El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, dice que “beneficencia” significa, en primer lugar, “virtud de hacer el bien” (“ active goodness” según un diccionario inglés). Pero cuando en la forma corriente de hablar empleamos la palabra “beneficencia” solemos referirnos más a la otra acepción que recoge el mismo diccionario: “conjunto de instituciones y servicios benéficos”. El Diccionario María Moliner del uso del español, bajo la voz “BENEFICIAR” (“Favorecer”, “Hacer el
bien o ser bueno para alguien o algo…”), incluye también dos acepciones de “BENEFICENCIA”: “Cualidad o actividad de la persona que ayuda con su dinero o con sus medios a otras que lo necesitan. Organización pública para la protección y auxilio de los desvalidos, con sus establecimientos de albergues, asistencia médica, etc.”.
La palabra beneficencia y la invocación del principio de beneficencia son frecuentes en ética aplicada, sobre todo en bioética. Tanto la palabra como el principio están marcados por unas connotaciones asistencialistas y paternalistas que han sido o son más propias propias de las actividades y profesiones de ayuda. Esas connotaciones están siendo objeto de cuestionamiento en la actualidad. Beneficencia pudo ser una palabra apropiada para hablar de profesiones sanitarias o de política social. No parece igualmente apropiado hablar del principio de beneficencia en profesiones como las de arquitecto, juez, fontanero o bibliotecario. Sin embargo también estos profesionales están obligados a “hacer bien” lo que hacen; por ahí hay que empezar; ésa es su principal manera de “hacer el bien” a quienes acuden a ellos en busca de sus prestaciones de bienes y servicios profesionales.
El principio de beneficencia suele ser el primero que se nombra en bioética y en general en las éticas aplicadas. Sin embargo apenas ha sido objeto de un tratamiento detenido e independiente de los otros principios. Casi siempre se habla de él para incidir a continuación en el tema del paternalismo. Otras veces se trata de este principio para hablar del carácter obligatorio o voluntario de las acciones benéficas que cabe llevar a cabo en determinadas situaciones, lo que sitúa el principio de beneficencia en las inmediaciones del principio de justicia. A veces se integra el principio de beneficencia y el de no maleficencia en el principio de utilidad que establece la necesidad de sopesar y compensar los beneficios y perjuicios que se siguen de determinados cursos de acción. Pero como hemos dicho, se le presenta sobre todo como contrapuesto al principio de autonomía y origen del paternalismo. Paternalismo sería la beneficencia que no respeta la autonomía de las personas a las que se propone beneficiar. Nosotros hablaremos del paternalismo después de haber presentado separadamente los principios de beneficencia y de autonomía. Ahora nos toca empezar preguntándonos: ¿qué es la beneficencia considerada en sí misma?
Para poner de manifiesto el alcance del principio de beneficencia en sus propios términos, además de dejar para un segundo momento el tema del paternalismo y el tema del posible conflicto entre beneficencia y autonomía, hace falta liberar el principio de beneficencia del sesgo utilitarista con el que ha sido formulado y difundido, y presentarlo en términos de las éticas del bien de raigambre aristotélica, que constituye –así lo pensamos– su contexto obvio. Esto permite ofrecer una formulación del
principio de beneficencia en términos más acordes con la ética de las profesiones, de todas las profesiones, no sólo de las profesiones de ayuda.
D. ROSS y W. FRANKENA son dos autores precursores de la formulación de los cuatro principios de la bioética, entre ellos el de beneficencia. En su libro Lo correcto
lo bueno (1ª ed. de 1930) enumera D. ROSS la beneficencia entre los “deberes” que todos los seres humanos consideran intuitivamente como obligatorios, al menos en una consideración inicial ( prima facie): fidelidad, reparar los daños, gratitud, justicia, beneficencia, perfeccionamiento propio y no maleficencia. D. ROSS era deontologista. W. FRANKENA (1963) elabora una ética que en parte es utilitarista y se basa en el principio de beneficencia, y en parte es deontologista y se basa en el principio de usticia. Según D. GRACIA (1997) es a través de Frankena como llegan a elaborar BEAUCHAMP y CHILDRESS (1999; 1ª ed. de 1979) la síntesis de los cuatro principios de la bioética que llegó a convertirse en “canónica”.
El origen, o al menos uno de los orígenes, de lo que llegaron a ser los principios de la bioética en los Estados Unidos está en los trabajos de la aludida Comisión Nacional
ara la protección de los sujetos humanos de investigación biomédica y conductual. En una segunda fase de los trabajos de dicha Comisión, el grupo de expertos reunidos en Belmont buscaba establecer “unos principios éticos básicos”, es decir, aquellos criterios generales que pudieran servir como base para justificar muchos de los preceptos éticos y valoraciones particulares de las acciones humanas”. Tres de ellos les parecían “particularmente relevantes para la ética de la experimentación con seres humanos: los principios de respeto a las personas, de beneficencia y de justicia” (INFORME BELMONT, 2). Los participantes habían trabajado sobre un escrito de Karen Lebacqz; en un primer momento enunciaron y aceptaron los siguientes principios que aquí se recogen en un orden diferente:
1. respetar la autodeterminación de las personas (autonomía), 2. atender a la justicia distributiva ( justicia a)
3. atender a la justicia compensatoria (“proteger al débil y privado de poder” (Toulmin): justicia b).
Los otros cuatro “principios” se entienden desde el trasfondo de un cálculo utilitarista de beneficios (ventajas) y daños (inconvenientes) tanto para los sujetos individuales que son objeto de la investigación en cuestión como para otros individuos o grupos. Se formulan en estos términos:
4. Beneficiar a los sujetos individuales que son objeto de la investigación (beneficencia a)
5. Beneficiar a otros individuos y grupos presentes y futuros (beneficencia b); 6. Reducir al mínimo el daño a los sujetos individuales (no maleficencia a);
7. Reducir al mínimo el daño que se pueda seguir [ "consequetial harm"] para otros (no maleficencia b). (JONSEN, 1998, 103)
Estamos, como puede verse, ante un planteamiento consecuencialista del cálculo de utilidad. “Beneficencia” parece entenderse como el abstracto que se usa para designar los “efectos beneficiosos” de la acción (en este caso de la investigación con sujetos
humanos) que vaya a ser sometida a consideración ética y que se juzga según el cálculo de los beneficios y daños que se supone que reporta en primer lugar a los individuos que son objeto directo de dicha investigación, pero además a otros individuos y grupos.
[2] Eso sí, se le anteponen los principios de autonomía (autodeterminación de las
personas) y de justicia, que tienen una matriz netamente deontológica.
Hacer bien una actividad y hacer el bien a otros mediante una actividad bien hecha –esta sería la formulación que proponemos aquí del principio de beneficencia– es algo más amplio, más rico y más básico que este cálculo utilitarista de las ventajas e inconvenientes, de los beneficios y daños que genera dicha actividad. Si nos salimos del marco de las profesiones sanitarias o asistenciales cabe decir que el primer principio de toda ética profesional es hacer bien la actividad profesional, y eso es lo primero y principal que se busca con dicha actividad: alcanzar y realizar el bien (el fin) o los bienes (los fines) a los que dicha actividad está constitutivamente encaminada. Estamos ante un planteamiento ético de matriz teleológica, pero aristotélica, es decir, no primaria ni exclusivamente consecuencialista como el del utilitarismo. En este horizonte del hacer bien determinadas actividades en orden a alcanzar y proporcionar los bienes propios de dichas actividades es posible situar en un segundo momento los beneficios y daños que puedan generarse, por ejemplo, de la investigación con sujetos humanos, tanto para los sujetos investigados, como para terceros.
Aristóteles empezaba su Ética a Nicómaco diciendo que toda actividad, es decir, “Toda arte y toda investigación, y del mismo modo toda acción y elección, parecen tender a algún bien; por eso se ha dicho con razón que el bien es aquello a lo que todas las cosas tienden…” (EN 1094a 1ss). El fin de cada actividad es el bien al que está ordenada dicha actividad: cocinar es hacer comida, telefonear es hablar con alguien que está lejos; un buen teléfono es el que sirve para comunicarse bien con los que están lejos; bueno es el bolígrafo que escribe bien… Se trata siempre del bien práctico y de lo que contribuye positivamente a alcanzarlo; es el bien que se llega a realizar mediante la actividad humana y pasa a convertirse en bien humano. El bien en sentido aristotélico no es primariamente lo que satisface un deseo, sino lo que realiza un fin y culmina una acción.
El criterio para juzgar la actividad y todo lo que contribuye a realizarla sirve también para juzgar a quien la hace. Un buen artesano es el que hace cosas que sirven para aquello para lo que se las utiliza; un buen estratega es el que alcanza la victoria; un buen docente es el que enseña bien; enseñar bien es lograr que los alumnos aprendan; y
lo mismo cabe decir de un buen electricista, un buen terapeuta, un buen guardia de tráfico o un buen actor, etc. Por otra parte, el que ha adquirido el hábito de hacer bien determinado tipo de actividades es quien, por lo general, mejor puede juzgar cuándo están bien hechas esas actividades.
En una primera consideración es buena cada actividad en la medida en que alcanza el fin al que está constitutivamente ordenada. Hay actividades ( poiesis, las llama Aristóteles) que consisten en hacer cosas; son las actividades productivas; el fin de esas actividades es el producto realizado que permanece ahí cuando la actividad ha cesado. Y hay también actividades cuyo fin es la misma actividad ( praxis, en la terminología aristotélica) como son las actividades lúdicas, artísticas, y el mismo vivir y convivir (las relaciones de amistad o la participación activa en la vida de la polis). Estima Aristóteles que los bienes que producimos y los servicios que prestamos están al servicio del vivir bien y actuar bien, al servicio de estos o aquellos bienes-actividad de que consta la vida. Si construimos casas es para habitarlas, si hacemos muebles y fabricamos utensilios es para utilizarlos, si se hacen programas de televisión es para que sean vistos, si se escriben libros o se guardan en una biblioteca es para que se lean, si se dan clases es para que los alumnos aprendan, etc.
La mera enumeración de actividades y de sus correspondientes bienes nos hace ver que existe una pluralidad no sólo de actividades, sino también de bienes y de fines. El bien se predica de muchas, de múltiples maneras; es contextual. Los criterios válidos para decir que una casa es buena o está bien construida no sirven para decir que una sentencia es buena; los criterios para decir que alguien ha hecho una buena investigación no son los mismos si se trata de un policía que si se trata de un científico, etc. En todos los casos el calificativo “bueno, -a” significa que aquello a lo que se aplica es recomendado en su orden de cosas; pero los criterios por los que se recomienda algo varían en cada caso. No sólo en cada caso, también en diferentes contextos y en diferentes momentos. No se requiere lo mismo de una buena casa en el trópico que en Alasca. También la historia, con los adelantos técnicos y los cambios sociales y culturales, conlleva una forma variable de entender lo que es el bien en cada caso, una buena actuación profesional. No es lo mismo hacer un buen diagnóstico y terapia de enfermedades cardiovasculares hoy que hace cien o doscientos años; no se plantean las mismas exigencias hoy que hace cincuenta años a quien puede ser alabado como buen fotógrafo. El bien, los bienes sólo adquieren significados precisos en los contextos de las actividades que los tratan de obtener o realizar.
El concepto de bien asociado al de fin de una actividad deja sin delimitar los bienes El concepto de bien asociado al de fin de una actividad deja sin delimitar los bienes morales de los bienes premorales. Alguna distinción tendrá que hacerse entre un buen morales de los bienes premorales. Alguna distinción tendrá que hacerse entre un buen martillo, una buena siesta y una buena acción, una acción moralmente buena. Por una martillo, una buena siesta y una buena acción, una acción moralmente buena. Por una parte el bien moral es un tipo más de bienes. En alguna medida todo lo que vamos parte el bien moral es un tipo más de bienes. En alguna medida todo lo que vamos diciendo acerca del carácter contextual de los bienes vale para aplicarlo al bien moral; diciendo acerca del carácter contextual de los bienes vale para aplicarlo al bien moral; buenas son en sentido moral aquellas acciones y personas que en cada caso son buenas son en sentido moral aquellas acciones y personas que en cada caso son alabadas en sentido moral y no meramente en sentido premoral. No se trata de que alabadas en sentido moral y no meramente en sentido premoral. No se trata de que alguien sea un buen saltador o un buen nadador; se trata de que alguien pueda ser alguien sea un buen saltador o un buen nadador; se trata de que alguien pueda ser alabado moralmente por acciones que son buenas en sentido moral. Buenas en sentido alabado moralmente por acciones que son buenas en sentido moral. Buenas en sentido m
moral oral son aquson aquellaellas accs acciones que se iiones que se inscriben dennscriben dentro de ltro de lo que es uno que es una forma forma de a de vida vida queque puede ser aprobada como buena no sólo en un aspecto u otro sino como conjunto de una puede ser aprobada como buena no sólo en un aspecto u otro sino como conjunto de una vida que merece ser vivida y alabada como profundamente humana. El bien sólo es vida que merece ser vivida y alabada como profundamente humana. El bien sólo es moral en la medida en que se integra, incorpora, forma parte del
moral en la medida en que se integra, incorpora, forma parte del telostelos de la vida buena, de la vida buena, valiosa y digna. Estaremos en condiciones de explicitar estas afirmaciones en términos valiosa y digna. Estaremos en condiciones de explicitar estas afirmaciones en términos más plausibles para los planteamientos actuales cuando hayamos presentado el más plausibles para los planteamientos actuales cuando hayamos presentado el principio de autonomía. Pero ya podemos anticipar que buenas en sentido moral son principio de autonomía. Pero ya podemos anticipar que buenas en sentido moral son todas aquellas
todas aquellas acciones hechas por peacciones hechas por personas que afectan rsonas que afectan positivamenpositivamente a perte a personas.sonas.
La multiplicidad de actividades lleva a una necesidad de coordinar unos fines con La multiplicidad de actividades lleva a una necesidad de coordinar unos fines con otros, y cuando la plena coordinación no es posible, subordinar unos fines (o bienes) a otros, y cuando la plena coordinación no es posible, subordinar unos fines (o bienes) a otros. Cuando un bien está subordinado a otro bien, el bien superior es criterio para otros. Cuando un bien está subordinado a otro bien, el bien superior es criterio para uzgar del bien subordinado. Si los caballos se doman para utilizarlos como caballería uzgar del bien subordinado. Si los caballos se doman para utilizarlos como caballería en las batallas –el ejemplo es de Aristóteles– una buena doma será aquella que facilita en las batallas –el ejemplo es de Aristóteles– una buena doma será aquella que facilita la labor de la caballería cuando entra en batalla; y esa labor estará a su vez la labor de la caballería cuando entra en batalla; y esa labor estará a su vez subordinada a la estrategia que es el arte de utilizar los distintos elementos del arte subordinada a la estrategia que es el arte de utilizar los distintos elementos del arte militar para alcanzar la victoria. Una buena radiografía o unos buenos análisis clínicos militar para alcanzar la victoria. Una buena radiografía o unos buenos análisis clínicos son aquellos que contribuyen a realizar un buen diagnóstico, de la misma manera que el son aquellos que contribuyen a realizar un buen diagnóstico, de la misma manera que el diagnóstico debería estar al servicio de la terapia y la terapia al servicio de la diagnóstico debería estar al servicio de la terapia y la terapia al servicio de la recuperación de la salud –cosas todas que, como sucede tantas veces en cuestiones de recuperación de la salud –cosas todas que, como sucede tantas veces en cuestiones de m
moral, oral, pertenpertenecen mecen más al ás al orden de lo orden de lo deseabldeseable que al de e que al de lo que con freculo que con frecuencia ocurre.encia ocurre. La concatenación y subordinación de unos bienes a otros lleva a Aristóteles a la La concatenación y subordinación de unos bienes a otros lleva a Aristóteles a la pregunta por un último fin por el que todo se hace, siendo así que él ya no se hace por pregunta por un último fin por el que todo se hace, siendo así que él ya no se hace por ningún fin ulterior, sino por sí mismo. Es un bien global que integra todos los bienes, un ningún fin ulterior, sino por sí mismo. Es un bien global que integra todos los bienes, un fin supremo que se quiere por sí mismo y por el que todos los otros fines son queridos y fin supremo que se quiere por sí mismo y por el que todos los otros fines son queridos y buscados: la
moral particular sólo lo es en la medida en que se integra o incorpora, forma parte del moral particular sólo lo es en la medida en que se integra o incorpora, forma parte del telos
telos de la vida buena. Nada es verdaderamente bueno, éticamente bueno, si sólo es de la vida buena. Nada es verdaderamente bueno, éticamente bueno, si sólo es bueno en un aspecto restringido, si se absolutiza y aísla del bien supremo, si no se bueno en un aspecto restringido, si se absolutiza y aísla del bien supremo, si no se inscribe en un proyecto de vida buena y encuentra en él su lugar apropiado. Lo que inscribe en un proyecto de vida buena y encuentra en él su lugar apropiado. Lo que ocurre es que este bien supremo, esta vida plenamente realizada en la que cualquier ocurre es que este bien supremo, esta vida plenamente realizada en la que cualquier bien h
bien ha de ia de inscribirsnscribirse e ie e inntegtegrarse rarse para podepara poder ser r ser considerado veconsiderado verdaderardaderammentente buene bueno eso es algo tan incuestionable en su designación genérica, como discutido cuando hay que algo tan incuestionable en su designación genérica, como discutido cuando hay que determinar en qué consiste en concreto. Aristóteles dice que todos están de acuerdo en determinar en qué consiste en concreto. Aristóteles dice que todos están de acuerdo en decir que ese fin supremo es la
decir que ese fin supremo es la eudaimoníaeudaimonía; pero que no hay acuerdo acerca de en qué; pero que no hay acuerdo acerca de en qué