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El pensamiento creador

Esa forma de pensar no es sino un pro- ceso de solución de problemas. Pero una clase especial de problemas, una forma especial de tratar con ellos y, por último, unas soluciones muy especiales para los mismos. El mismo Einstein supo vislum- brar la naturaleza de este proceso psico- lógico en la física:

“Galileo formuló el problema de la medición de la velocidad de la luz, pero no lo resolvió. La formulación de un problema es frecuentemente más esencial que su solución, que puede ser tan sólo un asunto de destreza ma- temática o experimental. Plantearse nuevas cuestiones, nuevas posibili- dades, mirar viejos problemas desde un nuevo ángulo, requiere una imagi- nación creadora y marca un avance real en la ciencia.”

Lo propio de la solución creativa de pro- blemas es saber encontrarlos, definirlos –es decir, formularlos de manera que tengan sentido y sean resolubles– y plan- tear una estrategia para su resolución. En la creación artística hablamos de pro- blemas que son de naturaleza estética y personal. Dice Gombrich (1961) que en el arte es un problema objetivo el deseo subjetivo de expresar alguna idea, emo- ción o experiencia. Durante el proceso, el artista va definiendo el problema y solu- cionándolo con los medios a su alcance mediante nuevas formas de expresión. Ya desde Guilford –el gran impulsor de los estudios sobre creatividad en EE.UU.– se habla de sensibilidad a los problemas: saber encontrar dificultades, limitaciones, inconsistencias, de la necesidad de cambio (Guilford, 1959). Es ese “divino descontento” del creador. Una disposición abierta y receptiva al entorno, pero crítica a la vez. Actitud crítica también con su trabajo, que dura hasta el final del pro- ceso, hasta que se completa la obra. Esta sensibilidad planteará obviamente al creador muchos problemas para resolver. Problemas que deberán ser formulados, “problemas mal definidos”. Cuanto más se demore el proceso de formulación, de definición de su estructura definitiva, más creativa será la solución. Porque ello im- plica el esfuerzo de mantener tolerancia a la ambigüedad, resistencia al cierre; así se favorecen nuevos enfoques, nuevas apro- ximaciones, la posibilidad de utilizar infor- mación adicional que sirva para nuevas y originales soluciones (Romo, 2008b). La información añadida que facilita las so- luciones originales puede venir de dentro o de fuera del sujeto. El creador va siempre

“con las antenas puestas”, receptivo para encontrar algo indefinido pero valioso para su trabajo. A veces, es el azar lo que desen- cadena el afortunado descubrimiento. Es el fenómeno bautizado en inglés con el nombre de serendipity, donde la historia de la ciencia nos muestra innumerables ejem- plos; el libro de Roberts, Serendipia, recoge decenas de ellos (Roberts, 1992): Fleming y la penicilina, Pavlov y el reflejo condicio- nado, Beckerel y la radiactividad natural... Pero, ¡la suerte es para el que la busca! “En el terreno de la invención, la suerte favo- rece a la mente preparada”, dijo Pasteur. Fleming podía haber tirado aquel cultivo enmohecido de estafilococos, pero no lo hizo porque estaba preparado para inter- pretar aquel fenómeno que se presentó ante sus ojos: cómo las bacterias habían sido atacadas en la zona afectada por el hongo penicilium. Supo adivinar la tras- cendencia de aquel descubrimiento casual y trabajo duro, a posteriori, en la investi- gación de aquel fenómeno que provo- caba la destrucción de las colonias de bac- terias atacadas por aquel extraño moho. Toda su investigación previa con sustan- cias antimicrobianas le había preparado el camino para llegar a la penicilina. El mismo Fleming lo expresaba así:

“Si no fuera por la experiencia anterior, yo habría tirado la placa, como muchos bacteriólogos debieron haberlo hecho antes... También es probable que mu- chos bacteriólogos hayan apreciado cambios similares a los detectados por mí, pero en ausencia de algún interés por la aparición natural de unas sustan- cias antibacterianas, los cultivos simple- mente se descartaron.”

(Fleming, en Roberts, 1989: 252).

Creatividad y neurociencia cognitiva

Una vez formulados, el científico atacará los problemas con una actitud de flexibi- lidad mental; esto significa despreciar la inercia, romper con el set, romper con la tendencia a utilizar procedimientos estan- darizados en la solución de problemas, significa también buscar dimensiones ocultas en el problema, convertir lo ex- traño en familiar y lo familiar en extraño –como en la técnica “synectica” de Gordon para la solución creativa de pro- blemas en grupo–. Según parece, Einstein dijo: “Todo el que aspire a ser un autén- tico científico debe dedicar al menos media hora al día a pensar al contrario que los colegas” (en Di Troccio, 1997: 9). Sólo un pensamiento flexible puede al- canzar esas reestructuraciones repentinas, esa reorganización de los elementos en una nueva gestalt que son los procesos de

insight. Tal sucede en muchos de los casos

ya mencionados de descubrimientos re- pentinos.

Pero la estrategia más genuina del pensa- miento creador es la analogía, mediante ella se conectan realidades muy distintas en formas originales y valiosas. A este proceso se han referido los autores de muy diversa forma: Koestler en su obra clásica The act of creation lo llamó “biso- ciación” y consideraba que el verdadero logro en muchos descubrimientos cientí- ficos es ver una analogía donde nadie la había visto antes; Mednick definió la cre- atividad en términos de asociaciones re- motas (Mednick, 1962). Es muy intere- sante desde la psicología cognitiva, a este respecto, la obra de Holyoak y Thagard (1995), Mental leaps: analogy in creative

thought, quienes consideran la analogía

como la esencia del pensamiento creador

y, a la vez, el fundamento mismo del pen- samiento humano (Romo, 2003). Buenos ejemplos de analogías afortu- nadas y famosas son: el modelo del átomo de Bohr como un sistema solar, la conciencia como la corriente de un río de William James, el anillo del benceno y la serpiente que se muerde la cola, la ana- logía de Hartley comparando el corazón con una máquina o la de Franklin compa- rando la electricidad con el relámpago. En la ciencia se presentan muchas veces como formas compuestas, resultantes de procesos de integración y transformación que organizan la experiencia cognitiva como instrumentos a través de los cuales observar la realidad (Preta, 1992). Gruber, en su libro programático Darwin sobre el hombre, habla de una clase de analogías especialmente productivas que denomina: imágenes de amplio alcance, capaces de integrar otras distintas y, por tanto, de gran valor heurístico en la explicación científica.

Al respecto, resulta muy interesante el tra- bajo de Osowski, un discípulo de Gruber, sobre las metáforas de Willian James: la “corriente”, el “pastor”, el “sendero” para la conciencia, el “posarse y volar como un pájaro” de la imaginación…, y otras que le sirvieron como una herra- mienta representacional para organizar el conocimiento, relacionar la información con nuevos conceptos y expandir el al- cance de su teoría (Osowski, 1992). Pero, si en la ciencia es importante la ana- logía, en las artes es su propia esencia: ex- presión del problema mediante símbolos. La poesía es metáfora. La literatura y hasta el periodismo hacen constante re- curso de ella. En el lenguaje coloquial de

Creatividad: un desafío para la sociedad en el umbral del milenio

la vida cotidiana, en el humor –un arte, para muchos– hacemos constante uso de la metáfora. He aquí de nuevo el argu- mento de los procesos mentales ordina- rios en la creatividad. En el chiste afortu- nado, lo que hay, muchas veces, es una analogía inusual que sorprende.

Sin embargo, su definición como proceso psicológico es complicada y aún miste- riosa. No es cosa de cortar y pegar. Los conceptos no están pegados sino fun- didos, configurando una nueva realidad. De ahí las grandes limitaciones de los pro- gramas literarios de inteligencia artificial. Por eso, ni siquiera los nuevos modelos conexionistas de inteligencia artificial que conforman un reflejo más fiel del funcio- namiento de la mente humana podrán nunca replicar la creatividad extrema que implica ruptura de paradigmas y creación de nuevos espacios conceptuales (Romo, 1997).

Hace más de 2.000 años, un gran psicó- logo llamado Aristóteles supo vislumbrar la importancia de este proceso para la cre- ación. A él se le atribuyen estas palabras: “la metáfora, la percepción de la similitud en lo que es disimilar es el signo del genio”.