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En este apartado y en los dos siguientes se reseñan las características demóticas y las singularidades de las dinámicas sociales, de «la cultura local» y del desarrollo productivo del departamento de Rivera y de su capital, la ciudad homónima, cuya consideración resulta útil para situar adecuadamente a los tres centros educativos estudiados36.

35 En efecto, desde el año 2004 me desempeño como docente en el Centro Regional

de Profesores del Norte y desde el 2007 lo hago en el Centro Universitario de Rivera. 36 Los contenidos de este apartado y de los dos que le sigue son, en buena medida, una actualización de lo que fuera planteado en una investigación anterior (Acevedo, 2009a).

De acuerdo con los datos del último Censo Nacional de Población (INE, 2011), la población del departamento de Rivera era de 103.493 personas, y la de su capital de 78.880; su tasa de crecimiento es algo superior a la del promedio de Uruguay y a la del promedio del interior del país37. Las áreas urbanas y suburbanas son las que más han crecido

en los últimos años, especialmente en algunos barrios periféricos de la ciudad de Rivera (sobre todo Mandubí, Lagunón y La Pedrera), y en zonas aledañas de las ciudades de Tranqueras y Minas de Corrales. En estos dos últimos casos, su crecimiento seguramente se ha debido al incremento de la actividad productiva cercana a dichas localidades (industrias forestal y minera respectivamente). En las áreas rurales, por el contrario, el proceso de despoblamiento sigue avanzando.

En 2011 en la región noreste residían 44.752 personas de entre 17 y 25 años, esto es, el 10% del total de esa franja etaria del país. Esa cifra representa un 12,7% de la población total de Uruguay, algo menor que el promedio nacional, que era del 13,4% (cf. INE, 2011). Hacia el año 2004 el porcentaje de jóvenes (entre 20 y 24 años), adolescentes (entre 15 y 19 años) y niños (menores de 15 años) residentes en Rivera era significativamente mayor que el del promedio del país: el 44% de la población de Rivera tenía menos de 25 años, el 37% menos de 20 y el 29% menos de 15 (Troncoso et al., 2008, pp. 7-8).

Si bien la región noreste de Uruguay es, a escala nacional, la que presenta niveles de instrucción formal más bajos (cf. Acevedo et al., 2015, p. 4), el porcentaje de la población joven (entre 17 y 25 años) residente en sus tres capitales departamentales que alcanzó nivel de Educación Media Superior (EMS) es comparativamente alto: Rivera 54%, Melo 53%, Tacuarembó 51%. Por otra parte, la región noreste es la que tiene menor proporción de población mayor de 25 años que alcanzó estudios universitarios: casi el 4% (cf. Baptista, 2014, pp. 10- 11). En el año 2015 un total de 3.432 jóvenes ya había acreditado la EMS en el departamento de Rivera, y entonces estaba en condiciones reglamentarias de acceder a la ES (cf. Rodríguez Ingold y Marques, 2017, p. 61). La migración de riverenses hacia Montevideo es, además, relativamente alta (cerca de un millar por año), muchos de los cuales son, presumiblemente, jóvenes que están cursando estudios terciarios.

37 La expresión «interior del país», de uso muy extendido en Uruguay y en la región, se refiere a toda la extensión territorial del país excluyendo a la de su ciudad capital, Montevideo, y su área metropolitana. Aproximadamente la mitad de la población de Uruguay está radicada en Montevideo.

El departamento de Rivera históricamente se ha caracterizado por presentar altos niveles de pobreza. En el año 2002, el 40,1% de la población de Rivera estaba en situación de pobreza (cf. Bertullo et al., 2006, p. 65), porcentaje que hoy probablemente sea algo menor, como consecuencia de la incidencia de tres factores concurrentes: el paulatino desvanecimiento de la crisis que azotó a Uruguay en el primer lustro de este siglo, el impacto favorable en los sectores más deprimidos de la población de la aplicación del llamado Plan Nacional de Emergencia, y la dinámica de la situación cambiaria con respecto a Brasil, de efectos coyunturales beneficiosos para algunos sectores de la economía local (sobre todo para el sector comercial).

Al igual que en el resto del territorio uruguayo, el departamento de Rivera sufre un proceso de feminización e infantilización de la pobreza, que en el último decenio se ha ido desacelerando. Por otra parte, la distribución territorial de la pobreza no es homogénea; es en la periferia de la ciudad de Rivera donde existe la mayor cantidad de asentamientos irregulares del departamento; un alto porcentaje de la población riverense (un 5% según el Instituto Nacional de Estadística, un 15% según la Intendencia Departamental de Rivera) reside en estos lugares, más del doble que el promedio del interior del país.

Además, si bien el Índice de Desarrollo Humano38 del departamento de

Rivera ha crecido en los últimos dos decenios (siguiendo una curva ascendente similar a la de Montevideo y con mayor pendiente que la del promedio nacional), aún sigue siendo de los más bajos del país: bajo nivel de Producto Bruto Interno per cápita, baja tasa de esperanza de vida al nacer, bajo nivel de ingresos de los hogares, baja tasa bruta de asistencia a los ciclos escolares obligatorios. A este respecto, cabe subrayar el alto valor que alcanza en la región el porcentaje de adolescentes (de 15 a 17 años) que viven en situación de pobreza y que no estudian ni trabajan (valor que, a nivel nacional, ubica a Uruguay en el penúltimo lugar del continente americano, apenas por encima de Honduras).

38 El Índice de Desarrollo Humano, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, “es una medida multidimensional del bienestar de los individuos y el desarrollo de las sociedades. Se compone de tres dimensiones sobre las cuales recoge indicadores: a) el acceso a recursos necesarios para una vida decorosa, que se mide a través del PBI per cápita; b) el acceso a llevar una vida longeva y saludable, medido a través de la esperanza de vida; c) el acceso a conocimientos, cuyos indicadores son la tasa de alfabetización y la tasa bruta combinada de matriculación en educación primaria, secundaria y terciaria” (Acevedo et al., 2013, p. 31).

4.2 Principales singularidades de las dinámicas sociales y de «la