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El plástico, los colchones y las camas

Hay cosas de mi infancia, querido niño, que no serías capaz ni de imaginar. Tu conoces los plásticos, el polispán, la fibra, y todo un sinfín de materiales, de objetos y utensilios que existen por todas partes en nuestro mundo, que se fabrican hoy, y que son derivados de estos productos industriales. ¿Te imaginas como era el mundo antes de que los plásticos existiesen? Pues sí, hace sesenta años no los había y todo era muy diferente: por eso no había calzados deportivos, por eso los balones y las pelotas eran de goma y cuero, las plumas de bakelita, y los botones de hueso, de madera, de metal, de concha, etc., pero no de plástico. Y en algunas cosas todavía te sorprenderás más cuando te las cuente.

Te pasas un tercio de tu vida en la cama, sobre un colchón. Hoy tienes claro como es un colchón, los hay complejos, con una zona de verano y otra de invierno, con sus muelles y una cierta elasticidad pero al mismo tiempo con consistencia, dicen que es para que se adapte al cuerpo. Te contaré como eran antes: la gente con posibles, tenía colchones de lana. Es decir, se le cortaba la lana a las ovejas y se metía dentro de una cubierta de tela y ya estaba el colchón. No tenía muelles (para eso ya estaba el jergón, una pieza grande de metal trenzado que iba debajo y había que tensar periódicamente). El

problema de la lana es que, con el tiempo, se iba apelmazando y como siempre había alguna filtración (orina, líquidos, etc.) el colchón se convertía en algo duro y maloliente. Entonces llegaba la época del cambio: se abría el colchón, se retiraba toda la lana, y se estiraba con las manos para que volviese a ahuecarse. Después se tendía al exterior al sol y se tenía allí unos días para que perdiese olores y aromas íntimos. Finalmente, se volvía a introducir en la funda de tela y se cosía de nuevo. ¡Hala! y a usarlo otros 5 ó 6 años.

Dijimos antes que éste era el modelo de colchón de gente pudiente. Para el que no era rico, le resultaba mucho más barato guardar dentro de la tela simplemente paja, o follatas (las hojas del maíz). Era un poco menos suave, pero suficiente para dormir cuando había mucho sueño.

¿Y que pasaba con los niños pequeños que se hacían pis con

frecuencia y a cualquier hora? Esto resultaba un suplicio. Los pañales de entonces eran una simple tela que se ponía alrededor del culito y que se mojaba con cada micción o defecación. Recordemos que no había pañales absorbentes rodeados de plástico. Esto es muy reciente.

Entonces, cuando el niño se meaba, la orina traspasaba el pañal y mojaba las sábanas y frecuentemente llegaba al colchón. Para

evitarlo (porque el olor y el desprendimiento de amoníaco serían

insoportables), se trataba de poner una barrera con una piel de oveja, una piel entera, convertida en un cuero con pelos, que se ponía debajo de la sábana y por encima del colchón; también se mojaba si el niño meaba, pero después se podía poner al balcón y al sol para que perdiese olor (aunque algo siempre quedaba); con esto lo que se

evitaba es que la orina traspasase al colchón y se convirtiese en una peste amoniacal.

Cuando un niño tenía enuresis nocturna (ya sabes, que se mea de noche) el castigo para aquella pobre madre era tremendo: tenía el doble de trabajo, porque había que lavar más ropas, el doble que prevenir y, a pesar de todos los cuidados, el colchón siempre estaba algo maloliente.

Como no había plástico, ya te imaginas que todo lo que hoy está hecho con ese material, antes había que hacerlo con otras cosas, madera, cuero, metal, etc., que resultaban más costosas y más

perecederas. Pero era lo que había... Nada era desechable: los vasos eran de cristal, los platos de loza, los cuchillos y tenedores

metálicos y las servilletas de tela; esto quiere decir que no había forma de evitar que después de una gran comida hubiese alguna manera sencilla de ahorrar trabajo usando platos y cubiertos desechables y servilletas de papel: no, todo había que lavarlo de nuevo y guardarlo de nuevo. Había que contar con gran cantidad de todas estas cosas por si se presentaba la ocasión de gente que venía a casa y tenía que ser invitada. Además, si alguna cosa se rompía (como los platos y los vasos) se trataba de recuperarlos para que siguiesen sirviendo, lo que era un trabajo adicional (del que ya hablamos antes, del afilador y paragüero).

No había bolsas de plástico de esas que te dan en un comercio cuando vas de compras: en la casa había bolsas de tela ya dedicadas a ciertas funciones, como por ejemplo la bolsa del pan, típica, grande y colgada en algún lugar conocido en la cocina, la bolsa o el cestón de la ropa sucia, etc. Pero para la compra, la mayor parte de las cosas se envolvían en papel de periódico. A veces en bolsas de papel.

Y recuerda que los juguetes, los soldaditos, los animalitos que hoy compras en plástico en cualquier tienda por poco dinero, antes no los había, porque resultarían muy caros. Hubo soldaditos de plomo, también caros, y que a veces causaban intoxicaciones, por los componentes de las pinturas. Pero si no eran éstos, ya tenías que pasarte al papel, soldaditos de papel que recortabas, pegabas a una base y te servían para imaginarte las batallas y los desfiles. Y si no los tenías, jugabas con habichuelas, como si fuesen soldados. La

fantasía lo puede todo y puede suplir todas las carencias. Si en algún momento te paras y miras a tu alrededor, vete

fijando en todas las cosas que están formadas por plásticos, nylon, y otros productos similares, verás que son muchísimas: las bolsas de la basura, las botellas de lo que fuese, los bolígrafos, los CDs, los ordenadores, portalámparas, cajas, tazas, vasos, envases de casi cualquier cosa, colgadores de la ropa, protectores de instrumentos, cajas comerciales, alfombras, cordeles, calzado, aparatos de tocador, cepillos de dientes, las televisiones y los ordenadores casi en su totalidad, las monturas de las gafas, lapiceros, bolígrafos, los envases de los medicamentos, los aislamientos de las paredes de las casas, etc., etc. Y así se podría seguir enumerando, hasta que te cansases, muchas cosas más que si las buscas las encontrarás. Todo eso, o no existía o tenía que ser construido con otro material diferente. Mira que cambios.

Capítulo 18