EL ENSUEÑO DIRIGIDO
DE DESOILLE
CREACIÓN - EVOLUCIÓN - MANEJO
— Manual —
Colaboración y correcciones: Dr. Milton Gagliardi
«El aporte de la Gestalt al E. D. y del E. D. a la Gestalt»: Psicot. Gest. Adriana Hosner de Caracó
Imagen de cubierta: Andrea Ronchi Duarte
S.U.E.D. Montevideo 2007
A la manera del Yoga, el Ensueño Di-rigido es un modo de estar en lo Imagi-nario, para lograr un modo se ser en lo Real.
A.D.
Doy gracias a un espíritu generoso por enseñarme a buscar «mar adentro». Aprendí con él a explorar en lo profundo del océano imaginario y a manejar la estrategia de tender las redes. Guié así a quienes estuvieron dispuestos a mostrar y demos-trarse sus hallazgos.
También para los que por haber entendido las metamorfosis de sus imágenes, lograron los cambios que buscaban, frente a mí.
Los que no lo lograron tienen aún otras luchas posibles, que solo exigen como siempre, entrega, constancia y honestidad to-tal en el en el desafío de saber.
Y gracias a los que se preparan ahora, para dirigir en este otro nivel. Que ello sea con la indispensable dedicación, intui-ción, comprensión y sutileza.
El lado profundo del mar se alcanza lejos de la orilla. En ésta siempre hallaremos lo que sólo arrastra la marea. Al partir hacia lo oculto iniciaremos el viaje verdadero. Testigos del descubrir el guardado secreto de los símbolos, aconsejando siempre el persistir.
El final es alcanzar las respuestas propias y las conductas anticipadas.
CONTENIDO
PROPÓSITOS DE LA PUBLICACIÓN ... 11 CAPÍTULO I ... 17 LO IMAGINARIO 1) Lo imaginario. 2) El sueño nocturno.3) El Ensueño Dirigido de Desoille.
• Razones de utilidad. La relación consigo mismo: el hombre es lo que imagina. Una técnica experimental original. La posibilidad del darse cuenta. La aptitud de cambio y la capacidad de elegir.
4) La eficacia simbólica y la mentalidad primitiva.
CAPÍTULO II ... 39 LA PSICOTERAPIA
1) Definición y discusión de las condiciones que la definen. 2) Planteo de bases y reglas exigibles para su práctica. 3) Importancia del concepto de psicoactivación.
RESEÑA HISTÓRICA
1) Orígenes. Información general. Mención de los distintos intentos. 2) Evolución en el siglo XX.
3) Desoille y la creación del E. D. Método experimental original. 4) Ampliaciones del Prof. Dr. Mario Berta.
5) Qué es y qué no es el E. D.
CAPÍTULO IV ... 61 LA TÉCNICA
1) Condiciones ambientales. 2) El acuerdo con la espontaneidad.
3) La relajación muscular. Su inducción y el nivel aconsejable. 4) Serie temática inicial y sus razones. Variantes posibles.
5) Elección de propuestas ulteriores. Las imágenes de partidas personales (sueños - recuerdos - síntomas - situaciones reales - etc.). 6) Tiempos habituales.
7) La sesión creadora.
8) Análisis del material. Participación del paciente. El autoentrenamiento.
9) El aprendizaje de la espontaneidad. Su evolución. 10) Etapas sucesivas.
• La función eficaz de la «información» sentida como propia. • La utilidad sumatoria de las conductas positivas simbólicas.
• La persistencia de lo visto y reconocido para nuevos mecanismos de conducta estables.
• La aplicabilidad en lo real del deseo de cambio y su desarrollo.
CAPÍTULO V ... 75 LA DEVOLUCIÓN DEL MATERIAL
1) Función del terapeuta.
• La prudencia y lo mínimo de la transferencia.
• El abandono de la rigidez interpretativa. Cada símbolo es propio. • La inexistencia de diccionarios para las significaciones.
• El «manejo» estimulador y la participación del paciente. • La función catalizadora respetuosa.
2) Los posibles planes de psicoactivación.
CAPÍTULO VI ... 79 LAS CONDICIONES DEL ENCUENTRO CLÍNICO 1) Las tres etapas de información previa:
• Entrevista clínica detallada.
• Biografía personal del paciente. Sus temas básicos. El compromiso. • La prueba de anticipación y su importancia. Descripción. Utilidad
diagnóstica y pronóstica. Autoaplicación (si corresponde).
2) El registro escrito y los comentarios sobre el E. D. del paciente. 3) ¿Es necesario un porcentaje del factor «empatico»?
4) Complementos intervinientes en el análisis del material: asociaciones - recuerdos - hechos - etc.
5) El señalamiento o destaque del «darse cuenta».
6) La función básica de la consigna «secreto», estímulo de la búsqueda del E. D.
7) Los «objetos» secundarios destacados en el relato. Significaciones potenciales ¿complementarias?
8) Las funciones del movimiento vertical. Lo esencial de su uso y la realidad de sus efectos.
9) La posibilidad del E. D. Colectivo. Sus razones. Metodología. CAPÍTULO VII ... 113
LA INDUCCIÓN FARMACOLÓGICA
1) El E. D. activado con sustancias psicolíticas. Fundamentación. • Historia de antecedentes.
• La Escuela Uruguaya desarrollada por el Prof. Dr. Mario Berta. • Método original empleado. Manejo de la sesión. Tiempo.
2) Resultados en los casos difíciles. Ejemplos de casos. Proporción de éxitos. Seguridad comprobada. Ensayos en otros medios científicos. 3) La circunstancial suspensión del procedimiento.
TERAPEUTA DE ENSUEÑO DIRIGIDO 1) La importancia de la formación regulada.
2) Condiciones básicas exigidas.
• Experiencia propia. Cursos. Pruebas. Controles. Tiempo.
3) La utilidad del conocimiento en los aportes complementarios. Métodos. Situaciones oportunas para su efecto ampliatorio. 4) Las «resistencias» bloqueadoras. Técnicas de resolución.
Enumeración.
CAPÍTULO IX ... 149 VISIÓN GLOBAL
1) La utilidad confirmada
2) El rechazo al unilaterismo teórico
3) La polivalencia aconsejable y los «trucos» circunstanciales de solución.
4) El objetivo permanente: la vivencia legítima y los «otros» niveles posibles
5) El síntoma como señal y los caminos de la solución conflictual 6) Qué es lo que constituye la condición neurótica. Qué supone la
curación.
CAPÍTULO X ... 161 SITUACIÓN ACTUAL
1) La Sociedad Uruguaya de Ensueño Dirigido. Sus 8 años de trabajo. Realizaciones. Resumen.
2) Las ventajas terapéuticas de un modo de proceder que entiende al individuo como un todo bipolar, qeu busca su nivel.
PROPÓSITOS DE LA PUBLICACIÓN
El autor intenta con la creación de este texto, que tiene el carácter de Manual, describir y demostrar lo que consi-deramos las muy especiales virtudes de una metodología
terapéutica en uso en nuestro país desde 1960.
A partir de la primera publicación en la revista de Psi-quiatría del Uruguay en 1961 de los objetivos y principios técnicos del Ensueño Dirigido, su redactor el Prof. Dr. Mario Berta señaló clara y fundadamente, la modalidad original y la utilidad de este singular procedimiento, lo que ha rei-terado de una manera u otra en sus diversas y numerosas obras publicadas hasta ahora, destacándose al respecto por su análisis profundo «Imágenes que curan» del año 2000, junto con el Dr. J. C. Benoit.
Por tal razón básica mi aspiración actual sólo se justifi-ca en la búsqueda de organizar lo que denominamos una estructura de consulta y formación basal, que pretende compilar las nociones y principio que la sustentan, acom-pañada de lo que son modelos de directivas aconsejables para su correcta aplicación.
Todo ello por supuesto integrándolo con el desarrollo y perfeccionamiento paulatino en el tiempo hasta su esta-do actual, incluidas las variantes propuestas y los proce-dimientos complementarios demostrados útiles, que am-plían sus resultados.
Como sabemos el encuentro terapéutico tiene múltiples
técnicas. El E. D. Se destaca entre ellas por sus diferencias
conceptuales básicas y la proporción de sus éxitos esta-bles. Ello se explica porque determina el desarrollo evolu-tivo –en un tiempo comparablemente menor– de los po-tenciales siempre latentes en el ser.
El uso de la IMAGINACIÓN DIRIGIDA según los pro-cedimientos establecidos que vamos a describir –dedicán-donos fundamentalmente solo a ello– exigen lógicamente la aplicación de normas determinadas para que sea efi-caz, así como el conocimiento de las reglas de preparación exigibles para ser un psicoterapeuta.
Este Manual tiene entonces en cuenta especialmente in-formar primariamente a quienes se puedan acercar con interés al tema, para que dispongan de los que llamamos una «estructura de guía» en los pasos para el primer ma-nejo respetuoso y prudente de un material pleno de signi-ficaciones a resolver, siempre con la participación activa del paciente.
Se aspira lograr con él un práctico acercamiento, pro-ductivo y estimulador, para la construcción de una
con-ducta técnica básica y comparable.
Las posibles «libertades» dentro de estrategias propias a poder desarrollar serán sin duda, ulteriormente, la con-secuencia de la disciplina previa.
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
La consulta bibliográfica abundante –que se citará– am-pliará seguramente el conocimiento que se desee más com-pleto y profundizado.
Estamos entre un punto de partida y el camino puede ser un «modo de ver» muy fértil con el cual sea posible construir, un nuevo «modo de vivir» en otro nivel existencial de cambio.
Liberar ese «otro» que nos habita es la verdadera con-quista que nos desafía como tratantes que persiguen ese fin. Para que con el «otro», los dos «sean uno».
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
En mí habita un otro
En mí habita un otro que se expresa por pausas, que tiene alas ligeras y sabe de palabras. A veces no lo escucho, tal vez por la distancia que posee el espacio, en esta breve casa en la que compartimos un no se qué, del alma. O tal vez porque el eco sube muy alto al cielo en un vuelo muy ágil, donde mi voz no alcanza. Él, es todo el asombro. Yo, soy sólo sustancia que transita en las redes de días habituales, que repiten los gestos y tiene sólo ansias de cosas cotidianas que siguen los modelos e ignoran las fragancias. A veces lo comprendo, a veces estoy cerca, a veces no sé nada. Y me quedo a su lado como sombra empañada de un cristal que refleja esa esencia inefable, de una verdad profunda que viene de la Nada.
Capítulo I
LO IMAGINARIO
«La imaginación es más importante que el conocimiento».
Albert Einstein
El paso primario de nuestra relación con el mundo es el reconocimiento de la realidad a través de los sentidos y el asumir su exterioridad, como algo separado del Yo.
Pensamos que lo calificable de segunda etapa sería la aparición de un modo de «ver», donde aceptamos lo ge-neral de las cosas.
En ella al concebir un concepto global, sobre un objeto, un hecho, o una situación nos estamos refiriendo a la ima-gen o al término totalizador, creado por la síntesis a tra-vés de la percepción y utilizado con intención de expresar un «resumen» estable de lo real, dentro de la corriente del pensamiento.
Su valor de permanencia se adquiere en general, a tra-vés de una presencia representativa –variable o no– que es extraída de las imágenes infinitas de la objetividad con-creta. El término conceptual «animal» por ejemplo, no es específico. Nace y se instala individualmente en cada uno y traduce nuestra idea del referente.
En este concepto final concentramos la captación de lo objetivo de una cosa a la cual se le agregan después, todas las valencias posibles y espontáneas del Yo, que le suman los significados afectivos, simbólicos, metafóricos, etc.
En lo que podemos llamar el nivel de lo imaginario, aun-que se sigan cumpliendo las leyes de una estructura liga-da al pensamiento racional, podemos desarrollar en una creación interna, la posibilidad de variar las reglas físicas y adquirir una diferente libertad, sobre todo a través de lo simbólico, que tiene la magia de los cambios y las posibi-lidades más diversas.
Adquirimos en ese nivel la capacidad de variar las re-glas y hacerlas tan elásticas como lo deseamos, abando-nando los límites habituales y fijos. Por eso aún siguien-do dentro de los mecanismos básicos y por ellos saber que no poseemos alas, nos podemos «ver» fácilmente pla-neando como un cóndor sobre las alturas de los Andes. Esta dimensión distinta de la que todos tenemos concien-cia y experienconcien-cia, representa un instrumento típicamen-te humano y se constituye en una constantípicamen-te actividad psíquica que representa sin duda la condición de ser
per-sona.
Somos resultado de la existencia de lo imaginario, habi-tamos dos realidades: la exterior concreta, a la que nos de-bemos y la interior invisible para los otros y solo nuestra.
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
Es en este plano de representaciones creativas, persona-les y sin límites, donde practicamos todos los poderes, nos vestimos con todos los disfraces y construimos en parale-lo, otra dimensión, para nuestros deseos, nuestros odios, o nuestros amores. Allí se liberan los potenciales de trans-formación y el símbolo reina inadvertido y se expresa con su real poder. Allí inventamos una materia diferente que está a menudo más allá, de lo que nos creemos capaces.
La imaginación tiene entonces una condición comple-mentaria, convirtiéndose en un segundo lenguaje indis-pensable. Tanto como para presentarse en nuestra psiquis todas las noches, o para ser nuestro refugio o nuestra fuen-te de inspiración en el período diurno.
Su comprensión es indiscutiblemente de gran utilidad terapéutica, porque a favor de lo imaginario y de su expli-cación –que es posible para el observador con metodolo-gía científica– se llega a la intimidad de las intenciones, a la de las causas, a las anticipaciones y las advertencias, etc.
Lo imaginario se nos revela, como un fertilísimo «cam-po» para la comprensión de contenidos significativos, puesto que es precisamente en esa especial virtud de la
psiquis, donde estos contenidos se siembran crecen y
flo-recen, dentro de esa otra vida con un alter ego que nos re-presenta.
Se puede «estar en el mundo», porque así debe ser, pero de continuo también pertenecemos a un segundo modelo existencial (podría decirse en cierto modo virtual) que hay que conocer, para que esa revelación se pueda constituir en terapia.
Hemos dicho virtual, no para definirla con ese térmi-no, con tantas implicancias, sino porque ha aparecido en
Internet curiosamente un juego de mucho éxito, que ape-la a su creación en ape-la pantalape-la, «online». Allí los usuarios inventan una segunda oportunidad para vivir, lo que no son, experimentando «lo imposible», para su cotidiana existencia. Su creador Philip Rosedale, llama a su juego
«Second Life» («Segunda Vida») y lo define como «un país».
Lástima es decirlo, sin intención dirigida hacia el cambio, ni como plan terapéutico.
Desde la génesis de esta «realidad haciéndose» inte-riormente, debajo de la «realidad mecánica» (Bergson) se puede afirmar sin dudas que es una de las que más ha permitido un «movedizo» modo de relación interna con la vida y la libertad de las metáforas.
Después en su evolución, tomó el carácter de uno de los mediadores permanentes e indispensables con los ob-jetos, los hechos y las situaciones, con la función de con-tribuir junto a lo puramente racional, a la interpretación y el descubrimiento de lo universal en lo singular y de anti-cipar el futuro, basándose en la percepción del presente, la experiencia del pasado, en el manejo de la capacidad de construir lo nuevo, etc.
Una de las mayores potencialidades del acto de imagi-nar, es su poder o su magia de estimular y abrir el Yo, a la intuición de correspondencias y a los símbolos.
Al afirmar lo expresado no hemos pretendido definir su naturaleza, ni sus fuentes, ni sus mecanismos. Lo que deseamos subrayar es que todas las especulaciones, los estudios y las investigaciones realizadas a lo largo de la historia de la Filosofía sobre este capítulo del pensamiento, realzan la descripción que subraya lo imaginario como una capacidad ilimitada, que logra plantear en una dimensión creada, diríamos con «los ojos cerrados», lo que nos
desa-EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
fía en lo cotidiano o lo extraordinario de la vida, en el jue-go del niño, en la expresión artística, en la búsqueda de explicación científica de los que nos rodea, en los mitos y las religiones, en los sueños nocturnos, en los ensueños diur-nos, etc.
Es evidente pues que la capacidad de pensar imaginariamente y de vivir racionalmente, son aspectos aso-ciados de una global función totalizadora y definidora de nuestro Yo, que a la postre están siempre unidas. Es posible decir entonces que lo capital de los imaginario como plano psíquico, es su condición natural de llevar una mayor liber-tad en si, más su innegable valor para ser una base antici-pada para la modificación de lo que nos rodea o nos com-pone, para estructurar nuevos modos de actuar, o para so-ñar los deseos de la fantasía y lograr ser de otra manera.
La imaginación conduce entonces por definición a la conciencia y la construcción de otras posibilidades –sóli-das o no– y también a la búsqueda de su realización, para aprender otras conductas en el espacio exterior o en el in-terno, aún haciéndolo a veces a través de una comunica-ción misteriosamente «cifrada» como en los sueños.
EL SUEÑO NOCTURNO
Vamos a intentar describir muy resumidamente, esta diferenciada manifestación nocturna, que aparece como una distinta y especial conducta cotidiana.
Esta sucede constantemente cuando dormimos y se re-pite de cuatro a seis veces por noche, durante períodos que duran de cinco a treinta minutos.
Tal episodio siempre reiterado, pone de relieve la sig-nificación indiscutible que posee, porque implica
biológicamente, una necesidad basal del proceso mental normal.
Su intencionalidad permanece aún más allá de la ex-plicación científica completa, pero su presencia demostra-ble experimentalmente en todos los mamíferos, pone el acento en la importancia de una programación genética que se traduce en ese «lenguaje» nocturno repetitivo, que nos habla con imágenes y palabras y que se ha puesto en evidencia perfectamente en los estudios de laboratorio como algo indispensable para el sistema nervioso central y el Yo. Lo que está totalmente certificado por su constan-cia inevitable.
Su descubrimiento en 1953 lo realizaron Aserinsky y col., los que hallaron un estado hípnico, ignorado hasta enton-ces, que se presentaba con rápidos movimientos oculares y activación en el electroencefalograma. Si se despertaba a la persona, se recordaba haber soñado en el 85% de los dur-mientes. Había aparecido un procedimiento técnico expe-rimental objetivo que podía registrar, ese nivel de activi-dad diferente y pudo afirmarse científicamente que no era entonces el sueño, un estado homogéneo. El
electroencefalo-grama, el electromioelectroencefalo-grama, etc. Y sus nuevos resultados, lo
habían convertido en un fenómeno complejo.
Se pudo comprobar –sin dudas– que ciertos períodos del E.E.G. mostraban en frecuentes ocasiones, trenes de ondas rápidas y de escasa amplitud, atonía muscular y variabilidad de la frecuencia cardiaca, movimientos ocu-lares rápidos conjugados y subida de la presión arterial, acompañados de activación de los órganos sexuales.
Este período se llamó R.E.M. (rápidos movimientos ocu-lares en inglés) y su presentación gráfica, era equiparable a la de la vigilia.
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
Se pudo comprobar también que su importancia para la salud primaria del sujeto de experimentación es de tal significación, que si el sueño de ese período era interrum-pido artificialmente, se volvían más frecuentes los inten-tos de lograrlos primero y en una segunda etapa era posi-ble, la aparición de un estado pasajero, próximo al ánimo delirante.
Como dijimos no se conoce todavía la genuina función de esos especiales episodios, pero es notorio que resultan absolutamente indispensables para dormir. Corresponde agregar que existe también, un demostrado pico de secre-ción de la hormona de crecimiento en la sangre y se produce un notorio aumento de la irrigación y del metabolismo cerebral.
El dormir «onírico» no resulta entonces una etapa de simple reposo. Por lo contrario se da, como una cíclica e inevitable manifestación de ese «otro nivel» diferente que señalamos al principio y que divide el descanso en dos partes: 75% para el llamado sueño lento y el 25% en estado de sueño rápido o paradójico (R.E.M.). Profundo el primero y cercano a lo vigil el segundo.
La comprobación de su infaltable vigencia, estudiada a lo largo y a lo ancho de los centros científicos y del tiem-po, pone de relieve que nos hallamos frente a un hecho biológico y psíquico, primario, que existe con carácter de indispensable.
Se ha dicho desde el punto de vista psicológico, que como existencia el hombre posee una estructura con dos compartimentos: la Vigilia y el sueño, cumpliéndose así una vez más con la dinámica bipolar que se presenta de continuo, en la totalidad de la existencia. El cuerpo y la
psiquis, lo externo y lo interno, etc., integrando siempre dos
En este caso, una conciente de lo real y la otra incons-ciente en parte, de los significados en su razón de ser in-tencional, pero vivida noche a noche en base a la presen-cia de este singular e insustituible nivel, con su particular gramática.
Sabemos que en esta realidad onírica, el espacio y el tiempo adquieren otro significado, que en ella el temor puede ocultar un deseo y que lo aparentemente imposi-ble puede ser una anticipación, etc. Estamos entonces ante dos realidades, en una de las cuales el valor simbólico es lo primordial y que este, no es agotable en una interpreta-ción única, siendo sus imágenes componentes, un proba-ble «mensaje», con un sentido a descubrir (según las es-cuelas teóricas utilizadas).
Cuando esta estructura imaginaria se da en nosotros mismos y se nos aparece como un mundo propio innega-ble –aunque de argumento habitualmente oscuro– si bien oculta más o menos su contenido y su planteable inten-ción, «espera», por así decir, ser comprendido como la ma-nifestación críptica de las profundidades más íntimas que nos habitan.
Paradójicamente es así mismo, una típica manifestación simbolizada para «decir» lo reprimido o la oportunidad de una expresión de «fuerzas» para crear el futuro. Mues-tra también a la vez la profunda permanencia de los
ar-quetipos de Jung y especialmente la vivencia, de un interior
absolutamente personal, donde somos dueños únicos y estamos auténticamente solos.
Sin saberlo el soñante asiste como único testigo y se abre sin apoyo alguno, a su propio misterio y al «milagro» de crear un universo donde es posible potencialmente, ob-tener la información suficiente que le permite aprender y comprender de si mismo.
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
El sueño en suma –psicológicamente considerado– pue-de ser en ese período nocturno una prefiguración drama-tizada metafóricamente, que se presenta con un lenguaje condensado, desplazado, encubierto, etc., donde puede estar la señal o la solución de una verdad afectiva, de un futuro que espera, etc.
Es de destacar la ciertamente sorprendente captación –espontáneo intuitiva– de sus posibilidades, reconocidas y utilizadas y firmemente creídas, a lo largo de los seis mil años de historia escrita. Los pueblos, las culturas, las
religiones, los mitos, el arte, la filosofía, etc., supieron
com-prenderlo –no científicamente– sino «sintiéndolo» como un lenguaje interior o de los Dioses, a tener prioritariamente en cuenta o a seguir con absoluta fe. Tanto en los libros sagrados como en las tradiciones, en las creencias populares como en las interpretaciones «sa-bias» de cada época, su comprensión o su desciframien-to, fueron –y son entre los grupos más primitivos– de capital importancia.
Para terminar el tema decimos: en este vasto universo de lo imaginario, onírico u oniroide, que emerge a pesar de lo conciente racional –de forma similar y en una estructu-ra que en parte se parece– se apoya el planteo del Ensueño
Dirigido de Desoille y es con él con el cual accederemos
por imitación, a la puesta en marcha de «otro modo de ver» y de vivir comprometidamente, una realidad inven-tada, no condicionada por la lógica cotidiana, aunque con-serve las reglas básicas del pensamiento y finalice tam-bién con un mensaje a descubrir, sin que sea notado mien-tras se desarrolla, pero con la singular participación de un «guía», que es un testigo neutro y autorizado, por el pa-ciente.
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
Como inicio del tema básico de nuestro Manual, vamos a exponer un resumido historial de las bases que explican el desarrollo del E. D. por R. Desoille, su metodología ori-ginal y la importancia del hallazgo experimental, como inducido «mecanismo» psíquico, que le permitió alcanzar un excepcional potencial de posibilidades terapéuticas, en menos tiempo y con una sesión semanal.
El E. D. o sueño despierto dirigido como se le dice en otros medios, que demostró ser un original y muy útil mé-todo de acercamiento al inconsciente, fue utilizado y per-feccionado en la práctica, hasta lograr constituirse en un instrumento técnico que R. Desoille presentó en la década del 30 del siglo pasado.
Este excelente investigador, realizando su tarea con ab-soluto rigor científico y especial captación intuitiva, sobre la base del ejemplo de procedimientos, en experiencias con otra finalidad de E. Caslant –las cuales presenció– advirtió en ellas un valor de movilización psíquica, que supo ampliar y utilizar inteligentemente.
Su comprensión no habitual, le permitió trabajar sistemáticamente y en profundidad en la dirección final, de un especial autoconocimiento del paciente a través de lo que surgía como posibles causas o motivaciones perso-nales, acompañadas a menudo, de vivencias de liberación afectiva o de inesperados logros, dentro de una experien-cia de tipo oniroide. A través de dicho material surgente reconoció que a menudo conducían a cambios existenciales, reveladores, progresivos y ulteriormente exitosos. Así aprendió paulatinamente, a «orientar» al su-jeto de experimentación, hacia «un nuevo modo de ver-se», estableciendo una dirección que guiaba la secuencia,
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
con breves y prudentes intervenciones y cuyo fin era tra-tar de mantener el flujo de la producción de imágenes y lograr así que se estructurara una «aventura» con cierta trama. Sin duda esto se diferenciaba totalmente de un sue-ño nocturno, ya que constituía un proceso creativo que tenía un principio y un fin y sobre todo producía un mate-rial completo, en lo anecdótico, el cual mostraba una su-gerente cosecha de significaciones, mediante simbolizaciones propias o de tipo arquetípico.
Su creación máxima implicó en especial, la utilización de un elemento original, fundamental y diferenciado de otras propuestas de la época y constituido por interven-ciones muy breves y la presencia de un «testigo» que orien-taba discretamente, con ciertas sugerencias mínimas, para que no se interrumpiera la expresión espontánea, y cuya función era solucionar impedimentos emocionales, obs-táculos infranqueables o parálisis momentáneas, en los hechos relatados.
Fue con esas directivas, que se puso en evidencia la exis-tencia infaltable en el producto oniroide –expresado en voz alta describiendo el escenario imaginario– que en lo que aparecía era posible comprobar que los sucesos y los personajes en su presentación, tenían evidentes significa-ciones y que en los análisis ulteriores que realizaba junto al paciente, había una clara intencionalidad profunda, no percibida por el soñante, el cual en forma ingenua vertía sus inventados argumentos y sus diversas «aventuras», sin comprender que podían ser «mensajes» simbólicos o representaciones metafóricas de su mundo más oculto, tanto conflictual como presentador de posibilidades de
cambio existencial.
Las sesiones en que lograba las experiencias eran y así lo fue percibiendo, la manifestación de estructuras con
sen-tido, que surgían libremente hilvanadas, respondiendo a la propuesta de un tema, una búsqueda en él, con diver-sas peripecias, las que finalizaban con un ascenso en el plano vertical de función fundamental.
Estaba en cierto modo, frente a un producto asimilable en parte, al sueño nocturno, pero transcurriendo dentro de una esencial condición diferente básica: no caía en el desarrollo caótico o arbitrario, no perdía el motivo prima-rio propuesto, no había interrupciones o cambios y por sobre todo la persona permanecía totalmente conciente, lo que aseguraba una secuencia.
Lo más importante dentro de ese estado inducido li-bremente, en un tiempo de algo más de una hora, era la completa ausencia de captación de un análisis racional de lo que se decía. Agregándose a ello el sentimiento de pro-ducir algo propio, lo que lo convertía en innegable y por sobre todo indiscutiblemente ajeno al terapeuta.
Es lógico que la intención profunda y simbólica, al no ser interpretada, adquiere el carácter de «representar» pro-blemas o soluciones personales lo que podía permitir acer-carse a los «orígenes», en las causas conflictuales o asumir un futuro, en un proceso de evolución hacia el cambio.
En el Ensueño Dirigido, la persona como definición existencial, adquiere la condición, paso a paso, mediante este material que le pertenece íntimamente, a ser por si mismo el «hacedor –junto con su terapeuta– de una nueva estructura para su Yo conflictual, liberándose de su rigi-dez y del error, en soluciones adoptadas primariamente en la vida.
Así lo interno y lo externo, la relación con el pasado, el presente y el posible proyecto de futuro, pueden transfor-marse en una realidad que se va aprendiendo a cambiar,
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
justificándose la afirmación de que este método es una te-rapia mayor, con efectos exitosos, demostrablemente es-tables y con una técnica repetible.
R. Desoille (1880 – 1964) no fue el primero ni el último que utilizó lo imaginario para intentar crear un procedi-miento terapéutico. Fue su consagración a la tarea y su particular actitud científica y sistemática, la que le valió por sus resultados, el manifiesto reconocimiento y respe-to de sus contemporáneos, que apreciaron su conducta se-riamente experimental y prudente. Es oportuno decir sin embargo, que su lúcida labor se realizó en una época que comprende un particular período fértil –que respetó las reglas científicas– iniciado, según se ha escrito, con Galton en 1883 y unos pocos años después con Binet y Janet, has-ta comprender la tohas-talidad del siglo XX. Largo período en el cual múltiples autores –al decir de Fretigni y Virel, por el año 60 sumaban más de 50– procuraron centrar en el manejo de lo imaginario, con diversos modelos de experi-mentación, el uso terapéutico de esta facultad del pensa-miento que se apoya en la creación espontánea de un mundo personal. No obstante pensamos, es justo decirlo, que pese a sus indiscutibles méritos y a su utilidad, no llegaron como Desoille a la útil creación de una experien-cia inducida, que facilitaba el autoconocimiento y las po-sibilidades de comprensión y cambio.
Corresponde destacar especialmente que en nuestro país el Prof. Dr. Mario Berta, alumno del maestro, supo am-pliar los límites de este método, haciéndolo alcanzar ma-yores niveles de funcionamiento, agregando detalles y campos de utilidad y completando con un enfoque
existencial, la interpretación de sus significaciones
simbó-licas, fundando en 1960 el primer grupo de trabajo siste-mático, en el Uruguay.
Para terminar esta introducción al Ensueño Dirigido de Desoille, resumiremos lo dicho con los siguientes concep-tos básicos (El tema completo se tratará en el Cap. 4).
¿Qué es el E. D. –como se le denomina entre nosotros– y cuales son sus cualidades terapéuticas probadas?
1. Es especialmente útil porque es «un encuentro
con-sigo mismo», en un plano de espontánea legitimi-dad, siendo además sólido por su demostrada efica-cia, ya que es una creación propia, que se desarrolla ante los «ojos interiores» de cada uno, con un senti-miento de pertenencia total, Además todo lo que sucede depende mínimamente del terapeuta, que solo interviene brevemente para evitar el posible «caos» de lo inventado al azar, en lo imaginario del
ensueño. La intervención mínima del guía consiste
en «sostener» el tema dentro de sus consignas, pero nunca determina ni la trama, ni las peripecias, ni las imágenes, ni los desenlaces. Su presencia como ob-servador autorizado, es la de un «solucionador» oca-sional, intencionalmente breve, que ayuda a salvar un obstáculo o un impedimento en el argumento: una puerta cerrada insalvable, un muro sellando un pasillo, un personaje formidable que ataca, etc.
2. La intervención es pues, un «levantamiento» de las
trabas que pretenden inconscientemente, imponer-se, logrando así asegurar una continuidad y conser-var cierta «dirección» hacia un final con intención metafórica.
3. En el proceso de análisis del material –en la semana
siguiente– junto al soñante, se inicia un proceso de relación y comprensión con lo personal del sujeto y de sus síntomas, según directivas y la forma de pro-cesarlo, que describiremos después con detalle.
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
4. Estamos pues, por la creación de Desoille y las
im-portantes contribuciones de los sucesivos Investiga-dores, ante la utilización de un proceso imaginario inducido, que conserva la libertad básica y esencial-mente permite ser y hacer, sin trabas lógicas, dentro de ese personaje en una «segunda vida», que lo pue-de conducir al encuentro pue-de vivencias pue-de cambio, a través de la experiencia de «ser otro», todo con ple-na resople-nancia afectiva.
5. Darse cuenta mediante los ensueños y su análisis,
prueba que en el hombre ese vital plano de vida in-terior, resulta ser en parte, el «hacedor» potencial de lo que somos o podemos ser, volviéndose así un recurso terapéutico superior.
6. Finalmente, toda esta rica y utilizable dinámica
in-terior y propia jerarquiza y señala al máximo nues-tra capacidad de elegir, congelada por múltiples fac-tores.
LA EFICACIA SIMBÓLICA Y LA
MENTALIDAD PRIMITIVA
Claude Levi
Strauss*.-1) El resumen de lo esencial de este artículo, por su
im-portancia y sus implicaciones, merece una atención muy especial, por su relación directa con el mundo de las sig-nificaciones, que maneja el Ensueño Dirigido.
* Artículo publicado en la Revista de la Historia de las Religiones en 1949. Interpolado en su libro «Antropología Structural» –Edición Pilon 1958–.
Se trata de un extenso canto o sortilegio, practicado en-tre los indios «Cuna» del Panamá, que según el autor, ocu-pa una versión de 18 páginas, desarrollada por el traduc-tor indígena en 535 versículos.
El tema describe la conducta del Chaman que libera con su acción, a la «Purba», porción del alma del útero – de una mujer en trabajo de parto prolongado y difícil–.
Esta se halla dominada y trabada en su comportamien-to normal –en determinado seccomportamien-tor orgánico, que el aucomportamien-tor prueba ser el útero– por la influencia, pasada de límite o desviada, en su poder habitual del «Muu», que es la po-tencia responsable de la formación del feto.
Todo el canto constituye pues, una verdadera deman-da del «alma perdideman-da», a fin de lograr su restitución luego de múltiples peripecias, tales como destrucción de obstá-culos, victorias sobre animales feroces, gran torneo final, etc.
Vencido «el Muu» –esa fuerza en el momento malig-na– se libera «la Purba» de la enferma y el parto detenido tiene lugar, sin permitir –precaución esencial– que el fac-tor perturbador, abandone el cuerpo de la mujer, porque le es indispensable.
2) Análisis y reflexiones del autor, a las cuales agregamos,
con toda prudencia nuestra impresión.
Todo el ceremonial transcurre obviamente, recurrien-do a conductas y «fuerzas» del mismo plano mágico.
La liberación es el fruto de una lucha que no significa la destrucción de la parte, actualmente «mala».
En efecto, solo se busca frenar abusos –síntomas– me-diante la acción del Chaman y sus colaboradores –espíritus protectores–, en una acción coordinada, según un plan, para
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
recuperar la fuerza vital –«Niga»–, constituida por la suma de los «dobles espirituales», particulares a cada órgano.
Es evidente la importancia de este «manejo» que de-muestra ser atávicamente comprendido y que implica la sutil captación de una «integridad anímica», que debe fun-cionar siempre completa, en todas sus partes.
Tanto es así que al final del proceso se despiden dichas «partes», con una invitación a la reconciliación, tal como en una terapia que da ocasión a la conciencia a compren-der y ajustar sus acciones más adecuadas.
Siguiendo la observación de esta riquísima experien-cia y de sus bases de primitiva espontaneidad, cabe seña-lar que el término, para esta clase especial de oficiante es el de «Nele», que lleva implícita la noción de sabiduría intuitiva y que además consiste en una capacidad de «vi-sión» más allá de los objetivos concretos –al modo de un psicoterapeuta–.
Para reforzar esta similitud, obsérvese que la cura del sufrimiento por haber perdido «su doble espiritual» –que equivale al control del alma–, consiste en un «viaje» en el mundo sobrenatural imaginario, que ha de liberar la por-ción dominada por lo negativo, que la ha capturado y de restituirla a su propietario, por el dominio del «infractor». Es de hacer notar que el autor señala por su cuenta, que tanto el «Muu», la ruta y la liberación, no son más que la representación del aparato genital femenino –sobre todo útero y vagina– en cuyo terreno se libra el combate, preci-samente agregamos, por ser el sector problema de la
disto-cia.
Su asimilación a nuestros conceptos es tan sorprendente que se llega a hacer diferencia entre «alma», como idea geográfica –«Purba»– que tiene la posibilidad de serle
hur-tada a su poseedor y la fuerza vital – «Niga»– que por ser la suma armoniosa de toda las «Purba», permanece traba-da, mientras persiste el problema –distocia–.
Es como si se dijera que el tratamiento, se apoya en una fuerza interior vital, siempre dispuesta a redimirse, cuan-do se conoce como conjurar cada alma de cada órgano, de modo de lograr su concurso armoniosos para la recupera-ción, que no puede darse si no se está totalmente integra-do –en el «cuerpo jefe»–.
Además para completar esa asimilación asombrosa, no solo se pierde esa armonía vital, cuando el «Muu» desor-dena las almas, sino que el órgano en cuestión más afecta-do –en este caso útero– es el responsable a la vez.
Es evidente que este enfoque es asimilable al que con-sidera el síntoma como «señal» y «defensa» o bastión de lo neurótico, cumpliendo el doble papel, precisamente por su condición básica, de pertenecer justamente al sector cla-ve del problema.
Otro detalle importante es que el sujeto no debe que-dar sin el «Muu» –que es la causa del disturbio– so pena de «vaciarse» de fuerza, lo que se evita en el ritual con numerosísimas precauciones, largas de detallar.
Todo sucede como si se supiera que el manejo de las situaciones debe evitar a toda costa, la simplista negación, jerarquizándose en especial, la importancia del control de las «partes».
Es decir y medítese bien el significado, «el síntoma no es una fuerza mala sino una fuerza desviada».
Resulta fácil comprender que el pensamiento indígena intuyó, tras la situación patológica orgánica, el mecanis-mo afectivo–emecanis-mocional, que también la integra y puede
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
ser prioritario. Naturalmente de manera vaga, imprecisa y no formulada en nuestros términos actuales.
Y no sólo tal principio es fundamental, sino también se capta la convicción de que en la ceremonia chamánica – con algo de la estructura del E. D.– el «guía y sus asisten-tes simbólicos» aparecen en cierto modo igual al terapeu-ta y los poderes mágicos. Los dos transiterapeu-tan una determi-nada ruta, lo que es bien ostensible en el texto del antropólogo. Y la entrada a esa ruta está señalada en el caso, precisamente en la vagina, que constituye el tema de relación directa con el problema (tal como lo hacemos en el E. D.).
La «manipulación» ritual y simbólica a posteriori, del propio órgano enfermo –útero–, es lo que determinará fi-nalmente la cura.
No podemos menos que expresar la admiración que nos produce, en un pueblo primitivo, que con ella está claramente demostrándonos saber que su conducta, a tra-vés de un manejo simbólico–terapéutico es su fin ritual y natural concepto de eficacia.
Nos sorprendió también, porque esa lucha dramática que se entrevé en la ceremonia –tan bien y tan intensa-mente expresada, entre «partes» buenas y malas– para la reconquista del alma, consagra a la acción directa, relati-va poca extensión, destacándose en cambio los prelimina-res y desarrollándolos al máximo, con descripción cuida-dosa de preparativos, equipo, itinerario, lugares, etc. En cierto modo al igual que en el E. D.
Esta actitud singularmente sugestiva para nosotros, es destacada con énfasis, sobre todo en el principio, donde el citado autor señala el especial interés, en la «descripción de los incidentes de importancia retrospectiva».
Todo sucede –y es lo impactantemente igual al
ensue-ño– como si el «oficiante» ensayara conducir a la
«poseí-da», cuya atención a lo real está sin duda disminuida por el sufrimiento, a revivir de manera precisa e intensa, una situación inicial «y a percibir mentalmente los menores detalles».
Y el parecido es tan hondo, que la situación mientras transcurre, introduce una serie de acontecimientos donde el cuerpo y los órganos internos, constituyen el escenario y el drama a la vez.
En ese plano el «paciente» –como en el ensueño– olvida las «diferencias» entre lo psicológico y lo fisiológico –en-tre sus síntomas y sus respectivas imágenes– «permitién-dose» la expresión total del conflicto sin «temor» facilitándose y apoyando la evolución con los «espíritus invocados», de los cuales se hace una minuciosa descrip-ción en cuando a «equipamiento y poder».
Imaginemos por nuestra parte, que fuerza deben tener las imágenes en un mundo de tal naturaleza, puesto en marcha por un «ritual».
Naturalmente y como consecuencia, reunidas todas las partes positivas, la participación vivencial del individuo y los efectos de esa «penetración», a través de todas las sensaciones, subjetivas o físicas, ha de ser incalculable.
El primitivismo atávico de estos seres, les permite con «fácil capacidad mágica» –por la propia influencia de su nivel cultural– mover el universo simbólico y resolver en ese plano habitual para su mente, toda la situación en cur-so.
Esta acción se produce dentro de una sorprendente y profunda intuición del plano psíquico, que aparece
ma-EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
nejado con estrategia y sabiduría, dentro de ese marco primitivo señalado.
Ello les permite al final, con una «invitación a la recon-ciliación», evitándose con expresa intención –dice el au-tor– todo lo que signifique la destrucción de la «parte ac-tualmente mala».
Vemos así como se subraya con ingenua desconcertan-te capacidad de captación, un concepto esencial en el pro-ceso psicológico de las modernas psicoterapias de enfo-que profundo y existencial.
En efecto, el punto de partida del ritual es que, un sec-tor «natural y propio», perteneciente sin duda al indivi-duo, constituye la parte perturbadora que incapacita, por hallarse fuera de la «armonía» habitual.
Esto nos lleva de la mano, a una conclusión obvia y fundamental, que es un argumento de nuestro modo de proceder con los simbolismos del Ensueño Dirigido.
Se trata de la idea básica de que la reparación o correc-ción –como se quiera decir– debe realizarse mediante un proceso de conducción, hacia la expresión de las metáfo-ras, cargadas de significación y sobre todo el valor, de un encuentro consigo mismo.
Capítulo II
LA PSICOTERAPIA
Propuesta en un tema especialmente delicado.
Trabajo presentado en la Sociedad Uruguaya de
En-sueño Dirigido el 21 de agosto 2002. 1. Qué es Psicoterapia.
2. Qué es ser Psicoterapeuta
3. Cómo se define un Criterio de Curación. 4. La importancia de la Psicoactivación.
1) Se hace psicoterapia cuanto una técnica elegida se
con-creta en un procedimiento psicológico que cumple con estas directivas:
• Es sistemático – repetible – confirmado. • Es resolutivo de la sintomatología.
• Procura y logra comportamientos nuevos, positivos y estables.
• Con un modo de relación específico con el paciente. • Tiene un enfoque teórico particular y científico. • Esa Psicoterapia será así consistente y
potencialmen-te eficaz.
2) Es psicoterapeuta el técnico universitario que observa y
trata de comprender, lo que señala o significa el fenó-meno psíquico perturbado –sea síntoma o signo– de una alteración que pueda involucrar:
• El carácter, • el rendimiento;
• la adaptación a lo real, • la conciencia;
• los sentimientos, etc.
y que, una vez logrado el diagnóstico de la posible causa
psíquica, a través de la historia personal, la clínica, los exáme-nes complementarios, la Prueba de Anticipación, etc.,
propo-ne –entre las que pueda mapropo-nejar– la más factible para el
caso.
Se puede afirmar que llega a esta etapa porque:
a. Ha aprendido previamente a entender las posibles
causas en juego, según sea la posición doctrinal
asu-mida;
b. ha aprendido a definir un proyecto terapéutico
ade-cuado al paciente;
c. ha aprendido a elegir la técnica psicológica para
tra-tarlo.
Sabiendo además que con su propuesta específica de tra-tamiento le demuestra al paciente:
• Que es comprendido;
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
• que su «mal» es conocido y tiene explicación y causa; • que se posee noción de pronóstico;
• que se sabe lo que es posible hacer, de acuerdo con su individualidad y su situación.
No está demás destacar que esto promueve, en general: • Una expectativa positiva.
• Una tendencia a la tranquilización esperanzadora. • Una posible condición calificable de
potencialmen-te «más permeabilizadora».
Por lo dicho una PSICOTERAPIA por parte de un PSICOTERAPEUTA es:
• Un encuentro o alianza con ciertas reglas, entre dos
personas;
• que trabajaran juntas en una tarea en común; • buscando poner en marcha capacidades de
evolu-ción, detenidas o alteradas;
• todo lo cual puede conducir al desbloqueo de la
rigi-dez conflictiva y estimulará el retorno de las conduc-tas libres y exitosas.
La psicoterapia es entonces una ayuda programada en un tiempo dado donde se siguen siempre estos pasos:
• Definir claramente el o los problemas en juego. • Explorar las causas próximas o lejanas.
• Tener en cuenta el pasado y el futuro.
• Imaginar las potenciales estrategias para las posi-bles soluciones.
• Seleccionar lo que es apto para el caso (una o varias
técnicas).
• Aplicar el método científico elegido,
• Calificar los resultados en un tiempo acordado aproximadamente.
• Saber intercambiar en forma oportuna, las técnicas de trabajo.
• Conocer los criterios de curación.
Ubicado en esta posición proporcionalmente segura,
el terapeuta ha de elegir:
• Si es descondicionamiento o profundización en el
in-consciente;
• si es aprendizaje o elaboración conflictiva;
• si es el encuentro con las posibilidades o el cambio
del mundo exterior;
• o si es, como puede suceder, la combinación
opor-tuna.
Su responsabilidad básica es por tanto realizar los
cam-bios de tácticas para irse adaptando a las circunstancias y
al tipo de cuadro cíclico.
Por todo lo afirmado –desde mi punto de vista– se pue-de plantear NO ES PSICOTERAPIA consistente y legíti-ma:
• El diálogo de intercambio clínico, si no existe un
mé-todo;
• el apoyo simplemente empático; • la sugestión «paternalista»; • la explicación teórica.
EL PSICOTERAPEUTA que quiere ser eficaz tiene por tanto en la formación su tema capital, porque:
• Siguió y cumplió todos sus cursos y obtuvo su reco-nocimiento final;
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
• Hizo o hace un tratamiento personal con algún método reconocido, a fin de ser «sabedor» de sus problemas propios.
• Tiene una actitud respetuosa frente a todas las
metodologías.
• No es rígido en su técnica y sabe ser abierto, para considerar al hombre y sus circunstancias.
• Adapta su tarea a lo que es posible hacer y al medio
cultural del paciente.
Desde mi punto de vista, por tanto, no será pertinente
confiar:
• En el «curador» autodeclarado;
• en el formado sin concluir programas bien calificados; • en el «actuante» que no tiene conciencia de sus
pro-pios conflictos;
• en el que procede sin los asesoramientos oportunos cuando son necesarios o sin las nociones de las
pato-logías orgánicas;
• en el que rechaza de antemano los posibles factores
biológicos y el concepto de un eclecticismo
equilibra-do.
3) Los criterios de curación.
Seguimos estrictamente en este capítulo, lo que esta-bleciera y publicara el Prof. Lagache (Francia) por los años de la década del 50.
a. «La salud mental es un equilibrio evolutivo y
diná-mico, entre una personalidad y su entorno».
b. «Esto no significa que no existan índices de
conflic-to (de sufrimienconflic-to o de fracaso) que son atribuconflic-tos
de la vida». «Es básico saber que la salud se constitu-ye y se reconstituconstitu-ye».
Por ello Lagache atribuye a la curación de la salud
men-tal ciertos caracteres generales, que varían en función de
la realidad externa y son los definidores de su existencia: a. «Capacidad de producir y tolerar tensiones
suficien-temente elevadas y de reducirlas de una manera sa-tisfactorias».
b. «Capacidad de realizar sus posibilidades y de
expresarlas».
c. «Capacidad de organizar un plan de vida, que
per-mite la satisfacción periódica y armoniosa de la ma-yoría de las necesidades y el progreso hacia fines alejados».
d. «Capacidad de ajustar la conducta en los modos de
relación con los otros».
e. «Capacidad de adaptar sus aspiraciones a los hechos
concretos».
f. «Ausencia de angustia habitual o de sus
equivalen-tes neuróticos».
Es mi opinión –luego de lo expresado, resumiendo las múltiples afirmaciones de Lagache– que con la planteada guía posible en este tema, debiera llegarse en nuestro me-dio a una estructura de reglas básicas y exigencias estables que definan un modelo para las conductas y las normas a seguir, a fin de cumplir con los parámetros científicos.
Creo que ellas señalan un camino ordenador y aconse-jable.
LA IMPORTANCIA DE LA PSICOACTIVACIÓN
Corresponde en el final de este especial capítulo sobre la Psicoterapia y sus reglas, abordar de la manera mas cla-ra posible –y sobre todo conceptual–, el tema cada vez más
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
vigente en la Psicoterapia actual, de la llamada
psicoactivación, calificada de «Tercera Revolución en la Psico-terapia» por el Prof. Dr. Mario Berta.
Hemos seguido paso a paso sus lineamientos tratando de expresar en forma concisa solo sus bases, como corres-ponde a la presentación de un Manual. Antes de plantear el tema nos permitimos desde ya aconsejar la lectura de la citada obra para más detalles la cual fue escrita y editada en el 2001.
En ella se expone la certidumbre conceptual de la estimulación activadora, que se basa en una teoría que bus-ca bus-cambiar la parcialidad doctrinal de un modelo que im-plica, el embanderamiento del Psicoterapeuta, sustituyén-dolo por una actitud libre en su accionar y sobre todo optativa, ya que considera que el comportamiento unila-teral, es el producto de una rigidez en el manejo de un tratamiento sin variantes oportunas.
La natural multiplicidad de los Métodos Terapéuticos, sus razones, la diversidad de las teorías, la particularidad personal de cada paciente y la variedad de las situaciones vigentes, han mostrado puntos ciegos en la práctica de la Psicoterapia. Son esos puntos precisamente los que están complementados en la Psicoactivación.
Además considera básico destacar en cada caso, que los elementos psicológicos actuantes, pueden intervenir en las más dispares situaciones y por ello variar la «ecuación».
Confía el autor citado –y en consecuencia también pre-tende– que el conocimiento adquirido por el operador, le haga percibir bien y elegir lo mas adecuado para el que viene a buscar ayuda real, sumándole en lo posible el apo-yo de una disponibilidad prudente y propiciadora de con-fianza.
Todo unido a una permanente y activa colaboración mu-tua, en el plan de trabajo. Se formaría así una unidad fun-cional de dos, siempre con la consideración de que ese «otro», es un cuerpo, un espíritu y una situación rodeándo-lo, por lo que debe ser considerado como una Totalidad indivisible.
La finalidad a alcanzar será entonces sucesivamente, un diagnóstico, un proyecto y una terapia adaptada al caso, – activadora y autoactivadora– con la final intención de ob-tener un compromiso con todas las dimensiones existenciales.
Estas afirmaciones que desarrolla extensamente el Prof. Berta en su libro, tienen íntima relación con la «Teoría de
los Sistemas Generales» de Bertalanffy desarrollada en 1947,
la que demuestra que todo es interdependiente y consagra una idea unificadora del comportamiento humano.
Su noción de sistema tiene su raíz en la concepción or-gánica de la biología y está centrada en el funcionamiento armonioso de un conjunto de elementos, que interactúan entre ellos y con su entorno.
En esa «base de dinámicas interconectadas y armónica, la que se da en toda la realidad» (Bertalanffy), es la que explica y da razón de la interdependencia en lo real, justi-ficando que la personalidad tenga las propiedades de un Sistema.
«Resulta entonces que organismo es igual a orden
diná-mico de partes y procesos en interacción mutua»,
demos-trando que ello se aplica a todas las disciplinas científi-cas.
Estos conceptos llevados a la Psicoterapia conducen a una ampliación de la base clínico–práctica, denominada globalmente Psicoactivación.
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
Resumiendo, por supuesto en nuestras palabras, el lis-tado panorámico de las opiniones, anotaremos en formulaciones cortas lo siguiente:
1) La unidad funcional cuerpo, espíritu, situación, son
indisolubles.
2) La función del Psicoterapeuta es reconocer y
com-prender la importancia de la integración oportuna, en cada caso, de un manejo abierto y politécnico, se-gún las situaciones.
3) La terapia debe considerarse siempre una activación,
antes que nada.
4) El diagnóstico, el proyecto y la terapia adecuada son
etapas que es necesario considerar básicamente intercambiables, puesto que constituyen una metodológica actitud intencionada, para lograr la efi-cacia del procedimiento.
5) Es necesario el decidido empeño mutuo y abierto
de los dos participantes, sumándola a la considera-ción de la variable de la realidad, en una relaconsidera-ción en la que los dos están implicados o asociados.
6) Se debe procurar en el procedimiento, que el
pacien-te «aprenda de su enfermedad» y obpacien-tenga finalmenpacien-te una «ganancia» de su congelado «error». No hay duda que los síntomas plantean siempre la exigen-cia de comprender y resolver.
7) Para esto es capital aprender a «dialogar» con esa
manifestación o estructura sintomática adquirida y comprender en profundidad, que está transforma-da en imagen y es de hecho poseedora de una inten-ción.
8) Todo proyecto terapéutico debe considerar toda la
rea-lidad individual que condiciona al paciente y lograr además que perciba la sensación de ser
comprendi-do, no olvidando lo que cada uno es y lo que cada uno puede ser.
9) La personalidad del consultante pone ante nosotros
su dimensión existencial y a ella es que adaptamos el
proyecto de la acción, a conducir.
Finalizamos volviendo a destacar estos básicos concep-tos, señalados en el texto.
• El hombre de ciencia necesita prepararse para «sol-tar y relativizar» la validez de su teoría y para poder cambiar si así lo demuestran los hechos.
• Los modelos únicos por serlo, son siempre unilate-rales y por definición no sirven para todo.
• No es deseable que el Psicoterapeuta se identifique sin crítica, con un modelo –o instrumento metodológico– que por ser fijo, le quite su libertad. • Ser abierto, libre y flexible, sabiéndose adaptar al momento, comprendiendo además la estrategia de la eficacia según la situación, evita el peligro de ig-norar, lo que es realmente útil y correcto para la cir-cunstancia.
• No se debe adjudicar al paciente algo que solo está en la mente del terapeuta, y es fruto de su «aferra-miento» a una tesis.
• El reduccionismo –a veces mezquino en una interpre-tación– dando una única explicación de un posible dinamismo, sobre una situación mucho más com-pleja, es un error demostrable, que limita la inter-pretación completa.
Concluimos con este especial sector del Capítulo II con el deseo de haber traducido adecuadamente, lo mas des-tacado de la bases, de un nuevo modo de pensar y encarar las terapias psicológicas.
Capítulo III
RESEÑA HISTÓRICA
A lo largo del Manual hemos tomado contacto con de-talles de la historia de este método experimental.
En este capítulo de información global proporcionare-mos solo un panorama resumido, de un momento espe-cial en la evolución del uso de lo imaginario por el hombre. Para posibles referencias más extensas, remitimos a la Bi-bliografía.
No será este un planteo de un aspecto que se pretende agotar. Únicamente daremos nociones de los momentos que posean relevancia y tengan que ver más, con el relati-vamente corto período que llamaremos científico.
Entendemos que será suficiente conocer los cambios fundamentales que se produjeron en esa etapa, la que tra-jo notoriamente un crecimiento casi «explosivo» de las in-vestigaciones y los resultados, en el curso del siglo XX y su generalización internacional.
Con esta noción general se podrá comprender la di-mensión de su importancia.
A fines del siglo XIX y de todo el siglo XX, comenzó lo calificable de primer uso conocido de una conducta cien-tífica bien organizada, para este nivel psíquico, utilizando procedimientos sometidos a reglas repetibles en el análi-sis experimental y realizando un planteo final de sus po-sibilidades terapéuticas.
Fueron entonces las publicaciones de Galton en 1883, las que definieron en ese tiempo, los que serían los poten-ciales de la «creatividad como expresión interior profun-da». Consideraba así lo imaginario un instrumento especí-fico para el inventor, para el artista, para el investigador, etc.
Propuso asimismo por primera vez su utilización, como futura ciencia pedagógica. Abría de esta forma una fértil página por fuera de los comportamientos mágicos, míticos, especulativos, etc., de carácter intuitivo y emocional, que no asumían el análisis correcto y sin subjetividad.
No se interprete que olvidamos la legítima importan-cia de la captación natural que se da en los profundos ni-veles del ser. Que además era un instrumento constante de comunicación, a través de sueños y vivencias, con sus
Dioses. Por supuesto a favor de símbolos y signos
interpretables y que ese comportamiento era continuo en las épocas y seguramente generalizado, instalándose como proceso espontáneo en todas las culturas. No calificamos este modo de actuar de equivocado. Solo queremos desta-car la modificación del modo de ver, que el experimenta-dor posee, regido por otras leyes.
No fue por lo tanto lo de Galton –no ha sido posible hallar otro nombre– un «descubrimiento». Lo que se
pro-EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
dujo fue un cambio y constituyó algo diferente, que esta-ba determinado por sus exigencias para definir y aplicar una técnica científica, en el global sentido de la palabra, para encarar este plano de la mente. Lo significativo es que se dio el paso trascendente en el tema, mediante el análisis sistemático y el uso reglado de la reiteración y comparación de resultados sometidos a un plan con un propósito analítico de comprensión, de todos los factores en juego discernibles.
Este manejo diferente con la conducta imaginaria ya aplicado en otras ramas de la ciencia, fue el que provocó la modificación y despertó la atención sobre esta posibili-dad psíquica –que Freud inexplicablemente no exploró como podía haberlo hecho, pese a que sus estudios fueron prácticamente concomitantes–.
Esta actitud dio la dimensión de Galton y provocó la apertura hacia el uso de otros modos de observación y explicación a través de nuevas experiencias metódicas. Así aparecieron a fines de siglo los aportes de Binet y Janet, ampliando conceptos y explicaciones.
Es evidente que lo que importó para el tema específico, es lo que se amplió en el especialmente productivo siglo XX, donde está situado no solo el creador de la técnica del
E. D. –que se constituyó en su realizador básico– Robert
Desoille, sino que demostró ser el prototipo del verdade-ro estudioso, cuidadoso e interesado que abrió el camino a una conducta con los ensueños diurnos. Su proposición de temas específicos en estado de relajación, la estimulación cuidadosa y mínima de la creación, la pro-puesta de un desenlace final, el uso de lo mágico, el movi-miento en la línea vertical, fueron sus «trucos» intuidos y exitosos, inspirados en experiencias de Caslant con otras intenciones.
Probó así que los resultados finales hacían surgir un material interior, espontáneo y productivo, con símbolos y sensaciones afectivas y con un posible sentido.
El consiguiente análisis posterior de lo expresado ver-balmente, descubría o guiaba hacia significantes y mos-traba modelos de nuevas actitudes que con las imágenes proporcionaban útiles informaciones conflictuales que servían a los dos participantes. Haciendo además del tes-tigo –el terapeuta– un elemento catalizador insustituible para colaborar prudentemente en la comprensión.
Este mérito de Desoille, como hemos repetido a lo lar-go del Manual, fue convertido poco a poco en una terapia
dirigida, según reglas que formaron un núcleo destinado a
ser completado en las décadas siguientes, por nuevos apor-tes fundamentales.
No implican estas afirmaciones la no existencia de otras técnicas ni la falta de dedicados y valiosos experimenta-dores. Como es lógico, ellos exploraron la imaginación con otros procedimientos de campo y con diversos enfoques para su utilización.
Para demostrarlo bastará mencionar una comunicación ante la Société de Recherches Psychothérapiques de Langue Française, en noviembre de 1968, presentada por Fretigni y Virel –dos prestigiosos operadores en este nivel psíquico, titulada «La Créativité comme voie de guérison». En ella historian precisamente desde 1883, el estudio de esta actividad. El número de las publicaciones anotadas y de sus realizadores, año a año –antes y después de Desoille– es de cincuenta y siete. La lista se detiene en el sesenta y seis. Algunos son: Clark, Happich, Daudet, Guillery, Virel, Fretigni, Arthus, Bachelard, Thomas, Jung, Berta, etc.
EL ENSUEÑO DIRIGIDO DE DESOILLE
Informamos estos datos muy generales para cumplir con el tema 1º del capítulo. Es evidente que este no posee una completud suficiente, pero lo hemos hecho con la fi-nalidad de demostrar que la evolución permanente es el hilo conductor de la ciencia y la seguridad de su utilidad, comprobada en su repetición.
Es posible repetir que su desarrollo en el siglo XX fue intenso, determinando por sus ventajas y resultados una vigencia destacada, utilizándose en numerosos centros científicos, en distintas naciones.
Llegamos así a la que fue la importante participación de nuestro país, iniciada y continuada hasta hoy por el Prof. Mario Berta.
Fue este autor e investigador reconocido y prestigioso en la patria del creador primario, quien alcanzó la posibi-lidad de sumar factores de perfeccionamiento de la técni-ca y del análisis del material, mejorándolo si es necesario con complementaciones favorecedoras.
Luego de sus primeras experiencias personales en Pa-rís con el maestro, entendió la importancia instrumental del E. D. y sobre todo, el potencial encare existencial que admitía el método.
Al procedimiento básico se le hizo aportes de los cua-les se probó la utilidad y se plantearon enfoques que no modificaban lo básico del modelo ni la estructura de tra-bajo, pero que demostraron poder ampliar las posibilida-des, por ser útiles complementos con los que se dio un aumento de la eficacia final.
En una categoría simplemente informativa haremos mención (en una lista) de los «cambios» que junto a sus colaboradores perfeccionó y publicó, primero en nuestros
medios especializados y después en Francia, siempre acompañado en ese país por autores e investigadores re-conocidos.
El E.D. tal como se le conoce ahora, posee lo nuclear de Desoille, más las contribuciones personales con diversos encares de Fretigni y Virel, Favez– Boutonnier, Fabre, Sivadon, Van Der Berg, Bachelard, Thomas, etc. Sin olvi-dar otros que como Sutter cultivaron aspectos fundamen-tales para el diagnóstico de lo psíquico –nos referimos a la anticipación– o que oficiaron de guías, como Jung o Teilhard de Chardin. Un colaborador especial ha sido siem-pre el Dr. J.C. Benoit, compañero constante del Dr. Berta con el cual ha sido coautor de varios textos.
Resulta notorio que entre nosotros el citado especialis-ta, figura original y guía fue quien propuso las ampliacio-nes en el proceso de aplicación.
Todo esto justifica enumerar lo que sigue como «venta-jas» metodológicas, que en sus procesos de progreso cons-tante, deben procurar las creaciones que tienen capacidad de adaptación y futuro para los cambios. Los cuales son siempre posibles en un sistema abierto.
Normas metodológicas seguidas en Uruguay
1) Concepto de secreto
Particular énfasis en su halllazgo. La indicación dentro del tema de una búsqueda de algo oculto, que se presume custodiado y es necesario hallar, eleva el valor simbólico de la aventura. Su naturaleza y su conversión mágica fi-nal, es muy rica y significativa, dándole un objetivo al de-sarrollo.