De origen impreciso, el pregón de la uva toma su nombre del fruto de
la vid, cuyo origen etimológico es la voz latina vitis vinífera, que define a dicha planta y su fruto, y cuyo cultivo se remonta a la prehistoria.
El ambiente que da origen a este cante es muy diverso: en los viñedos, donde con sana picardía se lanzan mensajes cantados entre vendimiadores, muy especialmente entre hombres y mujeres; en la tarea del uvero, que crea sus propias coplas pregonando por las calles la venta
de uva, o en el hacer de los trabajadores de las bodegas donde junto a sus propias coplas hacen suyas también las ajenas. Tijeras y navajas cortando los racimos de la uva y algún olé de los compañeros animando al que se arranca con un pregón de la uva.
El pregón de la uva es un estilo con personalidad muy definida. Sin duda, el rico y variado ambiente que tienen la recogida de la cosecha y la elaboración del dulce producto de la vid son la causa de su más amplia espontaneidad y acento flamenco, fundamentado en líneas melódicas modales.
El ámbito es de 5ª (La2-Mi2). El tempo es ad libitum y libero.
Cadencia andaluza transportada a La. La estructura, en función del texto, se desarrolla sobre una ornamentación del giro melódico descendente: Re- Do-Si b-La.
FIG.15.TRASCRIPCIÓN DE UN PREGÓN DE LA UVA
El pregón de la uva permite coplas con letras de métrica literaria, cuadratura musical y expresión poética diferentes, fruto inequívoco de que su origen no tuvo un único escenario natural. No obstante, se repiten con frecuencia coplas de tres versos, primero y segundo de diez sílabas, y tercero de siete. El uvero “pregón de la uva” Voy a tu viña por la mañana, chiquilla mía,
por ver tu cara, ¡ay!, tu pelo,
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Entre los surcos que hay en tu viña, yo escribo con cariño
tu nombre, niña. Te quiero, chiquilla. Cuando yo pregono cantando: Uvitas negras de Los Palacios. Soy el uvero Llevo mi carga de uva, y pregono por las esquinas uvita buena como ninguna; que me la compran las vecinas.
Soy el uvero, que llega
Cantes artesanales
Si en el campo son interpretadas canciones para soportar las largas horas de trabajo, en los pueblos surgen de igual manera cantes que acompañan la labor de un artesano, un herrero…
Los cantes artesanales como la toná, el martinete, la carcelera, la debla o la saeta, son de creación gitana, aunque ello no impide que, como cualquier otra modalidad flamenca, puedan y sean interpretados por payos.
La denuncia resignada de la injusticia, la rudeza del trabajo, la penosa huida de la persecución, el dolor del encarcelamiento y la angustiada impotencia por el prendimiento y muerte de Jesucristo crucificado, son los principales motivos expresados en sus letras. Sus composiciones poético-literarias han sido la base para la creación de numerosos estilos.
Tonás
1. Toná chica
El origen etimológico de toná viene de la palabra castellana tonada y de la latina tonus que significa “acento”.
Literal y musicalmente es el patrón flamenco más rico de cuantos existen, origen de uno de los grupos más numerosos del cante.
En él están presentes los sonidos propios del trabajo que realizan los cesteros andarríos.
Tan rico es el mundo musical de la toná que más de una treintena de ellas han sido selladas con el nombre de su autor antes y después de dar origen a otros estilos.
Al ser un cante primitivo sin acompañamiento instrumental, sus
melodías son modales y muy melismáticas. El ámbito es de 5ª (Sol2-Re2).
El tempo es ad libitum y libero. Cadencia andaluza transportada a La.
Acordes tonales y bitonalidad (La y Si).
En el caso del fragmento elegido, se definen claramente tres semifrases: la primera descansa sobre Do, la segunda sobre Sol y la tercera sobre la tónica La. Mientras que las dos primeras son tonales, la tercera se desarrolla en un ambiente modal.
La toná, muy lejana en el tiempo, se formó en cuartetas octosilábicas de restos de canciones diseminadas por la geografía del folclore español, con muy marcadas huellas de las diferentes culturas asentadas a través de los siglos.
Fueron dos “payos” por mí
“toná chica”
Ay, qué tormentos serrana, a mí me hicieron pasá; sudaba gotas de sangre; yo no me quiero acordá.
A las dos de la mañana fueron dos payos por mí; sólo pá darme tormentos, sólo pa hacerme sufrí.
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2. Toná grande
Casi está en el olvido la “toná grande”. Desde su último mantenedor y excelente maestro, Tomás Pavón, pocos intérpretes cultivaron este cante, que se hace notar por sus largos y profundos tercios. Puesto de moda el martinete por su atrayente forma de acompañamiento con el martillo sobre el yunque, acaparó el amplio grupo de tonás haciéndose llamar toná grande o martinete. Realmente la diferencia entre toná grande y martinete, tal como se nos presenta hoy, es mínima, pero los tratamos por separado ya que uno está hecho en la fragua, al compás de los duros trabajos de la forja, y la otra al aire libre, andando por los caminos. Entre sus mejores cultivadores están “El Planeta”, “El Fillo”, Tomás “El Nitri”, Antonio Chacón, Enrique “El Mellizo”, Manuel Torre y Tomás Pavón.
Toná grande: del latín tonus, que significa “acento”, y del castellano tonada, copla popular que se canta tradicionalmente en las regiones de Andalucía y Extremadura desde tiempo inmemorial. El adjetivo “grande” obedece al dramatismo y profundidad de los tercios de su cante.
Ritmo libre. Se canta sin acompañamiento musical. Su métrica literaria está encuadrada en la cuarteta octosilábica. Al formarse en el inicio de su existencia de otras composiciones poéticas: romances, canciones palaciegas y folklore popular del pueblo, tiene muy marcadas huellas de las diferentes culturas asentadas a través de los siglos en España. Es por tanto muy variada su temática aunque, por haber sido los gitanos sus más fieles mantenedores, las letras expresan sobre todo sus múltiples avatares y desdichas.
Me quitaron la Tartana
“toná grande”
Camino de los molinos iba yo con mi gitana, y a la mitad del camino me quitaron la tartana.
3. Toná corta de cierre
La “toná corta”, “de cierre o remate” que se llama también así por ser con la que normalmente se concluye todo un recital de tonás de cuatro versos (debla, martinete, carcelera, toná chica, toná grande, etc.), está compuesta sólo de tres versos, como si por su brevedad poética el cantaor estuviese anunciando el final de su actuación.
Sin embargo, como ocurre con la siguiriya y la soleá cortas -ambas de tres versos-, la fuerza expresiva y musicalidad de la toná corta no son nada desdeñables, y tiene bien merecido el título de cante independiente. Es más, por lo general suele ocurrir que en las tres modalidades citadas los cantaores -como en la ópera los buenos tenores- echen el resto de sus facultades alcanzando tonalidades cercanas al Do de pecho.
Toná corta. Tiene el mismo origen que todo el amplio grupo de tonás al que pertenece. El calificativo de “corta” se refiere a su brevedad literaria, pues es una copla de tres versos, lo que no le resta importancia a su valor dramático-musical y expresivo lirismo.
Ritmo libre, se canta sin acompañamiento musical.
Su métrica literaria está encuadrada en el terceto. Sigue la temática común de su grupo, pero es algo más retadora en su expresión por la necesidad de síntesis a que le obligan sus sólo tres versos.
Y si no digo la verdad
“toná corta de cierre”
Y si no digo la verdad, de to los males del mundo
nadie me pueda salvar.