Philippe Panerai nació en Francia en 1940 y se matriculó en L’Ecole Nacional des Beux‒Arts de París para seguir la carrera de arquitectura, en 1967. Posteriormente realizó una maestría en el Institute d’Urbanisme de l’Universite de Paris77.
Fue profesor de la Ecole d’Archittecture d’Versailles en 1969, en el área de fundamentos del Análisis Morfológico; como investigador y pos- teriormente como director científico, estuvo vinculado al LADRHAUS (Laboratoire de Recherche: Historie architecturale et urbaine‒ Sociétés) entre los años 1975 y 1989, en donde trabajó en distintos proyectos de aproximación morfológica a las ciudades examinando la conformación del tejido urbano y la creación y desarrollo de distintos poblados en la historia78.
Al mismo tiempo que desarrolló su labor académica e investigativa, trabajó en los campos del urbanismo y la arquitectura y publicó varios libros, entre los cuales se destacan: “Formes urbaines: de l’ilôt à la barre” (1977) y “Project urbain” (1999), siempre en colaboración con otros au- tores de la Escuela de Versalles79.
Para Panerai, a partir de los años 60s, los resultados formales y so- ciales de la ciudad moderna produjeron la necesidad de cambiar la visión sobre la ciudad y abordar su construcción desde múltiples aspectos ‒in- tentando no dejar pasar ninguno‒ lo cual implicaba la necesidad de la participación de distintas disciplinas en los estudios urbanos que hasta entonces estaban ausentes.
Esta nueva forma de aproximación a la ciudad, está basada en el análisis urbano, desde entonces éste se convirtió en instrumento fun- damental para la definición de un nuevo urbanismo a partir de la forma. Los fundamentos de este análisis adquirieron cuerpo teórico en Italia du- rante los años 60s y 70s y desde allí influenciaron al resto de Europa. En Francia, esta aproximación a la ciudad, tuvo un eco importante a través de la denominada arquitectura urbana, arquitectura inspirada en las re- ferencias sobre la ciudad tradicional como resultado de los análisis mor- fológicos y tipológicos aplicados en la reconstrucción de fragmentos de la ciudad y de las investigaciones que sobre el análisis urbano, se realizaron desde la Escuela de Versalles.
77 “En la escuela de Bellas Artes, donde completamos los estudios de posgrado, el terreno real, el sitio, la situación, no existían, y una de las tareas del proyecto consistía en inventar, imaginar a partir de dos puntos: algunas indicaciones sobre el programa y aquello que se adaptara a su carácter” <Traducido por el autor> (Panerai, 2011, p.349).
78 En el LADRHAUS (Laboratorio de in- vestigaciones de historia, arquitectura urbana y sociedades) se desarrolla- ron y publicaron otros importantes trabajos sobre el análisis y la historia urbana como son los de Jean Castex ‒sobre el análisis crítico de los efectos del movimiento moderno en la historia de la construcción de 1971 y sobre Versalles como estudio de caso de 1980‒, y el de Francoise Divorne ‒sobre las Bastides, como new towns de 1985‒.
79 La denominada Escuela de Versalles, se crea siguiendo los principios de Muratori, afirmando una rotura drástica con la ciudad del Movimiento Moderno y afirmando que las raíces del la arquitectura deben ser redescu- biertas en las tradiciones pasadas. Sus posturas, intermedias a las escue- la inglesa –encabezada por Conzen‒ y la escuela italiana –con autores como Muratori, Aymonino y Rossi‒, incor- poran lo literario y las perspectivas de las ciencias sociales en la lectura y análisis de la ciudad. Para profundizar sobre el tema, véase: Vernez Moudon, (1994). En: Van den Burg, L. (ed.), 2004, pp.33, 34
Aunque esta escuela tuvo sus antecedentes y referentes en la misma Francia con Quatremère de Quincy, Abbe Laugier y Durand –con los es- tudios sobre los tipos arquitectónicos‒ y con Perre Lavedan y Marcel Poëte –con su aproximación desde la historia y la geografía urbana‒, su trabajo está basado en la relación entre tipo y forma urbana que sólo se da a partir de los años 70s en donde se busca redescubrir las raíces de la arquitectura en las tradiciones.
En el prólogo a “Elements d’analyse urbaine” (1980), Jean Castex hace una síntesis de los antecedentes del trabajo de la Escuela, que de manera precisa ilustra sus referencias y apoyos en la construcción de una nueva aproximación; afirma Castex que en los años 50s, la crítica al movi- miento moderno puso los cimientos para la definición de una nueva forma de trabajo para los arquitectos; en los 60s se produjo una reacción contra la reducción a la que había sido sometida el plano base por parte de los modernos y lo visual tomó un papel privilegiado en la reflexión sobre la ciudad; con Lefebvre, a finales de los años 60s, se fundó “la ciencia de la ciudad” que fijó las implicaciones del análisis urbano al articular la ar- quitectura con lo urbano y al postular la defensa de la ciudad unida a la causa de la arquitectura; en los años 70s se vio la necesidad de recuperar la ciudad y cómo debería ser construida. En este punto, partió el trabajo de la Escuela de Versalles, que no buscaba inventar nada nuevo, sino por el contrario, utilizar los elementos y herramientas existentes: “Imitemos… sabiendo lo que quiere decir cada elemento, cual es su función y cual es su sitio en este conjunto coherente y abierto que es la ciudad” (Castex, (1983). Urgencia y necesidad del análisis urbano. En: Panerai et alt, p.17)
De la forma global ‒ordenación del territorio‒ y local ‒el edificio‒ en que el análisis urbano era abordado en los años 60s, la Escuela de Versalles propone establecer lazos entre los elementos y estudiar su organización al interior de la estructura urbana, lo cual constituye la esencia de su trabajo.
La investigación reflejada en los estudios del LADRHAUS, estuvo motivada por la identificación de los ingredientes para un buen diseño urbano; esta propuesta que resulta dual, ya que mezcla la investigación descriptiva y el diseño de modelos, añade complejidad al campo de los análisis morfológicos y tipológicos tratándolos como una nueva disci- plina. (Vernez Moudon, 1994, p.35).
El esbozo de una disciplina que buscaba entender la ciudad y su di- seño implicó que su trabajo fuera más exploratorio y que abogara por la
necesidad de conocer tanto el material espacial como a los habitantes de la ciudad. La multidisciplinariedad de los miembros de la escuela les per- mitió identificar que la ciudad debe ser leída de distintas formas, una de las cuales es la arquitectura.
En “Elements d’analyse urbaine”, se estipula que el conocimiento producido por los análisis urbanos mejora al describir, entender y dis- cutir la ciudad como un fenómeno social y físico a la vez; por lo tanto, el diseño de la ciudad está en distintos campos simultáneos, desde las hu- manidades hasta la ciencias sociales. El punto de partida de este estudio, es el análisis urbano como parte indispensable del proyecto, lo que los autores denominan como “su condición misma”; el análisis condiciona desde el enunciado mismo al proyecto, hasta el método de trabajo y su postura teórica. Esto, porque es el análisis el que proporciona la materia sobre la que se realiza el proyecto.
Por lo tanto, el análisis urbano no es una etapa por cumplir para la realización de un proyecto en la ciudad, es por el contrario, parte del proyecto ya que aquí se produce la gestación y desarrollo de la forma por construir; es un instrumento que permite desarrollar una nueva cultura urbana que puede facilitar la comprensión de la ciudad y su arquitectura.
En el análisis urbano definido por Panerai, se busca establecer una relación dialéctica entre el espacio físico y el espacio social, entre la forma urbana y la acción social. Para esta aproximación, el espacio físico tiene una lógica y organización propia que debe ser evidenciada por los análisis morfológicos y tipológicos; este espacio es a su vez, un espacio vivido que toma sentido a través de una acción social que le imprime cambios en el espacio construido. En este punto se integran los dos materiales, el espacial con las fuerzas sociales que lo producen (Vernez Moudon, 1994, p.36).
“Elements d’analyse urbaine” es un texto que está construido de forma didáctica y que tiene como objetivo principal el proponer dis- tintas metodologías de análisis urbano complementarias entre sí; de esta forma, el grupo de trabajo hace explícita su intención de no inscribir sus métodos de análisis en una línea de pensamiento particular y de abogar por el trabajo interdisciplinario (Demorón (1983). Trazados y parcelación. En: Panerai et alt, p.76).
El estudio está desarrollado en siete capítulos firmados por distintos autores que describen de forma precisa, distintas aproximaciones y mé- todos del análisis urbano. En el primero, centrado en los crecimientos,
Panerai define a la ciudad como una estructura desarrollada de forma dinámica pero no lineal, con rupturas y saltos; así, plantea el análisis de los fenómenos de extensión y densificación como elementos que ayudan a entender la ciudad de forma integral, como un desarrollo en el tiempo. El entendimiento de la forma urbana como proceso continuo, permite el análisis de los modos de crecimiento y su relación cuando coinciden en el tiempo; con esta premisa establece dos modos de crecimiento ‒ continuo y discontinuo‒ y dos formas de relación ‒yuxtaposición y con- flicto‒. El autor reduce las variables de estudio, al centrarse sobre los aspectos materiales de los puntos de la ciudad que han sufrido trasfor- maciones, los cuales denomina elementos reguladores del crecimiento; estos son: aquellos que ordenan ‒líneas y polos o centros‒ y aquellos que contienen ‒límites y barreras‒.
En el segundo capítulo ‒desarrollado por Marcelle Demorgón‒, se trata el tema de los trazados y la parcelación con un enfoque que busca superar la visión tradicional de los geógrafos y la visión funcionalista de los arquitectos sobre la ciudad; para esto, se parte de la afirmación de que el mapa no es el territorio ya que éste último está conformado por la observación, por las estadísticas, por las relaciones y por la historia entre otros.
Se propone entonces, el cruce de dos aproximaciones tipológicas: la geografía tradicional, ‒que consiste en desglosar en grandes porciones el espacio urbano‒ y la del arquitecto ‒que está relacionada únicamente con los elementos locales‒. A partir de este cruce, se busca el estudio de los elementos fundamentales del trazado con el fin de obtener una visión geográfica y territorializada del espacio urbano (Luque Valdivia, 2004, p.707).
En el estudio se afirma que la parcela y el trazado no pueden ser defi- nidos como elementos separados ‒uno al margen del otro‒, sino que por el contrario, son una totalidad; no existe soporte, ni soportado, sino múl- tiples relaciones que deben ser estudiadas para comprender los distintos fenómenos urbanos.
Para el siguiente capítulo, Panerai desarrolla las nociones de tipo y tipología y presenta la necesidad de articular el análisis y el proyecto con el fin de establecer una tipología generativa con infinidad de variaciones; para esto, propone un método de análisis tipológico a aplicar a los te- jidos urbanos que consta de cuatro fases: la primera es la definición del
corpus de trabajo en el que se seleccionan los niveles o escalas del aná- lisis ‒edificios, partes de edificios, parcelas construidas, agrupaciones de parcelas, tejidos‒ y la delimitación de la zona de estudio; en la segunda se realiza la clasificación de los tipos edilicios y la definición de los crite- rios tenidos en cuenta para ésta ‒inventario, clasificación por familias‒; en la tercera se elaboran los tipos como herramientas de clasificación ‒ilustradas con el ejemplo tipo‒; y en la última se relacionan los tipos generando una tipología ‒relaciones entre el tamaño de las parcelas, las manzanas de vivienda y la organización del conjunto‒.
En el capítulo dedicado al paisaje urbano y al análisis pictórico, Panerai afirma que el análisis visual debe relacionar al paisaje urbano con los acontecimientos y con la percepción que los habitantes tienen sobre él, con el objeto de descubrir una imagen colectiva de la ciudad.
Aquí retoma los elementos del paisaje urbano establecidos por Lynch en “The image of the city” (1960) ‒sendas, hitos, nodos, bordes y barrios‒ y los complementa con el concepto de análisis secuencial, el cual permite el estudio de las modificaciones de lo visual a través del recorrido; esto, tiene un resultado novedoso al anotar la definición del espacio alrededor del observador.
Para el análisis secuencial, propone un trabajo de campo sobre el te- rreno que identifique los elementos determinantes como son las secuen- cias y la sucesión de planos; a partir de esta identificación, propone aislar y reconocer la secuencia y las disposiciones esquemáticas y codificadas del paisaje y nombrarlas.
Jean‒Charles Depaule desarrolla el capítulo: La práctica del espacio urbano, en donde el grupo de trabajo describe el estudio del espacio ur- bano desde el punto de vista social. Para el análisis que contempla esta dimensión, se propone establecer la diferencia entre el espacio ‒ como objeto del análisis morfológico urbano –físico‒ y el lugar como espacio cualificado por la práctica diaria –social‒.
El espacio de la práctica social –lugar‒, se superpone al espacio físico –espacio‒, estructurando de esta forma el espacio social; el arqui- tecto deberá proyectar lugares previendo que posteriormente la realidad le dará uso y lo podrá reconocer, rechazar o trasformar. El objetivo del análisis será el de buscar la interacción entre el espacio físico y el sistema de disposiciones que posibilita la práctica; para que esto pueda suceder los espacios y los lugares deberán ser observados con una perspectiva histórica y no podrán ser vistos como algo estático en el tiempo.
Se trata entonces no sólo del análisis del espacio o el análisis de la práctica, sino que debe ser el análisis del proceso ‒los dos y su evolución‒. Para esto, el grupo propone un método que se desarrolla en tres fases: en la primera se da la definición de cuestiones previas ‒el espacio y la práctica en la historia, sus relaciones y trasformaciones‒; en la segunda se realiza la prueba de interacción ‒cómo la práctica ha influido sobre el espacio, los signos y sus lecturas‒; y en la tercera se formulan las propuestas ‒conside- rando si la división propuesta en el análisis morfológico cubre un conjunto identificable, qué potencialidades se ofrecen a la práctica, en qué medida es posible una articulación de las distintas prácticas observadas y medir la simultaneidad de los fenómenos que suceden en un espacio‒.
En el siguiente capítulo ‒dedicado a las estructuras urbanas‒, Philippe Panerai y Michel Veyrenche definen a la ciudad como un con- junto, un complejo donde se cruzan interacciones y en el cual se ten- drán que enfrentar una serie de lógicas que son entre sí contradictorias. Reafirmando lo escrito en el capítulo anterior, para los autores la ciudad sólo es comprensible cuando es vista a través de la relación que existe entre el espacio construido y el espacio social; al interior de esta rela- ción es donde aparece la práctica. Entendiendo la ciudad de esta forma, se pueden ver los lazos entre tipología y morfología y entre morfología y práctica a través de la trasformación histórica.
A partir de esto, y contemplando diversos factores complementarios a los puramente físicos, para el análisis de las estructuras urbanas se proponen el estudio de tres elementos del espacio construido que los autores consideran como principales dentro de la ciudad; el entramado urbano, del que estudian sus dimensiones, escala y naturaleza de las vías de comunicación ‒mallas primaria, secundaria y terciaria‒, los monu- mentos y edificios públicos, que constituyen puntos diferenciales en el tejido, y la manzana, como el negativo de la trama.
Para Panerai, “la ciudad se organiza alrededor de las tensiones in- ducidas por las relaciones que mantienen entre sí, y de forma ordenada, estos elementos” (Veyrenche & Panerai (1983) Estructuras urbanas. En Panerai et alt, p.228). En las ciudades, cada uno de los tres elementos –la trama, los monumentos y la manzana‒, puede hacer referencia a varios niveles a la vez por lo cual, su lectura debe ser múltiple. Aquí, se hace evidente que el análisis morfológico ya no es suficiente, ya que éste tiene un límite y la comprensión de la estructura urbana pasa por factores como el uso, la historia y los símbolos.
En la última parte del estudio, se realiza una disertación sobre lo que significa y puede llegar a ser la arquitectura urbana una utopía rea- lista; aquí se define el componente urbano de la arquitectura como un punto en el cual convergen la investigación arquitectónica ‒referida a la ciudad‒, y la investigación centrada en la especificidad del trabajo del arquitecto. Para finalizar se incluyen y analizan una serie de propuestas urbanísticas que pueden ser enmarcadas dentro del ámbito de la arqui- tectura urbana.
Legado
Por el carácter incluyente de trabajos anteriores, para Vernez Moudon los aportes del trabajo dirigido por Panerai no pueden ser vistos de forma aislada, sino precisamente en relación con éstos. Para la autora, desde Italia se proveen los fundamentos técnicos para el planeamiento y el diseño a partir de la recuperación de la forma tradicional de hacer ciudad y su oposición con la ciudad moderna. Desde Inglaterra, se busca una aproximación académica a la investigación sobre el paisaje urbano y cómo éste es construido; finalmente desde Francia –la Escuela de Versalles‒, se propone retomar los legados de los dos anteriores para formular una nueva disciplina que combina el estudio del paisaje con la crítica de la teoría del diseño (Vernez Moudon, 1994, pp.40, 41).
Una de las particularidades que caracterizan a la Escuela de Versalles y la diferencian de las otras dos, es que ésta no analiza la ciudad tradi- cional en oposición a la ciudad moderna, sino que las considera a las dos como parte de un todo. Para Panerai y su grupo, el presente no repre- senta un rompimiento total con el pasado, por el contrario, su estudio Figura 26. Paisaje urbano y representación; a. Plano del centro del distrito VI de París, más o menos centrado sobre el bulevar Saint‒Germain; b. Localización de las instituciones que hacen referencia al barrio, a la ciudad o al estado; c. Intento de memorización de los elementos que caracterizan el paisaje urbano. (Fuente:
ofrece muchas posibilidades hacia el futuro, pues tradición y modernidad han existido en el pasado y deberán existir en el futuro.
A diferencia también de las otras escuelas, se busca la construcción de una teoría del diseño desarrollada a partir del estudio de otras teorías existentes, dejando de lado la creación de nuevos métodos alternativos y abogando por la combinación de otros ya comprobados, tomando pres- tado aquello de utilidad y proponiendo nuevos elementos y relaciones.
Constituyen entonces, como legado, un gran impulso al estudio de la ciudad como arquitectura y un apoyo al diseño urbano, discuten y pro- ponen métodos de contextos multidisciplinarios, desarrollan una disciplina aplicada del análisis urbano que permite una aproximación al diseño y sus investigaciones simultáneas sobre la tradición y la élite les permite reco- nocer la necesidad de mezclar tradición e innovación en el desarrollo de una teoría de diseño y control de la ciudad (Vernez Moudon, 1994, p.41).