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CAPÍTULO VI: MAGNITUD Y CARACTERÍSTICAS DE LOS

6. Procedencia, estrategias migratorias e itinerarios migratorios

Al igual que el esto de la inmigración marroquí, la mayoría de los menores marroquíes parecen provenir de Tetuán, Tánger, Larache y Chauen (Región de Yebala), Alhucemas y Nador (zona del Rif) y las ciudades de Casablanca, Fez y Marrakech (Giménez y Suárez, 2000). Además, muchos de estos menores ya provenían de una segunda migración77: desde las zonas rurales hasta las grandes ciudades. Ello supone una primera experiencia de desapego por la tierra y una ruptura de los lazos comunitarios tradicionales para adaptarse al mundo de las periferias marroquíes donde se experimenta la pobreza, la urbanización descontrolada y caótica, la falta de servicios básicos y la falta de trabajo.

También supone que son niños que pasan mucho tiempo en la calle. En ella se tejen las relaciones sociales y los discursos y en ella fluye la información, la solidaridad y la vida. La calle es, así mismo, el lugar de las relaciones mercantilizadas donde todo se compra y se vende: la alimentación, los enseres del hogar, los productos prohibidos, los materiales de trabajo y hasta el propio trabajo. Por ello, ha sido el lugar privilegiado de socialización de los varones. Tradicionalmente, la calle ha sido un espacio masculino, el lugar donde los niños aprenden a ser hombres, diferenciándose cada vez más del espacio femenino privado del hogar (Ramírez, 1998). Algunos niños marroquíes entretejen en ella sus sueños migratorios a diferencia de sus hermanas cuya socialización pasa fundamentalmente por aprender a ser esposas y madres (Ibíd.).

77 También hay que destacar que en los últimos años se observa un paulatino crecimiento de los

movimientos migratorios de menores provenientes directamente del medio rural. Para Mercedes Jiménez, estos menores del medio rural suelen usar con más frecuencia las pateras (E12).

Parece haber cierta relación entre el lugar de procedencia, el medio de transporte utilizado y el lugar de llegada a España (Giménez y Suárez, 2000) dependiendo siempre de las posibilidades y de los controles fronterizos o marítimos. Así encontramos menores que llegan a Canarias en pateras. Estos menores pueden provenir de distintas ciudades marroquíes que viajan al Sáhara desde donde parten. Hay otros menores que prefieren cruzar las fronteras de Ceuta y Melilla. Estas fronteras son extensas, y si bien se han ido desarrollando sistemas de control y vigilancia cada vez más eficaces y caros, algunos niños logran sortearlos a través de las playas por la noche o introduciéndose en las grandes tuberías que hay bajo tierra (ESCODE, 2000). Los niños que llegan a estas ciudades suelen provenir de poblaciones pequeñas aledañas como Castillejos o Tetuán hacia Ceuta, y Nador o Alhucemas hacia Melilla. Pero también se han visto casos de niños que proceden de zonas del Centro y Sur de Marruecos (Casablanca o Rabat) (Bermúdez, 2004).

Otro posible itinerario es el que se efectúa desde Tánger (niños que provienen de esta ciudad, de sus alrededores o incluso desde Casablanca) hasta Algeciras, utilizando los barcos como polizones. Por lo general, parece que estos niños pasan un tiempo en el puerto de Tánger (desde una semana hasta un año) a la espera de una oportunidad para introducirse en los barcos. Hasta hace poco tiempo, una de las estrategias más utilizadas era la de introducirse en los bajos de los camiones que serían transportados en ferry hasta España. Una vez en estos bajos, los jóvenes pasaban horas esperando hasta que el barco llegara a Algeciras y, una vez allí, huían de los vigilantes portuarios y de la policía española (Jiménez, 2005; ESCODE, 2000).

También puede suceder que se introduzcan en los maleteros de los coches o, como se ha dado en algún caso, pasen desapercibidos entre la población que viaja en los ferrys. La estrategia de ocultarse en los bajos de los camiones es muy peligrosa. Se trata de cabinas muy pequeñas en las que deben permanecer muchas horas encogidos, lo que ocasiona un fuerte agarrotamiento muscular y un entumecimiento de los miembros. Ello hace que algunos no puedan escapar en el momento de ser descubiertos (CC4). Además, durante nuestro trabajo de campo, algunos niños han relatado que ellos mismos han visto morir a amigos aplastados dentro de esas cajas cuando el camión se ha abierto

entre la cabina y el remolque. En otros casos, nos han relatado que se pueden producir caídas desde la caja donde se encuentran hasta la carretera, lo que es muy peligroso en caso de que el camión se encuentre en marcha (CC8).

La angustia que ocasiona en estos niños el miedo a la muerte y a las lesiones no debe ser un factor dejado de lado. Esta angustia es paralizante en muchos casos, por lo que los niños, para poder llevar a cabo aquello que se han propuesto, deben echar mano de cualquier mecanismo de defensa que les haga olvidar lo que ven, simular que no les importa lo que sus conocidos han vivido (muerte, lesiones, malos tratos por parte de la policía…), sobrellevar el hambre de la espera y seguir mostrándose eufóricos por lo que le vendrá. Uno de estos mecanismos de defensa es el uso de sustancias volátiles como el pegamento (Médicos sin Fronteras, 2002). Otro es el énfasis en seguir alimentando la fantasía de lo que se encontrarán cuando lleguen. Y otro son los lazos de solidaridad que se establecen entre los que esperan en la calle o en el puerto el momento preciso para cruzar el Estrecho.

El tiempo que pueden pasar esperando el momento adecuado para partir es muy variable, y de él depende el grado de deterioro físico y mental que el menor presenta cuando es localizado. El uso de sustancias volátiles (enormemente tóxicas y destructoras del sistema nervioso), el ambiente de hostilidad y agresividad que viven en la calle (tanto por parte de su propio grupo de pares como de la policía marroquí) y, las sucesivas repatriaciones que algunos menores procuran resarcir con nuevos intentos de regresar a España, suponen, todos ellos, mayores niveles de deterioro y marginalidad que hacen muy difícil la intervención social (Jiménez, 2005). La forma cómo han llegado a España (más traumática o menos traumática), el tiempo que pasan en la calle antes de ser localizados por la policía española, las relaciones afectivas (gratificantes o de rechazo) que entablan en los centros donde son trasladados y el número de veces que son trasladados de un centro a otro (con posibles fugas en medio) son otros de los tantos factores que, de forma interrelacionada, dan lugar a trayectorias vitales muy diversas. En España, los itinerarios que los menores continúan tienen mucho que ver con su encuentro con las instituciones de control social (policía y centros de acogimiento). Aquellos que arriban a Canarias suelen ser ingresados en un centro y, en algunos casos,

trasladados a la península (Tejerina, 2005). Los que llegan a Ceuta y Melilla permanecen en dichas ciudades viviendo en las calles o en sus escasos centros de acogimiento sumamente saturados y, en la actualidad, denunciados por malos tratos e insalubridad (Médicos sin Fronteras, 2002). Algunos de estos menores son “expulsados” y otros intentan cruzar el Estrecho en ferry siguiendo las mismas estrategias que siguen los que están en Tánger.

Los que llegan a Algeciras (desde Ceuta, Melilla o Tánger), vagan por la ciudad un tiempo o se evaden de los centros urbanos en busca de la mejor forma de llegar a Madrid o Barcelona (ciudades que tienen un lugar privilegiado dentro de su discurso). Algunos son localizados por la policía y enviados a centros de acogida cercanos: Cádiz o Málaga (CC6 y CC7). Otros son localizados más lejos: Córdoba, Sevilla, Murcia o Valencia. Allí donde son localizados se procura su ingreso en un centro de menores. Pero existen casos en los que los propios jóvenes entablan relación con otros ciudadanos marroquíes afincados en España y ellos mismos les dan dinero para que viajen a las ciudades que desean (CC8). Al contrario de lo que se piensa, parece que las redes solidarias entre marroquíes funcionan mucho más eficazmente que las redes mafiosas. Una vez que los menores han sido puestos a disposición de las Administraciones concernientes de cada CCAA, muchos suelen fugarse y continuar con el camino que tenían trazado en mente.

Se han dado casos de menores que han sido ayudados por los propios camioneros españoles que les han dado dinero una vez que los descubrieron en los bajos de sus camiones.

Finalmente, se encuentran los menores que son traídos por sus hermanos en coches, generalmente con documentación falsa. Como hemos visto, en muchos casos, estos hermanos los llevan a los centros (dejándolos en la puerta o en una calle cercana) para que sean tutelados (CC9 y CC22).