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EL POSITIVISMO DE AUGUSTO COMTE

In document Corrientes Del Pensamiento Contemporaneo (página 46-51)

Mariela del Carmen Fogar y Marcelo Graciosi Barrios (2013) El pensamiento de Comte1 se encuadra dentro del positivismo, corriente dominante en Europa aproximadamente desde mediados del Siglo XIX hasta casi el inicio de la Primera Guerra Mundial.

El siglo XIX es el siglo de consolidación del capitalismo europeo, que se logra gracias a la expansión colonial de Europa hacia Asia y África.

El desarrollo industrial transformó el sistema productivo y comercial. Con el aumento de la producción y la riqueza, surgieron nuevas ciudades y medios de comunicación, lo que modificó la relación entre la ciudad y el campo. Esto, sumado a significativos descubrimientos científicos2, contribuyó a la legitimación de la idea de un progreso económico y social inexorable, producto del desarrollo de la ciencia aplicada a la industria, el libre mercado y la educación. El avance científico y tecnológico que impulsaba el capitalismo industrial tenía como contrapartida, profundas heridas sociales provocadas por el mismo sistema económico; sobre todo, la explotación del proletariado industrial, nuevo sujeto social que vivía hacinado en las nuevas ciudades industriales y sufría el incremento de la mortalidad infantil, las hambrunas, y todo tipo de enfermedades ligadas al trabajo industrial. Para 1830 en Francia e Inglaterra - principales ciudades industriales - el promedio de vida no superaba los 40 años.

Sin embargo, para Comte, estos males constituían problemas menores comparados con los beneficios que trajo consigo la ciencia aplicada al desarrollo industrial. Más aún, los consideraba fenómenos transitorios, que desaparecerían gracias al aumento de la riqueza y el desarrollo del conocimiento.

En otras palabras, Comte conocía las condiciones de vida de la mayoría de la población, pero no las cuestionaba, pues consideraba que la sociedad moderna estaba encaminándose hacia el “progreso”. En este sentido, el positivismo es legitimador del sistema capitalista. Comte postulaba la necesidad de construir una nueva ciencia positiva de la sociedad para guiar la industria y el Estado a la obtención de los mismos beneficios que las ciencias (física, mecánica, astronomía, química) proporcionaron a la humanidad.

Mientras Marx se muestra preocupado por pensar una filosofía, concebida como herramienta de transformación estructural de la sociedad, la postura de Comte es visiblemente conservadora, ya que pretende conducir a la sociedad hacia la consolidación del nuevo orden social y moral, que se gestaba sobre la base de la explotación del hombre. De aquí su interés por encontrar leyes tendientes a lograr que cada sujeto mantenga el lugar que ocupa en el sistema social de clases.

Esta corriente de pensamiento influirá poderosamente en las ideas y las prácticas económicas, políticas y pedagógicas liberales, en los siglos XX y XXI, en lo respectivo a la crítica de la metafísica3, la concepción de ciencia considerada condición indispensable para el progreso de la humanidad, la unicidad del método científico, la noción de sociología como ciencia autónoma, la concepción de sociedad y orden social y el reconocimiento de la historicidad de los hechos humanos y de la ciencia.

1 Isidore Marie Auguste Francoise Xavier Comte (Francia, 1798-1857), considerado el “padre de la Sociología”. Nació en

una familia católica y monárquica. Fue primero discípulo y luego declarado opositor de Saint Simon. Estudió en la Escuela Politécnica, surgida como fábrica de armas para el ejército y luego transformada para formar ingenieros y técnicos especializados para la industria. Se especializó en Matemáticas. Recibió influencias de los empiristas ingleses, aunque como él mismo dirá, más adelante, “por higiene mental”, leerá lo menos posible. Sus obras principales son Curso de filosofía

positiva (1830-1842) y Sistema de política positiva (1851-1854).

2 En esta época se desarrollan la Matemática, la Física y la Termodinámica que se aplican a la industria; se desarrollan la

Química, la Fisiología, la Medicina experimental, la Microbiología y la teoría evolucionista de Darwin, y se construyen obras arquitectónicas de la talla de la torre Eiffel. Esto será interpretado por los positivistas como símbolo del progreso, idea que exaltan e intentan explicar.

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La palabra “metafísica” viene de la denominación que le dio Andrónico de Rodas (siglo I) a las obras de Aristóteles, que clasificó colocando los libros que tratan de la filosofía primera, detrás de los libros de física, con los que los primeros fueron denominados metafísica.

47 La filosofía como ciencia positiva. La sociología

Esta corriente, que tiene sus antecedentes en el empirismo de Bacon, busca conocer el mundo material, por medio de la experiencia, dejando de lado toda búsqueda metafísica de esencias ocultas consideradas el fundamento último de la realidad.

Las ideas de Comte implican una ruptura epistemológica con respecto a las corrientes de pensamiento moderno. Esa ruptura está dada por idea de que la filosofía debe abandonar la mera especulación para convertirse en ciencia. “La filosofía teológica y la filosofía metafísica se disputan hoy la tarea, demasiado superior a las fuerzas de una y otra, de reorganizar la sociedad; entre ellas solas subiste aún la lucha al respecto. La filosofía

positiva no ha intervenido hasta ahora en la contienda más que para criticar a las dos (…).

Situémosla, por fin, en estado de desempeñar un papel activo (…). Completando la vasta operación intelectual iniciada por Bacon, Descartes y Galileo, construyamos directamente el sistema de ideas generales que esta filosofía está destinada a hacer prevalecer indefinidamente en la especie humana, y que determinará esencialmente la crisis revolucionaria que atormenta a los pueblos civilizados. (Comte, Augusto. Curso de Filosofía Positiva. Primera Lección)

Desde esta perspectiva, la teología y la filosofía son parte de un pasado en que la razón todavía estaba inmadura para conocer. Es necesario pues, una nueva ciencia de lo social, que permita obtener los mismos frutos que lograron la física o la biología en sus respectivos ámbitos.

La nueva ciencia persigue un objetivo político: reorganizar la sociedad de acuerdo con las necesidades del mercado. Su objeto será el estudio estático y dinámico de “las leyes que rigen la vida en sociedad”, a través de métodos similares a los utilizados por los científicos que descubrieron las leyes de la naturaleza: la observación, la medición, el establecimiento de hipótesis, la contrastación por medio de experimentos y el establecimiento de regularidades en los fenómenos sociales. “El positivismo se compone esencialmente de una filosofía y de una política, necesariamente inseparables, como formando la una la base y la otra el fin de un mismo sistema universal, en el que la inteligencia y la sociabilidad se hallan íntimamente combinadas. En efecto, por una parte, la ciencia social no es solo la más importante de todas, sino que ante todo proporciona el único lazo, a la vez lógico y científico, que desde ahora soporta el conjunto de nuestras contemplaciones reales (…) Y, por otra parte, a medida que el curso natural de los acontecimientos caracteriza la gran crisis moderna, la reorganización política se presenta cada vez más como necesariamente imposible sin la reconstrucción precedente de las opiniones y las costumbres. Una sistematización real de todos los pensamientos humanos constituye, pues, nuestra primera necesidad social, análogamente referente al orden y al progreso”. (Comte, “Sistema de política positiva o Tratado de Sociología”).

El estudio estático de la sociedad trata de las condiciones de existencia comunes a todas las sociedades en todas las épocas (sociabilidad, familia, división del trabajo, cooperación). Postula la conexión entre los diversos aspectos de la vida social (política, economía y cultura). Indaga, en definitiva, en las cuestiones que hacen al orden social.

El estudio de la dinámica social aborda el desarrollo de las leyes de una sociedad, de entre las cuales es fundamental la Ley de los tres estadios.

El progreso social: La Ley de los tres estadios

Comte plantea que la humanidad - al igual que el alma de cada individuo - atraviesa por estadios progresivos hacia su evolución definitiva. En “Curso de política positiva” expresa: “Después de cumplir los catorce años, experimenté la necesidad fundamental de una regeneración universal, política y filosófica, al mismo tiempo, bajo el impulso activo de la saludable crisis revolucionaria, cuya fase principal había precedido a mi nacimiento. La luminosa influencia de una iniciación matemática que tuvo lugar en familia, felizmente desarrollada en la Ècole Pollytechnique, me hizo presentir instintivamente la única vía intelectual que podía conducir en realidad a dicha gran renovación (…) Fue en 1822, cuando

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puse en claro mi programa filosófico bajo la inspiración constante de mi gran ley relativa al conjunto de la evolución humana, individual y colectiva”.

Desde una perspectiva materialista, Comte afirma que la evolución social sigue el curso de la naturaleza, la historia de la humanidad es un desplegarse de la naturaleza humana hacia el progreso, a través del paso necesario por tres estadios: el estadio teológico, el estadio

metafísico y el estadio positivo: “Estudiando el desarrollo de la inteligencia humana (…) desde sus primeras manifestaciones hasta hoy, creo haber descubierto una gran ley básica, a la que se halla sometida la inteligencia con una necesidad imposible de variar, y que me parece que se puede establecer con solidez, gracias a las pruebas racionales que nos suministra el conocimiento de nosotros mismos y a la verificación histórica que se puede llevar a cabo mediante un atento examen del pasado. Esta ley consiste en lo siguiente: cada una de nuestras principales concepciones, cada rama de nuestros conocimientos pasa necesariamente por tres estados teóricos diferentes: el estado teológico, o ficticio; el estado metafísico, o abstracto; el estado científico o positivo (…) De aquí proceden tres tipos de filosofías, o de sistemas conceptuales generales acerca del conjunto de los fenómenos que se excluyen recíprocamente. El primero es un punto de partida necesario para la inteligencia humana; el tercero es su estado fijo y definitivo, el segundo se halla destinado únicamente a

servir como etapa de transición”

En el estadio teológico, correspondiente a la niñez, domina la magia, la adoración de imágenes y el fetichismo. Los fenómenos se explican como producto de la voluntad de seres sobrenaturales. Este estadio se corresponde con el feudalismo, en que hay una supremacía del poder militar.

En el estadio metafísico o de la juventud, el hombre apela a la propia razón, pero abstracta. Sustituye la noción de Dios por la de causa, metafísica que búsqueda las esencias de las cosas. Este estadio comienza con la Reforma Protestante y culmina con la Revolución Francesa.

Pero el mundo está en movimiento, evoluciona hacia un estado social definitivo, de realización de la humanidad en el estadio positivo, de adultez, donde el hombre deja de lado a Dios y busca una explicación científica (causas empíricas) de lo real. Comte identifica este estadio con el momento histórico en que él vive, determinado por la Revolución Industrial y la consolidación del orden burgués.

Pero en esta etapa, el hombre aún no ha abandonado las explicaciones teológicas y metafísicas sobre los fenómenos sociales. Por ello, es necesario construir una filosofía

positiva o sociología científica, capaz de someter la sociedad a un examen riguroso, y

constituirse en punto de partida para su reorganización, hacia una sociedad sin conflictos, lo que es sinónimo de sociedad civilizada.

Comte busca una filosofía científica que proporcione herramientas teóricas para construir una ingeniería social, una sociedad que funcione de acuerdo con leyes, enunciadas según los principios de una física social. Las leyes que rigen el sistema social, después que el hombre dejó de preocuparse por lo trascendente son iguales a las leyes físicas.

Conocer estas leyes permite prever resultados, o sea, orientar y regular la acción del hombre y de la sociedad, según entiende Comte, en beneficio de todos. De aquí el lema del positivismo: “Saber para prever, y prever para proveer”.

La idea de que la sociedad, al igual que la naturaleza, se rige por leyes fijas e inmutables (fisicalismo), se opone a cualquier consideración de la historia como movimiento dialéctico. El conocimiento de las leyes sociales

Asentado el positivismo sobre una base empirista, y concebida la sociología como física social, la observación de los hechos es indispensable para descubrir y establecer las leyes del funcionamiento social, que le darán carácter científico a la teoría social. Su conocimiento permitirá solucionar los problemas sociales. En “Curso de política positiva”, Comte plantea: “Al abandonar también la filosofía política la razón de las metafísicas ideales para internarse en el ámbito de las realidades observables, a través de una subordinación sistemática, directa y continua, de la imaginación a la observación, obligadamente las concepciones políticas dejan de ser absolutas para convertirse en algo relativo al estado de

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la civilización humana, de manera que las teorías, que se encuentran en condiciones de seguir el curso natural de los hechos, permiten preverlos (…) El espíritu fundamental de la política positiva puede resumirse en la previsibilidad racional del futuro desarrollo de la convivencia social”.

Ahora bien, ¿cómo se conocen las leyes que rigen lo social? La observación de los hechos debe ser directa y enmarcada en la teoría de los tres estadios. Se requiere también de la experimentación, que no resulta tan simple en las ciencias sociales. Pero, al igual que en la biología, ésta puede ser sustituida por la observación de los casos que alteran la normal conexión de los acontecimientos sociales, o sea, la observación de casos patológicos. A través del método comparativo se puede conocer similitudes y diferencias entre diversas sociedades, en sus respectivas fases de desarrollo. Esto es lo que Comte denomina sistema

de la lógica política, a la que se arriba gracias al empleo del método histórico. La religión positiva

La idea de regenerar la sociedad a partir del conocimiento de las leyes sociales, plasmada por Comte en “Sistema de política positiva”, asume finalmente, la forma de una religión en la que el amor a Dios es sustituido por el amor a la humanidad, entendida como un ser que incluye a los individuos existentes, fallecidos y por nacer, y a la vez los trasciende. Los individuos son producto de la humanidad, en el interior de la cual se reemplazan como las células de un organismo. Por eso, hay que venerar la humanidad como antes se veneraba a los dioses paganos.

Fascinado por el carácter universalista del catolicismo, Comte sostiene que la nueva religión de la humanidad, asentada sobre nuevos dogmas4: la filosofía positiva y las leyes científicas, debe constituir una copia exacta del sistema eclesiástico, con una autoridad5, un calendario6 y el establecimiento del sacerdocio.

La difusión del dogma se realizará a través de ritos y sacramentos (bautismo, confirmación y extremaunción laicos). La mujer, en su carácter de dadora y guardiana del amor de la humanidad, será el ángel de la guarda7: “La mujer está en un continuo estado de infancia,

aunque quien se cansa de actuar y hasta de pensar, jamás se cansa de amar”.

Los institutos científicos serán los templos de la nueva religión.

En la sociedad positiva, los jóvenes deberán someterse a los ancianos y estará prohibida la

“aberración” del divorcio.

Como vemos, el pensamiento de Comte es conservador, en todos sus aspectos, tanto en lo atinente a lo social como en lo relativo a lo político. Y, a pesar de su intento por desarrollar una filosofía antimetafísica, la ley de los tres estadios es finalmente una metafísica de la historia que contradice el método positivo, el que, por otra parte, no le sirvió a Comte para advertir que la biología, ciencia a la que consideraba superior y modelo de saber, no esperó al siglo XIX para nacer, porque ya los griegos la habían desarrollado y practicado.

Bibliografía

Reale, G. y Antiseri, D. Historia del pensamiento filosófico y científico (Tomo II). Herder, Barcelona, 1995.

Pardo Tovar, Andrés. Historia de la filosofía y filosofía de la historia. Tercer Mundo, Bogotá, 1970. Cap. X: “La filosofía francesa del siglo XIX”. Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango. Disponible en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/hifi/hifi13.htm

Comte, Augusto. Curso de Política Positiva. Magisterio Español, Madrid, 1977.

WWWWWWW Curso de Filosofía Positiva. Punto de Encuentro, Buenos Aires, 2009.

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Entre los dogmas de la religión positiva está la Santísima Trinidad, conformada por la humanidad (el gran ser), el espacio (el gran medio ambiente) y la tierra (el gran ídolo).

5

Un papa positivo con autoridad sobre los sacerdotes positivos, encargados de aplicar los descubrimientos científicos al desarrollo industrial.

6

Los meses recibirán nombres simbólicos de la religión positiva (p.e. Prometeo) y los días de la semana estarán consagrados a cada una de las siete ciencias en que Comte divide el saber.

7

En Reale, G. y Antisseri, D. Historia del pensamiento filosófico y científico, puede leerse que esta idea proviene de que Comte idealizaba a la mujer de quien estaba enamorado.

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Guía de estudio

1. ¿Cómo concibe Comte el conocimiento y la sociedad, respectivamente? 2. Explique la ley de los tres estadios y la noción de progreso social. 3. ¿En qué consiste la filosofía científica para Comte?

4. ¿Por qué se afirma que Comte busca una ingeniería social?

5. ¿Por qué el positivismo es una filosofía antimetafísica, materialista y cientificista?

6. Lea los fragmentos de las obras de Comte e identifique en ellos los principios fundamentales de su pensamiento.

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