En mi intento, ya confesado, de procurar herramientas para enten- der lo más correctamente posible este fundamental libro de Salomón, pretendo en este capítulo dejar constancia de la estricta y rigurosa metodología científica que el autor emplea en el desarrollo de su tesis, Para ilustrar nuestra visión de esta extraordinaria obra, conviene que centremos nuestras consideraciones exegéticas y nuestra interpretación hermenéutica en sus últimos textos: “Y cuanto más sabio fue el Predi- cador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y com puso muchos proverbios. Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escri- bir rectamente palabras de verdad. Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones dadas por un Pastor”[39].
Desde el principio mismo de su obra se especifica que estamos ante las “palabras del Predicador”. El
término palabras se puede traducir por dichos, enseñanzas y razones. La traducción por dichos quiere acentuar el carácter dividido y frag- mentario de la recopilación: se trata de dichos que se entregan en un montón a la consideración de los demás. Los dichos serían “las esta- cas plantadas” (clavos hincados) acá y allá que sirven de señal, de hito y hasta de estímulo que aguijo- nea a la reflexión.
Y en los versos del capítulo 12 que hemos citado se nos describen algu- nas de las características y cualida- des del autor. Para hablar de su per- sona y de sus vastísimos conoci- mientos se emplea el término he- breo weyoter, que destaca su carác- ter como pensador; pero no sólo como pensador, sino como psicope- dagogo, y como enseñador. General mente, weyoter se traduce por ade- más de, no solamente. Así que, del pasaje leído podríamos sacar como conclusión que aunque el autor era un filósofo, actuaba no de forma meramente especulativa, sino con auténtico espíritu científico. Dicho de otra manera: Qoheleth utilizó un
auténtico método epistemológico para proceder a la composición y redacción de su obra. Se trata del sentido que se describe en un tér- mino empleado por Santiago en su Epístola Universal: “¿Quién es sa- bio y entendido entre voso- tros?” [40]. El vocablo “entendido” se corresponde con el término grie- go epistemón, que tendría que ser traducido al castellano, más bien transliterado, por la palabra episte- mología.
Volviendo a nuestro texto (12:9), y más específicamente a su segunda parte, conviene tener en cuenta las distintas traducciones que del mis- mo pueden realizarse. Aquí, el exé- geta francés André Barucq41 desta- ca que la enseñanza del Qoheleth está basada en tres principios, que abarcan una misma actitud; y con- forme a este criterio, traduce “e hizo escuchar e hizo escudriñar, y compuso” por “pesado, examinado, rectificado”. El pesar corresponde al ejercicio de las posibilidades de la personalidad del creyente; el examinado, a la verificación cientí- fica, y, como consecuencia, el recti- ficado a la grandeza y humildad del sabio.
El término hizo escuchar, como aparece en RV60, significa literal- mente pesó: que también es reivin- dicado por los autores Jamieson, Fausset y Brown, (Comentario
Exegético del Antiguo Testamen- to). Por su parte, la Versión Moder- na (VM) traduce: “y puso atención”. Así que aunque en RV se dice que el Qoheleth “hizo escu- char, hizo escudriñar (se entiende que a otros)”, parece que el sentido más auténtico es que el texto no está describiendo la metodología del autor para otros, sino para sí mismo.. De ahí que la Biblia Co- mentada de los Profesores de Sala- manca (BCPS) lo traduzca así: “es- tudió, investigó y compuso muchas sentencias”.
Este método de investigación cien- tífica aplicado al estudio teológico es el mismo que encontramos en otros autores de las Sagradas Escri- turas. En este sentido, hemos de destacar la metodología rigurosa- mente epistemológica seguida por autores como Esdras[42] y Lucas [43]. En definitiva, lo que esta tra- ducción del texto nos enseña es que el libro del Eclesiastés fue confec- cionado con arreglo a las exigen- cias metodológicas y científicas más rigurosas. Primero se recogió todo el material posible, al que, en segundo lugar, se le sometió a un minucioso proceso de investiga- ción, y posteriormente, con todo el material útil y verificado, se com- puso la extraordinaria obra que, por la voluntad de Dios, ha llegado a nuestro conocimiento.
El término “compuso” es traducido así por diversos autores, entre los cuales destacamos a ReinaValera, a quienes elaboraron la VM, a la Tra- ducción de los Jesuitas (TJ), a M. J. Lear y a la ya mencionada BCPS. Sólo el teólogo Barucq traduce el término por rectificado, que, como resulta obvio, tiene también una po- sibilidad hermenéutica muy inter- esante.
Siguiendo con los textos que esta- mos analizando, nos encontramos con un término de la máxima im- portancia: la palabra Pastor (el co- rrespondiente término hebreo es el vocablo ehad). Se nos plantea si he- mos de entenderlo en sentido inde- terminado, como un pastor, o en sentido fuerte, y traducir un solo Pastor. En este segundo caso, el sentido referencial sería a Dios mis- mo, y así lo entienden algunos de los autores que hemos mencionado anteriormente.
El sentido de
la vida
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José Manuel
González Campa
Licenciado en Medicina y Cirugía. Especialista en Psi- quiatría Comunitaria. Psico- terapeuta. Especialista en al- coholismo y toxicomanías. Conferenciante de temas científicos, paracientíficos y teológicos, a nivel nacional e internacional. Teólogo y Es- critor evangélico.http://www.josemanuelgonzalezcampa.es/ Libros.html
Capítulo 3
Teología, ciencia y revelación
[39]. Ecle. 12:9-11.
[40]. Stg 3:13.
[41]. André Barucq: “Eclesiastés-Coheleth”
[42]. Esd 7:10 [43]. Lc. 1:1-4
Este método de
investigación
científica aplicado al
estudio teológico es
el mismo que
encontramos en
otros autores de las
Sagradas Escrituras.
En este sentido,
hemos de destacar la
metodología
rigurosamente
epistemológica
seguida por autores
como Esdras y Lucas
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La BCPS lo traduce de la siguiente manera: “Las palabras del sabio son como aguijones y como clavos hin- cados de que cuelgan provisiones, y todas son dadas por un solo pastor”. Teniendo en cuenta esta traducción, Salomón aparecería como pastor único. El término hebreo que se uti- liza para único se puede traducir por uno, primero y único. Según la preferencia de los traductores, la re- ferencia podría ser a Dios, como Pastor único, a Salomón o a cual- quier pastor indeterminado de cual- quier congregación. El estudio dete- nido de las enseñanzas de este texto debiera de despertar en nosotros el sentido de responsabilidad que su- pone la elaboración de mensajes destinados a los demás, y la respon-
sabilidad que comporta el seguir una metodología epistemológica ri- gurosa en la composición de los mismos.
Para terminar este capítulo, quiero llamar la atención hacia el mensaje y la enseñanza que encontramos en estos últimos textos: “Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne. El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”[44]. La BJ traduce así el v. 12: “De escribir muchos libros no se ve el fin y el mucho leer afli- ge la carne”; y comenta que “el sa- bio anónimo exhorta a su hijo a leer este libro y a preferir sus enseñan- zas a todos los demás; parece que el mucho leer se puede traducir por musitar, que significa el modo ordi- nario de leer de los que no están ha- bituados a la lectura”. C. G. Gillis, comentando este texto, dice: “El hacer muchos libros y el estudiar mucho no puede hacerle a uno más sabio, aparte de la sabiduría que Dios proporciona”. Y Andre Ba- rucq deduce de él lo siguiente: “¡También convendría saber que el
mucho escribir y el mucho estudiar es fatiga y labor indefinida!”. Finalmente, en los dos versos si- guientes se nos presenta la reco- mendación más importante de todo el libro, como una experiencia vivi- da y a la que aboca el autor después de haber realizado un minucioso y profundo estudio de la realidad: “Teme a Dios, y guarda sus manda- mientos; porque esto es el todo del hombre”. Los diversos autores ya mencionados traducen la última parte de este texto de las siguientes maneras: “un hombre entero” (J. M. Lear), “suma del deber huma- no” (VM), “el ideal mismo del hombre” (Jamieson, Fauste y Brown) y “porque eso es el hombre entero” (BCPS). Estos últimos au- tores, comentando su traducción de este texto, nos aseguran que hay algo que no es vanidad: el temor de Dios. El sentido antropológico del hombre se pierde si el punto de vis- ta del mismo, sus más altas aspira- ciones e ideales, no están en Dios o son Dios. En este sentido, termina- mos nuestras consideraciones tra- yendo a la memoria un dicho de Epicteto de extraordinaria profundi- dad y enjundia, y que considero re- coge lo esencial del pensamiento desarrollado este capítulo: “No es digno del nombre de ser humano el que no es amante de la virtud”. R
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[44]. Lc. 12:14.