En esta tabla observamos que el hijo alegado ha heredado de su madre y de su abuela materna el haplotipo HLA-A2, HLA-B12, HLA-DR3. Y de su padre y su abuelo paterno el otro haplotipo HLA-A10, HLA-B40, HLA-DR4. Es así que en au- sencia de ambos padres, si se cuenta con ambos abuelos paternos y maternos es posible analizar la probabilidad de vínculo biológico.
Si bien estos estudios de HLApresentaban buenas valoraciones probabilísticas para algunos casos, muchas veces no alcanzaban para determinar una restitución. En la construcción de aquel primer índice de abuelidad fue muy importante el trabajo de los expertos en estadística, pues los cálculos son de una complejidad muy grande, fundamentalmente teniendo en cuenta que no siempre se podía contar con el perfil genético de los cuatro abuelos.
Es por eso que se hacía indispensable incorporar nuevas herramientas para disminuir los márgenes de error y de falsos positivos.
En 1987 comenzaron a realizarse los primeros estudios a partir del ADN mi- tocondrial, por ese entonces en el exterior del país, en el laboratorio de Mary- Claire King. La misma científica que colaboró en el desarrollo de los primeros es- tudios que permitieron identificar a nietos nacidos en cautiverio, realizaba estos análisis que revolucionaron las técnicas de filiación. “Si yo fuera una persona re- ligiosa, estaría convencida de que Dios hizo el ADN mitocondrial específicamente para que lo usen las Abuelas de Plaza de Mayo”, afirmó en una entrevista.1
Las mitocondrias son unas organelas ubicadas en el citoplasma de la célula que tienen ADN diferente al ADN presente en el núcleo de ella.
El ADN mitocondrial (ADNmt) posee múltiples aplicaciones en el campo de la genética forense debido fundamentalmente al modo en que se transmite en la herencia, su elevada variabilidad en la secuencia de ADN y a la existencia de miles de moléculas por célula, lo que permite su estudio aun en condiciones en las que el material biológico se encuentra en mal estado o en cantidad insuficiente.
El ADNmt es importante en genética forense en dos circunstancias: en el aná- lisis de huesos y cabellos y en el análisis de muestras degradadas. Por su mejor comportamiento en muestras degradadas el ADNmt es esencial para muchos casos de identificación a partir de restos óseos. Se han obtenido secuencias de ADNmt en muestras de miles de años y la prueba ha servido para solucionar numerosos enigmas históricos como la identificación, antes indicada, de los restos de la familia Romanov.
Individuo Hijo alegado Madre Padre Abuela materna Abuelo materno Abuelo paterno Abuela paterna HLA-A 2-10 2-36 11-10 2-1 36-2 10-1 11-3 HLA-B 12-40 12-50 40-7 12-8 50-12 40-8 7-35 HLA-DR 3-4 3-11 14-4 3-3 11-7 4-3 14-3
1. “Pareciera que Dios hizo el ADN mitocondrial para que lo usen las Abuelas”, entrevista a la Dra. Mary- Claire King, diario Perfil 10/08/2014.
Este ADN mitocondrial se hereda únicamente por vía materna. Todos los seres humanos reciben el ADN mitocondrial de la madre. Esto permite estudiar y comparar las características de quien se hace el análisis con las de sus abuelas, hermanos, tías o tíos maternos.
A modo de ejemplo: un nieto o nieta buscados han heredado de su madre biológica desaparecida el mismo ADN mitocondrial y ella, a su vez, ha heredado este ADN mitocondrial de su madre biológica. Además lo comparte con sus her- manos biológicos. Por ende, el nieto o nieta buscado debe compartir con sus hermanos, con su abuela materna, tíos y tías maternas y primos y primas ma- ternas hijos de tías maternas el mismo ADN mitocondrial. Es por esta razón que ha sido y es de enorme utilidad en los estudios de filiación en ausencia de los padres (desaparecidos).
Estos estudios de linaje materno permitieron excluir aquellos casos en que la histocompatibilidad no alcanzaba para discriminar entre una inclusión y una exclusión de vínculo. Los estudios de linaje materno por ADN mitocondrial se incorporaron al BNDG a partir del año 1992.
“Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están
ahí y muestran su rostro sin descanso”.
Juan Gelman, 2008
Cuando hablamos de pasado reciente en Argentina nos referimos a aquel que, por su carga de dolor y violencia, provoca una gran dificultad para ser asimilado por las personas y las sociedades que lo sufrieron. Son pasados vívidos pero que se resisten a convertirse en pasados vividos. Son pa- sados que no pasan y se los vincula con lo traumático y con la dificultad para ponerle palabras a lo acontecido. Alude a un pa- sado cuyos protagonistas aún pueden dar testimonio de lo ocurrido y los efectos pro- vocados, como ondas expansivas, trans- curren en el presente. Como sostiene Jelin, las modificaciones en los escenarios polí- ticos y la aparición de nuevos actores so- ciales implican inevitablemente transfor- maciones en los sentidos del pasado. Es entonces cuando la construcción de dis- tintas memorias se convierte en sí misma en objeto de estudio de la historia, que in- vita a “historizar la memoria”.
En nuestro país, la cuestión de la memoria cobró notoriedad a partir de la última dic- tadura cívico militar y está profundamente asociada a los crímenes que se cometieron durante esa etapa. Lvovich y Bisquert se-
ñalan que la relación entre la memoria y la reinauguración democrática se vincula con el fin de la dictadura y con un contexto que favorece la apertura e incorporación de otras miradas acerca del pasado re- ciente que, aun cuando trataron de ser aca- lladas desde el Estado, lograron salir a la luz.
La memoria mira al pasado de un modo acrítico y parcial, está cargada de deseos, intenciones y expectativas. El trabajo de la memoria implica resignificar el pasado a la luz del presente y establecer conexio- nes de continuidad para habilitar el por- venir. Por eso decimos que la memoria no está aislada sino que es siempre contex- tual, relacional y que está en permanente movimiento.
Los orígenes. La dictadura inaugurada
por el golpe militar del 24 de marzo de 1976 sistematizó una forma inédita de re- presión: la desaparición forzada de per- sonas, con una modalidad singular que fue la de robar la identidad de niños se- cuestrados con sus padres y de bebés na- cidos durante el cautiverio de sus madres. Esto llevó a que los familiares de las víc- timas iniciaran una búsqueda que fue in- tensificándose con el correr del tiempo, dando origen a organizaciones de dere- chos humanos emblemáticas que perdu- ran en el presente.
Si bien la desaparición como método re- presivo es anterior al inicio de la dicta- dura cívico militar y comienza unos me- ses antes del golpe con los decretos fir- mados por Ítalo Luder en 1975, en los que se les cedía a las Fuerzas Armadas el poder de la violencia física, el término “desaparecido” como condición de un su- jeto se utilizó durante el período dicta- torial y cobró aún más fuerza en las dé- cadas posteriores. El primer espacio en darle un estatuto oficial a esta condición es el informe del Nunca Más, donde se de- fine al desaparecido como una categoría “tétrica y fantasmal”.
“Queremos saber dónde están nuestros hi- jos, vivos o muertos; angustia porque no sabemos si están enfermos, si tienen frío, si tienen hambre, no sabemos nada. Y de- sesperación, señor, porque ya no sabemos a quién recurrir, consulados, embajadas,
C O N T E X T O