 9,30 horas del día 5 de noviembre de 1967, o sea, dos meses después de la muerte de Snippy. Cuando se acercaban a la cumbre de Maple Ridge Hill, vieron un resplandor anaranjado en el cielo, que creyeron causado por un incendio. Pararon el coche para observarlo y vieron que se movía. Continuaron por la ca rretera, y a cosa de ochocientos metros más allá vieron el objeto más claramente cuando éste parecía maniobrar a una altura de unos treinta metros. Asustados, los dos jóvenes dieron media vuelta y avisaron a la policía provincial de Ontario. Cuando ésta acudió al lugar indicado, no vio nada. No obstante, aquella noche algo ocurrió en la granja de Lome Wolgenuth, próxima a Sow- bery, porque a la mañana siguiente, a la hora en que una yegua llamada Susie y otro caballo solían regresar de los pastos, sola mente el segundo se acercó al establo. Se observó que presentaba un largo corte en el cuello. Susie no apareció. Después de varias horas de búsqueda, sus dueños la encontraron, muerta. Le habían cortado la yugular.
Llegados a este punto, quizás habré conseguido infundir en la mente del lector la sugerencia de un posible paralelo entre los rumores de hoy y las creencias que sustentaban nuestros ante pasados: creencias en extraordinarios combates con misteriosos superhombres, de círculos que poseían propiedades mágicas, de razas de enanos que merodeaban por los bosques. En este se gundo capítulo me he limitado deliberadamente a yuxtaponer creen cias antiguas y modernas. La leve sospecha de un misterio gigan tesco, mucho más vasto que nuestra preocupación actual por la vida en otros planetas, y mucho más profundo que los informes que puedan dar algunas amas de casa sobre lucecitas zigzaguean tes. Quizá podamos resolver el enigma tratando de comprender el efecto que nos producen estos cuentos, estos mitos, estas leyen das. ¿Qué imágenes pretenden suscitamos? ¿A qué ocultas ne cesidades obedecen? Si esto no es más que una fabulación, ¿por qué tiene que ser tan absurda? ¿Se encuentran precedentes de ella en la Historia? ¿No podría la imaginación ser una fuerza más poderosa, para conformar las acciones de los hombres, que su expresión por medio de dogmas, estructuras políticas, iglesias es tablecidas y ejércitos? Y de ser así, ¿podría utilizarse esta fuer za- ¿Está siendo ya utilizada? ¿Funciona ya aquí una ciencia del engaño a gran escala, o acaso la mente humana puede generar sus
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propios fantasmas, en una formidable construcción colectiva de mitologías universales? ¿Hay aquí una fuerza natural en acción?
«La imaginación del hombre, como todas las demás facultades conocidas, obedece a leyes preestablecidas.» Esta frase de H art land, escrita en 1891, nos depara una clave. Sí, tras estas historias al parecer absurdas, existe una profunda corriente oculta por des cubrir y señalar. Científicos que llevan ya muchos años muertos descubrieron y representaron, en siglos pretéritos, diversas sec ciones aflorantes de este trazado subterráneo. Hoy tenemos la oportunidad, verdaderamente única, de presenciar la reaparición de esta corriente, su salida al exterior... coloreada, naturalmente, por nuestras nuevas manías humanas, por nuestra preocupa ción por la «ciencia», por nuestro afán por alcanzar la Tierra Pro metida de otros planetas.
Hacía falta una nueva mitología para salvar el pasmoso foso que se abría después del monótono presente. Ellos la proporcio naron. Pero, ¿quiénes son ellos? ¿Seres reales, o los fantasmas de nuestros sueños ridículos e insignificantes? Nos hablaron «en suave inglés». No hablaron con nuestros científicos; no enviaron complicadas señales en códigos indescifrables, como se supone que tienen que hacer los extraterrestres que se respeten, si es que han leído a Walter Sullivan, como es la obligación de cualquier alienígena antes de atreverse a penetrar en nuestro sistema solar. En lugar de eso, se dirigieron a Gary Wilcox. Y a Joe Simonton. Y a Maurice Masse. ¿Y qué dijeron? Que venían de Marte. Que eran nuestros vecinos. Y, sobre todo, que eran superiores a noso tros, y que debíamos obedecerlos. Que eran buenos. Que el lector vaya a Valensole y se lo pregunte a Masse, que, si éste quiere, le dirá el desconcierto que experimentó cuando de pronto, sin previa advertencia, notó en su interior una sensación confortadora y cálida... ¡qué buenos eran, nuestros buenos vecinos! El Buen Pue blo. Se tomaban un gran interés por los asuntos de los hombres, y siempre se pusieron de parte «del derecho y la razón». Y po dían aparecerse bajo distintas formas.
Joe Simonton les dio agua y ellos le ofrecieron comida. Lo mis mo hicieron algunos olvidados irlandeses en tiempos pretéritos, quienes incluso hablaron con ellos. En aquellos días también se les daba el nombre de Buen Pueblo, y en Escocia se les llamaba los Buenos Vecinos, los Sleagh Maith. ¿Y qué decían entonces?
«Somos muy superiores a vosotros.» «Podríamos reducir la es pecie humana a la mitad.»
Ahora todo tiene sentido. Estos eran los hechos que había mos pasado por alto, y sin los cuales nunca hubiéramos podido en cajar las piezas que forman el rompecabezas de los OVNIS. Clé rigos y eruditos de antaño recogieron las leyendas de su tiempo
en que aparecían estos seres. Estos libros tenían que buscarse, reunirse y estudiarse. No contenían soluciones, sino únicamente elementos sumamente intrigantes. Pero estos elementos se halla ban documentados. En su conjunto, estos relatos ofrecían una imagen coherente de la apariencia, la organización y los métodos de nuestros extraños visitantes. La apariencia —que el lector no se sorprenda— corresponde exactamente a la de los actuales ocu pantes de los OVNIS. Sus métodos son los mismos. Encontramos la repentina aparición de «casas» resplandecientes de noche, casas que a menudo pueden volar, que contenían lámparas peculiares, luces radiantes que no requerían combustible para arder. Aque llos seres podían paralizar a sus testigos y trasladarlos a través del tiempo. Cazaban animales y secuestraban a personas. Su orga nización tenía un nombre: la Comunidad Secreta.
En The Magic Casement, un libro compilado por Alfred Noyes hacia 1910, encontré un poemita de William Allingham, que yo quisiera que todos los ufólogos se aprendiesen de memoria como homenaje a Joe Simonton:
Por altas montañas, por ñuyentes arroyos, nos da miedo cazar,
a causa de los hombrecillos} son chiquitines, son buenos, andan en tropel,
con verde jubón y gorra roja, rematada por pluma de búho. Hay muchos que habitan en playas pedregosas,
viven de tortas crujientes
hechas con espuma amarilla; habitan otros entre las cañas del oscuro lago alpino,
con ranas que vigilan toda la noche, cual si fuesen sus perros guardianes.
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N O T A S AL CA P ITU LO II
1. W a l t e r Y v e l i n g E v a n s W e n t z . T h e F a iry -F a ith In C e ltic C o u n trie s , H s P s y c h o lo g ic a l O rig in a n d N a tu r e ( O b e r t h u r , R e n n e s : 1 9 0 9 ) . 2. P a u l S é b i l l o t , T ra d itio n s e t S u p e rs titio n s d e la H a u te -B r e ta g n e , 1, 103-104 3. E d w i n , S. H a r t l a n d , T h e S c ie n c e o f F a ir y T a le s — A n In q u ir y In to F a ir y M y th o lo g y ( L o n d r e s , 189 1). 4. G é n e s i s 18:4-5, 8. 5. P ro b e M a g a z in e , II, 5 ( s e t i e m b r e - o c t u b r e , 1 9 6 5 ) , p. 11. 6. A i m é M i c h e l , F ly in g S a u c e r a n d th e S tra ig th -lin e M y s te ry ( S . G. P h i l l i p s . N u e v a Y o r k : 1 9 5 8 ) , p. 109. 7. F ly in g S a u c e r I n v e s t i g a t i n g C o m m i t t e e , P. O. D r a w e r G., A k r o n , O h i o . 8. W a v e n e y G i r v a n , F ly in g S a u c e r R e v ie w , IX, 5 ( s e t i e m b r e - o c t u b r e , 1 9 6 3 ) . 9.D aily S k e tc h de L o n d r e s , 17 j u l i o 19 63. 10. L e r o u x d e L in c y , L iv re s d e s L é g e n d e s , p. 100. 1 1. R o c k y M o u n ta in s N e w s , 1 2 n o v i e m b r e 1 9 6 6 . 12 « D o w n o n t h e F a r m » , F ly in g S a u c e r R e v ie w , X , 5 ( s e t i e m b r e - o c t u - b r e , 19 64), p. 22. A u t o r a n ó n i m o c i t a d o p o r B i n g h a m t o n , N u e v a Y ork, c o m u n i c a c i ó n f e c h a d a 9 m a y o 1964. 13. « L o s h u m a n o i d e s » . Ed. P o m a i r e . B a r c e l o n a 1967, p. 197. 14. V é a s e t a m b i é n C S I N e w s le tte r ( d i c i e m b r e , 1 9 6 7 ) . 15. F ly in g S a u c e rs , f e b r e r o , 1 9 6 8 , p. 10.
LA COMUNIDAD SECRETA
Para conocer la vida humana debemos ahondar bajo su risueño exterior, ypara co nocer ese mar estival que es la fe en las hadas es preciso embutirse en una armadura y bucear bajo sus olas para contemplar los
raros corales y las movedizas frondas mari nas, con todas las brillantes criaturas que deambulan entre corales y frondas, y tam bién las criaturas horribles y espantosas, que devorarían al hombre si su armadura no fue se de acero... pues allí se hallan todos con fundidos, en lo profundo de ese mar..., ocul tos a nuestra vista cuando navegamos por la superficie de sus soleadas aguas.
Walter Wentz: La fe en las hadas en
los países célticos.
El mensaje por teletipo se recibió el 9 de setiembre de 1966 en Dayton (Ohio), por vía militar. Su texto completo, que abar caba casi cuatro páginas, resultaba ininteligible para quien no co nociese el código empleado por la Aviación para la transmisión de informes sobre los OVNIS (el mensaje estaba abreviado con referencia a preguntas conocidas y de trámite que no se repetían en el propio texto; no obstante, con ayuda del cuestionario ofi cial era posible entender el significado del mensaje).
Este provenía de la Base Aérea de Kelly, en Texas, y estaba dirigido al Mando de Sistema de la Aviación, al Cuartel General de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, y al Secretario (Mi
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NO CLASIFICADO y el título: INFORME SOBRE UFO SOMETIDO DE ACUERDO
CON AFR 200-2. La Base Aérea de Kelly enviaba con este mensaje algo muy parecido a una historia de fantasmas. El mensaje hacía referencia a dos incidentes distintos que ocurrieron el 6 de agosto y el 3 de setiembre, respectivamente, en una pequeña población de Texas. El autor del informe era un padre de cuatro hijos, al que llamaremos Robert. Su casa está situada en un lugar bas tante solitario, y jamás ha comentado estos incidentes con sus vecinos.
El 6 de agosto, sus tres hijos menores (con edades compren didas de seis a nueve años) advirtieron la presencia de un objeto oscuro en forma de taza invertida. Aunque era por la tarde, y había luz, los niños no vieron llegar el objeto. Era oscuro, «sin color y sin luces». Entonces apareció una luminosidad amarillen ta y de forma cuadrada, como una puerta que se abriese, y en ella se recostó un ser de pequeño tamaño. Medía aproximadamen te un metro y vestía un traje negro, con reflejos amarillos o do rados. La observación duró varios minutos, hasta que la puerta se cerró. Los niños oyeron entonces un zumbido suave, y el objeto partió hacia el Nordeste, elevándose casi verticalmente, aunque no a una velocidad extraordinaria. (Estos detalles, naturalmente, no fueron suministrados espontáneamente por los niños; lo sucedido pudo reconstruirse mediante un hábil interrogatorio.) En ningún momento el objeto tocó el suelo: se cernía sobre él a unos 4,5 m de altura, cerca de un árbol que se encontró intacto y a unos 10 m de la casa.
La segunda observación tuvo lugar el 3 de setiembre, como queda dicho. Casi todos los miembros de la familia se hallaban ausentes, pero la hija mayor se quedó en la casa con una amiga. Aquella tarde, ambas se encontraban mirando la televisión cuan do en la pantalla apareció «nieve», y después se apagó. En cam bio, la casa quedó iluminada por una espectral luz rojo amari llenta, que daba la impresión de girar o dar vueltas. Ambas mi raron al exterior y vieron un objeto suspendido en la misma po sición y junto al mismo árbol que la primera vez. Tenía igual mente la forma de una copa invertida, con un disco plano en su parte inferior, como un platillo. Parecía irradiar luz todo él y par tió poco después. Ni fuera ni dentro del aparato distinguieron se ñales de vida.
Dos días después, Robert se hallaba sentado en su cama. Por la puerta abierta de su habitación distinguía al otro lado del ves tíbulo el umbral oscurecido de una puerta que conducía al dor mitorio de sus hijos. De pronto, vio entrar en éste a una personilla aproximadamente de un metro de estatura, vestida con un traje muy ajustado. Supuso que era su hija menor, que iba en busca de
su madre, que se encontraba en el dormitorio con sus hijos. Unos diez minutos después vio algo que describe como una «barra de luz», que parecía deshacerse. Levantóse y se dirigió a la habita ción oscurecida, donde encontró a su mujer y a los niños, que habían visto también la barra de luz. No vio salir al personaje vestido de blanco, y su esposa declaró rotundamente que su hija no había estado en la habitación en ningún momento. No hay pruebas físicas de la presencia del humanoide en la casa.