un concepto prominente es moijeia, traducido a menudo como “infideli- dad” o “adulterio”. El verbo moi- jeuō, “cometer adulterio”, aparece en Mt 5,28. En este caso Jesús siembra el desconcierto entre sus oyentes al declarar que el mero he- cho de mirar con deseo a la mujer de otro varón es igual a un acto de infidelidad. Al adúltero se le llama
moijos, plural moijoi, palabra que aparece en la parábola del fariseo autocomplaciente que da las gracias a Dios por no ser tan pecador como otros hombres, adúlteros incluidos (Lc 18,11).
Un concepto relacionado es
porneia. Existe en el mundo acadé- mico cierto debate acerca de su sig- nificado exacto,[8] pero lo cierto es que en una serie de casos se refiere a las relaciones sexuales llevadas a cabo de manera irresponsable o descuidada y que incluye el coito con prostitutas. Según Hechos 15,20 la asamblea cristiana celebra- da en Jerusalén resuelve que los se- guidores del camino de Cristo de- ben abstenerse de tres fenómenos censurables: la idolatría, el consu- mo de alimentos con sangre y por- neia.
Pablo es quien se opone con mayor vehemencia a la idea de que es líci- to para varones cristianos tener re- laciones sexuales con prostitutas (1
Cor 6,15-18). Citando Gn 2,24 ar- guye que dos personas que se unen sexualmente se hacen “una sola carne”. Se trata aquí de una inter- pretación bastante libre del Génesis basada en la Septuaginta, versión griega en la cual la palabra sarx, “carne”, reviste a veces connotacio- nes sexuales.[9] De hecho, en 1 Cor 6 Pablo compara el acto de visitar el lecho de una pornē, “prostituta”, con Gn 2,24 donde un varón “se une” a su mujer. Según el apóstol, pues, el acto sexual equivale a unir- se (kollōmenos) con otra persona. Hace extensivo este punto de vista al ámbito religioso diciendo que, para los cristianos, la intimidad físi- ca con una prostituta viola el lazo que tienen establecido con Jesucris- to (1 Cor 6,15-16).
Históricamente, la interpretación sexual de Gn 2,24, muy aceptada y querida en amplios círculos eclesia- les de nuestro tiempo, comienza en la obra paulina.[10] No obstante, adolece de un fallo importante: no tiene en consideración el significa- do básico de basar, término que a lo largo del Testamento Hebreo ca- rece de connotaciones sexuales.[11] Además de “carne” en el sentido li- teral y fisiológico, se traduce a me- nudo como “núcleo familiar”, “pa- riente cercano” o “círculo de paren- tesco”.[12]
Intimidad entre dos personas del mismo sexo
En relación con textos que incluyen ciertas formas de intimidad física entre varones, sólo figura uno en el Testamento Hebreo. Aparece en dos variantes en el libro del Levíti- co y en ambos casos el verbo prin- cipal es shájab, “acostarse”.
Veamos ahora cuáles son las expre- siones utilizadas en el Testamento Griego para referirse a la intimidad entre dos personas del mismo sexo. Con respecto a las mujeres, muchos comentaristas han sugerido que Rom 1,26 proporciona un ejemplo elocuente. Sin embargo, el texto griego plantea una aguda ambigüe- dad que dificulta su interpretación. Lo cierto es que en esta carta dirigi- da a la comunidad cristiana que re- side en Roma, Pablo habla de pathē
atimias, “pasiones deshonrosas” (1,26). El concepto alude tanto al grupo de mujeres idólatras mencionadas en el versículo 1,26 como a sus com- pañeros que intervienen en el 1,27. Por lo que se refiere a los varones, todo parece indicar que practicaron alguna forma de sexo grupal. Pablo hace hincapié en la idolatría que forma la base de las pasiones exhi- bidas, tema que subraya una y otra vez a lo largo de la sección 1,18-32. [13]
El evangelio de Lucas describe al- gunos hechos que se producirán en los postreros días. El versículo 17,34 en particular parece contener una sutil referencia a una situación de intimidad entre varones: “Aque- lla noche estarán dos en una misma cama: al uno se lo llevarán y al otro lo dejarán”. Varias versiones dicen “dos personas” (PDT, TLA), pero a esta brevísima narración griega le falta la palabra “personas” (anthrō- poi) haciendo que sólo figure el nu- meral dúo, “dos”, sin especificación alguna. Sin embargo, ya que se menciona una cama el contexto in- dica que se trata de dos seres huma- nos. El narrador sugiere, pues, que dos personas, posiblemente varo- nes, comparten un lecho. No se sabe si están durmiendo juntos por casualidad o por rutina o si media entre los dos una relación de intimi- dad.
El siguiente versículo 17,35 tam- bién habla de “dos” seres no especi-
ficados que en este caso están mo- liendo juntos. En la cultura helenís- tica estas personas son necesaria- mente mujeres ya que la fabrica- ción de harina y de pan se inscribe en las labores caseras de la pobla- ción femenina. Tanto es así que nu- merosas versiones modernas propo- nen “dos mujeres”.[14] Dadas las estructuras paralelas entre los ver- sículos 34 y 35, y a pesar de la au- sencia del término griego andres, parece lógico suponer que los dos que están en una cama son varones.
Las versiones
Queda por ver cómo algunas ver- siones escogidas reproducen el len- guaje del sexo de la Biblia en va- rios casos concretos. En el Testa- mento Hebreo vamos a enfocar dos verbos: (a) bō, “entrar” y (b)
shájab, “acostarse”.
[5] En este sentido, imitan la Septua- ginta que no emplea nunca eros sino que recurre siempre a agapē.
[6] Cf. Goss 2002, 214. Sin embargo, tal vez existan en las cartas paulinas in- dicios de otros problemas como dolen- cias físicas (Hanks 2000, 114). Algu- nos comentaristas se han fijado en el hecho de que el apóstol se encuentra a menudo con situaciones de turbulencia en las congregaciones recién fundadas en la forma de oposición a su autoridad y doctrinas heterodoxas; cf. Hearon 2006, 621; http://frankviola.org/ 2012/04/24/paulsthornintheflesh/.
[7] Carr (2003, 54) observa que los puntos de vista sobre la sexualidad hu- mana expresados por Pablo divergen radicalmente del Testamento Hebreo y de las actitudes que prevalecen en nuestro tiempo.
[8] Loader 2004, 84; Martin 2006, 67.
[9] Loader 2004, 42 & 2013, 16. [10] Según el pseudepígrafo Libro de los Jubileos, muy leído en ambientes judíos, se produce en Gn 2 una situa- ción de intimidad sexual entre el varón y la mujer; cf. Loader 2013, 148. [11] Cf. Loader 2013, 20.
[12] Cf. Gn 29,14; Lv 18,6; Loader 2004, 87.
[13] Cf. el capítulo 11 del presente libro. [El texto de este artículo pertenece al libro citado por el autor. Ed.]
[14] BAD, BCL, BLA, BP, DHH, EMN, NBJ, NTV, RV60, TLA, etc.
Entre los aspectos
problemáticos de
la sexualidad
humana
comentados, un
concepto
prominente es
moijeia, traducido
a menudo como
“infidelidad” o
“adulterio”. El
verbo moijeuō,
“cometer
adulterio”, aparece
en Mt 5,28
En la cultura
helenística estas
personas son
necesariamente
mujeres ya que la
fabricación de
harina y de pan se
inscribe en las
labores caseras de
la población
femenina. Tanto es
así que numerosas
versiones modernas
proponen “dos
actitud que enfurece a Abshalom, hermano de Tamar. Empieza a bus- car una oportunidad para vengarse de Amnón y cuando llega el mo- mento, todo el país se ve lanzado a una guerra civil (13,22-29 y caps. 14 – 19).
El sexo en griego 2 Corintios 7,9
Si no pueden contenerse, que se ca- sen. Casarse es mejor que abrasar- se.
En comparación con el Testamento Hebreo, los escritores cristianos re- presentados en el Testamento Grie- go dedican relativamente poca aten- ción al erotismo. Por ejemplo, brilla por su ausencia la palabra griega
eros, “amor sensual”,[5] y escasean en los cuatro evangelios y las cartas apostólicas las narraciones con ele-
mentos de intimidad, vida conyugal y relaciones íntimas. No obstante, los autores señalan con alguna fre- cuencia los peligros que corren los creyentes si no saben frenar debida- mente el impulso sexual. Los pro- blemas más comentados son por- neia, “inmoralidad sexual”, y moi- jeia, “adulterio”. Asimismo, según varias escuelas filosóficas del perio- do helenístico, el concepto de pat- hos, “pasión”, es algo que deben evitar los varones educados y sa- bios y muy especialmente en el ám- bito erótico (Loader 2013, 103, 108-11).
En su carta a los Colosenses (3,5) el apóstol Pablo exhorta a sus lectores y oyentes a apartarse de “impure- zas, pasiones y malos deseos” por- que a su juicio tales pensamientos e instintos no tienen cabida en la vida cristiana. A la luz de su propio celi- bato, Pablo aconseja a toda la con- gregación de la ciudad de Corinto a que siga su ejemplo (1 Cor 7,7-8) reconociendo, no obstante, que para algunos creyentes la vida soltera re- presenta una dificultad demasiado grande (7,9). Inclusive puede que el mismo Pablo se encuentre a veces en apuros en este contexto. Varios comentaristas se han preguntado qué significará la velada referencia que hace el apóstol en 2 Cor 12,7 a “un aguijón en mi carne”, y varios se inclinan a pensar que se trata de una alusión a los impulsos sexuales que lucha por vencer.[6] A los fie- les cuyo apetito carnal supera el au- todominio, ofrece un consejo: “Si no pueden contenerse, que se casen. Casarse es mejor que abrasar-
se” (7,9).[7] Pablo es consciente de que, en el seno de la vida matrimo- nial, pueden surgir desacuerdos si los esposos no experimentan con la misma intensidad el apremio eróti- co. Les aconseja proceder con pa- ciencia y prudencia para evitar caer en tentaciones indebidas (7,5). Entre los aspectos problemáticos de la sexualidad humana comentados, un concepto prominente es moijeia, traducido a menudo como “infideli- dad” o “adulterio”. El verbo moi- jeuō, “cometer adulterio”, aparece en Mt 5,28. En este caso Jesús siembra el desconcierto entre sus oyentes al declarar que el mero he- cho de mirar con deseo a la mujer de otro varón es igual a un acto de infidelidad. Al adúltero se le llama
moijos, plural moijoi, palabra que aparece en la parábola del fariseo autocomplaciente que da las gracias a Dios por no ser tan pecador como otros hombres, adúlteros incluidos (Lc 18,11).
Un concepto relacionado es
porneia. Existe en el mundo acadé- mico cierto debate acerca de su sig- nificado exacto,[8] pero lo cierto es que en una serie de casos se refiere a las relaciones sexuales llevadas a cabo de manera irresponsable o descuidada y que incluye el coito con prostitutas. Según Hechos 15,20 la asamblea cristiana celebra- da en Jerusalén resuelve que los se- guidores del camino de Cristo de- ben abstenerse de tres fenómenos censurables: la idolatría, el consu- mo de alimentos con sangre y por- neia.
Pablo es quien se opone con mayor vehemencia a la idea de que es líci- to para varones cristianos tener re- laciones sexuales con prostitutas (1
Cor 6,15-18). Citando Gn 2,24 ar- guye que dos personas que se unen sexualmente se hacen “una sola carne”. Se trata aquí de una inter- pretación bastante libre del Génesis basada en la Septuaginta, versión griega en la cual la palabra sarx, “carne”, reviste a veces connotacio- nes sexuales.[9] De hecho, en 1 Cor 6 Pablo compara el acto de visitar el lecho de una pornē, “prostituta”, con Gn 2,24 donde un varón “se une” a su mujer. Según el apóstol, pues, el acto sexual equivale a unir- se (kollōmenos) con otra persona. Hace extensivo este punto de vista al ámbito religioso diciendo que, para los cristianos, la intimidad físi- ca con una prostituta viola el lazo que tienen establecido con Jesucris- to (1 Cor 6,15-16).
Históricamente, la interpretación sexual de Gn 2,24, muy aceptada y querida en amplios círculos eclesia- les de nuestro tiempo, comienza en la obra paulina.[10] No obstante, adolece de un fallo importante: no tiene en consideración el significa- do básico de basar, término que a lo largo del Testamento Hebreo ca- rece de connotaciones sexuales.[11] Además de “carne” en el sentido li- teral y fisiológico, se traduce a me- nudo como “núcleo familiar”, “pa- riente cercano” o “círculo de paren- tesco”.[12]
Intimidad entre dos personas del mismo sexo
En relación con textos que incluyen ciertas formas de intimidad física entre varones, sólo figura uno en el Testamento Hebreo. Aparece en dos variantes en el libro del Levíti- co y en ambos casos el verbo prin- cipal es shájab, “acostarse”.
Veamos ahora cuáles son las expre- siones utilizadas en el Testamento Griego para referirse a la intimidad entre dos personas del mismo sexo. Con respecto a las mujeres, muchos comentaristas han sugerido que Rom 1,26 proporciona un ejemplo elocuente. Sin embargo, el texto griego plantea una aguda ambigüe- dad que dificulta su interpretación. Lo cierto es que en esta carta dirigi- da a la comunidad cristiana que re- side en Roma, Pablo habla de pathē
atimias, “pasiones deshonrosas” (1,26). El concepto alude tanto al grupo de mujeres idólatras mencionadas en el versículo 1,26 como a sus com- pañeros que intervienen en el 1,27. Por lo que se refiere a los varones, todo parece indicar que practicaron alguna forma de sexo grupal. Pablo hace hincapié en la idolatría que forma la base de las pasiones exhi- bidas, tema que subraya una y otra vez a lo largo de la sección 1,18-32. [13]
El evangelio de Lucas describe al- gunos hechos que se producirán en los postreros días. El versículo 17,34 en particular parece contener una sutil referencia a una situación de intimidad entre varones: “Aque- lla noche estarán dos en una misma cama: al uno se lo llevarán y al otro lo dejarán”. Varias versiones dicen “dos personas” (PDT, TLA), pero a esta brevísima narración griega le falta la palabra “personas” (anthrō- poi) haciendo que sólo figure el nu- meral dúo, “dos”, sin especificación alguna. Sin embargo, ya que se menciona una cama el contexto in- dica que se trata de dos seres huma- nos. El narrador sugiere, pues, que dos personas, posiblemente varo- nes, comparten un lecho. No se sabe si están durmiendo juntos por casualidad o por rutina o si media entre los dos una relación de intimi- dad.
El siguiente versículo 17,35 tam- bién habla de “dos” seres no especi-
ficados que en este caso están mo- liendo juntos. En la cultura helenís- tica estas personas son necesaria- mente mujeres ya que la fabrica- ción de harina y de pan se inscribe en las labores caseras de la pobla- ción femenina. Tanto es así que nu- merosas versiones modernas propo- nen “dos mujeres”.[14] Dadas las estructuras paralelas entre los ver- sículos 34 y 35, y a pesar de la au- sencia del término griego andres, parece lógico suponer que los dos que están en una cama son varones.
Las versiones
Queda por ver cómo algunas ver- siones escogidas reproducen el len- guaje del sexo de la Biblia en va- rios casos concretos. En el Testa- mento Hebreo vamos a enfocar dos verbos: (a) bō, “entrar” y (b)
shájab, “acostarse”.
[5] En este sentido, imitan la Septua- ginta que no emplea nunca eros sino que recurre siempre a agapē.
[6] Cf. Goss 2002, 214. Sin embargo, tal vez existan en las cartas paulinas in- dicios de otros problemas como dolen- cias físicas (Hanks 2000, 114). Algu- nos comentaristas se han fijado en el hecho de que el apóstol se encuentra a menudo con situaciones de turbulencia en las congregaciones recién fundadas en la forma de oposición a su autoridad y doctrinas heterodoxas; cf. Hearon 2006, 621; http://frankviola.org/ 2012/04/24/paulsthornintheflesh/.
[7] Carr (2003, 54) observa que los puntos de vista sobre la sexualidad hu- mana expresados por Pablo divergen radicalmente del Testamento Hebreo y de las actitudes que prevalecen en nuestro tiempo.
[8] Loader 2004, 84; Martin 2006, 67.
[9] Loader 2004, 42 & 2013, 16. [10] Según el pseudepígrafo Libro de los Jubileos, muy leído en ambientes judíos, se produce en Gn 2 una situa- ción de intimidad sexual entre el varón y la mujer; cf. Loader 2013, 148. [11] Cf. Loader 2013, 20.
[12] Cf. Gn 29,14; Lv 18,6; Loader 2004, 87.
[13] Cf. el capítulo 11 del presente libro. [El texto de este artículo pertenece al libro citado por el autor. Ed.]
[14] BAD, BCL, BLA, BP, DHH, EMN, NBJ, NTV, RV60, TLA, etc.
Entre los aspectos
problemáticos de
la sexualidad
humana
comentados, un
concepto
prominente es
moijeia, traducido
a menudo como
“infidelidad” o
“adulterio”. El
verbo moijeuō,
“cometer
adulterio”, aparece
en Mt 5,28
En la cultura
helenística estas
personas son
necesariamente
mujeres ya que la
fabricación de
harina y de pan se
inscribe en las
labores caseras de
la población
femenina. Tanto es
así que numerosas
versiones modernas
proponen “dos
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Ciencias bíblicas y Apología Ciencias bíblicas y ApologíaEl narrador emplea bō en Gn 16. Aquí es donde Saray, ya anciana y sin hijos, intenta ponerle remedio a su maternidad frustrada pidiéndole a Abram que “entre” a Hagar, la es- clava egipcia. Una traducción tex- tual rezaría así: “Entra, pues, a mi esclava... Y él entró a Hagar”. TLA: Acuéstate con mi esclava...
Abram se acostó con Agar.
TNM: Ten relaciones con mi sierva... Él tuvo relaciones con Agar.
DHH: Te ruego que te unas a mi esclava Agar... Abram se unió a Agar.
He aquí dos oraciones que tienen
bō como verbo principal. Como se ve, las tres versiones citadas recu- rren todas a un lenguaje modifica- do. En primer lugar, donde la TLA propone “acuéstate”, la traducción no refleja el significado literal de
bō sino que corresponde al otro verbo shájab, que aquí no figura. Por su parte, la TNM ha preferido emplear una expresión más indirec-
ta al decir “tener relaciones”, frase eufemística que responde bien al lenguaje del siglo XXI pero mal al hebreo del Génesis, cuyo estilo es sencillo y directo. En cuanto a la DHH, esta versión emplea otro eu- femismo en la forma de “unirse”. Se trata de un uso equivocado ya que “unirse” responde al hebreo dá- bak, verbo solemne que establece la unión matrimonial permanente, como consta en Gn 2,24. En Gn 16, a Saray no le interesa darle a Abram una nueva esposa en igual- dad de condiciones con ella misma sino que pretende conseguir, a tra- vés de la esclava Hagar, un hijo propio (16,2).
En la historia de Jacob interviene
bō en varios momentos. En Gn 29,21, tras varios años de espera y paciencia, desea abrazar y acariciar a Raquel en privado. Traducida lite- ralmente, la prosa hebrea dice: “Dame mi mujer... para que entre a ella”. Algunas versiones descuidan los detalles, como las siguientes: BP: Dame a mi mujer... que me
acueste con ella.
RV60: Dame mi mujer… para unir- me a ella.
NBJ: Dame mi mujer... quiero ca- sarme con ella.
Ya hemos comentado la inexactitud de “acostarse”, opción elegida por la BP, ya que no corresponde a bō
sino a shájab. Asimismo compro- bamos que “unirse”, en hebreo dá- bak, no aparece, en el caso de la RV60. Con respecto a “casarme”, traducción propuesta por la NBJ, es también equivocada. Desde hace siete años, Labán y toda su familia sabe que Jacob va a casarse con Ra- quel, así que no hay necesidad de repetir la noticia. La única condi- ción que queda por cumplirse es la consumación, es decir, que los no- vios pasen la noche juntos, y a este hecho alude Jacob empleando bō. Con relación al verbo shájab, “acostarse”, una oración representa- tiva figura en Gn 26,10. En este pa-
saje, el rey Abimélej expresa indig- nación al percatarse de que Rebeca no es la hermana de Isaac sino su mujer. De ahí que proceda a amo- nestar al hijo de Abraham, dicién-