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PoLITIzAR LA LuCHA PoR LA

In document Rehabilitación de Base Comunitaria (página 112-116)

DIFEREnCIA ALCAnzAnDo LA DIGnIDAD

DEL REConoCIMIEnTo

Por Carlos Pérez

Mi postura es absolutamente coincidente con las ponentes anteriores, y considero que las políticas de discapacidad deben ser puestas en el contexto filosófico más general de las políticas de la diferencia. La sociedad moderna capitalista europea y patriarcal ha tenido dificultades sistemáticas para tratar y comprender la diferencia en general. Tradicionalmente ha dominado a través de la homogenización como contrapartida de la discriminación, cuya gama va desde el disciplinamiento homo- geneizador, pasando por el olvido y el abandono culpable, hasta la represión brutal. La actitud general de la modernidad ha sido traducir lo diferente en función de la conciencia común, del interés dominante, de la productividad necesaria para man- tener el tenor mercantil general de la vida. Las luchas contra esta opresión de los blancos, de los hombres heterosexuales, de cultura europea, con sus modelos de normalidad, de eficacia y logro, se han extendido a lo largo de toda la modernidad, primero como resistencia y sobrevivencia, luego como reivindicación de recono- cimiento y autonomía, hasta ir más allá a reconocerse como plena validez, como aporte positivo hasta establecer la diferencia como realidad y derecho. Hay una lógica común en estas luchas, pero también hay una lógica común en la respuesta disciplinante que el sistema tiende a oponer, es necesario examinar las nuevas formas de oposición sistémica a las reivindicaciones, yo creo que la principal di- ficultad en la comprensión de estas nuevas formas es no entender los cambios en los patrones mismos de la dominación.

Desde hace unos 30-40 años estamos en plena revolución industrial, estamos en pleno cambio no sólo de siglo, sino de época, no sólo de época, sino de modo que dominación, una sociedad altamente tecnológica, altamente comunicacional, tremendamente pragmática que es capaz de acumular 400 años de cultura de revolución tecnológica, que es capaz de reciclar, optimizar, masificar y también que es capaz de contener. Una sociedad altamente tecnológica que ya no requiere homogeneizar para dominar, una sociedad altamente pragmática que es capaz de producir diferencias y que ha ido cambiando de manera radical el tratamiento que durante los 5 siglos anteriores se había dado a la diferencia.

Ahora es más eficaz para el sistema de dominación administrar la diferencia que homogeneizarla o reprimirla, eso nos pone ante un escenario nuevo marcado por una

hipocresía generalizada en tres ejes. Por un lado a nivel discursivo, todo es aceptar, es políticamente incorrecto discriminar, nadie se presentaría a un foro público con una ponencia homogeneizadora, o excluyente. En Chile se integró una mujer a la corte suprema por primera vez en los 200 años de vida republicana de este país, con la condición de que es precisamente la mujer más conservadora del poder judicial, entonces es un doble estándar, lo que alguna vez se llamó tolerancia represiva; tolerancia, porque todo se puede decir; represiva, porque lo que se puede decir en el rango de las diferencias aceptables son el rango de las diferencias administrables, de las diferencias que son reconvertible a la lógica profunda del sistema.

Por otro lado, es que hay un extremo pragmatismo, se integra todo lo integrable. Si nos ponemos por ejemplo en el caso concreto del derecho al trabajo de los discapa- citados, si podemos integrar discapacitados al trabajo productivo que bueno, para eso están los incentivos. Para que los empresarios puedan integrar discapacitados al trabajo productivo lo que hay que hacer es darles subsidios a los empresarios, para que puedan pagar menos salario de tal manera que a costa de los impuestos de todos nosotros podamos aprovecharlo. También incluso a las personas que tienen discapacidad en una función que se llama productiva (porque redunda en un cierto salario, pero se llama productiva también porque confirma la lógica mercantil del sistema), estamos integrando a alguien con subsidio al sistema de reproducción mercantil, entonces se integra todo lo integrable, ¿por qué no? si puede producir, si no pone en duda las bases de la lógica del sistema.

Un tercer eje de asimilación, es el que asume las diferencias de una manera nueva, porque la manera tradicional de asimilar las diferencias era mirarla como por ejem- plo: la locura como un otro sin razón, la discapacidad como la falta de capacidad, en otras. Hoy podemos observar que hay una nueva manera de asimilar la diferencia convirtiéndola (a la esencia profunda) a través de su medicalización. El modo de civilización dominante es traducir los derechos a derechos que no ponen en duda la esencia misma del sistema que a generado esa discriminación, esa exclusión. Esta traducción comprensiva, reconocedora, incluyente, se expresa a través de un recurso predominante que es la medicalización de las diferencias: lo comprendemos, estamos dispuestos a aceptarlo, lo vamos a ayudar a suplir su déficit, el déficit que conlleva su condición, a cambio de que usted se acoja a un cierto régimen, que reconozca y acepte que posee una condición de tipo médico que es tratable a través de los distintos modos de la terapia, un tratamiento terapéutico de todas las diferencias. Todas las personas a las que hay que ayudar es lo políticamente correcto, personas a las que hay que integrar, personas que tienen derechos, que pueden ser ejercidos en condición de que no cuestionen la esencia del sistema. La traducción de la lógica dominante puede describirse en tres pasos: Individualización, Psicologízación del problema y Medicalización.

1. Individualización: La traducción de la diferencia de la lógica dominante, que yo he descrito en trabajos anteriores como malestar subjetivo (a propósito de la diferencia que se produce con la medicalización del malestar subjetivo), es la in- dividualización: usted tiene un problema la sociedad no, nosotros lo vamos ayudar y lo vamos a reconocer, pero partamos y seamos realistas usted es el que tiene el problema. Ahí hay una individualización por persona, usted es un usuario, usted es eventualmente una víctima, pero también hay una individualización por tipos de diferencia, una cosa es ser ciego, otra cosa que ser homosexual, una cosa es ser sordo y otra cosa es estar loco, son cosas distintas, entonces hay tratamientos diversificados. Noten que esos tratamientos tienen que ver con las luchas que cada uno de estos grupos ha dado, por supuesto las mujeres no son discapacitadas, ahora están en plena inclusión, porque hay 100 años de lucha detrás del reconocimiento de los derechos de la mujer. La personas homosexuales llevan más de 50 años de lucha, y los discapacitados de tipo físico son 30 años de lucha. Ahora es políti- camente incorrecto presentarse a un foro con una proposición terapéutica sobre la homosexualidad, y en los años 70 se sacó del famoso de las clasificaciones de enfermedades y ahora son ciudadanos con derecho pleno, etc. Sin embargo los ciegos, los sordos, los locos todavía hay diversificación de las diferencias en una operación de individualización, la individualización de usuario por usuario, diferencia por diferencia, etc. Es una operación que permite que el sistema asimile lo que es asimilable y olvide lo que es olvidable.

2. Psicologízación del problema: En realidad el asunto no es propiamente la difi- cultad que usted tiene, sino la manera en que usted percibe la dificultad que tiene, se dice. La mayor parte del problema es como uno considera el problema, nótese que la psicologización abre el espacio al tratamiento terapéutico, y en primer lugar es lo terapéutico, pues lo primero que se le ofrece a todos los que luchan por ser reco- nocidos es apoyo psicológico. Esto da cuenta que el apoyo psicológico, en términos estrictos, es mucho más barato que los otros apoyos, o los otros reconocimientos de derechos que se podrían hacer.

3. Medicalización: En el fondo usted tiene algún problema, pero si su problema tiene algo de objetivo, la objetividad de su condición proviene de algo que puede ser tratado de manera médica.

Frente a esto entonces hay que pensar en un nuevo carácter de las luchas por el reconocimiento, la lucha por el reconocimiento no puede pasar sólo por la reivin- dicación de derechos individuales, no puede pasar sólo por la reivindicación de ser comprendidos, porque esta es una sociedad capaz de comprender y olvidar lo que comprende, capaz de tolerar y olvidar lo que tolera, capaz de aceptar y no poner ninguna disposición efectiva para que aquello que ha sido aceptado tenga una vida digna y plena. Socializar frente a la individualización, objetivar frente a la

psicologización, historizar frente a la naturalización, yo creo que el nuevo carácter de la asimilación, de la administración de las diferencias exige, en la lucha por el reconocimiento, ir más allá del reconocimiento hacia la politización de las diferencias. La dignidad del reconocimiento sólo se alcanza cuando se ha ganado a través de una lucha, una lucha que se da por la obtención de derechos, una lucha contra el paternalismo, contra la filantropía, una lucha que se da en la integración una vida plena, autónoma; es decir una lucha por el trabajo digno, real, una lucha por el trabajo no explotado, ¿por qué tendría que ser un derecho el derecho a ser explotado igual que los demás?, una lucha que se da en la formación de grupos de pares, una lucha que se da en el reconocimiento solidario de las diferencias entre sí. Los problemas que han tenido las mujeres, y los espacios que han ido ganando, también lo tienen los homosexuales, los ciegos, los locos, y el reconocimiento solidario tiene que ir reconociendo estos modelos, la historia del feminismo es un modelo de resisten- cia, aquí hay modelos de luchas que se pueden ir siguiendo, que las diferencias se conozcan entre sí no sólo frente a la sociedad, que se reconozcan en su dignidad mutua, politizar es objetivar, situar y desmedicalizar.

Politizar entendiendo la lucha por el reconocimiento, como una lucha por dificulta- des objetivas que provienen de contraposiciones de intereses en buenas cuentas. Politizar la lucha por la reivindicación de la diferencia es reconocer lo que hay de violencia en la diferencia, lo que hay de violencia institucionalizada en la tolerancia medicalizadora, lo que hay de violencia institucionalizada cuando se ofrecen simple- mente subsidios para lo que los privados no son capaces de asumir por sí mismos. Politizar es reconocer la violencia que hay en la individualización, en la división. Politizar la lucha por la diferencia es alcanzar la dignidad del reconocimiento.

CAPÍTULO

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