CARLOS III COMIENDO ANTE LA CORTE
PINTORES DEL REINADO DE FERNANDO
En los primeros años del siglo XVIII se van a dar importantes transformaciones, pues habrá un crecimiento de la población y se establecerán los tres estamentos: La Aristocracia, la Iglesia y el pueblo. También aparecerá la burguesía que surge como clase emergente y desplazará a la caduca aristocracia. Los Estados europeos asumieron las ideas racionalistas que vinieron por el Despotismo Ilustrado. Hay países que, como España, lo adoptaron, pero en otros fracasó. En Francia surge la Revolución de 1789. Se impone la estabilidad política. Habrá otra revolución en 1830 (la de Luis Felipe promovida por la burguesía), pero no tuvo éxito, porque tampoco se contó con el pueblo. En 1848 el pueblo realiza otra revolución, pero no tuvo repercusión. En España, a causa del secuestro de la familia real en Bayona por Napoleón, se aprovechó la ausencia del rey y se proclama la Constitución de 1808 por las Cortes de Cádiz.
En 1789 se inicia el concepto neoclásico por medio del concepto revolucionario. En Francia va a existir un nuevo sentimiento de sociedad, en el que todo el sentimiento de Nación, el concepto de Nación, surgirá desde el pueblo. El pueblo se siente unido por la misma lengua, por un mismo pensamiento y surgirá un nuevo concepto político del Estado. Napoleón llegó al poder por medio de las guerras de la revolución y por medio de un golpe de estado, se convirtió en Cónsul perpetuo, haciéndose coronar después como Emperador.
Napoleón impuso sus ideales en toda Europa por la fuerza de las armas y con derramamiento de sangre y el concepto de soberanía nacional produjo un rechazo a Napoleón. En España surge la conciencia nacional y en el resto de Europa y todo ello será determinante para el nacimiento del concepto y del movimiento Romántico.
El impacto de la Revolución Francesa hace olvidar cualquier concepto artístico anterior y se llega al Neoclasicismo por la razón. Carlos IV paralizó todo lo que se hacía y puso el gobierno en manos de Godoy. En España, a fines del siglo XVIII, los ciudadanos se dieron cuenta de que eso no servía y que hacía falta un cambio. Godoy pactó con Napoleón y le permitió el paso por España para dirigirse a Portugal, aliada de los ingleses y enemiga de Francia, pero una vez que entra en España, se queda. Esto produjo un alzamiento nacional contra el invasor. La Guerra contra los franceses significó dos cosas: Una, liberación de lo francés, con reafirmación nacionalista de lo español y otra, que aprovechando la guerra con Napoleón, en España y en Hispanoamérica se hizo una reforma política, es decir, se impuso el estado liberal. En América, la consecuencia fue la independencia de los países y en España se configuraron las Cortes de Cádiz y se realizaron los intentos de una renovación, pero hubo dificultades. El pueblo, a causa de su incultura, no tenía apetencias de una revolución. Los aristócratas siguen siendo afrancesados. Al no existir una burguesía fuerte no pudo formarse una democracia, ya que el pueblo lo que pedía era la vuelta del rey. Los súbditos quieren a su rey.
Para el arte supuso un cambio de mecenazgo: La burguesía y el Estado único. En primer lugar, la burguesía tiene un concepto basado en el libre mercado, luego el artista no es un obrero, sino que es libre, produce obras y se le compran. En segundo lugar, el otro mecenas, el Estado, necesita del arte como propaganda y lo encarga.
El nuevo mercado se produce en las Exposiciones y éstas son organizadas por el Estado. Las exposiciones permiten dar un lugar de honor a los artistas y que sus obras sean vistas para que de este modo puedan ser vendidas.
Las consecuencias: Primera, el artista ya no tiene clientela y crea con total libertad y, segunda, en las exposiciones hay que ser el mejor y destacar sobre los demás y llamar la atención.
Francia es el país que lleva la dirección política de Europa, emanada de la Revolución y de los pensamientos enciclopédicos de Diderot y es la depositaria del mejor arte por sus artistas, por lo que se convierte en potencia rectora política y artísticamente. Desde finales del siglo XVIII y hasta la segunda mitad del siglo XX, Francia es un país en el que su estilo se convierte en internacional. Los arquitectos, los pintores franceses son los que marcarán la cultura neoclásica en toda Europa. A través de David marcará la pauta y los ritmos del neoclasicismo europeo.
En España tenemos la Academia de San Fernando y en ella, la influencia de David se hará presente, pero con un cierto retraso, en primer lugar, por las prescripciones dieciochescas y en segundo lugar porque la Academia mira a Mengs, que es muy marquista, pero Mengs no cuenta con modelos propios, sino que se va a los clásicos, a Rafael. Su pintura no será neoclásica, sino académica. La Academia, ante la forma de pintar revolucionaria de David, será inflexible y destacará una figura, Vicente López, continuador de Mengs en la segunda mitad del siglo XIX, manteniendo su estilo.
En España, Fernando VII, como restaurador, dirigió sus preferencias hacia el arte académico, al igual que su padre. Así, a principios del siglo XIX, se mantuvo el arte oficial en esta línea, pero tras Napoleón, se sumó a los ideales pictóricos de David, por unos pintores que no fueron agasajados, pero fueron asumiendo los ideales del romanticismo. Habrá dos bloques: Los académicos, encabezados por Vicente López y los davidianos, encabezados por José de Madrazo.
A) PINTORES ACADÉMICOS VICENTE LÓPEZ PORTAÑA (1772-1850)
Es el último de los grandes academicistas. Epígono durante el reinado de Fernando VII y prolongó su estilo hasta el reinado de Isabel II. Se formó en la Academia de San Carlos de Valencia. Era un gran dibujante. El mejor dibujante del siglo XIX. Consigue una beca para ampliar estudios en la Academia de San Fernando, colocándose bajo la órbita de Maella. Allí se configura su estilo por su magnífico dibujo y su brillante colorido. Su obra Los Reyes Católicos reciben una embajada del Rey de Fez es una espléndida obra de esa época. Presenta una contención compositiva y desarrolla un tema histórico al gusto de la Academia.
Cuando se le acaba la pensión, regresa a Valencia en 1792. Es la figura cumbre de la pintura en esos momentos y es nombrado director de la Academia de San Carlos en 1801. Hará frescos, retratos, cuadros religiosos. Destaca el Retrato de Carlos IV de 1802 y el Homenaje de la Universidad de Valencia a la Familia Real. Entusiasmado por este cuadro, Carlos IV le nombra pintor de Cámara. Durante la invasión napoleónica, colaboró con los franceses, pero después no sufrió represalias. Fernando VII le encargará retratos para los ayuntamientos de Valencia y de Játiva que tanto gustaron al rey que por eso lo mandó
llamar a Madrid en 1814. Le nombra Primer Pintor de Cámara y se juntó con Maella. Fue puesto por encima de Goya.
En esa etapa realiza frescos y retratos de los reyes, de la aristocracia y de los ministros. Su estilo es academicista fernandino del siglo XIX. Es una razón por la que hay una pervivencia y su estilo convive con otras corrientes.
En sus rasgos se combinan dos fuentes. Primero, la clásica, con el estilo de Mengs al que no conoció personalmente sino a través de Maella y por el estudio de las mismas. El dibujo será muy importante y sus composiciones se mantendrán cercanas a Mengs y al clasicismo boloñés de los Carracci. Segundo, la tradición pictórica valenciana, de Ribera, Ribalta y los barrocos y se va a sentir cercano al naturalismo de la Escuela valenciana. En sus retratos prima el fuerte realismo, el fuerte colorido, colorido brillante y vibrante, emanado de la tradición barroca. Además de sus obras citadas, destaca el Retrato de Fernando VII con la Orden de Carlos III. Pintó frescos en el palacio Real: La institución de la Orden de Carlos III y en la Academia, retratos de nobles y uno de Goya, su competidor.
Nacido en Valencia el 19 de septiembre de 1772, se educó en la Escuela de Bellas Artes de Valencia y en la de San Fernando de Madrid hasta 1794, habiendo sido discípulo de Maella. Elegido Presidente de la Academia valenciana de San Carlos en 1801, al año siguiente fue nombrado Pintor de Cámara honorario por Carlos IV. Pintor de Cámara efectivo con Fernando VII desde 1814, pasó a ser Primer Pintor un año después. En 1814 había sido elegido académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que llegó a ser Director de Estudios en 1817 y Director General desde 1822. También fue Director artístico del Museo del Prado entre 1823 y 1838, habiendo sido recompensado, entre otras preciadas condecoraciones, con la Orden de Carlos III en 1828 y con la de Isabel la Católica en 1846. Falleció en Madrid el 22 de junio de 1850.
LA CAIDA DE LOS GIGANTES
Sigue los modelos de Tiépolo, componiendo una escena con la clara influencia de Mengs en el dibujo. Hay un gran equilibrio compositivo y un color armónico.
HÉRCULES EN EL OLIMPO
La escena no está vista desde abajo, sino desde un lado. Imprime mucho movimiento a los personajes, los dioses del Olimpo vuelan (por algo son dioses). Realiza un dibujo preciosista de las anatomías desnudas.
JESÚS ANTE CAIFÁS
Conecta con lo barroco, con una visión del cuadro desde abajo, centrando la composición. GOYA
Vicente López sucedió a Goya como Pintor de Cámara del Rey (Fernando VII), e hizo este retrato del viejo maestro con ocasión de un viaje que el pintor aragonés, residente ya en Burdeos, realizó a la corte en 1826, cuando tenía ochenta años y le quedaban dos para morir. Se dice que Goya se cansó de posar para su colega que era pintor minucioso y muy detallista, y que el retrato no quedó por ello tan perfectamente acabado como otras obras
de López. Tal vez por esto, y sobre todo por la poderosa personalidad del retratado, es ésta una de sus obras más vivas. Vicente López fue un pintor neoclásico pero aún anclado en ciertos aspectos minuciosos del pasado estilo rococó. En este rostro de Goya, ciertamente impresionante, se refleja esa maestría del dibujo tan característicamente neoclásica, que sin embargo sabe perfilar aquí con menor rigidez los rasgos del severo rostro de Goya anciano. Con las tonalidades cálidas de la paleta y del respaldo del sillón contrastan los fríos tonos del traje que viste Goya. Difícilmente puede reflejarse mejor en un retrato una personalidad tan acusada como la del gran pintor español Francisco de Goya.
ISABEL II, REINA DE ESPAÑA
Vestida con traje de corte y cubierta la cabeza con blanca mantilla ceñida con diadema de rica pedrería, la reina aparece sentada en el trono. Ostenta las bandas de las Órdenes de María Luisa, Carlos III e Isabel la Católica con sus respectivas veneras. En el brazo derecho lleva una ancha pulsera o brazalete con una miniatura de su madre, la reina María Cristina de Borbón, y con la mano sostiene el cetro con rico puño de cristal tallado, descansando todo el brazo sobre el rojo manto forrado de armiño. La mano izquierda señala hacia la corona real, colocada sobre un rojo almohadón con adornos dorados. Al fondo, cortinaje verde y respaldo del trono con medallón clásico con figura femenina entre haces de varas, repitiendo el mismo modelo del lienzo anterior.
Dado el aspecto físico de la reina y el porte majestuoso que presenta, cabe fechar este retrato en torno a 1843, coincidiendo con el momento de asumir el trono en plenitud. Además, idéntica pulsera e igual adorno de pedrería en el pecho ostenta la reina en los retratos que Vicente López realizó de ella en torno a 1842, como los conservados en El Alcázar de Sevilla y en una colección particular de Barcelona, este último idéntico en todos sus detalles al que posee el Ministerio. Incomprensiblemente, el retrato aquí reproducido venía siendo identificado desde antiguo con la reina María Cristina de Borbón, cuando en realidad se trata de una representación de su hija Isabel II.
FELICIANA BAYEU
Dominio de la paleta. Nos aparece una mujer joven, tímida e inteligente. CARTONES DEL PASEO DE LAS DELICIAS
Pinta a la burguesía mientras pasea por el Prado en Madrid, deleitándose.
RETRATO DE MARIA CRISTINA DE BORBÓN, TERCERA ESPOSA DE FERNANDO VII Lo realiza con un fondo neutro. Desaparecen las columnas clásicas que estaban en los maestros anteriores. Lo realiza de medio cuerpo, composición central, muy equilibrado. Hay que destacar, de una parte el dibujo, donde se aprecia el dominio que tiene del mismo por medio de los escorzos y el tratamiento que da a los volúmenes y en segundo lugar, por el naturalismo de la composición.
RETRATO DE UNA DAMA
La dota de un fular, un gran pañuelo rojo, con colores intensos, equilibrio del dibujo en rostro y manos, un fondo neutro.
RETRATO DEL MARQUÉS DE LA REMISA
Muy romántico. Su condición de nuevo aristócrata aburguesado se recoge en la composición. Aparece la biblioteca de sus antepasados. Elegancia en la vestimenta. Es un retrato de tipo inglés, con ricos fondos.