“Mami, parece que nos pagan el pasaje ellos a un país limítrofe, así que te pido que me mandes la dirección de los parientes de Carlitos en Brasil, así hago contacto apenas llego... Mañana nos hacen un asado de despedida, no los de acá, sino los de otras fuerzas. Así que como verán si no es por un lado o por el otro, nos tratan como reinas. ¿Cómo pretendes después que no estemos agrandadas? Si hasta nos olvidamos de los motivos por los que llegamos. O si realmente estamos por despertar de un largo sueño, con un hermoso final. Besos, Cecilia”.
La primera semana de octubre, empleados de la Poli‐ cía Federal visitaron la Brigada de Investigaciones pa‐ ra tomar las fotos y las huellas dactilares a los siete recuperados, para completar la cédula de identidad, el pasaporte y el documento nacional de identidad.
El comisario Nogara, Federico Asís y Von Wernich advirtieron a Cecilia que si su novio, Carlos Girard, se
presentaba voluntariamente le iban a perdonar la vida. Y Beba fue la encargada de contactarse. Cecilia le en‐ vió a Carlitos una carta contándole cómo se había “re‐ cuperado”, instándolo a entregarse y le explicaba có‐ mo había ido comprendiendo que lo que ella llamaba torturadores eran personas con valores humanos. Le pedía que contara todo para que pudieran volver a encontrarse porque, aunque la condena fuera larga ella lo iba a esperar toda la vida.6
Carlos Girard se entregó y estuvo preso a disposi‐ ción del PEN desde el 15 de diciembre hasta el 4 de noviembre de 1982, cuando después de cumplir un tercio de su condena (tal como lo había estipulado el pacto de entrega) salió en libertad.
Hacia fines de noviembre ya estaba todo listo, se‐ gún los represores, para liberar al Grupo de los 7. Li‐ liana Galarza viajaría sola a Chile, Nilda Susana Salo‐ mone, Pecos y Magdalena Mainer tomarían un avión en Ezeiza rumbo a Brasil; y Mariel Morettini, el Mono Moncalvillo y Cecilia irían a Uruguay y después viaja‐ rían a un pueblo de pescadores de la costa brasileña.
El 28 de noviembre Adriana visitó a Cecilia en la Brigada, y ella le contó que Nilda Susana y los chicos ya se habían ido para Brasil, por lo tanto faltaba muy poco para que ellos se fueran. Dos días después de que Adriana volviera con Beba, Nogara les dijo que ya se
habían ido. Contentas volvieron a Bragado a esperar el llamado de Cecilia.
Ya se acercaba la Navidad y los chicos no llama‐ ban. Entonces Beba fue a 9 de Julio a hablar con Von Wernich y como repuesta el cura sólo le dijo: “No des‐
espere. En cualquier momento recibiremos noticias de ellos. Le juro que ellos partieron felices. Vio cómo son los chicos, tardan en comunicarse”.
Pasados dos meses, la familia Idiart recibió un te‐ legrama en el que el ex jefe policial, Miguel Etcheco‐ latz, citaba a la madre de Cecilia y, al presentarse, el policía le preguntó qué noticias tenían de Cecilia Idiart. Beba le dijo que ellos eran los que tenían que saber dónde estaba Cecilia, pero Etchecolaz respondió: “Nosotros no sabemos nada y estamos más preocupados que
ustedes, ustedes eran colaboradores nuestros y tenemos más miedo que ustedes por saber dónde están estos chicos”.
En el legajo CONADEP N° 2820 existe una carta suscripta por Von Wernich y dirigida a Domingo Moncalvillo que dice así:
“Estimado Sr. Moncalvillo: he recibido su carta y recién
hoy puedo contestarla puesto que he estado en un Retiro toda esta semana. En cuanto a su inquietud sobre el Mono, nada nuevo puedo agregar yo, puesto que como Uds. desde el momento mismo que se fueron no hemos sabido nada de nada. Y también sucede lo mismo con los otros integrantes de ese grupo. Todos los días pido Dios que nos dé una luz para entender lo que ha pasado y más que nada para que Uds. encuentren en Él toda la esperanza...”
Al igual que con Domingo Moncalvillo, el imputa‐ do Von Wernich envió una carta al padre de María del Carmen Morettini —obrante en el legajo CONADEP N° 2822, incorporado en el Anexo II de autos— fechada en Nueve de Julio el 22 de marzo de 1979, en la que dice: “Nada puedo agregar a lo que me pregunta sobre su
hija. Creí que a mi vuelta Uds. ya sabrían algo, pero veo que siguen igual. Realmente, es algo que no entiendo, pero pido a Dios todos los días que nos haga ver la luz y más que nada les de a Uds. mucha paz para vivir lo que están viviendo con espíritu de fe. Comprendo vuestra angustia y yo también la vivo pues llegamos a ser realmente amigos con ellos, pero nada puedo aportar y hacer para que todo tenga una solu‐ ción. Será hasta otra oportunidad. Les ruego que me tengan informados sobre cualquier novedad. Estaré muy poco por este pueblo pues mis actividades me tienen de un lado para otro continuamente. De cualquier forma no dejen de escri‐ bir. Que Dios los bendiga, paz y esperanza”.