En lo concerniente a la historicidad o desarrollo doctrinal, New- man dio el primer paso en su obra sobre los Arrianos, de 1833. En 1834, en uno de los Tracts, afirma que los artículos de la fe estuvieron
todos ocultos, por así decir, en el seno de la Iglesia desde el comienzo, y fueron dados a luz formalmente de acuerdo a la ocasión66. Es Froude
quien había hecho ya afirmaciones acerca de los desarrollos que ha- bían tenido lugar en la Iglesia de Roma. En su obra sobre el Oficio
Profético de la Iglesia, de 1837, Newman aplica estas ideas solamente
al período patrístico, que vio emerger el dogma cristiano, es decir, a la antigüedad. Pero al ver la dinámica de toda la historia de la Iglesia, abandonará la antigüedad como único argumento, con lo cual se destruiría la Via Media. En 1843, en el último de sus Sermones Uni-
versitarios, aborda el tema específicamente, distinguiendo entre ra-
zón implícita, como interpretación espontánea, intuitiva de la expe- riencia, y razón explícita, el análisis de aquella en un pensamiento discursivo y lógico. La originalidad consiste aquí en oponer implícito a explícito, no como oscuro a claro, sino como personal a impersonal67.
La Revelación es la «idea» cristiana impresa en la mente corporativa de la Iglesia apostólica, tomada implícitamente en forma no proposi- cional, pero que se va explicitando en los Credos y otras formas de definición dogmática, fruto del trabajo teológico68. Por otro lado, pueden pasar siglos enteros sin la formal expresión de una verdad, que ha estado siempre en la vida secreta de millones de almas fieles69. La misma
delineación formal de una verdad cuando pasa a ser explícita, no es
esencial para su genuinidad y perfección... un campesino puede tener tal impresión verdadera y no ser capaz de dar ninguna explicación inteligi- ble de la misma70.
Con este tipo de afirmaciones Newman rechazaba por un lado el liberalismo dogmático y por otro el fundamentalismo. Además, ya no sostiene que este proceso dogmático haya cesado con el período patrístico. Uno de sus muchos ejemplos es la fe en la doctrina acerca de la unidad de la divina naturaleza, explicitada recién en el IV Con- cilio Lateranense de 1215. Lo que deja a un lado es la cuestión de quién es el juez de tales desarrollos para decidir si son legítimos o no. Encontramos en la Apologia el relato biográfico hasta la redacción del Ensayo sobre el tema. Estando en Littlemore, y leyendo algunos libros de devoción católica, descubre que no había nada de corrup- ciones doctrinales en ellos71. Pero es más esencial la convicción sobre
la universalidad del principio, como fundamento de comprensión de la revelación, de la vida de la Iglesia, y del contenido de la fe. Se tra- taba de un fenómeno religioso que da carácter a todo el curso del pensa-
miento cristiano72. Vio, además, que se aplicaba el mismo principio
en orden a la fe religiosa73
A fines de 1844 escribe el Ensayo sobre el desenvolvimiento de la
doctrina cristiana. La dificultad era si había habido una real continui- dad de doctrina, dados los cambios y variaciones ocurridos desde el
tiempo de los Apóstoles. El mismo desarrollo doctrinal como hecho, no ha tenido lugar de un modo sistemático, pues el desarrollo de una idea (como la revelación cristiana), no es como una investigación en el papel, en la que cada paso sucesivo es una pura evolución del ante- rior, sino que es llevada a través y por medio de comunidades de hombres, con sus líderes y guías. Newman ofrece, pues, el «hecho» histórico como evidencia de un desenvolvimiento, que difiere por un lado de una pura «inmutabilidad», y por otro de la «corrupción». Para ello da la famosa serie de siete «notas» que distinguen un desa- rrollo legítimo de uno ilegítimo o corrupto74. No intenta «probar»
nada en el estricto sentido de la palabra, sino más bien presentar dos pinturas que tenía en su mente: la de la moderna Iglesia Católica y la de la primitiva Iglesia, para preguntarse si son retratos de la misma y única Iglesia. Se apela más a la imaginación que a la inteligencia dis- cursiva. Newman dice que fue la vívida pintura que la historia nos
presenta la que le abrió los ojos a la identidad de la Iglesia de los Pa-
dres con la Iglesia Católica Romana. Para Newman, el estudio de la historia juega un papel crucial en la investigación teológica. Si la re- velación cristiana es ella misma una realidad compleja, la identifica- ción de sus aspectos varios llevará naturalmente tiempo. Newman ha afirmado en una de sus cartas que la Iglesia no conoce más que lo que
conocían los Apóstoles75. No hay adición sino despliegue. Lo que está
implícitamente creído llega a ser explícitamente profesado.
La naturaleza y el orden de las cosas manifiestan un designio go- bernado por unos pocos principios, importantes y simples, que dan al conjunto una maravillosa armonía. Los principios fundamentales del plan divino se revelan más o menos en la creación. Todo lo que pasa de acuerdo a sus leyes viene de Dios mismo76. La teoría del desa-
rrollo es la aplicación más típica de este principio. Todas las grandes obras de Dios que conocemos, interiores o exteriores, en la naturale- za o en la historia, tienen lugar de acuerdo a esta ley del desarrollo. Dios no crea nada en estado completo. Deja que cada cosa se realice poco a poco. Por ello el desarrollo de la tradición doctrinal no cons- tituye a priori una objeción contra la verdad del cristianismo.
Si el principio sacramental y el dogmático son leyes de la Provi- dencia en su designio de Creación y de Salvación, lo es también el principio del desarrollo.
5. DOCTRINAS ECLESIOLÓGICAS VINCULADAS A LOS TRES PRINCIPIOS