2. Líneas de sentido o análisis semántico
2.4 El poder/autoridad y burocracia
El contexto del poder/autoridad en la vida religiosa es servicio desde el amor, es un asemejarse al servicio de Jesús. Servir a los hermanos desde el amor, en el caminar de la vida cotidiana e identificar las problemáticas del diario acontecer, dar las posibles soluciones y desde el presente proyectarse hacia el futuro, aportando, motivando, estimulando, guiando con esperanza desde y hacia los horizontes evangélicos siempre novedosos. Es lo que se espera de quienes están al frente de las instituciones religiosas. Pero en un alto porcentaje, este modo de servir desde el poder/autoridad se ha venido asumiendo como una burocracia administrativa con énfasis en lo ejecutivo. Y aunque este modo de gobierno es eficiente en cuanto que alcanza los objetivos que una institución se
propone, tiene una serie de contradicciones con un modelo de gobierno de fundamentación evangélica. La burocracia pasa por una serie de mediaciones para consolidar a personas y a grupos. Y ¿cuales son los signos evidentes para que se pueda decir tal afirmación? Veamos cuales son las características del poder/autoridad como burocracia y luego realizaré una confrontación con su similar en la vida religiosa institucional para identificar aquello que no corresponde a esta forma de vida.
2.4.1 El poder/autoridad y burocracia institucional
Las instituciones tienen una organización interna que se conforma por puestos jerárquicos, otorgados por designación con funciones precisas: La autoridad nombra al funcionario, con el fin de trabajar específicamente en una asignación: “La dominación burocrática se ofrece en forma más pura allí donde rige con mayor fuerza el principio de nombramiento de los funcionarios”70. De ellos se espera resultados de calidad y por ende satisfactorios. De esto
se trata, sino es así no tendría sentido la asignación de un trabajo en una institución: “El principal mérito de la burocracia está en su eficiencia técnica, con el énfasis que pone en la precisión, la rapidez, el control técnico, la continuidad, la discreción, por sus óptimas cuotas de producción”71.
Así, por medio de los nombramientos y la asignación de tareas específicas a personas concretas, la cúpula jerárquica presiona a toda la institución y cumple los objetivos institucionales que se propusieron, desde las siguientes pautas:
1) Cada funcionario ejerce la autoridad que le ha sido delegada de acuerdo a reglas generales recibidas por su superior inmediato, aclarándole que ese es su deber y su objetivo inmediato.
2) El funcionario debe colocar su habilidad al servicio de la autoridad superior (incluyendo, especialmente en el caso de altos funcionarios). Es un empleado al servicio de quien está al frente de la institución, para él trabaja.
Desde aquí, se deducen deficiencias para el funcionario, son:
1) El funcionario es contratado para un trabajo asignado. Esto es lo relevante para él, cumplir con lo estipulado por la regla para ser digno de confianza por la autoridad superior. Esta precisión en la obediencia se convierte para el funcionario en un fin en sí mismo: “La
70 Heinz, Sociología del Poder, 28. 71 Ibid., 202.
sumisión a la norma, concebida, en un principio, como un medio, se transforma en un fin en sí (…) La disciplina interpretada como acatamiento a los reglamentos, cualquiera sea la situación, no es considerada como una medida destinada a unos fines específicos, sino que aparece en la vida del burócrata como un valor inmediato”72. Es decir, el que ha recibido
un puesto burocrático dentro de una institución, solo le importa la norma, trabajar para quien emite la norma, hacer bien lo que se le asignó y de esa manera da y recibe confianza en el cumplimiento de la misión. Esta labor, cuando se convierte en una constante, lleva a que el funcionario se incline en el formalismo, porque las normas son iguales para todos y de allí no hace nada más. Le importa estar bien con quien representa todas las normas, así la vida de la institución vaya por otro lado.
2) En cuanto que el funcionario debe ejercer sus habilidades al servicio de la autoridad: Este se convierte en un empleado de quien lo ha designado para este oficio y tiende a influir a favor del empleador desde su posición. Toda su disponibilidad está al servicio de quien le da la oportunidad y lo sostiene en el puesto. Se forma una alianza no manifiesta, pero sobre entendida: “Yo le colaboro, y Usted me mantiene allí”. Termina siendo un asistente del empleador. ¿Quienes son los beneficiados en estos dos puntos? La misma institución y el burócrata, pero este último paga un precio.
Se beneficia la institución, porque con la obediencia “ciega” del empleado promueve el crecimiento en el orden económico, competitivo, productivo, eficiente y de calidad.
Y el burócrata, porque al mantener un alto nivel de eficiencia la institución lo abala por meritocracia para recibir favores específicos, aportes significativos, consideraciones meritorias por su buen rendimiento, como: “promoción por antigüedad, pensiones de retiro, salarios reajustables, etc.”73, alicientes que redundan en beneficio personal,
asegurando: Vida laboral estable, solvencia económica, prestigio profesional. Posición deseada para cualquier persona, porque esto es visto como realización de un proyecto de vida exitosa. Pero en realidad es como tener un “cielo” montado sobre estructuras de arena y que además obstaculiza el desarrollo de vivencias significativas en relación a la alteridad con los demás.
72 Ibid., 205.
2.4.2 La carencia del funcionario burócrata
En el burócrata, la estricta observancia de la norma, sin atender el fin de esta, va permeabilizando la manera de pensar, de sentir y proyectarse en las relaciones interpersonales con indiferencia y conformismo frente a las problemáticas reales de la comunidad a la cual supuestamente sirve: “El molde de la personalidad del burócrata se forma alrededor de esta norma de lo impersonal, lo que junto con la tendencia a categorizar, originada por el predominio de las normas generales y abstratas, tiende a producir conflictos en los contactos del burócrota con el público”74. El burócrata, hace lo
que tiene que hacer, atiende a las necesidades de la comunidad durante el tiempo estipulado y una vez, cumplido su tiempo de trabajo se desprende de cualquier otro deber en función de las personas, porque obviamente terminó el horario de labor. Y esto, con respecto a las necesidades imprevistas del otro, es lo que hace que sea visto como rígido, sin afectividad a las personas que solicitan servicio, desentendido de los objetivos institucionales, desinteresado de la problemática del otro que acude a la institución con el fin de encontrar solución a sus necesidades. Así, el empleado que se mueve por la burocracia lleva a mostrar la imagen de arrogancia, insensibles a las necesidades de la comunidad, pero sumiso al poder/autoridad que lo emplea; y este es el motivo del conflicto entre el funcionario burócrota y usuario, cuando este se siente mal atendido en el servicio. Por eso la burocracia goza de mala fama. Esto es común en los funcionarios públicos, como en instituciones privadas. Este es el precio que paga el burócrata. Vive acomodado en la institución, pero pierde el carisma de servir por convicción, con alegría; pierde libertad en el cumplimiernto de sus responsabilidades, de expresión, de sentir unos valores como suyos. Estas características personales son el resultado del estar impregnado de la institución y el seguir al pie de la letra las indicaciones, hasta hacer caso omiso de la “la fantasia creativa, la capacidad del diálogo, el espíritu crítico, se inflama en el llamamiento a la obediencia, a la sumisión, a la disciplina y el orden”75. Conductas catalogadas como enfermizas por la
sociología y la psicología. A este declive llega el burócrata, sin desacreditar su dignidad como persona. Y este es el precio que paga: Se sacrifican los ideales, el carisma, la libertad por el bien económico, asegurándose una buena vida.
74 Ibid., 208.
Ahora, veamos como interviene esta noción de burocracia en la estructura de poder/autoridad desde el contexto de una institución de vida religiosa.
2.4.3 La Burocracia e institucionalidad religiosa
Empecemos por considerar un poco la forma como se accede al poder/autoridad, que generalmente es por votaciones; se eligen candidatos y de entre ellos se elige al superior o jefe, constituyéndose como una autoridad legal. Así lo estipula el derecho canónico: “El superior general de un instituto ha de ser designado por elección canónica, de acuerdo con las constituciones” (CIC. #625)76, esto en cuanto Ministro General de un instituto. Ahora,
los institutos religiosos se dividen en provincias y casas. En cada provincia se elige al Ministro Provincial de acuerdo a lo estipulado por las constituciones particulares de cada institución (Cfr. CIC # 625,3). La forma de gobierno en las provincias tienen las características de personal y colegial. Personal, cuando gobierna con su concejo de gobierno, pero la decisión final descansa en el Ministro Provincial (Cfr. CIC. # 699) y, colegial cuando se ejerce a través de los capítulos y órganos de representación de la institución en los cuales la responsabilidad está en ellos.
Después de elegir al Ministro Provincial, se elige por votación, un grupo de personas para acompañar al Ministro Provincial, asesorándolo a lo largo de su mandato, este grupo se llama el Consejo Provincial (Cfr. CIC. # 627,1). A cada uno de los integrantes de este grupo se les denomina “consejeros” y son de carácter consultivo y delibarativo, aun así la decisión final está en el Ministro Provincial. En estos, el Ministro Provincial delega puestos de poder/autoridad dentro de la institución, como encargados directos de proyectos de pastoral de misiones, de parroquias, pastoral de formación para religiosos de la misma institución, educación y economía. Cada consejero recibe un presupuesto económico mensual. Los encargados de estos trabajos tienen una función específica, que son a su vez puesto de burocracia.
Este mismo gobierno compuesto por el Ministro(a) Provincial y sus consejeros(as) nombra otros mandos medios de jerarquía que van a ser representates del gobieno institucional en puestos diseminados en distintos lugares, con obediencias para desempeñar oficios específicos, como rector de una institución educativa (colegio, universidad), director de una institución asistencial a comunidad en riesgo (ancianato, orfanato), superior de una casa de
formación (seminario), párroco, superior de una casa religiosa, director de un templo de culto, etc. Obviamente se recibe una misión, un trabajo por realizar, pero también unas prerrogativas como es disponer de los medios económicos e institucionales. Ahora, mientras mejor desempeñe sus funciones y mejores resultados obtenga para la institución en general, seguirá ocupando esos puestos, en la misma ciudad o en otra ciudad, un alto cargo de la misma institución, como paga por sus buenos servicios. Mientras mejor desempeñe la obediencia asignada y sean dóciles a la autoridad que les encomienda tal misión, se perpetuarán en ese servicio a lo largo de toda la vida religiosa. Esto es una constante en las instituciones religiosas y que además es un reflejo de la administración burocrática: “Inclinación de los burócratas a llevar a cabo sus tareas administrativas de acuerdo con criterios utilitarios-materiales en servicio de los dominados, hechos felices de esta suerte”77.
La burocracia es el nombramiento de funcionarios “eficientes” por el gobierno de turno. En últimas, desde otra perspectiva, esta es una forma burocratica de vivir, de tener acceso a puestos de poder. La burocracia se hace a partir de nombramientos administrativos, y que es común en las instituciones de vida religiosa: “La dominación burocrática se ofrece en la forma más pura allí donde rige con mayor fuerza el principio de nombramiento de los funcionarios”78. Si el hecho de los nombramientos es algo común en las instituciones
religiosas, quiere decir que la burocracia es algo normal y aceptado en las mismas comunidades religiosas, lo que hace que el funcionario nombrado para una tarea específica es un servidor de los intereses administrativos de quien obstenta el poder/autoridad a nivel general. El funcionario, si quiere mantenerse en ese puesto debe hacerlo conforme a los intereses administrativos de quien se lo pide, sino lo hace, será relevado de su puesto por otro funcionario.
Aquí es donde se establece las similitudes entre el poder/autoridad de la institucionalidad de la vida religiosa y los gobiernos políticos que ejercen la burocracia en la forma más pura. Ahora, la institución religiosa, en relación con las instituciones de carácter no religioso, tiene aspectos en común en lo administrativo, pero también diferencias y estas son las que deben marcar la finalidad.
77 Heinz, Sociología del Poder, 31. 78 Ibid., 28
2.4.4 Burocracia e identidad institucional
Hay un deslinde que marca la diferencia entre una institución que tiene una burocracia interna, aceptada, y una institución de carácter religioso. La diferencia está en que esta última, sirve a objetivos del evangelio y de servicio a las personas y, las instituciones donde hay burocracia interna tienen como fin el lucro. Aunque la institución religiosa debe sostenerse económicamente por sí misma, esta no debe administrarse desde la visión empresarial cuyo objetivo es producir resultados eficientes y ganar dinero; esa es la diferencia. Y es desde aquí donde el poder/autoridad de las instituciones religiosas puede caer en la confusión si no tienen claro sus objetivos, cuyo fin es el anuncio del evangelio, el servicio a las personas, sin ánimo de lucro en algunos aspectos administrativos. Esto es lo que las hace diferentes y por eso, una institución de carácter religioso no debe caer en las mentalidades burocráticas: “Es importante, además, tener clara visión carismática del propio instituto, actualizar, inculturando la espiritualidad de la que es portadora (…) Cada vez se necesita una autoridad espiritual que una ejecutiva”79. Por lo tanto, se necesita
del conocimiento de los objetivos institucionales y de la espiritualidad que sustenta los objetivos para no alimentar ni promover mentalidad burocrática según el sistema administrativo de empresas, y con todos los desenlaces negativos que esto trae; porque se privilegia al funcionario, no al religioso, se tienen expertos profesionales, pero religiosos de moral en discordancia con el evangelio. Allí se explican las crisis institucionales, que son las mismas que caracterizan al burócrata: “Hemos dejado de entregarnos, de ser servidores del Reino. Nos hemos convertido en profesionales y funcionarios del evangelio. Es tal el número de actividades, diligencias, compromisos que asumimos que se ha perdido el sentido de nuestra labor. Vivimos tan ocupados en lo que hemos de hacer que nuestros destinatarios apostólicos son los menos favorecidos”80, esto trae como consecuencias en
instituciones religiosas con arcas llenas de dinero, pero con bajo nivel de vida pastoral, excelentes profesionales, funcionarios puntuales al servicio de la institución, de un cargo. Por eso tantos fracasos en las instituciones religiosas: Excelentes rectores(as), pero religioso(as) desubicados con respecto al seguimiento de Cristo.
79 Congregación para institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica. Perfectae Caritatis.
Cuarenta años después. Madrid: Publicaciones Claretianas, 2006.
El poder/autoridad que delega funciones representativas debe tener presente en sus cuadros de mando la suficiente madurez religiosa para conciliar lo carismático con lo institucional, que guarden el sano equilibrio, entre lo que está llamado a obedecer en la institución como una respuesta a la voluntad de Dios, sin que esto se convierta en un obstáculo para testimoniar la vida religiosa; que lo institucional no apague la fuerza que impulsa a la continua búsqueda de la realización de una vida en el evangelio, que la institución no se convierta en una burocracia reinante, sino un medio para vivir la fe y del servicio a los demás.
La vida burocrática en las instituciones religiosas lleva a fundamentarse en seguridades humanas, caracterizadas por el prestigio, dinero, poder y, que contrasta con aquello que le da identidad a la vida religiosa y es hacerse plenamente conforme a Cristo obediente (cfr. LG. #42), modelo de desprendimiento que no tuvo donde recostar la cabeza (Lc.9,58b). Si existe burocracia en las instituciones religiosas, que sea utilizada para llevar el mensaje del evangelio y servir a las personas en la formación para que lleguen al conocimiento de su dignidad e integridad y alcancen la realización, a la medida del “hombre perfecto” que es Cristo Jesús (Ef.4,13). El poder/autoridad en las instituciones de vida religiosa debe tener la característica evangélica y, debe valerse de las ciencias humanas para una mejor administración: “(…) la autoridad es motor que pide a otros ser motores también. Su oficio, efectivamente, es promover en todos un dinamismo portador de la visión evangélica”81. En
consecuencia, el o las religosas(os) que tienen un trabajo significativo en la institución, quienes desempeñan una misión en un puesto confiado debe cuidarse de no caer en la burocracia para no terminar siendo un burócrata, porque tarde o temprano la vida le hará ver cuál es la identidad de su misma vida: Un religioso(a) seguidor de Jesús o un empleado burócrata, que ha recibido el pago por sus servicios por el amo de este mundo: El dinero. Los anteriores temas son maneras distorsionadas de entender la autoridad como servicio y de una u otra forma se convierten en un problema para aquellos que les corresponde mandar como obedecer, como también para aquellos que la perciben como servicio, pero ven y la experiementan en la práctica con otra realidad que desdice de ella por no ser evangélica.
81 Ibid., 207.