NUMERO DE HERIDOS / ENFERMOS POR EVENTO (1970 – 2010)
7. Penetraciones marinas Estos eventos se encuentran asociados a factores de riesgo como tsunamis, grandes oleajes y marejadas; las afectaciones se incrementan debido a los asentamientos
6.2.3. Actividad sísmica y volcánica en el Ecuador
6.2.3.2. Peligro sísmico(1)
El Ecuador es un país de muy alto riesgo sísmico y volcánico como se evidencia del número de víctimas por terremotos acumuladas durante el período histórico con cerca de 70.000 personas. Frente a las costas ecuatorianas, en la zona de subducción de la placa de Nazca, bajo la placa Sudamericana, se han registrado los sismos más grandes de la historia del país (Figura 2 y Figura 3).
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Las intensidades más altas, es decir los mayores efectos causados por los terremotos, se han registrado en la zona de la Sierra Central y Norte, en directa relación con los terremotos de magnitud moderada, M 5 – M 7.5, ubicados en la zona de contacto entre la placa Sudamericana y el Bloque Norandino, y con el tipo de construcciones que ha predominado ancestralmente en la Sierra, esto es el adobe que es uno de los materiales más débiles para soportar las fuerzas sísmicas.
Figura 2. Mapa con la sismicidad histórica (1541-1986) e instrumental (1987-2008). Fuente: elaboración IG-EPN
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Figura 3. Mapa de los sismos mayores registrados instrumentalmente en el Ecuador desde 1900. Fuente: elaboración IG-EPN
Una alta densidad poblacional y presiones de desarrollo urbano hacen que el país sea altamente vulnerable a los terremotos. Inaceptables pérdidas de vidas humanas y desaceleración en el incipiente desarrollo nacional han acompañado a las catástrofes causadas por los grandes sismos históricos en el Ecuador ej. Ambato en 1698, Latacunga en 1757, Riobamba en 1797, Ibarra en1868, nuevamente Ambato en 1949 y Nororiente en 1987. En la costa, asociados al proceso de subducción, se han producido también grandes terremotos con un impacto regional significativo como son los de: 1906 en
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Manabí- Esmeraldas-Sur-occidente de Colombia, 1942 en Manabí-Guayas, 1953 en el Oro-Guayas, 1958 en Esmeraldas, 1970 en Loja, 1979 en el Sur-occidente colombiano y la parte Norte de Esmeraldas. Las pérdidas humanas y económicas ocasionadas por estos grandes sismos y por otros menores de escala local han incidido fuertemente en el crecimiento del país y en la sostenibilidad de su desarrollo. Tal es el caso del terremoto del Nororiente (1987), el que no sólo provocó la muerte de al menos unas 1000 personas, sino también pérdidas económicas de cerca de 1000 millones de USD por daños materiales, sobre todo por la rotura del oleoducto transecuatoriano.
Si analizamos los últimos 20 años encontraremos que luego del terremoto de 1987 eventos no tan grandes pero si destructores asolaron zonas más restringidas pero que igualmente causaron gran impacto local. Estos son: el evento del Sur-oriente, conocido como el sismo de Cutucú de 1995; el de Pujilí de 1996; y el último en Bahía de Caráquez de 1998. El siglo XXI, hasta el momento, ha sido particular y anómalamente tranquilo en lo que a la intensidad sísmica se refiere, aunque hayan pasado ya 14 años desde el último evento de características destructoras (Bahía de Caráquez). Inclusive, el último terremoto de magnitud 7.3 del 12 de agosto de 2010, a pesar de su gran magnitud no causo mayores daños, dada su característica totalmente inusual de haberse localizado a más de 230 km de profundidad en su zona hipocentral de desgarre de la placa Nazca.
6.2.3.3. Recomendaciones
Para poder analizar minuto a minuto el nivel de actividad de las fuentes sísmicas y volcánicas y poder emitir alertas tempranas, por un lado, y, por otro, generar información pública permanente sobre las características y estado de las amenazas se necesita contar con monitoreo sísmico y volcánico confiable, de cobertura nacional, mediante instrumentación geofísica, geodésica, geoquímica y de observación tanto visual como remota, con transmisión ininterrumpida de datos en tiempo real, 24 horas al día y 7 días a la semana, y con un centro de procesamiento y análisis de los datos científicos y de difusión de las alertas y de otra información relevante. Esta es una tarea de alta complejidad técnica y de gran demanda logística.
Entre algunos problemas que se han identificado en el caso de respuesta de la sociedad ecuatoriana para enfrentar los fenómenos sísmicos y volcánicos se encuentra:
Alta exposición al impacto de terremotos y erupciones volcánicas en el Ecuador, alta vulnerabilidad del Estado y de la sociedad a estos eventos y poca capacidad de respuesta del Sistema Nacional Descentralizado de Gestión del Riesgo (SNDGR) por limitaciones de los sistemas de alerta temprana y aviso inmediato.
Dificultades para el funcionamiento óptimo 24/7 de las redes de monitoreo sísmico y volcánico y limitada automatización de los procesos de análisis e información.
Limitada capacidad de respuesta rápida del Sistema Nacional Descentralizado de Gestión de Riesgos ante posibles efectos de terremotos en el territorio, incluyendo la potencialidad de generación de tsunamis, ante la falta de información inmediata sobre ubicación y tamaño de los terremotos, sus mecanismos de generación y su capacidad de producir daños.
Poco acceso del Sistema Nacional Descentralizado de Gestión de Riesgos a la información relativa al monitoreo en tiempo real de los volcanes activos y dificultad en la comprensión del significado de la actividad registrada y a las alertas tempranas emitidas.
Poco desarrollo y aplicación de regulaciones para la construcción sismoresistente por un limitado conocimiento de la potencialidad de generación e impacto de los terremotos en el país y poca difusión de mapas de amenaza sísmica.
Dificultad del Sistema Nacional Descentralizado de Gestión de Riesgos de asimilar el significado y dimensión del riesgo volcánico lo que permite el desarrollo urbano en zonas de alta vulnerabilidad sin consideración del riesgo. Poco conocimiento de la amenaza volcánica en zonas de desarrollo urbano reciente pero de alta densidad poblacional.
6.2.4. Tsunamis