Thomas Gordon Cullen nació en el año de 1914 en Calverley, Pudsey, cerca de Leeds en Inglaterra. Estudió arquitectura en el Politécnico de Regent Street, y 1933 se desempeñó como ilustrador y dibujante en una oficina privada, participando simultáneamente en la delegación britá- nica ante los CIAM. Participa en el grupo MARS –Modern Architectural Researh‒, que en 1938 organizó una exposición de Arquitectura Moderna en Londres, y el manifiesto que acompañaba la muestra New Architecture estaba dibujado por el propio Cullen. En 1946 ingresó a la Architectural Review, en Londres, donde permaneció durante un período de diez años como Assistant Art Editor (Luque Valdivia, 2004, p.340).
Durante estos años trabaja también en varias ciudades británicas; cabe destacar su participación en el plan de la City, en el centro de Londres, en el cual el autor se centró en los recorridos peatonales y en la valoración de los recintos urbanos y la imagen general de la ciudad; en esta labor se empieza a destacar su interés por la relación del cuerpo hu- mano con el entorno edificado y por el movimiento de éste a través de los distintos espacios de la ciudad. Cullen es sobre todo un gran dibujante y será este talento el que marcará su trabajo posterior.
En el Reino Unido durante la primera mitad del siglo XX, la recupera- ción del pintoresquismo37, la evaluación de las new towns que entonces
se extendían por parte importante del territorio y el interés por el desa- rrollo de una arquitectura más cercana a la gente, originaron una impor- tante corriente del pensamiento urbano y arquitectónico de la época: la visión del townscape.
La revista Architectural Review ‒órgano de difusión de este pensa- miento‒, promovió su aplicación en los entornos urbanos; en esta revista Cullen publicó en 1944 el artículo “Exterior furnishing or sharawaggi: the art of making urban landscape”, en donde resaltaba la necesidad de un urbanismo que prestara atención a la forma urbana y cómo era percibida y recorrida por los habitantes; un urbanismo que tuviera en cuenta los va- lores subjetivos de las formas urbanas y que proporcionara a los habitantes una imagen clara del lugar en el cual vivía (Luque Valdivia, 2004, p.341).
En este artículo, el autor desarrolló los principales temas que traba- jará en “Townscape” (1961), y propone al urbanismo no limitarse a las so- luciones formales y funcionales ‒comunes en la filosofía moderna‒, sino
37 El pintoresquismo, corriente que provino de las escuelas de arquitectu- ra europeas, es un término acuñado a partir del término «pintoresco» como una opción para valorar lo “pictórico” en relación a las propuestas arquitec- tónicas ligadas al paisajísmo.
atender los modos en que la forma es vista y usada por los habitantes, apoyándose en los aspectos perceptivos y en los valores subjetivos de éstos, como las reacciones emocionales. Propendía por buscar una imagen clara de la ciudad que se habría de habitar, con el fin de encon- trar espacios donde los ciudadanos se podrían sentir a gusto.
Cullen trabajó desde entonces sobre las distintas maneras que el hombre tiene para formarse una idea del entorno que lo rodea y del con- junto urbano en general, a partir de la relación de éste con el espacio urbano que percibe y que le activa sus recuerdos y emociones. De esta manera, se encuentran en este estudio los aspectos básicos y las referen- cias visuales que se deben establecer como principales para el buen uso y apropiación del espacio de la ciudad por parte de sus habitantes.
“Townscape” no es un libro que recopile una investigación, sino una revisión, recopilación y síntesis del trabajo adelantado por el autor en la Architectural Review, en donde, a partir de responder a las problemá- ticas de la ciudad en este momento, propuso aportar a los sistemas de planificación desde los aspectos visuales y perceptivos, en los cuales el habitante tiene una relación con el espacio físico que habita y que Cullen considera necesario tener en cuenta.
A la actitud del arquitecto moderno ‒que prestaba una espacial atención al edificio y sus relaciones funcionales con el entorno‒, Cullen contrapone una mirada que se fija en el entorno como totalidad ‒como conjunto de espacios y edificios‒, buscando una lectura de la ciudad basada en las relaciones formales que se establecen entre los distintos elementos que componen el paisaje urbano.
El estudio de Cullen parte entonces de la necesidad de un urbanismo que trascienda la solución funcional propuesta por los modernos; para el autor la rapidez del desarrollo urbano y los cambios que éste conlleva, han impedido a quienes planifican y dirigen los destinos de la ciudad or- ganizarla y humanizarla; éstos, no han tenido el tiempo de aprender de la materia prima con que cuentan y que se halla a disposición de todos –la ciudad real– y por el contrario, se han embarcado en la construcción de modelos urbanos que resuelvan los problemas urgentes.
Para Cullen, la ciudad no puede seguir siendo entendida como una máquina, como un conjunto de funciones que hay que garantizar, sino que por el contrario “(…) es algo más que una suma estadística de sus habi- tantes. Una ciudad tiene el poder de generar un excedente de amenidad
que constituye una de las varias razones que hacen que la gente prefiera vivir en comunidad a hacerlo en aislamiento” (Cullen, 1974, p.7). De esta forma el autor introdujo nuevos ámbitos que buscaban entender aspectos que se salían de la racionalidad en el estudio y lectura de la ciudad.
En el estudio, el espacio que conforma el conjunto de edificios en una ciudad tiene vida propia aparte de éstos, por lo que al igual que en la ar- quitectura es un espacio en el cual el habitante tiene las sensaciones de entrar, permanecer y salir; debe por lo tanto, ser objeto de estudio por medio de un enfoque que resalte valores urbanos hasta entonces olvi- dados en la lectura de la ciudad, como los espacios urbanos y su relación con los habitantes; propone pues, mirar el entorno urbano existente a partir de los aspectos visuales.
Esta consideración visual de la ciudad es novedosa, en tanto no se preocupa del valor formal de la arquitectura como hecho aislado sino como conjunto, donde para el autor se hace evidente un arte comple- tamente distinto a la arquitectura: el arte de la relación. Este arte tiene como finalidad estudiar la relación entre los elementos que forman el conjunto, la relación que existe entre éstos, su capacidad para ge- nerar amenidad y para desencadenar el drama y la emoción entre los habitantes.
Reconoce y acepta que cualidades como el drama y la emoción pueden ser creadas a través de la investigación científica y las soluciones técnicas, pero logrando únicamente un nivel medio de bienestar y confort que se considera insuficiente; en este sentido, Cullen afirma que se puede confiar poco en la técnica y que es necesario recurrir a otros valores como son las percepciones y sensaciones que se los habitantes experi- mentan en los distintos entornos urbanos que habitan. Así entonces, el autor definió como la principal tarea para los urbanistas la de captar a los ciudadanos, no por medio de argumentos democráticos, sino emotivos.
La crítica directa a una planificación racional y científica dirige a Cullen hacia una planificación basada en los aspectos visuales. Para el autor; “(…) las estadísticas son algo abstracto; al ser trasportadas a los planos y los planos convertidos, posteriormente, en edificios, el resultado carece de vida. El resultado no será sino un diagrama tridimensional en el que se le exige a la persona humana que viva” (Cullen, 1974, p.12).
Es precisamente a través de la vista que los habitantes pueden for- marse la idea de conjunto; este conjunto de lo visto, el exceso de visión,
es para el autor lo más importante; cuando ocurre se provoca una reac- ción emocional. Ésta, que puede producirse con o sin la voluntad del ob- servador, tiene lugar por tres vías: la óptica, el lugar y el contenido.
La óptica, es la vía por medio de la cual los escenarios urbanos aparecen en series fragmentadas, que se denomina como una visión serial. La ciudad adquiere drama y emoción en la yuxtaposición de los elementos urbanos, la finalidad del urbanista será la de manipular estos elementos de forma que produzcan un impacto real en las emociones de los ciudadanos.
Los escenarios urbanos se revelan al recorrer por ellos, como frag- mentos que van produciendo distintas sensaciones que van apareciendo con el tránsito por su interior; la visión serial se constituye entonces gracias al enlace de acontecimientos continuos pero accidentales. Esta sucesión de acontecimientos, como parte del arte de la relación, es una herramienta para dar forma a la ciudad generando un drama coherente, con la cual se pueden trasformar hechos urbanos carentes de significado en situaciones que proporcionen altas intensidades emocionales.
La segunda –el lugar‒, hace referencia a la posición del cuerpo en medio de aquello que lo rodea y a la relación que establece con el en- torno; aquello que significa estar dentro o fuera de un espacio. Si se tiene en cuenta el movimiento de los habitantes a través de los espacios en el momento de la planeación, se comprueba que el conjunto urbano es una experiencia plástica, un recorrido entre un aquí y un allí cuya relación crea efectos urbanísticos y reacciones emocionales que tiene muchos ejemplos históricos que lo validan. El conjunto estará resuelto en la inte- racción entre el aquí y el allí:
Si, en consecuencia, planeamos nuestras ciudades desde el punto de vista de una persona en movimiento (peatón u ocupante de un auto- móvil), será fácil comprobar que el conjunto ciudadano se convierte en una experiencia plástica, en un viaje a través de aglomeraciones y vacíos, en una secuencia de exposiciones y encierros, de expansiones y repre- siones. (Cullen, 1974, p.10).
Por último ‒el contenido‒, hace referencia explícita a los compo- nentes visuales de la construcción de la ciudad como son el color, la escala, el estilo, el carácter, la personalidad y la unicidad. La mezcla de estos componentes es el principal encanto de la ciudad ya que establece jerarquías, subdivisiones y categorías de todo el espacio que rodea al ciudadano.
El trabajo sobre estas tres vías permite adoptar en la ciudad uno o varios modelos, permitiendo su buen funcionamiento; a partir de la fle- xibilidad en la utilización de modelos ‒diferente a la solución científica que opta únicamente por el mejor posible‒, el autor propone el arte del contraste, un arte que no se construye mediante reglas absolutas, sino dentro de tolerancias que lo estimulen.
Una vez explicado teóricamente el proceso a seguir, el estudio se desarrolla exponiendo los conceptos explicados de forma gráfica y con detalle, denominado por el autor apuntes, espacio en el cual presenta los elementos que componen la ciudad, aquellos que deberán ser usados por los urbanistas.
A través de la interpretación visual que proporcione una forma le- gible y característica de la ciudad, el urbanista y el planificador deberán proponer soluciones a los problemas que se presentan en la relación forma‒función de las ciudades contemporáneas. Esta interpretación trata aspectos de carácter muy concreto que provienen de la vida y la experiencia cotidiana de los ciudadanos; a través de una explicación muy didáctica busca explicar la situación actual de los elementos urbanos for- mulando principios aplicables a cualquier ciudad.
Los temas más importantes tratados en esta parte del estudio son las plazas y plazoletas –su descripción y clasificación‒, los cierres de los espacios, las piernas y las ruedas –sobre la convivencia de la circulación rodada y peatonal‒, la planificación del llano –el análisis de la situa- ción urbana del momento que lleva a la conclusión de que la casa es el principio y fin de toda planificación‒, la incorporación de los árboles –la relación entre árboles y edificios‒ y la diferencia de nivel –el arte de manipularlos‒.
Finalmente desarrolla una serie de propuestas para la intervención del paisaje urbano a partir de temas como la introducción del agua como elemento básico, la integración de la construcción histórica en el diseño urbano, los caracteres de las plazas y el estudio del centro de varias ciu- dades británicas que han sufrido deterioro debido al tráfico.
En síntesis, el libro se propone como un juego o un diálogo cuya teoría consiste en levantar un mapa de los movimientos o jugadas posi- bles dentro de las tres vías propuestas produciendo una serie de situa- ciones; en cuanto éste es comprendido, los objetos del lugar dan la bien- venida al urbanismo para su intervención; “Sólo cuando de comienza el
diálogo, el pueblo se detendrá para escuchar” (Cullen, 1974, p.16).
Legado
La introducción de un arte del paisaje –compuesta por las artes de la re- lación y del contraste‒, que surge como contrapropuesta al aislamiento del edificio del Movimiento Moderno, ‒que se cerraba sobre sí mismo y se localizaba sobre grandes espacios abiertos‒, hizo posible prestar atención a las sensaciones que la imagen de la ciudad, la posición y el contenido, tienen sobre los habitantes (Ordeig, 2004, p.130).
Dentro de este arte del paisaje, tal vez el principal aporte del estudio de Cullen a la lectura de la ciudad esté en el arte de la relación que en su momento se presenta como la antítesis al aislamiento del edificio mo- derno, como una lectura de lo formal y espacial –el paisaje urbano–, que busca pasar del análisis del edificio individual al conjunto de edificios y a las relaciones y tensiones que se generan entre estos por contraste.
Así mismo, la importancia que otorga a los aspectos visuales que des- encadenan el drama y la emoción entre los habitantes de la ciudad como elemento de la planificación, introdujo en el estudio del paisaje urbano nuevos elementos de valoración que en adelante serán tenidos en cuenta por distintos estudios y autores.
Para contrarrestar a la planificación racional presente en este mo- mento en la ciudad, Cullen propuso tres vías nuevas: la óptica (el movi- miento), el lugar (la posición) y el contenido, que a través del ejercicio de la visión, las define como de gran utilidad para los procesos de plani- Figura 16. 1853. Redgrave Rd. Basildon New Town. (Fuente: El paisaje urbano, Barcelona, 1974)
ficación. Con estas, dio un papel principal al ciudadano en los procesos de planificación al revelar que éste se da perfecta cuenta de su posición dentro de lo que lo rodea y que tiene un sentido del lugar y de identidad que comparte con los demás por lo que es susceptible de ser estudiado. Por último, los conceptos de movimiento y visión serial, que hacen a la arquitectura un lugar no sólo para ser habitada, sino como objeto de relaciones y contrastes a través de los recorridos, contribuye a devolver el carácter simbólico original a la arquitectura como elemento de signi- ficado en la construcción del paisaje y a otorgarle un papel preciso en la estructura urbana a partir de los aspectos visuales.
Hacia la mitad de la década de los años 60s, Cullen desarrolló el es- tudio “The scanner” (1965)38, donde compara los factores humanos ‒qué
significan las condiciones de felicidad o tristeza, el cumplimiento o la desesperación y qué surge de la totalidad de las relaciones humanas‒, con los factores físicos –qué significan la forma y organización del de- sarrollo urbano existente, el molde que la sociedad habita‒. Define en- tonces, a los factores como un par de cadenas cruzadas, de actividades humanas y de espacios de entorno físico donde las actividades tienen lugar (Broadbent, 1990, p.217).
Con este estudio, Cullen afirma que cada diseñador puede fabricar su propio scanner y con éste fabricar el mapa de diseño del problema, lo cual permitirá encontrar las claves de cómo diseñar un espacio; este trabajo constituye el intento por poner en práctica en el diseño, los prin- cipios establecidos en “Townscape”.
38 Para una mayor comprensión véase Cullen, 1965, The scanner. En: The Architect’s Journal (1.XII.1965)