1. El emplazamiento de la ciudad de migrantes
1.2. Patagonia
«Al evocar los recuerdos del pasado, las llanuras de la Patagonia acuden frecuentemente a mi memoria, y, sin embargo, todos los viajeros están acordes en afirmar que son miserables desiertos. No pueden atribuírseles casi más que caracteres negativos; en efecto, no se encuentran allí ni casas, ni agua, ni árboles, ni montañas; apenas si se ven algunos arbustos achaparrados. ¿Por qué, entonces, esos desiertos –y no soy el único que ha experimentado ese sentimiento- han causado en mi tan profunda impresión? ¿Por qué las pampas, aun las más llanas, más fértiles, no me han
producido semejante impresión? No puedo analizar esos sentimientos, pero deben de provenir, en parte, del libre impulso dado a la imaginación.»40
«Recorrimos una extensión de tierra que excedía en asolamiento a todos los distritos atravesados hasta entonces. Hasta donde alcanzaba la vista se desarrollaba un erial llano, al que no aliviaba una sola eminencia u hondonada; el aspecto de los arbustos bajos y marchitos, del pasto duro quemado, y de uno que otro pedazo de terreno sembrado de guijarros, aspecto que durante 30 millas había estado cansando con su horrible monotonía, causó extraordinaria sensación de abatimiento.»41 La Patagonia aparece en el relato de los exploradores como monótona y estéril. «¡Tierra maldita!..., topónimo verdadero, que todos los exploradores han pronunciado precediendo, o siguiendo, el mito de Darwin.» (Paesa, 1967:12). Tierra de Patagones, de Mapuches, de Tehuelches, a quienes los exploradores Musters, Ramón Lista, Francisco Moreno y Mascardi describieron como hospitalarios, cariñosos y serviciales, de hábito nómade, recolectores y cazadores. Los tehuelches, fueron los pobladores originarios de Chubut, que sin embargo, era caracterizada de región inhóspita y despoblada, respondiendo a los fundamentos del pensamiento naturalista, que no le asignaba valor alguno a las poblaciones aborígenes y a las características naturales de la región (Borquez, 2005).
Casini (2005), plantea que desde la expedición de Magallanes en 1520, la Patagonia quedó marcada como lo monstruoso, con el salvajismo de sus habitantes y la maldición del espacio como figuras centrales, asociadas con la idea de excentricidad, lejanía e inmensidad. Lo que Casini llama los «textos fundadores», las obras de Antonio Pigafetta, Thomas Falkner, John Byron, Charles Darwin, Robert Fitz Roy, Auguste Guinnard, George Musters y Lucas Bridges, entre otros, crearon la imagen de la Patagonia como una inmensidad imposible de habitar, justificaron en parte la necesidad de conquista y civilización de sus pobladores.
Borquez (2005) explica que desde el siglo XVI, la Patagonia era la frontera del imperio y que comenzó a ser conocida a raíz de expediciones militares que organizó el Gobierno Nacional para afirmar su presencia y ejercer la soberanía en su territorio, y por los viajes de estudios que tenían el propósito de explorar y
40 Charles Darwin, Diario de viaje de un naturalista alrededor del mundo (1939) Traducción de Juan
Mateos (2000) pag. 620 www.elaleph.com
41 George Chaworth Musters, Vida entre los patagones –Un año de excursiones por tierras no
frecuentadas, desde el Estrecho de Magallanes hasta el Río Negro, pág. 24 (Universidad de La Plata, Biblioteca centenaria, Buenos Aires, Imprenta Coni Hnos., Traducción de A. Costa Álvarez, 1911, citado por Paesa: 13, 1967)
confeccionar mapas e informes sobre las bondades o no de la región. Charles Darwin, Francisco Moreno, George Musters, y demás exploradores construyeron lo que Nouzelles llama «la última frontera».
«... la experiencia de la infinitud, carencia de límites, zona extrema, espacio pre- histórico, creado por el imaginario de la geografía imperial, como la última frontera: rol decisivo que le asignó la Modernidad imperial, desde Magallanes» (Nouzelles 1999, citado por Borquez, 2005).
Con el objetivo de acelerar la ocupación del espacio para delimitar la frontera con Chile y en un contexto de expansión de la frontera agropecuaria para continuar con el modelo agroexportador, en 1875 durante la presidencia de Avellaneda, el Ministro de Guerra y Marina Adolfo Alsina, impulsó la campaña conocida como Conquista del desierto. La campaña extendió la soberanía estatal sobre el territorio hasta los límites políticos, sometiendo a los nativos y ocupando la zona con población blanca. Cuando en 1877 muere Adolfo Alsina, es nombrado como nuevo Ministro de Guerra el general Julio Argentino Roca quien aplicó un plan de aniquilamiento de las comunidades indígenas (Pigna, 2005). Para Cabiglia (2011) la imagen de la barbarie y el desierto justificaron la aniquilación y el sometimiento, y dieron lugar a la colonización. El autor explica que la primera apropiación del espacio patagónico fue a través de la metáfora de los bárbaros incivilizados y el desierto, a lo cual se sumó el nomadismo y la falsa idea de que carecían de territorios.
Así, buscando ampliar la superficie de tierra destinada a la producción y resolver el conflicto con Chile por la ocupación del sur del país, durante las décadas de 1870 y 1880 distintos gobiernos argentinos promovieron la colonización extranjera en la zona. Luego de la campaña militar «Conquista del desierto» (1875) que somete a los nativos para ocupar la zona con población extranjera; en cuanto a políticas de colonización que impactaron en la región, se destacan: La «Ley de Avellaneda» 42
del año 1876, El empréstito de 187843, la «Ley de remate público» 44 de 1882 y la
42 En 1.876, por iniciativa del entonces presidente de la nación Nicolás Avellaneda, fue sancionada
la ley Nº 817 de Inmigración y Colonización. Conocida también como «Ley Avellaneda», tenía como finalidad captar trabajadores para realizar las tareas rurales. La ley permitía a los particulares acceder a dos fracciones de tierras de hasta 40.000 ha cada una, sin otorgar la propiedad del recurso hasta tanto no cumpliese con las obligaciones de poblar. «Mientras la colonización estatal cubrió solo un 8% de la superficie total que se dispuso por esta ley, la efectuada por particulares absorbió el 92 % de las tierras» (Bandieri, 2005: 20). Luego, con la Ley de Poblamiento Nº 2.875 del año 1891, también llamada «Ley de Liquidación» se anuló las obligaciones de colonizar fijadas por la Lay de Avellaneda, otorgándoles a quienes no las habían cumplido la posibilidad de conservar la propiedad de las tres cuartas partes de las tierras obtenidas en concepto de donación o compra a precios muy bajos. (Bandieri, 2005)
43 En 1.878, a través de la suscripción de un empréstito, se utilizó el factor tierra como fuente de
financiamiento de la campaña militar «Conquista del desierto». Sus acciones se ubicarían en tierras cedidas por la provincia de Buenos Aires, Córdoba, San Luis, Mendoza y los territorios nacionales. En total se pusieron en juego 40.000 obligaciones de 400$ cada una que daban derecho a 2500 ha. Teniendo que comprar al menos de 4 obligaciones, lo que hacía un total de 10000 ha.
44 Ley sobre venta de tierras y división de los territorios nacionales Nº 1265, dictada en 1.882
durante la presidencia de Julio Argentino Roca. Con esta ley el Poder Ejecutivo procedía a la enajenación de las tierras de propiedad de la Nación para venderlas por medio de remates.
«Ley de Premios» 45 sancionada en 1885. Cada una de estas medidas, con diferente
estrategia de acción, tuvo como finalidad la promoción del asentamiento de colonos en la Patagonia, aunque en la mayoría de los casos resultaron en el acaparamiento de tierras entre una minoría de familias vinculadas al poder (Bandieri, 2005).
El 11 de octubre de 1878, se crea por Ley Nacional la Gobernación de la Patagonia siendo Carmen de Patagones su capital. Luego, el 16 de octubre de 1884, se promulga la Ley Nacional 1532, por la que se divide en los Territorios Nacionales de Neuquén, Río negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del fuego (Bandieri, 2005). Solo un año después, en 1885 comienza a funcionar el Municipio en Gaiman poblado por inmigrantes galeses. Es el primer municipio del Territorio Nacional de Chubut.
Sin embargo, las políticas de colonización de las tierras fueron previas a la «Conquista del desierto» y ya desde la presidencia de Mitre (1862-1868), los gobiernos nacionales han destinado esfuerzos desmedidos a la colonización de estas tierras con pobladores de origen europeo para que las cultivasen. Paesa habla de una ironía histórica, la paradoja de nuestras ilusiones de colonización. «De los países que tomábamos como modelos de progreso, nos llegaban los colonos que huían de una desesperanzada servidumbre, y que preferían la desolación patagónica a la miseria sufrida en sus patrias ejemplares.» (Paesa, 55: 1967) Al respecto, la historia de Gaiman, el primer municipio de Chubut, se merece un párrafo aparte en cuanto al esfuerzo del Gobierno Nacional por la colonización de estas tierras por inmigrantes galeses como ejemplo de las políticas de colonización aplicadas en la época.
Paesa, en su libro «El Amanecer del Chubut» relata la historia de las colonias galesas en la Patagonia, señalando 1865 como el año en el que llegan al Golfo Nuevo los primeros colonos provenientes de Gales. Según los relatos y crónicas de la época, «para la fundación de una colonia agrícola, se trajeron obreros de minas» (Paesa, 1967: 39), por lo cual la falta de experiencia, sumado a la aridez del lugar dieron por resultado el fracaso de los cultivos. Luego se trasladaron a las costas del Río Chubut, pero volvieron a fracasar en sus intentos de cultivar la tierra. En el Registro Nacional de la República Argentina del año 1867, queda asentado el acuerdo del presidente Mitre para asignar a la colonia 400$ fuertes mensuales durante un año, a modo de subsanar los contratiempos y perjuicios que han afrontado sus pobladores46. Un año más tarde el Departamento del Interior vuelve a
45 La «Ley de Premios» de 1.885, distribuyó tierras, en las actuales provincias de La Pampa, Río
Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego, entre los soldados y oficiales que participaron en la ocupación militar del espacio indígena. La distribución fue proporcional a su rango jerárquico.
46 «En el interés de que los trabajos y gastos hechos para la fundación y fomento de la Colonia del
Chubut, den los ventajosos resultados que el Gobierno Nacional ha tenido en vistas, y en la persuasión de que los contratiempos y perjuicios experimentados en el año transcurrido pueden subsanarse dedicándose los colonos con empeño a conseguir el objeto que se ha tenido en vista; el presidente de la República ha acordado se asigne a la Colonia la cantidad de 400$ fuertes (…) en provisiones que se entregaran a los colonos en el caso de que una mayoría de ellos prefiera permanecer en dicha Colonia».
adelantar sus aportes con un nuevo decreto, que firman el presidente Mitre y el ministro Castillo47 . En 1869 el presidente Sarmiento y el ministro Vélez Sarsfield del
Departamento del Interior ofrecen nuevamente un sostén económico de 250$ mensuales y la propiedad de los terrenos ocupados.
Refiriéndose a la generosidad del Gobierno para los colonos, en Crónica de la Colonia Galesa de la Patagonia, Mathews (Traducido por Roberts en 1954) relata que «aunque la ley de 1862 solo prometía tierra, sin embargo recibieron ganado, alimentos y granos en cantidad que sobrepasaba diez veces lo prometido en Gales, y más de lo esperado por los más optimistas y extremos en sus esperanzas» (Mathews, 1954: 16, citado por Paesa, 1967: 41). Pero la generosidad era exclusiva para los colonos europeos, los criollos no tenían la misma suerte. Eugenio Tello, quien fue gobernador del Chubut entre los años 1886 a 1895, al referirse a los beneficios otorgados a los inmigrantes, expresó:
«Y en verdad que no deja de ser desconsolador, por no decir irritante, el contemplar a centenares de labriegos argentinos, hijos de beneméritos patriotas, sumidos en la miseria, sin un palmo de tierra para albergar a su familia y dignificarse; mientras que parece preocuparnos únicamente la suerte de los inmigrantes, en cuyo beneficio casi exclusivamente se dictan leyes protectoras con el laudable propósito de poblar (…) pero no por eso debemos olvidar al criollo, que estimulado trabaja como un inmigrante, y que en justicia debe tener los beneficios, así como ellos o sus padres tuvieron buena parte en las lides de la Patria.» (E. Tello, citado en Paesa, 1967: 56)
Esta denuncia de privilegios a los inmigrantes europeos y olvido a los criollos que realizó Tello a finales del siglo XIX, es similar a lo que manifiestan autores como Williams (2010) y Latorre (2010) respecto de la construcción hegemónica del significado «inmigrante», correspondiente al estereotipo del inmigrante europeo de los primeros años, el «pionero», al que se le debe agradecimiento por poblar la región y engrandecer la patria, excluyendo así al migrante interno y al proveniente de países limítrofes. Es una historia construida en base a la indiferencia y desprecio de la cultura local y nativa.
(Registro Nacional de la República Argentina, año 1867, Nº6.800 pág. 318; citado por Paesa, 1967:41)
47 «En Consideración a lo manifestado últimamente por el agente de la Colonia Chubut (…) y en
interés de que mediante un nuevo auxilio se obtengan las ventajas para el país que el Gobierno ha tenido en vista al concurrir de esta manera al mejor éxito de la colonización de aquella parte de la República, acuerda que continúe abonando a la Colonia del Chubut, la cantidad de 400 pesos mensuales». (Registro Nacional de la República Argentina, año 1867, Nº6.800 pág. 318; citado por Paesa, 1967:42)