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Por Kiko Pastur

In document el-manuscrito-15.pdf (página 30-32)

diendo el cerebro como un “todo” ne- cesario, y analizando su modo de tra- bajo (analítico o sintético), podemos contemplar el dilema “realista & ficcional” bajo el prisma integrador de los hemisferios cerebrales. La presentación mágica puede decantarse hacia un solo hemisferio:

ENFOQUE REALISTA: (Hemisferio Izquierdo)

Punto fuerte: Ataca a la racionalidad del espectador, a su intelecto. Permite recrearse en la imposibilidad lógica del efecto, reto que produce una estimulación máxima sobre este hemisferio.

Punto débil: Un exceso de detalles impide ver el cuadro en su totalidad. La noción de truco siempre está presente, ya que el juego gira en demostrar que no lo hay. Como se sabe (y se siente) que hay trampa, la realidad no se ve afectada, pero se produce la frustración del choque inte- lectual al quedar oculto el secreto o truco.

ENFOQUE FICCIONAL: (Hemisferio Derecho)

Punto fuerte: Se despierta la imaginación, dándole forma y haciéndola vívida siempre en presente. El efecto se trans- forma en un fenómeno, al existir una causa ficcional que aporta un nuevo sentido a la experiencia del espectador. La atmósfera se impregna de un mundo imposible pero lleno de significación.

Punto débil: Lo imposible solamente como una pieza más del fenómeno global. El truco no importa, no se busca el choque intelectual, luego el impacto racional del efecto se diluye en la ficción. Un distanciamiento excesivo con la re- alidad dificulta la implicación personal sobre lo percibido.

SOCIEDAD REALISTA

La mentalidad de la sociedad moderna está orientada al desarrollo del hemisferio izquierdo (racional y estructurado para el trabajo). El conocimiento de los hemisferios nos sirve para saber en qué lenguaje estamos hablando, cual

utilizamos más y cual estamos dejando de lado.

“Ilusionismo” es una palabra del hemisferio iz- quierdo, el racional, puesto que alude a la falsedad “ilusiva” de lo visto o experimentado. Bajo ese prisma se niega la magia, que fenomenológica y emocionalmente nunca es ficticia ni aparente. Una ilusión es irreal, la magia no.

* * *

Año 2005. Prepondera la magia realista, repleta de con- cepciones, estructuras y técnicas que la han elevado al te- rreno del éxito. El hemisferio derecho sigue anquilosado, apenas explotado, carente de una concepción firme que lo respalde. ¿Por qué en la evolución del arte de la magia ha habido una selección natural en este sentido? ¿Será de- masiado tarde para equilibrar el déficit del hemisferio de- recho “ficcional”? El esfuerzo es tanto mayor puesto que pasa por sentar las bases que lo estimulen. Tal vez hoy en día esto requiera un mayor grado de descondicionamiento, de libertad y sobretodo de imaginación, algo que parece tan apartado e inasible, que su encuentro quizá precise de un puente invisible. ¿Sería este un proceso mágico?

COMPRENDIENDO EL HEMISFERIO HOLÍSTICO

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serva. Si no existe a la vista, pondrá lo que falta. En una presentación de corte realista, donde se incide únicamente en la limpieza o claridad del efecto, se incita al hemisferio derecho a situar tal actividad en algo equiparable a un con- texto de laboratorio o a un reto de investigación, porque el interés está en analizar, comprobar y verificar la “imposibi- lidad” del efecto. Este marco, aunque sea implícito y solo se defina emocionalmente, siempre englobará el efecto. Puede considerarse tal contexto de laboratorio una opción más o menos lúdica dentro de la ficción, aunque limitada por la actitud realista, cuyas licencias metafóricas, poéti- cas o humorísticas derivarán del interés por el truco, no por la “magia”.

Desde un punto de vista emocional truco y magia pueden ser conceptos artísticos por separado. Magia puede con- tener truco pero no viceversa. Truco es un concepto mas limitado, su emoción deriva únicamente de un juicio inte- lectual. Debemos distinguir entre respuestas afectivas e in- terpretativas. La emoción deducida del impacto intelectual es indirecta, al ser un reflejo derivado y posterior al efecto. Las directas atacan a los deseos íntimos y esenciales. Bajo esta distinción existe un paralelismo de fondo con la percepción consciente y la inconsciente. La primera es más clara y accesible, pero la inconsciente ocupa el 90% de nuestra capacidad emotiva.

MAGIA: EL IMPOSIBLE FASCINANTE

No todo lo fascinante es imposible, ni todo lo imposible es fascinante. Magia es ambas cosas. El mago realista, el pre- ponderante hoy en día, deberá tener más en cuenta que con lo imposible no es suficiente. El mago ficcional deberá recordar que sólo lo fascinante no es magia.

LA COHERENCIA DE LA MAGIA FICCIONAL ES DOBLE

Al vivir una ficción no se suprimen los referentes de nues- tra realidad, se integran. Al ver una buena película des- aparecen los límites de la pantalla. Quedamos involucrados en la obra, sintiendo miedo, alegría o miste- rio según lo que suceda. Ambos hemisferios son igual- mente estimulados, uno comprueba el sentido de la ficción (el derecho) y el otro su coherencia interna (independien- temente de que se trate de un contexto irreal o incluso fan- tástico). Un ligero fallo de coherencia te saca de la pantalla. El gran peligro del cine y de la magia ficcional es violar su propia coherencia, sus propias reglas. Cada milímetro cua- drado puede reforzar o delatar, ir a favor o en contra del sueño. Para crear esa magia, un mago necesita más que nunca sus dos ojos: el izquierdo mira con un microscopio, el derecho con un telescopio.

El mecanismo de la ficción

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C

evidente, esteomo se hará artículo sigue el hilo argumental del libro La práctica del re- lato (Manual de estilo literario para narrado- res)(2) de Ángel Za-

pata, escritor y profesor de talleres li- terarios. Lo recomiendo a todo aquél que quiera pasar un buen rato y disfrutar de la sencillez y amenidad con que el autor describe el proceso de ficción mientras lo ilustra con fantásticos ejemplos rescatados de obras literarias. Me ha parecido más entretenido y útil que otros acercamientos al tema mucho más “sesudos”.

El artículo surge también de que, como muchos otros, estoy hecho un lío. La primera vez que escuché la palabra “ficción” en un contexto mágico fue de la mano de Gabi Pareras. La verdad es que no era fácil entender a qué se refería Gabi con esa palabreja “comodín” que utilizaba como estandarte de su teoría mágica, pero de la que huía

siempre que se le preguntaba directamente. Enseguida, como muchos otros, me quedé fascinado por la vehemen- cia con que defendía una manera de concebir la magia que parecía girar en torno a la idea de ficción. Pero sobre todo porque toda esa teoría caótica y desordenada se encar- naba en un señor que, al fin y al cabo, hacía muy bien los juegos de magia.

A partir de entonces, muchos magos nos hemos apropiado del término aún con más vaguedad e inexacti- tud. La ficción está de moda. Hablamos de ella en general sin saber muy bien qué es, afirmamos que “la ficción de este juego es patatín o patatán”, que “la magia ficcional” es la mejor y que “la magia realista” es cosa del pasado. Así que me pongo a escribir para intentar comprender qué quiere decir todo esto y con qué mecanismos opera la fic- ción en el lector de una novela y, por analogía, en el es- pectador de un juego de magia.

El runrún del frigorífico

El primer signo de alivio es que el mecanismo de la ficción poco tiene que ver con lo metafísico, con el más allá o con las musas. Es una experiencia que todos estamos acos-

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