A l k i m i a. Tr a d i c i ó n y Mi l a g r o s
El Ho m b r e Pr o v i d e n c i a l
D
efinir la Providencia como un acontecer ajeno al hombre podríaenmarcarse dentro de lo teologal, lo religioso, lo esotérico... "Los dones del Espíritu Supremo". De igual forma podríamos abordar lo providencial como aquellos acontecimientos que se producen en la vida del hombre como consecuencia de las acciones individuales de cada uno y las infinitas posibilidades de combinaciones que se pueden dar a través de sus confluencias. En el primer caso, el hombre sería un interme- diario-contemplador, ajeno en cuanto a lo que se refiere a su aportación como protagonista de cualquier acontecer. En el segundo caso todo estaría a merced de las posibilidades y de sus diferentes combinaciones que el protagonista —hombre— es capaz de desarrollar.
Con este planteamiento podríamos pensar que son dos posiciones totalmente antagónicas. En el primer caso el hombre quedaría excluido de cualquier responsabilidad. En el segundo, el hombre sería el único respon sable, en virtud de sus potencialidades.
Pero podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Existen realidades antagónicas de esta magnitud que sitúan a una como certera y a otra como falsa?... ¿o es tan sólo una situación que surge como consecuencia del planteamiento esquivo del lenguaje?... O dicho de otra manera: cada una de las dos posiciones sólo mira con un ojo y excluye la visión del otro.
¿No les llama a ustedes la atención el hecho de poseer dos oídos, dos ojos, dos fosas nasales, miles de posibilidades sensoriales e inconta bles opciones en la discriminación de los sabores?... Y, en consecuencia, el hecho de que existan todas estas variables ¿no nos indica en una gran medida que no pueden existir posiciones irreconciliables y que, conse cuentemente, estas solamente surgen cuando quedan abolidas todas las posibilidades reales y el sujeto se centra en una sola?
Les proponemos que hagan el siguiente ejercicio: mirando con los dos ojos, cierren uno. Podrán comprobar de inmediato que el campo visual queda reducido a la mitad. Si lo aplicamos al oído los sonidos aferentes al oído afectado no son captados por el otro en su totalidad. Si accedemos a la olfacción, de igual forma, cuando ésta está alterada, determinados olo res no son captados y menos aún discriminados. Con el gusto pasaría otro tanto. Y con el tacto las variaciones, dada la amplitud de su textura, serían aún más evidentes. Cuando estas circunstancias ocurren, esto no significa que los sonidos, campos visuales, olores, sabores, etc. NO EXISTAN, sino que el receptor está abolido o alterado. Si bien una persona puede decir que tal o cual ciudad NO EXISTE, en su experiencia, porque no ha estado en ella, esto no significa que dicha ciudad no tenga una evidente exis
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tencia... Así sucesivamente podríamos alargar nuestra lista de ejemplos y poner en evidencia que las dos posturas iniciales de las que partíamos, son productos irreconciliables en la medida en que el observador no se apercibe de la parte que niega, lo cual no significa que esta no exista. En consecuencia, podemos afirmar que las dos posturas existen, y que se reconcilian y se hacen una, cuando el receptor amplifica, en el sentido de sus posibilidades, todo el campo de su realidad.
Las causas fundamentales que conducen a estos criterios parciales están claramente definidas en "la visión" que va recibiendo el sujeto de parte de los sistemas dominantes (familia, cultura, estado, continente etc.). Poco a poco se va anulando "la visión" de otras concepciones y ya se entra en el mundo dual que termina por sintetizarse en: cierto-falso...
Esta situación podría definirse en términos médicos como una "histeria espiritual", ya que el protagonista reacciona de forma negadora ante situaciones para las que ha sido educado bajo el comportamiento del rechazo... Como "todos" están sometidos a esta situación, no puede exis tir, en principio, un reconocimiento de esta patología. Se da por buena la posición y se pierde la perspectiva de la totalidad.
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Si nos fijamos en los factores que terminan por evocar un compor tamiento de "histeria espiritual", todos ellos están bajo el sinónimo del PODER. Poder que tiene su fundamento en la afirmación de una visión que se mantiene por el combate de otra.
Se podría decir que, en estas circunstancias, el "vencedor” deja tras de sí los cadáveres de los "derrotados"... Pero los cadáveres son... él mismo...
Esta situación sería comparable, por ejemplo, a una sordera de percep ción, situación en la que el sujeto oye los sonidos, pero es incapaz de interpre tarlos, "escucharlos", porque el lugar de recepción de los mismos se encuentra alterado; no reconociendo el lenguaje sonoro que llega ni su significado.
Estamos en condiciones de apercibirnos de que la única posibili dad, en el plano estrictamente humano, de poder participar en la resolu ción de esta "histeria espiritual", residiría en la disolución de los criterios de poder, que serían sustituidos —no en el sentido de reposición— por el descubrimiento y la respetabilidad que emanaría del entorno. De esta manera, el desarrollo evolutivo de cada individuo no estaría sometido a un "acondicionamiento permanente" sino que estaría en una estancia en la que el comportamiento del entorno le muestra el abanico de sus descu brimientos, despertando, en consecuencia, en el observador, una actitud de respeto, una posibilidad de elección, una opción de síntesis y, final mente, una concepción "original" de su existencia.
La opción a la que nos ha llevado todo este cúmulo de disquisiciones no es, ciertamente, fácil de conseguir, sobre todo teniendo en cuenta que el basamento de la especie del hombre se ha desarrollado fundamentalmente en torno a la esfera del poder. Las posibilidades de disolver este criterio sólo pueden irse gestando bajo el descubrimiento de la búsqueda individual del "proyecto personal"... Situación que ha de pasar bajo el prisma del "no combate", bajo el filtro selectivo de una información abrumadora, bajo la inducción permanente de la búsqueda de un bienestar y confort, bajo las expectativas especuladoras de una tecnología dependiente, bajo... en defini tiva, de una multitud de facetas que, sin definirse como poder... LO SON.
¿Cómo podríamos reconciliar —después de las expectativas descri tas— estas dos concepciones de lo que genéricamente se entiende por Providencia?
La respuesta providencial que emana de la actividad exclusiva del hom bre se rige por el principio de la "casualidad"... de la "imprevisibilidad"... del "azar"... y, en último termino, de la "suerte". Si pensamos en estas deduccio nes y las llevamos al plano de los acontecimientos de la vida de un adulto, no podemos por menos que establecer poderosas sospechas en torno a las