Antes de que llegaran los españoles a la Gran Tenochtitlán, apareció un gran cometa en el cielo del oriente, e iba echando de sí, brasas o grandes centellas, una histeria se apoderó entre los aztecas, que empezaron a dar alaridos con gritos de espanto al anochecer, el cometa Xocomexochitla permaneció en los cielos 365 días, 5 horas, 48 minutos, 45 segundos y 30 terceros.
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1.- Primer presagio funesto (“un cometa de fuego”), diez años antes de la conquista se observó en el cielo una estrella que se movía, con espigas de fuego, como si goteara: Un cometa.
2.- Segundo presagio funesto (“fuego que no se apaga”), el templo de Huitzilopochtli, aun siendo de piedra, comenzó a arder por la noche por sí mismo de la nada, por lo que trajeron abundante agua, pero en lugar de apagar el fuego, éste ardía con más fuerza, por lo que se quemó todo. 3.- Tercer presagio funesto (poderoso rayo), un rayo cayó en el templo de Tlaloc, no llovía fuertemente, sólo lloviznaba, y el trueno rompió sin sonido alguno, allí se tenía un chapitel de paja, por lo que se encendió y se quemó. 4.- Cuarto presagio funesto (lluvia de fuego), llovió fuego y del cielo cayó una estrella de fuego que desprendió colas de humo, en tres partes dividido, salió de donde el Sol se mete e iba derecho viendo a donde sale el sol, como si fuera brasa, iba cayendo en lluvia de chispas, larga se tendió su cauda, lejos llego su cola, y cuando visto fue, hubo gran alboroto, como si estuvieran tocando cascabeles.
5.- Quinto presagio funesto (lago en llamas), el lago de Texcoco ardió, sus aguas se levantaron al hervir y azotaron las casas arrastrando a muchas de ellas consigo, matando a muchos, puesto que las casas como las olas del mar chocaban en las costas.
6.- Sexto presagio funesto (“el llanto nocturno de la mujer misteriosa”), por las noches una mujer lloraba desconsoladamente a las orillas del lago de Texcoco, aterrada por no poder esconder a sus hijos, se escuchaban voces de mujeres que gritaban: ¡Oh hijos míos!, ¡Oh mis hijos!, ¿¡A dónde me los llevaré!?, eran las Cihuapipiltin que habían descendido a la tierra en pleno día, las Cihuapipiltin o mal llamadas Cihuateteo, fueron mujeres que murieron al parir, y que regresan a la tierra errantes después de no haber cumplido sus servicios al Sol, en el Tonatiuhichan del Oriente, lugar a donde llegan las almas de las mujeres guerreras, mujeres que murieron al parir considerándolas guerreras por su batalla entre la vida y la muerte al parir a un nuevo ser, y que al no cumplir sus 4 años de servicio regresan a la tierra en busca de sus hijos.
7.- Séptimo presagio funesto (“el espejo de la guerra”), los pescadores atraparon en sus redes un ave del tamaño y color de una grulla, la cual tenía
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en medio de la cabeza un espejo, redondo y pulido, por lo que se la llevaron hasta el emperador, por lo que el emperador a medio día vio a través del espejo y vio las estrellas del cielo, los mastelejos, pero al volver a mirar el espejo, pudo ver a hombres encima de otros seres con patas largas (caballos), se espantó y en ese momento el ave desapareció.
8.- Octavo presagio funesto (“apariciones de seres deformes”), a veces se lograban ver a seres deformes de dos cabezas y brazos con cuerpos humanos, los Omecuaime, seres funestos con forma de hombre con dos cabezas y brazos que vagaban a través de las calles de Tenochtitlán, fétidos y cenizos, quienes se les cruzara en su camino, sus cuerpos caían sin vida, inertes.
Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli, Códice Borgia Dios del fuego, señor del tiempo
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NUESTRO PADRE “TOTAHTZIN”
A pesar de que los aztecas/mexicas tenían por padres del hombre y del universo a los Dioses Creadores (Xipetótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli), concebían como "Nuestro Padre", al dios viejo llamado Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli, el dios del fuego y señor del tiempo, encargado de la regeneración del universo, siendo el fuego un elemento deificado que tuvo un sitio privilegiado entre la cosmovisión nahua, porque su presencia se destacaba como motivo central en sus rituales, asociándolo siempre a la transformación y a la regeneración, por lo que el fuego, como elemento sacralizado, deificaba y enlazaba los diversos ciclos y procesos sociales y naturales, Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli, el señor del tiempo, fue forjado por los Dioses Creadores, y fue el responsable de encender la hoguera donde surgiera el Quinto Sol, Tonatiuh, por lo que está relacionado con el calendario Solar, y se le representaba como un anciano arrugado y encorvado por el paso de los años, con largas barbas y a su boca le faltan dientes, se le representa sentado con un enorme brasero de fuego en la espalda, y que en ocasiones sólo el brasero o la hoguera era su representación simbólica.
NUESTRA MADRE “TONANTZIN”
Desde la antigüedad, los aztecas/mexicas ya honraban la maternidad todos los días del año, con la madre de Huitzilopochtli (Huitzitón o Mexi), la diosa Coatlicue, la señora de la fertilidad, guía en la vida y en la muerte, donde los aztecas/mexicas le rendían especial tributo a esta diosa con esculturas de oro y plata, atribuyéndole la expresión TONANTZIN “Nuestra Madre” exclusivamente a Coatlicue, por ser la madre de su dios patrono encarnado en la tierra, ya que entre los nahuas en general usaban la palabra Tonantzin para referirse a las diosas madres (Coatlicue, Chimalma, Xochitlicue, Omecíhuatl, Chicomecóatl, Cihuacóatl, etc.). Actualmente, este día en particular se celebra desde 1922 y se celebra de muchas maneras, con regalos, flores, comida o cena, todo para consentir a las madres. Coatlicue y sus hermanas Chimalma y Xochitlicue, eran hijas de los dioses de la tierra, Tlalcíhuatl y Tlaltecuhtli, por lo que eran veneradas también como diosas de la fertilidad (la tierra), donde el sacrificio de mujeres por decapitación era exclusivo de las diosas madres, pero también para honrar el triunfo de Huitzilopochtli (Huitzitón) con la decapitación de Coyolxauhqui para defender a su madre como se puede apreciar gráficamente en el monolito de Coyolxauhqui, descubierto en 1978 al pie del Templo Mayor, donde se le muestra decapitada y desmembrada, con cascabeles dorados de su pintura facial la hace reconocible fácilmente, así como el plumón de águila que salpica su cabellera, donde sus senos se parecen mucho a los de su madre, y donde sus articulaciones están ornadas de máscaras armadas de colmillos acerados, además de que alrededor de sus brazos y de sus piernas se enrollan serpientes con una cabeza en cada extremidad,
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con la cintura en forma de serpiente y como bicéfala de Coyolxauhqui también soporta un cráneo humano.
Las DIOSAS MADRES evocan los ciclos estacionales, donde la riqueza de la tierra y la abundancia de las cosechas se relacionan a la madre que reparte y da de comer a sus hijos, mientras que la sequía y la miseria se asocian a la madre ausente.
Coatlicue, diosa de la fertilidad señora de la vida y de la muerte “La madre de los dioses y de los hombres”
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