Aunque la prevención universal no es el foco de atención principal de este capítulo, dedicaremos unas líneas a comentar brevemente las ca- racterísticas esenciales de este tipo de intervenciones.
Los programas de prevención universal son aquellos que están desti- nados a la población escolar general y que pretenden evitar el inicio en el consumo de drogas o en la conducta antisocial. Actúan antes de que sur- ja el problema con el fin de que no aparezca o de retrasar su edad de ini- cio. Éstos tratan de realzar los factores de protección y reducir los facto- res de riesgo entre los alumnos ya desde los primeros años en Educación Infantil. La aplicación en la escuela de este tipo de programas suponen una primera línea de defensa ante el desarrollo de comportamientos de riesgo.
Son muchos los programas de prevención universal que se están lle- vando a la práctica en las escuelas de todo el mundo y muchas y dife- rentes las conclusiones que se extraen acerca de qué tipo de programas y qué componentes son los más efectivos. En el metaanálisis realizado por Tobler et al. (2000), sobre 207 programas escolares de prevención universal de consumo de drogas, se realizó una clasificación basada en el tipo de contenidos y en la forma de llevar a cabo los programas. Res- pecto al tipo de contenidos, éstos fueron divididos en siete bloques: co- nocimientos acerca de los efectos de las drogas y sus influencias, estra- tegias afectivas (por ejemplo, incremento de la autoestima, actitudes, creencias, valores), habilidades de rechazo, habilidades generales (habi- lidades de comunicación, asertividad, habilidades de resolución de pro- blemas y toma de decisiones), habilidades de seguridad (como la con- ducción segura de vehículos), actividades extracurriculares (por ejemplo, actividades culturales y deportivas, ocio sin drogas) y otros (en donde se incluía la participación de los padres y la ayuda de los iguales). Respecto a la forma de llevar a cabo el programa, se incluyeron cuatro grupos: programas no interactivos (por ejemplo, exposiciones magistra- les, conferencias); programas que implicaban comunicación entre los es- tudiantes y el profesor, pero rara vez entre los alumnos; programas que promovían las discusiones guiadas en grupo y la interacción entre los iguales y, por último, los programas más interactivos. Los resultados de este estudio señalaron que los programas basados en la información y los programas afectivos mejoraban los conocimientos sobre las drogas y la autoestima de los participantes, respectivamente, pero tenían poca in- fluencia sobre la conducta de consumo de drogas. Los componentes que incluían algún tipo de entrenamiento en habilidades obtuvieron los me-
Guía para la detección e intervención temprana con menores en riesgo
jores resultados. La inclusión de componentes comunitarios y la partici- pación de la familia incrementaban la eficacia de las intervenciones. El tipo de programa también se mostró un predictor significativo de los re- sultados. Los programas no interactivos (exposiciones magistrales, con- ferencias, etc.), sobre todo si se basaban en la información sobre drogas o en el incremento de la autoestima, obtuvieron resultados más modes- tos. Los programas interactivos que favorecían el desarrollo de habili- dades interpersonales alcanzaban los mejores resultados.
Canning, Millward y Raj (2003) elaboraron un interesante trabajo donde se resumía la evidencia empírica relacionada con la prevención del consumo de drogas. Los autores presentan como probados, entre otros, los siguientes hallazgos:
• En general, los programas de prevención más efectivos son aquellos que van dirigidos hacia las «drogas de iniciación», como el alcohol, tabaco y cannabis, más que a otras sustancias ilegales.
• Las intervenciones escolares pueden retrasar la edad de inicio de consumo de drogas en los no consumidores y reducir su uso en- tre los que ya consumen, aunque los efectos tienden a reducirse con el tiempo.
• Los programas de prevención universal son más efectivos para los jóvenes de bajo riesgo que para los de alto riesgo.
• Un programa de entrenamiento en habilidades, en concreto, el
Life Skill Training, LST (Entrenamiento en Habilidades para la
Vida) (Botvin, Baker, Dusenbury, Botvin y Díaz, 1995; Botvin, Baker, Filazzola y Botvin, 1990), se ha mostrado eficaz a largo plazo, aunque ésta se reduce con el paso del tiempo.
• Los programas interactivos que incluyen a los padres son más efectivos que los no interactivos.
• Los programas basados en la información, como el proyecto DARE, tienen poca influencia sobre la conducta de consumo de drogas.
• Los programas más efectivos son los más intensivos (por ejem- plo, diez o más sesiones) y los que suelen incluir sesiones de re- cuerdo. Los programas preventivos deberían realizarse a largo plazo con intervenciones de refuerzo. Existen investigaciones que demuestran que los beneficios de los programas de prevención para escolares de Primaria disminuyen si no se llevan a cabo pro- gramas de seguimiento en Secundaria y Bachillerato (Scheier, Botvin, Díaz y Griffin, 1999).
Son muchos los programas escolares de prevención universales que han obtenido buenos resultados en la reducción del consumo de drogas y de otras conductas desviadas. Sin embargo, en España las evaluacio- nes realizadas de los programas de prevención universal han sido esca- sas. A pesar de ello, existen algunos programas que han tenido una am- plia difusión. Por ejemplo, La aventura de la vida, programa dirigido a alumnos de 2º a 5º de Primaria (8 a 12 años), padres, docentes y direc- tivos del centro, incluye los siguientes componentes: incremento de la autoestima, habilidades para la vida, información sobre drogas y hábi- tos de vida.
El programa ¡Órdago!: el desafío de vivir sin drogas se lleva a cabo durante los cuatro años que dura la Educación Secundaria Obligatoria. Incluye los siguientes componentes: información sobre las drogas, habi- lidades para resistir las influencias sociales negativas, resolución de pro- blemas, toma de decisiones, aumento del autocontrol y la autoestima, manejo de emociones negativas, mejora de la comunicación y de las re- laciones.
El CSAP destaca más de veinte programas de este tipo que han sido considerados programas modelo. De entre todos ellos, y a modo de ejemplo, comentaremos brevemente el Programa de Entrenamiento de Habilidades para la Vida (Life Skills Training, LST) (Botvin et al., 1990; 1995), por ser uno de los programas más representativos y por haber si- do adaptado recientemente a la población española. Se trata de un pro- grama escolar universal de tres años de duración dirigido a los alumnos de entre 8 y 11 años y entre 11 y 14 años. Las sesiones incluyen charlas, discusión en grupo, entrenamiento y práctica para incrementar la auto- estima, la autoeficacia, la habilidad para tomar decisiones y la habilidad para resistir la presión de los iguales y de los medios de comunicación. El LST contiene tres componentes fundamentales: habilidades de resis- tencia para el consumo de drogas, habilidades para el automanejo (re- solución de problemas y toma de decisiones) y habilidades sociales ge- nerales (habilidades de comunicación, asertividad, etc.).
El LST ha sido extensamente estudiado durante los últimos dieciséis años. Los resultados indican que puede reducir el consumo de tabaco, alcohol y marihuana entre un 59% y un 75%, y las sesiones de refuer- zo pueden ayudar a mantener los efectos del programa a largo plazo. Los datos de una encuesta con 6.000 estudiantes de 56 escuelas ameri- canas mostraron un descenso notable en el consumo de cigarrillos, al- cohol y marihuana seis años después de la evaluación inicial del mismo.
Un equipo de la Universidad de Santiago de Compostela ha lleva- do a cabo una adaptación del LST a la población española, bajo el
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nombre de Construyendo Salud. Esta adaptación consta de seis com- ponentes distribuidos en dieciséis sesiones de 45-50 minutos: informa- ción sobre drogas, autoestima, toma de decisiones, manejo de ansiedad, entrenamiento en habilidades sociales y actividades de ocio alternativo. Las evaluaciones realizadas muestran resultados satisfactorios en se- guimientos a largo plazo (Gómez, Luengo y Romero, 2002). Además, la intervención es eficaz no sólo para reducir la intención de consumir drogas, sino también para reducir el grado de implicación en conduc- tas antisociales, por ejemplo, conductas agresivas. Una amplia descrip- ción de los contenidos del programa y de la evaluación del mismo se puede encontrar en Luego, Romero, Gómez, Guerra y Lence (2002). En la página web del Plan Nacional sobre Drogas (www.mir.es/pnd) se pueden encontrar todos los materiales y manuales necesarios para su aplicación.
Otro programa modelo que nos gustaría comentar brevemente, por estar dirigido a los alumnos más pequeños, de Educación Infantil y pri- mer ciclo de Educación Primaria, es el Al’s Pals: Kids making healthy
choices (Los amigos de Al: niños realizando elecciones saludables), de
S.R. Geller. Se pretende desarrollar habilidades personales, emocionales y sociales en alumnos de 3 a 8 años a través de 46 lecciones interactivas. En ellas, los maestros, con la ayuda del títere Al y sus amigos, que ac- túan como modelos positivos, enseñan a los niños, entre otras cuestio- nes, cómo expresar sus sentimientos de forma apropiada, el uso de pa- labras amables, la preocupación por los demás y la aceptación de las diferencias, resolución de problemas de forma pacífica e información so- bre el tabaco, alcohol y otras drogas ilegales. Evaluaciones de este pro- grama arrojan los siguientes resultados: los niños que no participan en el programa tienen una probabilidad de 2 a 6 mayor de incrementar su comportamiento agresivo y antisocial que los que sí participan. Estos úl- timos tienen una probabilidad de 2 a 5 veces superior de mejorar el uso de comportamientos sociales positivos, como son el compartir, esperar turno, ayudar a otros o resolver problemas mediante el diálogo.
En estos programas es de suma importancia la participación de los profesores y la comunidad escolar y, siempre que sea posible, de los pa- dres, asistiendo a sesiones organizadas o colaborando desde casa en el afianzamiento de los aprendizajes que se están desarrollando en el cen- tro escolar. Las notificaciones escritas, el contacto telefónico o a través del correo electrónico pueden constituir medios eficaces para mejorar la comunicación padres-profesores.
En definitiva, y para resumir lo visto en este apartado, la escuela es también un contexto muy eficaz para llevar a cabo programas de pre-
Capítulo 3: Detección e intervención con jóvenes en riesgo en el ámbito escolar
vención universal. Se han de poner todos los medios al alcance de los alumnos para prevenir el fracaso escolar, para estrechar los vínculos del alumno con la escuela, para mejorar las relaciones entre alumnos y en- tre alumnos y profesores, y para evitar que en este entorno se lleven a cabo conductas inadecuadas. Fomentar la participación de los alumnos en actividades escolares y extraescolares, mejorar las habilidades socia- les y de comunicación desde Infantil, tener unas normas claras y consis- tentes en el centro escolar son acciones que van a influir de forma defi- nitiva en el desarrollo saludable de los alumnos. Asimismo, y si es posible, es aconsejable que las familias participen en estas acciones pre- ventivas. Mejorar la comunicación familiar, la disciplina y establecer re- glas firmes y consistentes en el hogar son factores sobre los que también se puede intervenir desde el ámbito escolar.