1. En la reglamentación de la Ley 26.548 se define qué es el Archivo Nacional de Datos Genéticos: a) Al archivo y el almacenamiento de todas las muestras ingresadas al BANCO NACIONAL DE DATOS GENÉTICOS, ya sean: 1) muestras hemáticas; 2) hisopados bucales; 3) material cadavérico; 4) evidencias obtenidas a partir de los allanamientos, requisas u otros actos celebrados por orden judicial, ya sea material orgánico u objetos; 5) ADN extraído. b) Al registro informático correspondiente a los datos identificatorios, en los casos en que se los tenga: nombre, apellido, documento nacional de identidad, fechas de nacimiento, etnia, etcétera, y perfiles genéticos obtenidos a partir de los estudios y análisis de los sistemas indicados en el artículo 12 de la ley que se reglamenta. c) El archivo en papel de las imágenes y resultados correspondientes a todos los estudios bioquímicos y genéticos realizados sobre las muestras incluidas en el archivo infor- mático.Con relación a la información no incluida en los puntos precedentes, formará parte del ARCHIVO NACIONAL DE DATOS GENÉTICOScualquier escrito remitido al BANCO NACIONAL DE DATOS GENÉTICOS re- ferido a las causas judiciales, ya sea en forma de oficio judicial, de escritos de la COMISION NACIONAL POR EL DERECHO A LA IDENTIDADo de escritos remitidos por organizaciones gubernamentales y no guber- namentales que tengan por finalidad identificar a hijos o hijas de personas desaparecidas y todos los escritos generados por el BANCO NACIONAL DE DATOS GENÉTICOS referidos a estas causas.
El trabajo de reglamentación de la ley no trajo importantes diferencias ni tampoco grandes cuestiones en el sentido de las definiciones técnicas.
Marcela Cepeda, magíster en biología molecular médica, fue una de las pri- meras personas contratadas por el Ministerio para ser parte de la nueva estruc- tura del Banco. Ella comenzó como pasante en el Hospital Durand, mientras tra- bajaba en el Estado Nacional. Sancionada la ley, fue incorporada en la incipiente estructura del Banco en el MinCyT. “A comienzos de 2010 pedí el pase al Ministerio de Ciencia y trabajé primero con Mariano Levin, el genetista que había selec- cionado el ministro para el traspaso”. Levin falleció ese mismo año sin poder llevar adelante la tarea encomendada. “Luego trabajé para el grupo de la regla- mentación de la ley”, continúa Cepeda. “Mi trabajo concreto era organizar reu- niones del ministro con Abuelas, con gente de la universidad, los laboratorios de genómica y también participé de los primeros trabajos de organización de la parte técnica para armar el Banco”.
Carolina Álvarez, doctora en inmunología, se incorporó en el año 2013 al plantel de lo que luego sería el Banco en la sede del Ministerio de Ciencia. “Yo empecé en enero de 2013 y todavía no estaba el laboratorio. En ese momento estaba Hernán Dopazo como coordinador del traslado. Se sumaron por ese en- tonces los abogados. Se decidió la distribución de la planta del laboratorio y se comenzó con la construcción ese mismo año. Yo tuve una capacitación específica, que llevé adelante durante algo más de dos años en diferentes laboratorios del país. Al comienzo trabajábamos sin saber cuándo y cómo iba a llevarse a cabo el traslado. Por eso mi tarea fue capacitarme tratando de cubrir todas las áreas. En lo personal tenía cierta incertidumbre y por momentos poca esperanza de que el Banco se traspasara”, relata Álvarez.
Targovnik y Penchaszadeh tenían una tarea compleja y artesanal. Al tiempo que se resolvían cuestiones edilicias y administrativas, se reunían con profesio- nales del área, con los organismos de derechos humanos, con trabajadores del Banco en el Hospital Durand y con las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires, para resolver las condiciones del traslado que implicaron acuerdos que no siem- pre fueron sencillos de alcanzar.
“El trabajo fue difícil. Aquí hicimos al menos tres reuniones abiertas con dis- tintas personas y grupos interesados y con distintas temáticas, pero como no se terminaba de resolver el conflicto Nación-Ciudad, no nos podíamos llevar las muestras”, cuenta Penchaszadeh, quien fue el principal articulador entre ciencia y organismos de DDHH en los primeros días de la democracia. El científico en- tendía que su rol “visto desde el ministro y su equipo, era el de alguien con buen diálogo con los organismos de derechos humanos. Cosa que era cierta, yo tenía buen trato. La prueba es que la fui a ver a Chicha Mariani, aunque me resultó imposible convencerla. Hablé con Madres de Plaza de Mayo, con Adolfo Pérez Esquivel y con Nora Cortiñas. Finalmente llegamos a buen puerto. Tardó más de lo debido, no por causa del Ministerio, ni por causa de la obra del traspaso, sino en gran medida por el conflicto político de Nación-Ciudad”.
Y Targovnik agrega: “Necesitábamos un convenio para sacar todo, necesitá- bamos un convenio Nación-Ciudad, pero eso no lo conseguimos nunca. Final- mente el traslado se logró porque el director del hospital nos dio una autorización, luego de varios compromisos de palabra del Ministerio de Salud de la Ciudad y así se destrabó la cuestión”.
Ambos científicos afirman que a pesar de la oposición que la Dra. Rodríguez Cardozo había manifestado públicamente contra la nueva ley, ella no puso ningún
tipo de reparos en que ingresaran al Banco mientras permanecía en la sede del Hospital Durand. “Nosotros entramos, Héctor y yo, al Banco. Belén [Rodríguez Cardozo] nos trató muy bien, nos cedió su escritorio para trabajar, y nos permitió, entre otras cosas, entrevistar a todos los trabajadores”.
Un tema crucial era la situación de los trabajadores a partir de la nueva ley. Con el cambio de jurisdicción, ellos debían pasar de depender del estado mu- nicipal a depender del Estado nacional. La ley especificaba claramente que se les debía conservar las condiciones de contratación sin que pudieran tener per- juicio alguno.
“Al comienzo, en estas entrevistas, la mayor parte estaba en contra del traspaso, aunque no se animaban a decirlo con todas las letras”, cuenta Penchaszadeh. “Había gente muy enojada”, asiente Targovnik. “Tenían claro que el Banco se trasladaría, pero querían tener en concreto cuáles serían esas nuevas condiciones. La ley lo que dice es ‘las mismas condiciones’. ¿Qué quiere decir ‘las mismas con- diciones’? ¿Horario, sueldo, antigüedad, vacaciones? Adaptar el sueldo parecía imposible, porque las escalas de ambas jurisdicciones son diferentes, y por lo tanto la nomenclatura de los cargos era diferente”.
El trabajador que no aceptaba el traslado mantenía sus condiciones laborales en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. El que aceptó trasladarse junto con el BNDG recibió una propuesta que respetó las condiciones anteriores, pero como empleados de planta permanente del Estado nacional.
El trabajo para lograr un acuerdo entre la jurisdicción nacional y la porteña comenzó en el año 2013. De él participaron los abogados designados para en- cargarse de la instalación del Banco, Karina Soria Olmedo y Javier Isasa, coor- dinados por el Dr. Rodolfo Blasco (subsecretario de Coordinación Administrativa del MinCyT) y asistidos por el Dr. Alan Temiño.
La Dra. Soria Olmedo recuerda que fueron convocados a trabajar en los aspectos legales un poco antes de que comenzaran esas conversaciones. “Fuimos convo- cados en agosto de 2012, cuando ya estaba algo avanzado el decreto reglamentario y había que comenzar con el traspaso del BNDG al MinCyT. Debíamos atender a todos los instrumentos legales, formales e instrumentales para que se pudiera hacer efectivo de la mejor manera posible, teniendo en cuenta la política de ambas jurisdicciones. Pero también relevando las formalidades de esta implementación, para que el traslado no sea una simple mudanza. A raíz de eso empezamos con distintas reuniones con el Ministerio de Salud de la Ciudad y con el Ministerio de Ciencia para ver cuál sería el ente físico para el traspaso, quiénes eran las per- sonas que iban a aceptarlo y firmar la documentación pertinente. Mientras tanto, trabajamos con el decreto para que sea aprobado y publicado en el Boletín Oficial. Incluso fuimos al Hospital Durand para conocer a quienes trabajaban allí y qué interés tenían de pasarse a la nueva estructura, qué sueldo ganaban, cómo po- díamos hacer para mantenerlo y qué antigüedad les quedaba. Uno de los artículos de la ley, el 28, garantizaba la opción para los trabajadores”.
Su compañero, el Dr. Isasa recuerda: “Trabajamos en conjunto con tres co- ordinadores técnico científicos. Primero fue Hernán Dopazo, que cumplió un proceso muy corto hasta que se terminó la obra en el edificio. Levantaron las oficinas y armaron el laboratorio en base a las indicaciones del coordinador y a consultas al Ministerio de Salud de la Nación. La segunda etapa la toman los coordinadores Héctor Targovnik y Víctor Penchaszadeh. Les toca la etapa del amparo y de ciertos cuestionamientos, varios pedidos de informes, sobre todo de la senadora Morandini”.
Karina Soria Olmedo explica de qué se trató este amparo: “Mientras nosotros desarrollamos estas tareas en pos del traspaso, hubo un amparo que de alguna manera nos descolocó, pues ponía en cuestión la continuidad del traspaso, ya que imponía una medida de no innovar. Entonces trabajamos con el Servicio Ju- rídico del Ministerio, a cargo del Dr. Martín Calleja, para contestar esa demanda y avanzar en función de ese proceso judicial”.
Antes del traslado debía desarrollarse el nuevo espacio en el cual se iba a instalar el Banco. “También era un interés del Ministerio de Ciencia que en el edificio de la avenida Córdoba funcionara el Banco, pero no había una estructura adecuada y hubo que hacer modificaciones para convertir parte de esta planta en laboratorios. Colaboramos con los arquitectos para trabajar con las normas requeridas, entre otras cosas, pero también, dado que la obra siempre la manejó el MinCyT, trabajamos con las licitaciones correspondientes”, agrega la abogada. Una de las cuestiones que era importante para todo el equipo que participaba del proceso de implementación de la nueva ley era el diseño del concurso para cubrir los cargos de director y subdirector técnico. Soria Olmedo recuerda que “antes del traspaso físico, colaboramos con el armado de los concursos para el director y subdirector definidos por la ley. El Ministerio convocó a los jurados internacionales que entendíamos que merecía el concurso. Se confeccionaron las bases y se publicaron”.
El llamado a concurso público se realizó el 30 de mayo de 2014 y la lista de inscriptos se publicó el 4 de julio del mismo año. Los postulantes admitidos para el concurso por sus antecedentes fueron, para el cargo de director general técnico, Walter Bozzo, Juan Carlos Jaime, Mariana Herrera Piñero y Pablo Noseda, y para el de subdirector técnico Walter Bozzo y Pablo Noseda. Se realizaron las audien- cias de oposición de los postulantes y el jurado internacional, compuesto por Manuel Paredes López, Jorge Sequeiros, Carlos Vullo, Ruth G. Ladenheim y María Mercedes Lojo. El 30 de septiembre de 2014 se publicaron los resultados finales del concurso público para designar director general técnico y subdirector técnico, cuyo orden resultó, para el cargo del director 1) Mariana Herrera Piñero; 2) Walter Bozzo; 3) Juan Carlos Jaime, mientras que para la subdirección resultó primero Walter Bozzo y segundo Pablo Noseda.
Tanto la Dra. Herrera Piñero como el Dr. Bozzo aceptaron los cargos y fueron designados formalmente por los decretos 679/2015 y 680/2015 publicados en el Boletín Oficial del 29 de abril del 2015, con lo cual el proceso de traslado del BNDG entró en su etapa final. “Recién cuando tuvimos director y subdirector se avanzó sobre el traspaso efectivo, más allá de que ya habíamos avanzado suficiente como para pensar de qué forma se continuaba”, afirmó Soria Olmedo.
Según Targovnik, el nombramiento de los directores cambiaba radicalmente la situación. “En el 2014 se hace el concurso y algo menos de un año después la presidenta [Cristina Fernández de Kirchner] firma los nombramientos. Ya con Herrera Piñero como directora, el objetivo era muy simple: o se trasladaba el Banco a la nueva sede o ella tenía que ir al Hospital Durand a hacerse cargo, ya que la directora era ella sin ninguna duda. Oficial y legalmente era ella. A partir de ese momento se comienza a hablar con el director del hospital con otra realidad por delante. La directora y el subdirector del Banco Nacional de Datos Genéticos se tenían que hacer cargo del Banco, donde esté. Todo se destraba, básicamente, cuando se concretan los nombramientos. Entonces tanto el director del Durand como la gente que designa el Gobierno de la Ciudad fueron muy ama- bles para el traslado”.
Los abogados explicaron que el traspaso fue un proceso complejo: “Teníamos parte del cuerpo directivo designado y en funciones, mientras todavía teníamos el Banco en otro lado y en otra jurisdicción. Hubo muchas reuniones e incluso pre- sentamos por mesa de entrada en el Ministerio de Salud un proyecto de traslado y confidencialidad a los efectos de que se articulara la cuestión. Hasta que un día el Ministerio tomó la decisión de avanzar. El Ministerio de Salud y el Hospital to- maron nota de esto y comenzó el proceso de auditoría conjunta entre el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires y el Ministerio de Ciencia, para constatar todo lo obrante en el Hospital Durand y qué de todo aquello había que trasladar. La auditoría llevó casi dos meses e incluyó casi todo, desde lo patrimonial hasta la información, más las muestras y reactivos, y la nómina y situación de los tra- bajadores”. “Para la auditoría se trazó un plan de trabajo entre los auditores del Ministerio de Salud y la Unidad de Auditoría del MinCyT. Se convocó a todos los actores posibles para garantizar los procesos y los resultados, de modo que todas las partes prestaran conformidad con el traslado. Debía haber una auditoría con personal de la Ciudad y gente del Ministerio. Pero además debía haber personas que sean externas a ambos organismos, pero con interés en la materia y capacidad para verificar los trabajos. Por ese motivo llamamos, entre otros, a la CONADI, al Ministerio de Defensa y a la Procuración de la Nación. En función del plan de trabajo trazado con la auditoría, nosotros conseguíamos a los profesionales de cada área que se iba a auditar (informática, patrimonio, muestras, etc.)”.
Con la doctora Herrera Piñero y el doctor Bozzo en sus cargos, se establecieron protocolos integrales para garantizar no sólo la certeza de lo que se trasladaba, tanto en equipamiento como información, sino la cadena de custodia de muestras y datos, la continuidad de los trabajos y un detalle de los trabajadores, sus tareas y sus condiciones, que permitiera garantizar a quien quisiera mantenerse dentro del BNDG, al menos iguales condiciones laborales.
Laura Jurado junto con su compañera Luciana Rabitti, ambas biólogas ingre- sadas al Banco en 2015, diseñaron por encargo de la directora una serie de for- mularios “para realizar durante todo el proceso de mudanza el relevamiento de los protocolos, a partir de cuestionarios que nos permitían conocer cómo hacían las cosas y poder luego replicarlo una vez instalados en el nuevo laboratorio”. El Ministerio de Ciencia asumió la responsabilidad de trasladar los elementos del BNDG con todas las garantías de seguridad, cadena de custodia, reserva, con- fidencialidad y participación de veedores de acuerdo a las normas internacionales que rigen este tipo de procedimientos, lo que impide cualquier posibilidad de ex- travío de muestras, adulteración o manipulación futura. Los veedores asignados al traspaso de muestras, equipamiento y personal a la nueva sede ubicada en Ave- nida Córdoba 831, de la Ciudad de Buenos Aires, fueron Manuel Gonçalves Granada y la dra. Mirta Gladys Herrera, por la Comisión Nacional por laCONADI; los doctores Pablo Parenti, María Laura Ramírez y Mariana Inés Cahn, por la Procuración General de la Nación; la dra. Patricia Schuvaks, Leticia Ridelener y Carlos Tavares, la lic. María Eugenia Serrano,Luciana Baltuska y Claudio Bernardo Caracciolo, por la Defensoría General de la Nación. También participaron equipos de auditoría y traspaso del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación y del Ministerio de Salud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Un par de meses después, el 5 de noviembre de 2015, se identificó el primer nieto de esta nueva etapa, Martín Ogando Montesano, el nieto de la abuela Delia.
La tecnología en estos treinta años ha avanzado tanto que eso va a facilitar mucho más el trabajo en relación con la identificación. El problema es más político y humano que técnico. De lo que se trata es de dónde están los 300, por lo menos, que se calcula que faltan. ¿Dónde están? ¿Son 300? ¿En base a qué? Yo no estoy cuestionando el número. Cuestionar números se ha vuelto una práctica muy peligrosa. Ese es el futuro. El futuro son los que todavía no están identificados. Por eso yo pienso que probablemente el futuro debe ir mucho más allá del 2050, que es el plazo que se estableció originalmente. Cuando se llegue a 2050, si se considera necesario, se pro- longará. Yo creo que el Banco tiene una existencia simbólica para la sociedad argentina de tal envergadura y tal profundidad, que el futuro lo tiene ga- rantizado. Nadie se va a atrever a tocar el Banco. Nadie.