PSICOLOGÍA CLÍNICA DE
AFRONTAMIENTO NEGATIVO
III. Acciones posibles
4. Postransplante y seguimiento
El transplante se considera, más que una cura, un tra- tamiento alternativo a largo plazo que puede presentar sus propias complicaciones médicas y psicosociales. La mejora del pronóstico, gracias a los avances médicos, lleva a una ma- yor atención a la calidad de vida postransplante, donde la mayoría de los estudios se centra en aspectos físicos, si bien hay evidencias de que las mejoras de la calidad de vida en sus aspectos físicos o psicológicos no van necesariamente parejos.
Deben considerarse como indicadores la adherencia al tratamiento, como determinante de un buen resultado médico postransplante y la reincorporación laboral, como índice de recuperación del nivel premórbido de actividad. En nuestro entorno, donde son frecuentes los transplantes en pacientes jubilados, el nivel de actividad se puede evaluar con indica- dores alternativos (ej. grado de participación en tareas do- mésticas, tipo de actividad desarrollada en el tiempo de ocio, participación en actividades comunitarias, etc.).
4.1. El trabajo con la pareja
Ya desde el comienzo de la fase de evaluación hemos señalado la importancia del trabajo con la familia y en par- ticular con la pareja del paciente. Bunzel et al (1999) en un
Intervenciones psicológicas en el proceso del trasplante
capacidad (reajuste de roles, cambios en la imagen corporal, temor a las infecciones y al rechazo, etc.) y a posibles compli- caciones (por ejemplo, neurológicas) que aumentan el grado de dependencia. Todo ello repercute sobre su calidad de vida y dificulta la reincorporación laboral. Se ha observado que factores como la conducta emocional, la interacción social y los niveles de alerta y comunicación se ven disminuidos du- rante más tiempo que las dimensiones físicas.
Los datos sobre rehabilitación y vuelta al trabajo varían entre los distintos grupos de transplante. Las tasas documen- tadas de reincorporación laboral oscilan entre el 82% (trans- plante hepático) y el 37% (transplante de pulmón), y esto no siempre correlaciona con los informes médicos sobre la capacidad del paciente para reincorporarse al trabajo.
A la hora de reincorporarse al trabajo también resulta relevante el grado de afectación neurológica.
En resumen, aunque aún son pocos, cada vez hay más estudios y más interés por las variables asociadas a la calidad de vida, también la psicológica, tras el transplante, desde el momento en que se cuenta con instrumentos suficientes para reducir la incertidumbre sobre el resultado inmediato de la intervención. El reto siguiente consistiría en “dar vida a los años” siguientes al transplante, labor que comienza al prin- cipio del proceso y continúa ayudando después al paciente a cumplir con las prescripciones médicas y a recuperar el nivel de actividad deseado, lo que requiere el uso combinado de estrategias generales y de evaluaciones e intervenciones individuales.
Bibliografía
Anderson H. (1999). Conversación, lenguaje y posibilidades. Un enfo-
que posmoderno de la terapia. Buenos Aires, Amrrortu.
Barreto P., Arranz P. y Molero M. (1997). Counselling: Instrumento fun- damental en la relación de ayuda. En Martorell M.C. y González R. (Eds.), Entrevista y consejo psicológico (pp. 83-104). Madrid, Síntesis. Bunzel B., Wolleneck G. (1994). Heart transplantation: are there psycho-Heart transplantation: are there psycho- social predictors for clinical success of surgery? Thoracic Cardiovas-
cular Surgeon, 42:103-107.
Bunzel B., Laederach-Hofmann K. y Schubert, M. T. (1999). Patients benefit-partners suffer? The impact of heart transplantation on the part- ner relationship. Transplant Int, 12: 33-41
Caplan G. (1993). Aspectos preventivos en salud mental. Barcelona, Pai- dós.
Caplan G., Caplan R. B. (1997). Consulta y colaboración en salud men-
tal. Teoría y práctica. Barcelona, Paidós.
Resulta primordial la evaluación individualizada que per- mita detectar la presencia de estos factores de riesgo y, en su caso, programar intervenciones de aumento de la adherencia, que podrían abarcar actuaciones educativas, conductuales y de apoyo social tanto a los pacientes como a las personas significativas para ellos.
Además de los factores individuales hay algunos relacio- nados con el sistema sanitario, como el grado de satisfacción laboral del médico, la sobrecarga de trabajo y la tendencia del médico a responder preguntas (asociado al grado de compren- sión de las prescripciones médicas por el paciente).
Hay, por último, aspectos relativos al propio tratamiento, como su complejidad o los efectos secundarios, que pueden ir de la nefrotoxicidad al hirsutismo.
Algunos fármacos inmunosupresores (ej. esteroides) tie- nen efectos secundarios relacionados con otra de las indi- caciones médicas con mayor incumplimiento: la contención del sobrepeso. Parte de los efectos secundarios pueden ser la redistribución lipídica y el aumento de apetito, con el con- siguiente aumento de peso. Se ha observado que en los 3-6 meses postransplante se produce un aumento de peso que, por otro lado, se asocia con un aumento de la tasa de morta- lidad; aunque se pueden utilizar fármacos coadyuvantes en este sentido, el pilar fundamental para el control del peso siguen siendo la dieta y los cambios en el estilo de vida.
Una complicación añadida en este sentido es la combi- nación de elementos externos (medicación) e internos (estilo de vida) en el aumento de peso, lo que puede ser construido por el paciente como coartadas y traducirse en debilitar su compromiso con el tratamiento y derivar, por tanto, en in- cumplimiento (ej. desestimar el cumplimiento dietético, ya que es la medicación la que engorda, o desestimar el cumpli- miento farmacológico –cuyos efectos no se ven– para facilitar los efectos –visibles– del régimen alimenticio).
Ayudar al paciente en esta área puede reducir la mor- bilidad y la mortalidad, mejorando su estado de salud. Se puede fomentar en el paciente el sentido, y la asunción, de responsabilidad sobre su propia salud, aumentar sus habilida- des para reconocer estresores y manejarlos adecuadamente, y promover el establecimiento de relaciones cercanas e íntimas como parte del cambio hacia un estilo de vida más saludable.
4.3. Reincorporación laboral
Entre las razones que dan los pacientes para desear un transplante destaca el aumento de autonomía e independen- cia, pero tras el transplante aún han de enfrentarse a factores psicosociales potencialmente generadores de una mayor dis-
Gonzalo Martínez Sande
Griffith J. L. y Gaby, L. (2005). Brief Psychotherapy at the Bedside: Coun-Brief Psychotherapy at the Bedside: Coun- tering Demoralization From Medical Illness. Psychosomatics 46:109- 116.
House R. M. (1993). Transplantation surgery, en Stoudemire A, Fogel BS (Eds.), Psychiatric care of the medical patient (pp. 803-16) Nueva York: Oxford University Press.
Jalowiec A., Grady K., White-Williams C. (1994). Stressors in patients awaiting a heart transplant. Behav Med 19: 145-54.
Kaba E., Thompson D. R., Burnard P. (2000). Coping after heart trans- plantation: a descriptive study of heart transplant recipient´s methods of coping. Journal of Advanced Nursing 32:930-6.
Kay J., Bienenfeld D. (1991). The clinical assessment of the cardiac trans- plant candidate. Psychosomatics, 32: 78-87.
Levenson J. L., Olbrisch M. E. (1993). Psychosocial evaluation of organ trasplant candidates. A comparative survey of process, criteria, and outcomes in heart, liver, and kidney transplantation. Psychosomatics, 34: 314-23.
Lucey M. R., Brown K. A., Everson G. T., Fung J. J., Gish R., Keefe E. B., Kneteman N. M., Lake J. R., Martin P., Rakela J., Shiffman M. L., So S., Wiesner R. H. (1998). Minimal criteria for placement of adults on the liver transplant waiting list. Transplantation, 66: 956-62. Martínez Sande G. (2001). Intervención en el marco de la interconsulta y
el enlace hospitalario. Norte de salud mental, 13: 69-82.
Martínez Sande G. (2003). La intervención del psicólogo en el proceso de transplante. En Remor E., Arranz P., Ulla S. (Eds.), El psicólogo
en el ámbito hospitalario (pp. 371-393). Bilbao, Desclée De Brouwer.
Maurer J. R., Frost A. E., Estenne M., Higenbottam T., Glanville A. R. (1998). International guideliness for the selection of lung transplant candidates. Transplantation, 66: 951-6.
McKay M., Davis M. y Fanning P. (1985). Técnicas cognitivas para el
tratamiento del estrés. Barcelona: Martínez Roca
Millar L. W. (1998). Listing criteria for cardiac transplantation. Trans-
plantation, 66:947-51.
Navarro Góngora J. (1995). Terapia familiar con enfermos físicos cróni- cos. En Navarro Góngora J. y Beyebach M. (Comps.), Avances en
terapia familiar sistémica (pp. 299-336). Barcelona, Paidós.
Navarro Góngora J. (1996) Intervención en redes sociales y profesiona- les para enfermos físicos hospitalizados. En VV. AA., III Jornadas:
Orientación Familiar. Intervención en familias y grupos de perso- nas afectadas por enfermedades o deficiencias (pp. 75-86). Madrid,
Univ. Pontif. Comillas – Fund. Mapfre Medicina.
Navarro Góngora J. (1998). El impacto psicosocial de la enfermedad cró- nica en la familia. En Ríos J. A. (Coord.), La familia: realidad y mito (pp. 71-98). Madrid, Ed. Centro de Estudios Ramón Areces. Olbrisch M. E., Levenson J. L., Hamer R. (1989) The pact: a rating scale Caplan G. (1999). Psicología orientada a la población. Teoría y práctica.
En Navarro Góngora J., Fuertes Martín A., Ugidos Domínguez T. M. (Coords.), Prevención e intervención en salud mental (pp. 19-72).
Salamanca, Amarú.
Collins E. G., White-Williams C. y Jalowiec A. (1996). Impact of the heart transplant waiting process on spouses. The J Heart Lung Trans-
plant, 15: 623-30.
Consensus conference on standardized listing criteria for renal transplant candidates (1998): Transplantation, 66: 962-7. Coyne, J. C. (1995). Intervention in close relationships to improve coping
with illness. En Lyons R. F., Sullivan M. J. L., Ritvo P. G., Relationships
in chronic illness and disability (pp. 96-122). Thousand Oaks (Ca.),
Sage.
Crone C. C. y Gabriel G. (2002). Psychiatric overview of solid organ trans-Psychiatric overview of solid organ trans- plantation. En Stotland N. L. (Ed.), Cutting-edge medicine. What
psychiatrists need to know (pp.67-112).Washington, dc: American
Psychiatric Publishing.
Cutrona C.E. (1996). Social support in couples. Marriage as a resource
in times of stress. Thousand Oaks (Ca.), Sage.
Delon M. (1996). The patient in the ccu waiting room: in-hospital treatment of the cardiac spouse. En Allan R., Scheit S. (Eds.), Heart & Mind.
The practice of cardiac psychology (pp. 421-32). Washington dc, Ame-
rican Psychological Association.
Dew M. A., Roth L. H., Schulberg H. C., Simmons R. G., Kormos R. L., Trzepacz P. T., Griffith B. P. (1996a). Prevalence and predictors of depression and anxiety-related disorders during the year after heart transplantation. General Hospital Psychiatry,18: 48S-61S. Dew M. A., Roth L.H., Thompson M. E., Kormos R. L., Griffith B. P.
(1996b). Medical compliance and its predictors in the first year after heart transplantation. The J Heart Lung Transplant, 15: 631-45. Dew M. A., Kormos R. L., Roth L. H., Murali S., DiMartini A., Griffi-
th B. P. (1999). Early post-transplant medical compliance and mental health predict physical morbility and mortality one to three years after heart transplantation. The J Heart Lung Transplant 18: 549-62. Engle D. (2001). Psychosocial aspects of the organ transplant experience:
what has been established and what we need for the future. Journal of
Clinical Psychology. 57:521-549
Grady K., Jalowiec A., White-Williams C., Pifarre R., Kirklin J. K., Bourge R. C., Constanzo M. R. (1995). Predictors of quality of life in patients with advanced heart failure awaiting transplantation. J Heart
Lung Transplant 14: 2-10.
Grady K. L., Jalowiec A., White-Williams C. (1998). Patient compliance at one year and two years after heart transplantation. J Heart Lung
Transplant 17: 383-384.
Intervenciones psicológicas en el proceso del trasplante
Sluzki C. (1.996). La red social: frontera de la práctica sistémica. Barcelona, Gedisa.
Skotzko C. E., Strouse T. B. (2002). Solid organ transplantation. En Wise M.G., Rundell J. R., The American psychiatric Publishing Textbook
of consultation-liaison psychiatry. Psychiatry in the Medically Ill
(pp.623-655). Washington DC, American Psychiatric Publishing. Shapiro P. A., Williams D. L., Foray A. T., Gelman I. S., Wukich N.,
Sciacca R. (1995). Psychosocial evaluation and prediction of complian- ce problems and morbity after heart transplantation. Transplantation, 60: 1462-6.
Soos J. (1992). Psychotherapy and counselling with transplant patients. En Craven J., Rodin G. M. (Eds.), Psychiatric aspects of organ trans-
plantation (pp. 89-107). Oxford, Oxford University Press.
Steinglass P. (1998). Multiple family discussion groups for patients with chronic medical illness. Families, Systems and Health, 16: 55-70. Surman O. (1999). Psychiatric considerations of organ transplantation. En
Ginns L. C., Benedict Cosimi A., Morris P. J. (Eds.), Transplan-
tation (pp. 709-724). Malden (ma), Blackwell Science.
Pakman M. (1995). Investigación e intervención en grupos familiares. Una perspectiva constructivista. En Delgado J. M. y Gutiérrez J. (Comps.), Métodos y técnicas cualitativas de investigación en cien-
cias sociales (pp. 359-77). Madrid, Síntesis.
Paris W., Muchmore J., Pribil A., Zuhdi N., Cooper D. K. C. (1994). Study of relative incidences of psychosocial factors before and after heart transplantation and the influence of posttransplantation psycho- social factors on heart transplantation outcome. The J Heart Lung
Transplant, 14: 424-32.
Rolland J. S. (1987). Chronic illness and the life cicle: A conceptual frame-Chronic illness and the life cicle: A conceptual frame- work. Family Process, 23: 203-21.
Rolland J. S. (1999). El control de los desafíos familiares en las enferme- dades serias y en la discapacidad. En Navarro Góngora J., Fuertes Martín A., Ugidos Domínguez T. M. (Coords.), Prevención e inter-
vención en salud mental (pp. 305-38). Salamanca, Amarú.
Salyer J., Sneed G., Corley M. C. (2001). Lifestyle and health status in long-term cardiac transplant recipients. Heart & Lung, 30: 445-457. Slavney P. R. (1999). Diagnosing demoralization in consultation psychiatry.
Jorge García Fernández Elizabeth Sánchez Cao
Complexo Hospitalario Universitario A Coruña
Algunas cuestiones psicológicas sobre pacientes quemados
1. Introducción
Puede resultar una obviedad afirmar que los pacientes afectados por grandes quemaduras tienen por delante una serie de dificultades que resolver tanto en el área de lo físico (un largo proceso de rehabilitación y reintervenciones), de lo psicológico (superación de un posible trauma y aceptación del nuevo aspecto y funcionalidad) y en el ámbito social (dificul- tades laborales y relacionales). Resulta profesionalmente muy atrayente la idea de que la intensa experiencia personal en relación al “incidente” causal de las lesiones pueda determi- nar un futuro emocionalmente complicado de los individuos lesionados. Por otro lado, cabe plantearse que un proceso
Sin embargo, con la observación cotidiana de éstas y otras catástrofes, no resulta aventurado aceptar la existencia de una capacidad biológica (incluyendo aquí la psicológica) de los individuos humanos (aludida con el término de res- iliencia) (Gilboa, 2001; Noronha y Faust, 2007; Paris, 2000; Yule, 1999) que nos predispone a la superación espontánea de estas dificultades mediante mecanismos individuales y sociales, ofreciendo como resultado la recuperación de lo po- sible y/o el poder seguir adelante con lo puesto. Al asumir la posesión de esta capacidad inherente en la especie humana presuponemos también de manera automática que ésta, al igual que ocurre con los rasgos, se reparte de manera desigual en las personas, dando lugar a posibilidades peores y mejores
Algunas cuestiones psicológicas sobre pacientes quemados
3. Los diferentes momentos del proceso de recuperación