El hombre es la medida de todas cosas. Protágoras
1. Nuestro reloj interno. 2. El tiempo y el conocimiento.
3. Reminiscencias, algoritmos y fractales.
4. Modelos de memoria. En busca de los tiempos perdidos. 5. Recordando si somos capaces de olvidar.
6. Representación: modelos mentales de un mundo temporal. 7. La identidad. Nuestro lugar en la narrativa del mundo. 8. El tiempo y el inconsciente.
En la sección anterior, hemos visto como la personificación del significado enturbia la distinción entre cultura y biología. Las cartografías de imagen del modelo metafórico indican que no es posible separar la cultura humana de nuestros cuerpos. Los cerebros se estructuran según los cuerpos en que residen y por tanto la cultura, que no es otra cosa que actividad cerebral, se estructura conforme a los cuerpos en que reside. Pero al mismo tiempo, nuestra neurobiología es inseparable de la cultura, y el desarrollo del cerebro como un sistema para atribuir significado depende en gran parte de la experiencia temprana, tan constante y universal que parece innata, según apunta Turner,1991, o “epigenética” según la terminología de Wilson (1999:185-6 y 284). Si la capacidad lingüística no es autónoma de otras capacidades tales como nuestras capacidades para ver, para oír, para entender las fuerzas dinámicas y las relaciones espaciales, etc., debemos abandonar la tradicional división entre el estudio científico y el estudio retórico de la mente, y también la división entre capacidades innatas y adquiridas. En su lugar, se ha sugerido que debemos considerar el grado de “pregnacia”, es decir, el grado en que unas características o capacidades dependen de otras.
Bickerton y Calvin (2000) sugieren que la evolución humana está marcada precisamente por la habilidad de cambiar de marcos cognitivos, un panorama que proporciona una idea de la complejidad de interrelaciones que tienen lugar en el cerebro. Las palabras son un retrato de la realidad, derivado básicamente de impresiones sensoriales de varias ocasiones perceptivas. Estas representaciones se almacenan en términos de varias modalidades sensoriales. Para un entomólogo como Edward Wilson, las metáforas son los bloques del edificio del pensamiento.
Son una consecuencia de la acción expansiva del cerebro a causa del aprendizaje (Wilson,1999:320).
Aún cuando se ha encontrado evidencia de procesos temporales internos (Treisman,1999), el tiempo biológico no es el resultado de un solo proceso. Según ha indicado el propio Treisman: “los sentidos nos proporcionan únicamente un retrato del mundo externo, no un modelo de éste.” (Treisman,1999:222).
1. Nuestro reloj interno.
El espacio y la luz son imágenes esenciales en la descripción moral… Una buena persona es reconocida por su ritmo. El egoísta casi siempre destruye el espacio y el aire que le rodea, y resulta incomodo estar con él. Captamos la sensación del espacio del Otro. Una persona generosa hace crecer el espacio y nos encontramos calmados en su presencia. Se dice que los sabios en estado de meditación pueden llegar a ser invisibles debido a la ausencia de la nube ansiosa y egoísta que habitualmente rodea a la mayor parte de nosotros.
Iris Murdoch, Metaphysics as a Guide to Morals
Al igual que nuestro aparato perceptivo responde a estímulos externos como la gravedad o la inercia, ayudando a orientarnos en el espacio, existe también cierta propensión, por parte de algunas redes neuronales, para producir oscilaciones que podrían medir el tiempo, según ha señalado Treisman (1999:244). Muchos científicos se han preguntado si nuestras impresiones del paso del tiempo o “flujo”, no son sino la manifestación superficial de algunos procesos más profundos que implican la existencia de un reloj interno.
El tiempo se ha definido como movimiento, como sucesión de acontecimientos, y como armazón absoluto y universal. Las definiciones mentalistas, por otro lado, se han referido a la percepción de la simultaneidad y a la sucesión de ideas en el conocimiento, cuya base es la experiencia temporal subjetiva. Pero investigadores como Pavlov, Skinner, Hoagland (1933) y recientemente Triesman (1992 & 1999) han encontrado evidencia que muestra la existencia de relojes internos, comunes en ciertos organismos (las flores, la abejas, el ser humano, etc.) que controlan el paso del tiempo según la luz del sol, la temperatura corporal y variaciones hormonales y metabólicas (Friedman,1990:10-11). Los hallazgos muestran que la medición de intervalos cortos se basa en una distribución de osciladores temporales cuyas frecuencias de emisión son de aproximadamente 24.75 Hz. (Triesman,1999:241). Estos “marcadores” (pacemakers) difieren de los relojes fisiológicos que funcionan a largo plazo mediante controles de temperatura.
Sin embargo, según Friedman (1990:11), estos relojes oscilatorios son relativamente independientes del ambiente, pues aún cuando el organismo se ve privado de toda indicación
externa de tiempo, responde a los mismos ritmos, presumiblemente porque los ciclos sociales transmiten información suficiente.
La percepción de la duración puede variar según la estructura del estímulo y el sentido implicados, por ejemplo, el oído puede discernir mejor la duración de un estímulo no instantáneo. También se ha descubierto que la habilidad para estimar la duración varia con la edad. Los niños cometen más errores porque no se hallan lo suficientemente familiarizados con estimaciones de duración. Pero también, las deformaciones temporales pueden ser debidas a algún proceso fisiológico relacionado con la temperatura del cuerpo, como fiebre, o a la influencia de drogas, que pueden afectar las oscilaciones según los niveles de un neurotrasmisor denominado “dopamina” (Ibid. 15). Friedman añade que existen además otros factores que influyen en la impresión de duración. Por ejemplo:
• La absorción en tareas cognitivas que exigen gran concentración acorta la impresión del paso del tiempo.
• Un número más grande de acontecimientos alarga las impresiones de una duración dada. • Un intervalo parece más largo si uno sabe por adelantado que va a ser juzgado.
• Experimentamos una aceleración del pasaje de tiempo cuando envejecemos, debido a la mayor cantidad de memorias/acontecimientos registrados.
• La frustración de una espera o la anticipación de una experiencia agradable alargan la sensación de un paso temporal lento.
La habilidad para saber cual es nuestro lugar en el tiempo se encuentra relacionada con nuestra capacidad para percibir y recordar. La orientación temporal se puede definir como la capacidad para determinar el tiempo actual y los tiempos relativos de otros acontecimientos, determinando nuestra posición en el espacio (Ibid. 67). Nuestra naturaleza parece poder experimentar y recordar tiempo en escalas diferentes (lineal, cíclica, fragmentada). 2. El tiempo y el conocimiento.
Si dejamos de lado los sistemas cerrados, sometidos a leyes puramente matemáticas, aislables porque la duración no incide en ellos, si consideramos el conjunto de la realidad concreta o simplemente el mundo de la vida, y con más razón el de la consciencia, encontramos que hay más, y no menos en la posibilidad de cada uno de los estados sucesivos que en su realidad.
Bergson, Pensamiento y movimiento, 1934:109-112 in Altaya,1994: 33
Esta subsección explora los trabajos de Henri Louis Bergson que han sido fundamentales para elaborar una filosofía del proceso que rechazase los valores constantes y universales y favoreciese la percepción de la sucesión, el cambio y el movimiento.
Ya en su tesis doctoral de 1889, Bergson estableció la noción de duración en relación con la experiencia subjetiva. Explicó que la percepción del paso del tiempo tiene que ver con el
conocimiento que el hombre tiene de su ser interior, y que la duración tiene más de calidad que de cantidad. Bergson analizó conceptos como extensión, sucesión y simultaneidad, que Joyce explora también en sus obras, en relación con la música.
En Materia y memoria (1896) Bergson continua explorando la relación entre la mente y el cuerpo, mientras que en La evolución creativa (1907) acentúa la importancia de la duración en la teoría de la evolución, proponiendo su idea de un ‘elan esencial’ (impulso esencial). En su
Introducción a la metafísica (1903), Bergson explica su método, distinto del método científico
analítico que muestra las cosas como sólidas y discontinuas y la duración reducida a un cierto número de unidades de tiempo (es muy conocido el debate entre Bergson y Einstein). Bergson propone un método basado en una intuición, global e inmediata que captura la realidad esencial de las cosas porque captura su duración y su flujo perpetuo. La duración es para Bergson una proceso dinámico que vive en nosotros, es decir, que es de naturaleza psicológica (Bergson,1896:72-74). La duración es un acto de memoria en el que sólo una pequeña parte de nuestro pasado llega a ser representación (Bergson, 1907:4-5, en Altaya 47-8). El ritmo de la duración depende de nuestras acciones sobre las cosas porque los objetos que nos rodean reflejan nuestra acción posible sobre ellos (Bergson,1896:14-16 en Altaya 77). Establecemos la continuidad mediante los movimientos relativos que atribuimos a objetos en el espacio (Ibid. 231- 234, en Altaya 83-84). La teoría de Bergson, al igual que el modelo metafórico, concede particular importancia a la experiencia física y psicológica y a nuestra capacidad para interaccionar con el mundo que nos rodea.
3. Reminiscencias, algoritmos y fractales.
Había permanecido tanto tiempo intrigado por las teorias mecanicistas….(pero) fue el análisis de la noción de tiempo, y su relación con la mecánica y la física, la que cambió completamente mis ideas. Me di cuenta con gran asombro de que el tiempo científico no dura… de que la ciencia positiva consisten esencialmente en la eliminación de la duración.
Bergson, Carta a William James, citado en Friedman,1990.
Los conceptos que se organizan como parte del proceso de pensamiento requieren mecanismos de memoria. Las teorías de Aristóteles que explicaban el funcionamiento de la memoria fueron reformadas después por los empiristas británicos, Locke, Berkeley y Hume. Las ideas, cuya base son las sensaciones, se combinan con la experiencia consciente en ciertas condiciones temporales y espaciales, mediante asociaciones (metáforas) y desplazamientos (metonimias).
El significado surge mediante el reconocimiento. En un texto, las palabras sirven como indicadores. Si son familiares serán reconocidas, de lo contrario no transmitirán ningún significado. El acto de reconocer proporciona acceso a parte de la información que se había almacenado, mediante asociaciones de ideas, en la parte de memoria denominada “memoria a largo plazo” (Crick,1994:75). Parece que información se almacena en conjuntos, grupos o categorías. Para localizar un concepto en la memoria, se activa un sistema de datos relacionados con él, que se encontraban almacenados por asociación. A veces, un concepto no se puede recuperar completamente según pone de manifiesto el fenómeno “tener en la punta de la lengua”.
Toda la información de objetos, acontecimientos, etc., toma frecuentemente la forma de imágenes mentales, qué Lakoff (1990) ha denominado “image schemas” o “schemata”. Es como si, al recordar, las imágenes pasaran verdaderamente ante nuestros ojos. Las investigaciones de Bickerton & Calvin (2000) muestran que los mecanismos mentales de almacenamiento de información, la memoria, no funciona localizando los conceptos en posiciones fijas de nuestro cerebro, sino que los distintos atributos de un concepto (los visuales como forma, color etc., el olor, el sonido, etc.,) se almacenan simultáneamente en varias posiciones que se encuentran interrelacionadas, algo más parecido a un holograma que a un ordenador. Las respuestas emocionales producidas en el momento en que se estableció la memoria quedan incorporadas también, al igual que información temporal acerca de las veces que se han experimentado (Crick,1994:75).
Corteza Prefrontal A. Memoria espacial
B. Memoria espacial: tareas ordenadas
C. Memoria espacial: tareas ordenadas, razonamiento verbal y analítico. D. Memoria objetal y analítica.
Dado que la mente opera en varias modalidades, la pregunta clave es cómo pueden estas modalidades transmitirse la información unas a otras. Ya hemos mencionado la existencia de un debate con respecto a la naturaleza de los algoritmos asociados con las imágenes mentales.
¿Se reducen a la codificación simbólica o son de naturaleza dinámica y geométrica? Según ha mencionado Petitot (1992) el problema no concierne la implementación de los algoritmos sino a su naturaleza.
Las nuevas tendencias en lingüística cognitiva (los trabajos de Talmy, Langacker, Jackendoff, Lakoff, Johnson y Turner) muestran que muchas estructuras lingüísticas se organizan esencialmente de la misma forma que las imágenes visuales o “Gestalts”. En su “clearing house model”, Jackendoff (1983) menciona que la consciencia puede ser precisamente el sitio donde las distintas modalidades se “hablan” las unas a las otras. El uso de las mismas palabras a través de varios campos semánticos es una indicación de que tales estructuras conceptuales son “primitivas”. Para Jackendoff estas estructuras primitivas conceptuales representan las similitudes a través de los distintos dominios. Jackendoff sugiere que la indicación lingüística principal al dominio es la categoría sustantiva. Turner (1991:20) ha indicado también que los sistemas lingüísticos parecen estar estructurados en dominios cognitivos que se asemejan a la percepción visual, por los que se habla cada vez más de estructuras mentales más cercanas al universo matemático de los sistemas dinámicos y de la geometría diferencial que del análisis funcional.
4. Modelos de memoria. En busca de los tiempos perdidos.
Puede decirse que el presente consiste en gran parte en nuestro futuro inmediato. No percibimos prácticamente más que el pasado, siendo el presente puro el imperceptible progreso del pasado que corroe el porvenir. Bergson,1896:166-170 en Altaya 84-85
Existe una asimetría fundamental en nuestra percepción visual, ya que podemos ver las cosas espacialmente distantes de nosotros, pero sólo de manera temporalmente simultanea, es decir que nuestra visión percibe las diferencias espaciales pero no las temporales (a diferencia de nuestro sentido del oído que sí percibe las variaciones temporales). Para esta razón, nuestra capacidad para percibir la duración temporal, al contrario que nuestro sentido de la extensión espacial, no viene dada por la experiencia, sino mediante una combinación de experiencia, memoria y anticipación.
Bergson ya indicó que la memoria es un acontecimiento en un presente “real”, pero no se debe entender como completamente subjetivo ni completamente objetivo puesto que es una huella de un acontecimiento en un tiempo “real” pasado. El primero en distinguir entre memoria episódica y semántica fue el neurocientífico canadiense Endel Tulving, que señaló que mientras la primera se relaciona con la percepción, la memoria semántica trabaja por asociación (Tulving,1972:382-403 citado en Wilson,1999:199).
Parece como si nuestras memorias pertenecieran en un lugar determinado de nuestro mapa del pasado. Es esta habilidad para colocar las memorias en el tiempo lo que contribuye a desarrollar nuestro sentido de la historia y de nuestra identidad (Friedman,1990:27). El trabajo de Friedman, que exploramos en esta sección (en nuestra versión en inglés), analiza los distintos modelos de memoria como el modelo de “etiquetas” (Ibid. 28-31), el modelo secuencial (Ibid. 33), el de impresión química (Ibid.35), los modelos de inferencia (Ibid.38), etc.
Friedman señala, además, que aunque la concepción lineal de tiempo está muy extendida, podría haber tenido poca influencia en la manera de operar de nuestro cerebro. Parece que el tiempo cíclico está más arraigado en la experiencia humana y habría ejercido más fuerza a la hora de crear una representación temporal del mundo en que vivimos (Ibid.44). Según señala Kagame (1979) la experiencia cíclica del tiempo tiene gran influencia en culturas arcaicas como la Bantu en Africa.
5. Recordando si somos capaces de olvidar.
Mientras tanto tiempo vuela – vuela para nunca volver. Virgilio (70-19 B. C.) Georgias
La mayor parte de la evidencia para la medida de intervalos de tiempo en animales implica situaciones de repeticiones en una serie de ensayos. Las repeticiones, según indicaba Langacker, permiten que construyamos expectativas temporales. Sin embargo, existen impresiones temporales que no tienen que ver con situaciones que se repiten.
Según ha indicado Friedman (1990) nuestra experiencia de duración depende, en gran parte, de la cantidad de memorias almacenadas, ya que medimos el tiempo valorando el número de los acontecimientos que hemos percibido. La experiencia de una cierta duración está, pues, relacionada con la cantidad total de experiencia (sensaciones, percepciones, procesos cognitivos y emocionales, etc.), es decir, con la cantidad de contenido mental (Friedman,1990:24).
Las variaciones subjetivas del tiempo fueron exploradas, según hemos mencionado, por Bergson, William James, y por muchos artistas del denominado movimiento Modernista. Los “momentos del ser” de Virginia Woolf las “epifanías” de Joyce estudian las variaciones temporales y su relación con los estados consciente e inconsciente. Según veremos en otras secciones, hay veces que las variaciones en la experiencia del tiempo se deben a motivaciones personales, influenciadas por nuestro estado de ánimo, nuestras emociones, nuestra salud y nuestro entorno cultural.
Con el tiempo, las memorias y las experiencias acumuladas son esquematizadas y reorganizadas para ser almacenadas en la parte del cerebro conocida como “memoria a largo
plazo”. Las memorias de duración pueden estirarse o encogerse al almacenarse subjetivamente de acuerdo con nuestro estado emocional. El olvido no es realmente un proceso en el que se borre información, sino que, más bien, ciertos mecanismos codifican y adaptan los datos, estableciendo relaciones y asociaciones entre ellos. Sin embargo, algunas circunstancias físicas como la edad, el decaimiento y estados carenciales, las drogas o ciertos accidentes (amnesia), pueden provocar desordenes en la estructura temporal, y que algunas memorias se pierdan (Kosslyn 1983). El tiempo parece más breve cuando envejecemos, un fenómeno que no es simplemente debido a cambios metabólicos, aunque si que es cierto que los osciladores temporales funcionan más lentamente con la edad. Las investigaciones de Popper y Eccles (1999) indican que la velocidad a la que olvidamos varía según distintos atributos. Por ejemplo, las memorias con atributos auditivos dominantes tienden a olvidarse más rápidamente, mientras las imágenes visuales tardan más en olvidarse.
6. Representación: modelos mentales de un mundo temporal.
Normalmente vivimos mediante metáforas e imágenes, algunas de las cuales son traducidas de manera aceptable a formas menos figurativas, mientras otras parecen profundas y resisten análisis.
Iris Murdoch (1992) Metaphysics as a Guide to Morals
Según hemos señalado, la percepción del paso de tiempo tiene mucho que ver con el conocimiento humano y con la realidad íntima del hombre. El paso del tiempo es un acontecimiento intrínseco a la vida, y por tanto, una categoría esencial mediante la que experimentamos el mundo. Candidato perfecto a uno de los conceptos universales sugeridos por los lingüistas cognitivos.
Sin embargo, la duración no es el único atributo temporal. Existen otras informaciones temporales que incluyen orden, repetición, simultaneidad y duración relativa. El lenguaje musical, por ejemplo, captura muchos de estos atributos, a diferencia de nuestro discurso. Por esta razón, Woolf y Joyce experimentan con la música en las construcciones temporales de sus narrativas, según veremos en las Secciones 10 y 11.
La música o el lenguaje humano tienen en común el ser formas de representación distintas, que capturan diferentes tipos de información temporal. Los calendarios, los relojes, los horarios, los despliegues digitales, los relojes de arena, todos ellos son representaciones que capturan la información temporal de diversas formas.
Hemos visto como las imágenes mentales parecen ser la forma de codificación mental y de representación más empleada por nuestra mente. Los estudios de Gregory y Gombrich (1973) o Sekuler y Blake (1993), de Kosslyn (1983), Petry & Meyer (1987), Johnson & Morton
(1991) han mostrado la importancia de la percepción visual, pero también su naturaleza ilusoria. La imágenes mentales (image schemas o schemata) son sólo una forma de representación, que generalmente se encuentra asociada a otras formas cercanas al lenguaje (Friedman,1990:53- 55).
La información se almacena de forma parecida a una narrativa, como lo demuestra el hecho de que nos resulta más fácil recuperar elementos almacenados de forma nemotécnica (en forma de canción, poema, etc.). Ya hemos mencionado que el lenguaje es asimétrico respecto al tiempo, por lo que las memorias se organizan mejor siguiendo una configuración espacial. En la narrativa Modernista, la experimentación con la denominada “técnica del fluir de la consciencia” (“stream of consciousness technique”) pone de manifiesto, según veremos en otras secciones, las distintas formas en que las memorias pueden codificarse y volver a ser experimentadas. 7. La identidad. Nuestro lugar en la narrativa del mundo.