• No se han encontrado resultados

Proceso histórico

In document psicoterapia- Duarte (página 113-116)

Esquemáticamente, en el período internacional, se pue- den definir dos etapas de estas sustancias utilizadas para provocar una relación con lo psíquico o lo trascendente.

La primera de milenios, con el uso por parte de toda la

Humanidad y en todas las latitudes de productos con ca- pacidad de inducción natural para lograr el acceso –o una entrega– a otro estado espiritual a fin de alcanzar la co- nexión con los Dioses, acceder a la adivinación, buscar con- tactos o visiones, hablar con los espíritus de los seres y las cosas, etc.

Luego pasando a una etapa más próxima a nuestro tema y por mediados del siglo XIX, se habló y se publicó sobre los efectos permeabilizadores, del éter, el cloroformo, la co-

caína, el haschis, etc., en trabajos realizados por distintos

autores y hombres de letras con enfoques más técnicos.

La segunda, sobre todo en la primera mitad y algo más,

del siglo XX, fue cuando se inició un esfuerzo científico sistematizado, reiterado y generalizado, en cuanto al uso

EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE

de una disolución reversible de la personalidad, que se constituía en una «usable herramienta» mediadora para ciertos casos.

Corresponde afirmar que en ese período también se destacó el uso del amythal sódico, del pentothal, del evipan, la mezcalina, etc. y también apareció la llamada subnarcosis

barbitúrica.

En un nivel u otro, con todas se alcanzaban: estados crepusculares, hipermnesia, revivencias afectivas, ruptu- ra de inhibiciones, facilidad de asociaciones, etc., y se las practicaban para la abreacción de conflictivas neuróticas. Sin embargo no cabe duda que es entre los años 35 y 65 que se concentró el mayor aporte, sólido y organizado cien- tíficamente, por autores como Sandison, Delay, Abramson, etc., procedentes de los más variados países –Francia, Ita- lia, Inglaterra, Alemania, Argentina, Uruguay, etc.–.

Lo característico y especial de este lapso, es que se pro- curó, de una manera u otra, la ayuda de sustancias de ac- ción más prolongada –varias horas– sobre la base de que la conciencia del paciente se mantenía siempre vigente y percibía, describiendo sin dificultad importante, los esce- narios, las sensaciones y las vivencias diferentes, permi- tiendo además el dialogo con el observador y los comen- tarios recíprocos.

Predominó como se ve, la idea de crear técnicas que apor- taran las ventajas de un tiempo de tratamiento más reduci- do, lo que se sumaba a la penetración conseguida. Se tenía comprensiblemente en cuenta también, el deseo de alige- rar el largo sistema del Análisis Freudiano, tan en boga.

Era una necesidad operacional, más directa y en más corto plazo, lo que produjo el uso de los psicolíticos.

En ese período situable entre las fechas mencionadas, pese a que el modelo del comportamiento técnico de cada terapeuta estaba determinado por su sistema de trabajo y sus afinidades teóricas, siempre se concordaba en el uso del término «facilitador» o similar que se vinculaba al «ver y sentir» reales, lo que sugería pragmáticamente, hallar las estrategias para romper o modificar las corazas cróni- cas y rígidas de los conflictos, en los casos difíciles y vol- vía factible así, reducir significativamente los tiempos y las frecuencias de los tratamientos. Aspiración que sigue siendo prioritaria.

La atención de todos fue, de una manera u otra, alcanzar más rápidamente los niveles donde el paciente elige por decirlo así, entre dos maneras de vivir: como prisionero de lo aparentemente inevitable o como protagonista de una obra propia con un adecuado índice de libertad. Esto, que ya hemos dicho, implica ser alguien dispuesto a «mirar», que luego pretende o decide levantarse ante el «misterio», de sus conductas erróneas y que por tanto aprende a rebe- larse una verdad propia y personal, logrando a través de una conciencia creadora la perspectiva de otro futuro.

«En mi hay otro» escribía Rimbaud y ese otro es el que «sueña» en nosotros.

Partiendo de ese descubrimiento, se trataba de buscar la posibilidad de hallarse frente a esa parte no expresada de nuestro Yo y encontrar como acercarnos a ese plano diferente.

Comprender, por fuera de lo racional cotidiano, impli- ca acceder de un modo legítimo a las posibilidades que esperan.

No en balde las Máscaras usadas en las agrupaciones humanas primitivas o actuales, personifican a ese otro Yo

EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE

oculto, resumiendo en ellas algo de ese deseo de ser dife- rente y adquiriendo, por un momento, el derecho de exis- tir.

Es muy probable que se considere un exceso el plan- tear y defender estos conceptos, que están más allá del razonamiento habitual, en esta parte de presentación de opiniones, pero deseamos dejar establecida la convicción que nos ha guiado para afirmar que ese mundo interior que emerge, es el que nos puede dar el cambio y que las visiones y vivencias, son los dinamismos de nuestra iden- tidad más profunda, mediante esta psicoterapia.

Todo lo que se logró, en suma, y se logra aún, justifica el significado que tuvieron, porque con ellas se alcanzó un disparador de mecanismos liberadores en el camino del cambio, permitiendo hacerlo perceptible en imágenes y sentimientos resonantes, más la intuición «vista y vivi- da», de respuestas para un futuro.

In document psicoterapia- Duarte (página 113-116)